Archive for 31 octubre 2007

LA MUERTE DE LA POLÍTICA

octubre 31, 2007

 

Hace exactamente una semana mi buen amigo Javier Sajuria escribió en La Segunda a nombre de Independientes en Red una columna titulada “Los ciudadanos por acá, la política por allá”. Primero veamos qué dice y después pasamos al comente…

El bacheletismo aliancista propuesto por Joaquín Lavín, más allá de las estrategias de posicionamiento que su autor pudiera pretender, revela un asunto importante y delicado. A mi juicio, Lavín no se refiere a una concordancia de principios ni de valores comunes con la Presidenta, sino que le entrega su apoyo decidido sólo en consideración a su cargo y rango. Lo más inquietante es que esta expresión -y de ahí el interés por interpretarla correctamente- es bastante lógica, dada nuestra actual realidad: escasa participación ciudadana y donde el único contralor de la política es la figura presidencial. Esto se debe a nuestro diseño institucional, heredado de la dictadura y producto de los preceptos del gremialismo -principalmente la subsidiariedad- que han llevado a la disociación completa entre la política y los ciudadanos.
Chile requiere de partidos políticos fuertes, pero vivimos los chilenos una crisis de representación producto de que se nos ha enseñado e impuesto, desde la Carta Fundamental, la imposibilidad de participar en política fuera de las estructuras tradicionales. Las barreras de entrada a la participación pasan por desconocer la labor política que realizan los ciudadanos diariamente; en sus trabajos, fundaciones y otros. Por lo tanto, nos hemos acostumbrado a ver la acción política -y al político- como una actividad lejana y ajena a la vida cotidiana, relegada a partidos que carecen de representatividad y originalidad en sus planteamientos. El desafío, entonces, no pasa porque los partidos aumenten sus bases de militantes, sino porque hagan un total rediseño que integre y reposicione la política como una actividad cotidiana, realizada por ciudadanos comunes y corrientes. Llamarse independiente hoy en día es bastante atrevido, incluso ofensivo para algunos. Sin embargo, la pretensión es simple: abrir estos espacios de participación y acercar el ejercicio de la política y la influencia en el poder público a toda la ciudadanía, sin más barreras de entrada que la comunión de principios y anhelos. Mientras mantengamos un sistema electoral tan perverso como el binominal y una regulación a los partidos tan rígida, la distancia entre la ciudadanía y los políticos se seguirá acrecentando. En definitiva, todo pasa por asumir que la subsidiariedad -entendida al modo gremialista- no es un fin en sí misma, sino en cuanto aporta a la construcción de un Chile más representativo y democrático

Y bien, si lo posteo acá es porque le encuentro razón al tipo: El pensamiento gremialista que tuvo por misión originaria desintoxicar a los cuerpos intermedios de politica partidista ha terminado por marginar la buena parte de la política de nuestras vidas. Y esa es una pérdida lamentable: Cae en desuso el diálogo democrático, se vacían los espacios públicos, se abandona el sentido colectivo. Lavín fue un pionero al desviar el eje semántico de los DDHH hacia “los problemas reales de la gente” a fines de los noventa, lo que obligó a la propia Concertación a reformular el discurso. Lo cierto es que seguimos pagando los costos de una despolitización excesiva: El “bacheletismo aliancismo” es su mejor expresión. Como tan asertivamente señaló Carlos Peña un par de domingos atrás, la frase de Lavín “equivale a bombardear las nubes de Santiago, instalar vigías en el Paseo Ahumada, construir playas artificiales en la ribera del Mapocho, hacer nieve, participar de ritos aimaras, distribuir alarmas y rejas a granel, multiplicarse a sí mismo mediante máquinas polaroid, decretar la muerte de las ideas y su sustitución por las cosas…” No es diferente a lo que viví en mi época universitaria cada vez que la FEUC caía en poder del Movimiento Gremial.  La muerte de la política implica que no hay capacidad de rehabilitarla y redignificarla, precisamente porque está muerta. Y contra la opinión de un comprometido Viera-Gallo (quien más encima cita a Sarkozy como referente), en Chile todavía no ha resucitado.

