QUIEN NO APORTE, CALLE

Insólito. Apenas notábamos que la marcha de la CUT volvía a poner en jaque la unidad interna de la Concertación, y justo cuando aparece la última medición de Adimark sobre la progresiva baja en la aprobación a la gestión del gobierno de Michelle Bachelet, los líderes de la Alianza dilapidan -una vez más- la oportunidad de mostrarse como una oposición seria, articulada y garante de gobernabilidad.

Hay casos que ya son patológicos y merecen ser tratados clínicamente. Partamos por los escupitajos del diputado Paya rechazando la presencia de Piñera en el cónclave de Valdivia. Injusto, pues ningún otro presidenciable UDI fue conminado a quedarse fuera. E insidioso, pues se ventiló por los medios un “no te queremos acá”. Continuemos por las declaraciones de los maestros del autogol: Los senadores Jovino Novoa y Evelyn Matthei, quienes fustigaron nuevamente a Piñera por juntarse a comer con un grupo de alcaldes de la UDI. A estas alturas es imposible determinar las motivaciones de estos dos personajes, aunque una de ellas parece clara: Quieren impedir a toda costa que la Alianza llegue al gobierno el año 2010. Su estrategia no sólo peca de falta de generosidad, poniendo los intereses particulares del propio partido por sobre los intereses de la coalición, y en definitiva, de Chile, sino además adolece de toda racionalidad política: Es muy probable que la UDI no logre levantar un candidato presidencial, y en ese caso la única opción real es Sebastián Piñera. Dinamitarlo de este modo (y dinamitar sus esfuerzos por acercarse y crear confianzas recíprocas entre los líderes del sector), puede hipotecar definitivamente las aspiraciones electorales de la centroderecha. Para la gente común no se trata de reemplazar un mono por otro mono,  al menos no cuando Piñera individualmente supera el doble de la adhesión que recibe la Alianza como coalición. La guinda de la torta es la polémica entre Allamand y Longueira por la autoría del proyecto de reforma laboral. ¿Quién dice la verdad? No tengo cómo saberlo. Sólo puedo decir que si Allamand realmente filtró un proyecto trabajado en común para beneficiarse en términos mediáticos, se trata derechamente de un indeseable. Y si los escuderos de Longueira se precipitaron en crucificar al senador RN sin tener razones de peso para hacerlo, entonces nuevamente Novoa y Matthei son los locos de este patio. Todos están dando palos de ciego.

Conclusión evidente: Este odioso clima de sospechas, desconfianzas y zancadillas es letal para los esfuerzos de unidad que realizan ambas mesas directivas. Lo que da más rabia es que se trata de una Alianza con más coincidencias programáticas que las que tiene la propia Concertación. Esta situación es insostenible y se puede resolver de dos maneras: O potencian un solo liderazgo claro y enérgico que ordene la casa, o se mantiene el asambleísmo con vocerías múltiples pero extirpando todos los elementos disruptivos. Es decir, se les manda a callar o se les jubila.Si no tienes nada positivo que decir de la gente” me decía mi madre en la mesa, “no digas nada“. Parece que algunos dirigentes, especialmente de la UDI, no escucharon nunca la misma recomendación. 

8 comentarios to “QUIEN NO APORTE, CALLE”

  1. Ian Says:

    Muy claro y contundente.
    Saludos.

  2. rodrigo guerra Says:

    O una tercera opcion

    No solo potenciar un liderazgo claro y jubilar a los que no aportan (algo de perogrullo). ademas dirigirse a un nuevo sector que nadie ha contemplado, Los jovenes. La gente joven suma cerca de 4 millones (mas del 100 % de la votacion de Piñera, 3.236.000) y con ellos la Alianza ganaria 70 % – 30 %.

    La Alianza no pierde porque se hacen zancadillas o se fagocitan unos a otros, pierden porque son ciegos, tuertos o tiene los lentes empañados. El dia que la Alianza vea a los jovenes como un aliado estrategico, acabara con la concertacion. Y el dia que Piñera se decida a invertir en los jovenes, sera el primer presidente de la derecha desde Jorge Alessandri el 58.