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CERCquita

octubre 30, 2007

 

La encuesta CERC dada a conocer el día de ayer trae novedades bastante más relevantes que las subrayadas por los medios de comunicación. Es evidente que el reingreso de Lavín a los “cinco políticos con más futuro” es una noticia de significancia política, pero no tiene nada de extraño si la pregunta se relaciona precisamente con el grado de visibilidad pública de los actores. Primero en el Consejo de Equidad y luego estrenando el  “bacheletismo-aliancismo” (cuyos primeros coletazos alcanzan a ser medidos por la encuesta), el nombre de Joaquín Lavín metió ruido. Para Sebastián Piñera la encuesta es aun más favorable, tomando en cuenta que sigue en ascenso a pesar de ser el blanco de todas las críticas durante este 2007, lo que refleja la impermeabilidad de su pole position, elemento vital en una campaña tan larga como la que estamos presenciando. Piñera no sólo obtiene la mejor puntuación en dos años (45), sino que además observa la caída de su más cercana perseguidora, Soledad Alvear, que baja de 32 a 27. Lavín es tercero con 22, seguido de Insulza (16) y del ex presidente Lagos (15). No menor: Piñera se consolida como figura de futuro ante un Lagos que se queda cada vez más en el pasado. Además, llama la atención que dentro de los top five, la suma de los puntos de los presidenciables de la Alianza supera la suma de los tres presidenciables de la Concertación (67 contra 58). ¿Otra buena noticia para Piñera? Los atributos más castigados en Bachelet son su falta de capacidad y su falta de autoridad, justamente los mejor evaluados en el empresario.

Pero al margen de la teleserie, hay una historia mejor para contar: En abril del año 1990, un 26% de los encuestados se declaraba de izquierda, un 48% de centro y un 20% de derecha, lo que explica razonablemente la preeminencia de la DC por esos años. Apenas un 5% “no sabía o no respondía”. 10 años después, con Lagos recién instalado en La Moneda, la izquierda representaba un 23%, el centro un 37% y la derecha un 24%, con un 14% de los encuestados sin saber o responder. Hoy, octubre de 2007, un 21% se declara de izquierda, un 32% de centro y un 14% de derecha, con un 33% que no sabe o no responde. Es decir, mientras la izquierda fluctúa en torno al 20-25% y la derecha bajó definitivamente del 20%, el centro propiamente tal se desinfla dando paso a una verdadera mayoría de independientes o derechamente apáticos políticos. Esta es la antesala de una crisis de representatividad ideológica y política, como lo hemos venido sosteniendo en este blog desde el inicio.

Y curiosamente la Alianza sigue sin oler bien el mapa: Si miramos encuesta CERC desagregando sus variables, nos encontramos que el grupo etáreo que más castiga al gobierno de Bachelet es el tramo 18-25 años (43% de aprobación y 49% de desaprobación), en contraste con el grupo etáreo de 41-60 y 61+ (52% aprobación; 41% desaprobación). Esto significa terreno fértil para el discurso de la oposición en los jóvenes, precisamente los que no votan porque la Alianza no termina de convencerse de las bondades de la inscripción automática. Coincidente con lo anterior, los NO INSCRITOS son más duros con Bachelet que los INSCRITOS. Estos últimos le entregan un 50% de apoyo a la mandataria (y un 44% de rechazo), mientras que los que no participan en elecciones le dan un 44% de aprobación a su gobierno y un 45% de desaprobación. 

Una última reflexión: Es normal que la izquierda apoye a Bachelet (80% aprobación) y que la derecha la crucifique (85% de desaprobación). Lo llamativo es que los que se declaran de centro se manifiestan contundentemente a su favor (61% contra 34%), lo que justifica la estrategia lavinista de acercarse al centro apelando a la solidaridad con la presidenta. Más importante aun, creo yo, es que el grupo mayoritario de los encuestados (los independientes que no se ubican ni en la izquierda, ni en el centro ni en la derecha) manifiesta la percepción inversa: sólo un 31% aprueba al gobierno mientras un 53% la reprueba.

SANGRE NUEVA

octubre 29, 2007

Volvemos a reflexionar Chile escapando un poco de la asfixiante contingencia, esta vez de la mano de Hernán Larraín Matte. Esta columna fue publicada ayer en La Nación, y representa fielmente el pensamiento de este sitio:

La clase política actual ha venido dando señales consistentes de agotamiento estructural. Entre gobiernos ciudadanos, mimetizaciones y desalojos, es posible hipotetizar que nos acercamos al fin de un ciclo, caracterizado fundamentalmente por la ausencia de proyectos políticos alternativos y la escasez de nuevas propuestas. Vivimos un declive sostenido del debate político, donde el cálculo de ambas coaliciones está por sobre sus identidades. Hoy es posible apreciar en Chile una suma de liderazgos abocados a jugar con las percepciones de la opinión publica, desvivida por las pistas que entregan las encuestas, abusando del ADN de cada sector, manipulando las líneas entre derechas e izquierdas. Todo se materializa en una contundente desafección ciudadana, con un electorado distante de la clase política, agotada de la contingencia, defraudada por la ineficiencia, el paternalismo y la falta de liderazgo. Pero por sobre todo una etapa marcada por el cansancio de una generación de políticos que parece haber olvidado que, en lo medular, su misión se juega en la elaboración de visiones colectivas competitivas y no en carreras personales.

De hecho, los principales actores de la clase política se presentan jugando proyectos individuales por sobre trabajos en equipo. Lavín se bacheletiza, Piñera se desdibuja entre lo propositivo y lo reactivo, Alvear encabeza un calculado congreso ideológico que expone públicamente la precariedad y las fisuras estructurales de su proyecto. Un Lagos y un Insulza a la espera de que la coyuntura les abra una ventana y los invite, sin mayores costos, a “salvar” al oficialismo. Y, finalmente, una Presidenta que invita a un pacto social sin sustancia y que, en vez de liderar a los partidos de su coalición, se victimiza acusando un femicidio político. Lo que aparece cada vez con más claridad es el desgaste de una generación completa que cumplió con lo suyo en las últimas décadas. Que compartió y superó exitosamente tiempos históricos críticos de gran polarización. Que fue capaz de consolidar, política y económicamente, una estrategia de desarrollo para Chile que ha llegado a un punto de quiebre, sin saber con claridad cómo se abordará la próxima etapa. Experimentamos así un envejecimiento de los proyectos políticos como consecuencia del cumplimiento, tanto en la Concertación como en la Alianza, de sus grandes objetivos fundacionales. Los primeros, administrando el modelo con un sostenido éxito electoral. Y los segundos, dedicados exclusivamente a protegerlo, arreglando las perforaciones causadas por la mayoría gobernante.

En este contexto, las elecciones del 2009 debieran marcar un punto de inflexión. Hoy, más que estar calculando cómo conservar el Ejecutivo o demandar una alternancia en el poder, con el endeble argumento de “la salud democrática”, lo que se requiere es iniciar un dialogo abierto y de largo plazo sobre el Chile del mañana, propiciado por una nueva generación, emergente y transversal. De derecha a izquierda, de liberales a conservadores, de norte a sur, lo que se requiere es una recambio generacional. Este recambio, eso sí, no surgirá sólo como consecuencia del agotamiento de la generación actual, sino más bien de la elaboración de proyectos políticos de largo plazo marcados por una distintiva visión de sociedad y una renovada manera de comprender el rol de la política. Todo, en mano de jugadores de avanzada.

Y si bien la juventud actual se caracteriza por una desafección hacia el sistema político y una crisis en su participación electoral, existe hoy un compromiso de la nueva generación con los desafíos públicos. El año 2006, los pingüinos sellaron simbólicamente el antes y después. De hecho, la nueva generación está marcada por una serie de valores transversales a partir de los cuales puede afrontar el futuro: la libertad, la justicia social, la meritocracia, el respeto a la diversidad, el rechazo a los grandes intereses corporativos, el diálogo comprometido, y un juicio común sobre la historia reciente sin la contaminación de las responsabilidades y culpas.

Desde una perspectiva optimista, podemos sumar una creciente cantidad de organizaciones, distintivas por su innovación y emprendimiento, que asumen desde la sociedad civil importantes desafíos sociales, culturales y medioambientales que el país demanda. Una acción política participativa caracterizada por la confianza en los ciudadanos, por la horizontalidad de sus vínculos, por la colaboración social y no sólo la competencia, por lo local más que por el centralismo, sin miedo a la acción articuladora del Estado y empecinada en el empoderamiento de las personas como los principales agentes de cambio.