    El tiempo corre, Piñera no invierte, y cada dia pierde oportunidades que no se volveran a repetir

    Rodrigo Guerra
    Proyecto Pais
    http://www.pais-joven.blogspot.com

  3. vozyvoto Says:

    Bueno estimado, esa es la tesis de Patricio Navia. Cito desde la última Revista Capital:

    “De no mediar una reforma al sistema de inscripción electoral, las presidenciales de 2009 tendrán la participación más baja de los últimos 50 años… La Concertación sabe que este padrón truncado les beneficia. Mientras el grueso del electorado todavía esté marcado por el plebiscito de 1988, la Concertación podrá seguir gozando de supremacía electoral… Incomprensiblemente, la Alianza tampoco parece interesada en contribuir a dejar atrás el efecto plebiscito de Pinochet. Si bien la Alianza hace grandes esfuerzos por renovarse, el mercado de votos donde no tiene desventaja frente a la Concertación no es parte del universo electoral. La mayoría de los menores de 35 años, mucho menos marcados por el complejo legado de la dictadura, presumiblemente estarían más dispuestos a votar por la Alianza…”

    Carlos Hunneus, en cambio, sostiene la idea contraria: Los jóvenes se repartirían en forma igualitaria a ambos lados del arco iris. La inscripción automática, en la práctica, sería en ejercicio de suma cero.

    Incluso, un estudio de L y D del año 2005 indica que los resultados electorales de la inscripción automática serían desastrosos para la centroderecha (“el que no es de izquierda cuando es joven…”).

    Mi impresión es que depende en gran medida del candidato antes que de la estructura ideológica. Lavín conquistó más jóvenes el 99 y Bachelet el 2005, porque fueron candidatos más taquilleros para el electorado joven inscrito. Piñera podría lograr el mismo efecto el año 2009, y en eso estoy de acuerdo con Rodrigo, pero depende quién tenga al frente.

    Faltan estudios, encuestas y datos empíricos, en todo caso, que nos ayuden a detectar en forma menos intuitiva y más científica qué ocurriría con esos 2 millones de jóvenes no inscritos, en el evento de implementarse la inscripción automática, con voto voluntario o bien con voto obligatorio. Los resultados también cambian dependiendo de cuál de estas últimas dos opciones tomen los legisladores.

  4. MK Says:

    Yo también puedo parasitar. Sacado de El Mostrador (ah, en la edicion del domingo de La Tercera hubo varios análisis respecto de los quiebres en la alianza y del pacto Insulza Lagos)… altamente recomendable, señor analista):

    Nuestra derecha y la política

    por Alexandro Alvarez

    La política es una mezcla de tres acciones sin las cuales, deja de ser política: cambiar el mundo, dialogar entre iguales; y conquistar y mantener el poder.

    Nuestra derecha cambió a Chile, qué duda cabe. Durante el ejercicio de su poder reformador, no hubo diálogo entre iguales, sino órdenes y eliminación violenta de quienes no estaban de acuerdo. Eso no es política. Eso es algo parecido a una asociación ilícita para cometer delitos.

    Después de su “obra”, a la derecha chilena ya no le quedaron sueños y nunca creyó en el diálogo igualitario entre individuos. Usted no ve a los “liberales” de derecha, impulsando cambios para la libertad de las minorías frente al estado. Ellos no sueñan realmente, como usted ve, con la libertad. Me temo que nuestra derecha no pasaría el test de Nozick, ni el de Rawls. Tal vez ni siquiera resistirían el examen de Hayek.

    Nuestra derecha es un grupo de chicos rudos -aunque la fragilidad de la memoria a veces lo disimule- y claro, algunos dirán que la política es dura, es lucha por el poder. La política, dirían –citando a Schmitt-, es un mundo dividido en dos: los amigos y los enemigos.

    Pero no, incluso si por un momento pensáramos que la política es sólo la recia lucha por el poder, nuestra derecha no pasaría la prueba, pues no tiene muy claros a sus amigos, es sobrepasada por sus enemigos, no consigue interpretar los hechos de la realidad, no elabora ni ejecuta estrategias viables de acceso al poder, aplasta ingenuamente los factores que la benefician, y maximiza torpemente los que la perjudican. Honestamente, nuestra derecha ni siquiera pasa el test de Maquiavelo.

    Si usted no me cree o no está de acuerdo conmigo, le propongo hacer lo siguiente: métase a cualquier buscador de sitios de internet en Chile, realice cuatro búsquedas usando “Sebastián Piñera”, “Pablo Longueira”, “Andrés Allamand” y “Evelyn Mathei”. Revise los hechos de la última semana. Cuando termine de hacerlo, verá que nuestra derecha es cualquier cosa, menos política.