Así, una nueva visión y renovación de los liderazgos debiera estar lentamente naciendo. El optimismo está en pensar que esta suerte de ciudadanía 2.0 permeará la política del futuro. Y aunque estos movimientos parecen marcar una diferencia, la realidad indica que deberán ganarse los espacios de influencia y participación por su cuenta. La clase política actual no cederá nada, a menos que comprenda que la próxima generación trae la necesitada renovación.

La sangre nueva dirá.”

FEMME (AUTO) FATALE

octubre 23, 2007

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Les prometo que después de esta, me salgo de la contingencia. Pero hay que reconocer que es difícil sustraerse cuando la “locuacidad” alcanza a ex candidatos presidenciales y a presidentes en ejercicio. Ya analizamos el primer caso, ahora vamos al segundo…

La columna de Navia hoy en La Tercera nos servirá como punto de partida. Sus conclusiones son, como siempre, sencillitas y certeras: “Al introducir el concepto de femicidio político, la Presidenta Bachelet se protege con una armadura de dudosa utilidad. El comentario evidencia la percepción de debilidad que rodea a La Moneda. En vez de potenciar conceptos que avancen su agenda, Bachelet optó por una estrategia defensiva y de buscar excusas para los problemas que enfrenta su gobierno… Cuando un presidente habla de homicidio político, tácitamente reconoce su propia vulnerabilidad y da luces sobre su estado de ánimo” Es decir, Bachelet se hace la víctima alegando que es un blanco fácil. Con toda razón, continúa Navia, su potencial político para convocar un amplio pacto social (que todavía no sabemos de qué trata) está en entredicho: “Ya que el ejecutivo en Chile es más poderoso, la falta de diálogo tiene más que ver con la inhabilidad de La Moneda para ordenar filas oficialistas, con garrotes y zanahorias, y para aprovechar las divisiones de la oposición. Cuando La Moneda tiene la pistola, resulta difícil presentarse como víctima de intento de asesinato… Al acusar intento de femicidio, Bachelet se victimiza. Pero al adoptar una estrategia defensiva y buscar excusas para explicar por qué su gobierno todavía no puede despegar, Bachelet solo contribuye a despertar más sospechas sobre su capacidad para enfrentar exitosamente los desafíos que tiene por delante. Porque los gobiernos necesitan tomar la iniciativa para gobernar bien, La Moneda debiera cambiar su actitud defensiva por una estrategia ofensiva

Sólo me gustaría agregar una pequeña reflexión sobre el tipo de estrategia. Efectivamente las estrategias defensivas logran cerrar filas en los núcleos más duros. Es la vieja técnica de cohesión interna ante la amenaza externa, de hacer de la debilidad una fortaleza. Pinochet la utilizó hasta que el cansancio. Y en ese sentido, no adolece de racionalidad. Pero un gobierno que va en picada en la adhesión ciudadana, necesita pensar en volver a construir mayoría, en ampliar la base política, antes que correr a refugiarse bajo el caparazón de sus fieles.     

DEL DESALOJO AL DESEMBARCO

octubre 18, 2007

 

Primer acto: Allamand publica “El Desalojo” y se gana el corazón de los dirigentes más duros de la UDI. Segundo acto: Allamand pelea con Longueira por la autoría de un proyecto de ley laboral y pierde la confianza gremialista. Tercer acto: Lavín se declara “bacheletista-aliancista”, confunde a su propio sector y gana aplausos desde La Moneda. De la estrategia del desalojo (pegarle día a tras día al gobierno, no darle tregua en la labor fiscalizadora) estamos un paso del desembarco del dos veces candidato presidencial de la derecha en el gabinete de Michelle Bachelet.
Fuera del comidillo que rodea este tipo de “bombazos” políticos y abstrayéndonos del reino de las cuñas (qué opina X de lo que dijo Y, que opina Z de lo que dijo X sobre lo que dijo Y) podemos obtener alguna claridad sobre lo que está pasando (“alguna” es más que suficiente en este caso). Le podemos creer a Joaquín Lavín en que esta fue una movida no planificada. El tipo parecía estar sinceramente cuadrado con la postulación de Piñera y era de los pocos en la UDI que seguía insistiendo en llevar candidato único de la Alianza. Sus declaraciones de amor a Bachelet no nacen al amparo de siniestras reuniones con gráficos y encuestas en la mano, menos tomando en cuenta la candidez del personaje (a no ser que el ingenuo sea yo y Lavín sea el nuevo Lenin). Lo que sí es más evidente es el surgimiento de la multiplicidad de efectos políticos que pueden proyectarse como consecuencia (aunque no sean sinónimo de resultado final): Disminución del grado de rechazo de Lavín en el electorado concertacionista; Premio a la solidaridad con una mandataria cuyos atributos personales no se han visto tan afectados como su gestión de gobierno; Reafirmación de la autoridad presidencial simbólica y desprecio a la coalición que la sostiene; Potenciamiento del eje social de la agenda que fortalece no sólo a la Concertación sino también a ciertas figuras de la UDI en su lucha por volver a dirigir la Alianza.
Cualquiera sea el efecto real del “bacheletismo-aliancismo”, es un hecho que le devuelve protagonismo a Lavín. No sabemos todavía si para bien o para mal. Para algunos, que un referente de la oposición se integre al gobierno es una señal tan novedosa como positiva, en aras de un gabinete de unidad nacional (está testeado que la mayoría de los chilenos prefiere que los actores políticos colaboren antes que se confronten), mientras que para otros la Alianza y sus líderes tienen un deber irrenunciable de fiscalización que no pueden desarrollar siendo parte formal del Ejecutivo. Para la gran mayoría, me atrevo a sostener, el hecho es indiferente porque los unos y los otros son “lo mismo”. Y si a Lavín le va bien en esta apuesta, no veo razón para que se abstraiga de una competencia en la cual está bien posicionado. Pero ese “bien” tiene que ser contundente, y por qué no decirlo, prácticamente incontrarrestable. De lo contrario es mejor seguir en proceso de reinvención. Si le va mal, no pierde mucho más de lo que ha perdido, pero sí se anota como uno más de los genios que perjudica la unidad de la Alianza. Y bueno, si entrara efectivamente al gabinete… eso da para una nueva columna.
Lo único que me queda cien por ciento claro es que la estrategia de Lavín es la misma que ha seguido Piñera desde hace un buen tiempo, pero con un matiz no menor: No sólo juega por fuera de la Alianza, sino que “lidera” por fuera de la Alianza. Esto significa no sólo desmarcarse de los partidos con una agenda propia que potencia sus atributos personales, sino derechamente aspirar a encabezar una corriente de opinión ciudadana que tiende a cruzar el espectro ideológico. En tiempos en los cuales el desprestigio de los partidos tradicionales es creciente, el espacio de los movimientos sociales y ciudadanos aumenta. Seducir o convocar en ese nuevo espacio es una carta ganadora. Y para ello no basta con jugar “la personal” fuera de la Alianza (como lo viene haciendo esporádicamente el candidato de RN), al parecer se requiere asumir liderazgo efectivo fuera de ella.

ARGENTINA DE CRISTINA

octubre 16, 2007

 

Vengo llegando de la hermana república argentina. Aunque fui especialmente a ver el partido de Chile, me di el tiempo de inmiscuir mis narices en la contingencia política. Como muchos sabrán, en un par de semanas eligen nuevo presidente. Y Néstor Kirchner recorre el país haciendo campaña por su Cristina, la más segura vencedora. Y aunque varios medios han llamado la atención acerca de la estrategia impúdica de la primera dama (que utiliza su cargo y los gastos reservados de su investidura para financiar su fiesta electoral), al parecer los argentinos no se lo reprochan mayormente, ya que se empina por sobre los 40 puntos en los sondeos de intención de voto. Le sigue, muy atrás, la socialista Elisa Carrió y el justicialista disidente Alberto Rodríguez Saa (hermano del ex presidente por un día Adolfo Rodríguez Saa), con algo más de un 10% cada uno. Quedan definitivamente rezagados el ex ministro de economía de Kirchner, Roberto Lavagna, y el candidato de Mauricio Macri, Ricardo López Murphy. En resumidas cuentas, Cristina tiene la opción incluso de ganar en primera vuelta.