  5. vozyvoto Says:

    Gracias MK. Yo agrego:

    “La diferencia entre la Alianza y la Concertación no está entonces en la cantidad de rencores que una y otra poseen, o en los quiebres que alguna vez padecieron, sino en la diversa capacidad para reprimirlos, evitar que se transformen en fobias y racionalizarlos productivamente. En una palabra, la diferencia entre una y otra coalición radica en que una logra reprimir la subjetividad de sus actores, transformándola en acción colectiva, y la otra en cambio no… Cuando la UDI se eriza por cualquier gesto de Piñera o de Allamand no está siendo alimentada por la simple pequeñez personal o el egoísmo. Justo al revés. Sus dirigentes saben que la exacerbación de la subjetividad y el narcisismo que Piñera y Allamand han ejercitado siempre en la derecha -para ser justos, el primero más que el segundo- acaba, más temprano que tarde, deteriorando los proyectos colectivos y estropeando esa espera astuta, esa ardiente paciencia, que, según enseñaba Jaime Guzmán, era la clave del éxito político” (Carlos Peña, domingo 9 de septiembre, Reportajes El Mercurio)

    “La costumbre de cobrarse cuentas antiguas y paranoicas a través de los medios de comunicación no es el único factor que ha dejado a la derecha debajo de la mesa en casi dos décadas de elecciones, pero le ha dado una patente perdedora cada vez más lastimosa… No tener candidato está crispando a la UDI más de lo necesario y distorsiona su lectura de la realidad política del momento… o se rearma en torno a un liderazgo convincente o asume resueltamente que no tiene mejor opción que apoyar a Piñera. Esta última alternativa es dura, particularmente para quienes preferirían mil veces un quinto gobierno de la Concertación… Piñera podrá haber cometido errores en el último tiempo, pero en esta vuelta ha sabido tomar distancia y no enganchar con peleas de barrio. Aunque nada de esto lo favorece, los hechos validan sus opción de no apegarse a los partidos…” (Héctor Soto, domingo 9 de septiembre, Reportajes La Tercera)

    “Longueira y Allamand han mantenido, dentro de sus respectivos partidos, las posiciones más distantes (y a veces tensas) con Sebastián Piñera, por lo que su ruptura podría favorecer al candidato de RN…pero eso no puede ser positivo para Piñera. Ninguna candidatura se puede sostener bien sobre tantas fracturas” (Ascanio Cavallo, domingo 9 de septiembre, Reportajes La Tercera)

  6. MK Says:

    Tengo una pregunta de índole personal:
    Supongo que – dentro de lo que cabe esperar- se espera precisamente que un gobierno de Sebastián Piñera renueve, libere (en un sentido amplio), mejore la calidad de las políticas públicas…

    La pregunta que hago es: qué tan realista es esa esperanza? Veo las reacciones de la UDI y su indeclinable solución es la consabida “disciplina- disciplina- disciplina”… con esa capacidad de diálogo (basta con ver cómo “nulifica” a sus disidentes internos)… ¿qué clase de liberación habrá? ¿qué clase de diálogo constructivo en la creación de políticas? ¿cómo anularía- moderaría Piñera (o al menos la facción de RN no conservadora, ya que no olvidemos que parte importante de ese partido se siente más cómodo con la UDI) a sus compañeros cogobernantes?

  7. MK Says:

    Esta pregunta es clave… para conquistar los votos de un “centro democrático” hay que dar respuesta al voto anti udi… mientras más temprano se dé esa respuesta, mejor.

  8. vozyvoto Says:

    Esa es la pregunta clave, sin duda. No sólo por un problema de convicciones, sino porque constituye una urgencia electoral. No se gana con 49 desalojantes. Hoy la Concertación replica en forma casi perfecta la curva de distribución ideológica de los chilenos, y por eso gana una y otra vez. La Alianza está abultada hacia la derecha, y sus intelectuales (L y D) acomodan los datos para sostener que el discurso debe nacer desde los valores tradicionales de ese sector. Si les siguen haciendo caso, perderan nuevamente. La única opción es correrse al centro. Eso significa equilibrar osadía (para entrar en nuevos temas) y pragmatismo (para no aferrarse a dogmas ni fanatismos).
    Si me preguntas a mí, estimado MK, creo que una alianza electoral con referentes estilo CHILEPRIMERO puede contribuir a copar el escenario del centro liberal, más que la fallida estrategia de seducir al “humanismo cristiano”.

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