            Mi humilde opinión es que Argentina sigue dando bote en materia política. Es cierto que, al igual que lo ocurrido en Chile con Bachelet, Cristina Fernández representa una especie de vanguardia cultural en un país igualmente machista y recambio generacional dentro de una casta dirigente igualmente anquilosada. Pero fuera de eso (y de un envoltorio estéticamente más apetecible que el de nuestra primera presidenta), no hay mucho más donde buscar. El peronismo sigue siendo ese espectro nacionalista fascistoide-izquierdoso de mucha palabrería y poca sustancia ideológica, como ya advirtió Ignacio Walker hace un par de años (y que casi le cuesta su nombramiento como canciller de los últimos años de Lagos). Pero en un país tan curioso como “la” Argentina, que ve la realidad siempre desde una perspectiva tan genial como distorsionada, este hecho parece estar atado a su destino y a su forma de ser. Tan consustancial como es la relación entre la Concertación y la identidad cultural del Chile post Pinochet, tan mediocre como aspiracional.

            Para redondear este punto citaré un pasaje de un escritor y periodista argentino que me quedó dando vueltas en estos días… “Cualquier psicólogo que pusiera el edificante discurso público argentino al lado de los ominosos anatemas privados obtendría un diagnóstico claro sobre la sociedad que los produce: esquizofrenia aguda. Después llega la realidad, esa incorruptible, que no será la única verdad pero puede siempre más que las frases hechas, y revela que la patria de las mieses, la de todos los climas del mundo y el pueblo maravilloso, ha dejado de ser el éxito de los tiempos en que la concentración de recursos naturales per cápita determinaba la riqueza para transformarse en uno de los fracasos más estentóreos del planeta apenas la capacidad de trabajar en equipo, de respetar reglas y de establecer contratos basados en la confianza mutua se tornó decisiva. La tan reivindicada identidad nacional es pues el otro yo del doctor Merengue escondido en cada ciudadano argentino, cuyo lomo es sistemáticamente masajeado por un monólogo presidencial logorreico y autista, que discurre sobre “las cosas que nos pasaron a los argentinos” como si las consecuencias estuvieran desunidas de sus causas y los orígenes del fracaso de este país fuesen un misterio” (del libro Kirchner & Yo de Fernando A. Iglesias)

Y un refrescante video de viernes

octubre 12, 2007

Vuelvo a usurpar de las arcas de Plan Z para alimentar este humilde blog, que ya supera las 2.500 visitas desde su lanzamiento. En esta ocasión los dejo con un ilustrativo instructivo para hacer campañas electorales… Buen fin de semana.

[youtube:”http://www.youtube.com/watch?v=FeJxURJ7eVM“]

EL CUENTO DEL PACTO SOCIAL

octubre 10, 2007

 

El diario La Tercera titula su editorial de hoy miércoles 10 de octubre con la advertencia “Un Pacto Social no se improvisa“, y desnuda luego una serie de deficiencias de fondo y forma en la convocatoria de la Presidenta Bachelet. Las de fondo tienen relación con la falta de precisión en el contenido del pacto, las de forma con las debilidades del liderazgo del gobierno para encabezar esta cruzada pretendidamente transversal. Estoy de acuerdo con ambas prevenciones. Sostener que el pacto social consiste sencillamente en aprobar el presupuesto de la nación para el año 2008, y aceptar sin chistar las iniciativas del ejecutivo en materia educativa, previsional y seguridad ciudadana, es un abuso del lenguaje. Un pacto social no ha sido nunca eso. Históricamente, el pacto nace como reacción del mundo moderno ante la arbitrariedad de origen y de ejercicio del monarca. Tuvo como objetivo “rayar la cancha” al enumerar una serie de derechos y deberes ciudadanos, previamente consensuados por éstos o por sus representantes, con un carácter evidentemente más político que social. El giro de Dios al contrato, parafraseando a Mariano Grondona, fue esencial para el surgimiento del liberalismo. Pero entendemos que la Presidenta no se refiere a ese tipo de pacto.

            Pero si no podemos traer a colación a Hobbes, Locke o Rousseau, al menos podemos interpretar el pacto social como lo han entendido todos los teóricos políticos contemporáneos. Esto es, desde la perspectiva de la justicia, que aborda el problema de la desigualdad en la distribución del poder político, económico y sociocultural: ¿Cuánta desigualdad puede permitirse una sociedad para llamarse a sí misma “justa”? ¿Son “justos” los resultados desiguales de un procedimiento teóricamente igualitario, o sólo son “justos” si los resultados no son brutalmente desiguales? Esas, y no otras, son las preguntas determinantes para medir la justicia en una sociedad. Y no veo a ningún actor político haciéndolas en Chile. Esas son, en el siglo XXI, las preguntas que hay que responder “socialmente”, a través del instrumento más idóneo (pacto, plebiscito, comisiones de trabajo, talleres de reflexión, discusión parlamentaria, etc.) para fijar los márgenes de desigualdad permitidos en Chile. Todo lo demás es música. El mismo John Rawls propone mecanismos relativamente concretos para medir estas variables (ejemplo: las desigualdades sólo son justas si, en la medida de que los de arriba suben, los de abajo suben en la misma proporción)

            Pero aparte de insustancial y ontológicamente errado, el llamado del gobierno a alcanzar un nuevo pacto social es un volador de luces que no refleja ninguna voluntad real de convocar a todos los actores políticos y sociales. ¿Qué pacto social puede surgir en medio de un clima de desconfianza recíproca y paupérrima calidad del debate público, donde todos parecen estar más preocupados de su agenda personal antes que de consensuar grandes orientaciones país? Y como lo hemos sostenido en otras ocasiones, es precisamente el gobierno el primer responsable de generar esas confianzas y subir el nivel de la discusión. Y es tremendamente difícil que lo hagan si están más preocupados por la supervivencia política de su coalición, y por el eventual “desalojo” que sufrirán el año 2010 si no empiezan a hacer bien la pega. El problema consiste en que “hacer bien la pega” para muchos funcionarios del gobierno y dirigentes de la Concertación, es sinónimo de acordarle a la gente que la derecha perdió el plebiscito del ’88 apoyando a Pinochet, que no tiene un real compromiso con la democracia y los derechos humanos, y que defiende a los ricos y a los grandes intereses económicos. De esta manera consiguen el legítimo objetivo primario: Mantener el poder. Pero entonces no estemos llenándonos la boca con un pacto social cuyas condiciones previas nadie está dispuesto a implementar, salvo Lavín y quizás, la propia Bachelet. Total, en Chile no existe reelección.  

SOBRE “INDEPENDIENTES EN RED”

octubre 8, 2007

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Me estaba debiendo una reflexión escrita sobre “Independientes en Red” (IR), la nueva apuesta del mercado de la discusión pública. Me la estaba debiendo porque, en primer lugar, formo parte del grupo de 50 fundadores que le dan vida a este movimiento. Y corresponde hacerse cargo de las instancias en la que uno participa. Y en segundo lugar, porque me ha servido para reforzar ciertas convicciones sobre el rol de los personajes “independientes” en política.

Cuando recibí la invitación de Juan Carlos Eichholz yo estaba participando activamente en “A Tomarse Chile” (ATC), movimiento político sub 30 que heredaba parte del discurso que delineamos en “Opción Independiente” (OI) en la UC: Una fuerte crítica a la estructura de división político partidista que Chile asumió a partir del plebiscito de 1988, y una propuesta romántica que combinaba lo mejor del programa liberal – progresista, con la consecuencia del trabajo en terreno de inspiración jesuita. Por razones que no corresponde comentar en este medio, ATC entró en un período de recesión indefinido, que espero nos ayude a reflexionar sobre qué queremos para el futuro y porqué tenemos que hacerlo juntos. Mientras tanto, y para satisfacer mi hambre de participación en torno a las ideas públicas, he hecho mis humildes aportes al proceso de conformación teórica de IR. Sobre el resultado, puedo decir que me siento satisfecho. IR no pretende ser un partido político ni un centro de estudios. La verdad es que se trata de una red horizontal de profesionales que se han destacado en distintos ámbitos y que quieren hacer su contribución desde una tribuna que les permita mayor libertad que la que tendrían en una institución jerarquizada. Desde el punto de vista discursivo, tiene varios elementos en común con el predicamento de la OI y de ATC, en especial el marcado desencanto con la forma de hacer política en el Chile de hoy, donde por concentrarnos en lo contingente nos hemos olvidado de lo importante. Presenta también aspectos de la misma fusión ideológica, esa interpretación liberal-comunitaria-globalizada de la realidad, que tanto me acomoda a estas alturas: El enfoque que premia el emprendimiento y la iniciativa individual está fuertemente matizado por el elemento que rescata el vínculo social y la cultura de convivencia. Y quizás lo que más me atrae: No promete ni regala nada, y por el contrario, está dispuesto a exigir más de los ciudadanos para llegar a la meta de un país de primera hacia el 2020. Esa exigencia va por el lado de la responsabilidad individual, social y gubernamental, por una parte, y de una efectiva redistribución del poder político, social, económico y territorial a lo largo de Chile. Esto no significa que he terminado mi relación intelectual y afectiva con el discurso de ATC. De hecho podría sostener todo lo contrario: Me tiene tan convencido que he tratado de incorporar su sustancia en todas las instancias que IR me ha permitido.

Obviamente nada de esto le importa mucho a la prensa. Entender el contenido de un proyecto político requiere de inteligencia y dedicación. Y la farandulización de los medios impide ese necesario espacio. Lo único que les importa es subrayar (hasta la majadería) que Cristina Bitar fue generalísima de Joaquín Lavín. La mayoría de las preguntas que hemos recibido sobre IR se han centrado más en “qué candidato de la Alianza apoyaremos” que en el contenido de la propuesta. En ese sentido, es poco lo que se puede hacer. Recuerdo que en mis tiempos de dirigente universitario solíamos preparar los debates con una serie de reglas de oro. Una de ellas era la de las “verdades históricas”: No sacamos nada con patalear por un mote mal puesto, si esa percepción ya se encuentra instalada en la mente de la gente, o en este caso, de los periodistas. Incluso una de ellas me comentó que veía en IR “el relanzamiento de la plataforma presidencial de Lavín”. Claro, se fijó en los nombres más taquilleros y sacó una conclusión apresurada. Ni se imagina que la gran mayoría de los consejeros de IR (especialmente los más jóvenes) renunciarían al día siguiente si tan sólo existieran sospechas de una movida semejante. Todo esto actualiza mis aprensiones sobre qué tan profundo puede ser el debate político a través de los medios de comunicación, y sobretodo, que las personas independientes de cualquier filiación partidista serán siempre encasilladas en fórmulas fáciles y conocidas.

En fin, esta historia recién comienza. Espero, por el bien de Chile, que sea efectivamente un aporte. Me importa poco que se parezca a Expansiva o a ChilePrimero. Lo relevante es que entregue los espacios para discutir y que éstos sean fructíferos. Veamos qué va pasando con IR en el futuro…

OTRA VEZ NO, POR FAVOR

octubre 5, 2007

 

La detención de la familia Pinochet y sus asesores más cercanos es la noticia del día. Y lo será hasta que nos acordemos que la selección de Bielsa inicia el próximo sábado en Buenos Aires el calvario clasificatorio.

Obviamente comparto todo lo expuesto por Navia en su columna de La Tercera: Cada vez que el apellido del ex dictador aparece, la Concertación se une. Y la Alianza se complica.

Ignoro si esto es o no una maniobra friamente calculada para frenar el descenso del Gobierno en las encuestas. Nunca he sido amigo de la teoría de las conspiraciones. Resulta muy fácil decirlo, pero se corre el riesgo de “estar hablando huevadas”, lo que en todo caso no es nada de extraño en nuestra política. Lo que sí se ve mal (tan mal como el inédito fallo de la SVS contra Piñera) es que el juez Cerda parta a Nueva York a recibir un millonario premio por su actuación en causas de DDHH. ¿Incentivo perverso? ¿Mera coincidencia? ¿Reconocimiento justo? Lo que quieran, pero es innegable que, al menos en las apariencias, vuelve a ensuciarse un proceso con fundadas sospechas de parcialidad. Y eso no les hace bien a las instituciones. El pataleo de algunos parlamentarios derechistas no deja de tener sentido: Cada vez que se investiga un episodio de corrupción protagonizado por los que actualmente ejercen el poder, las cosas quedan en nada, y a veces con mayores montos involucrados y más poderosas evidencias.

Por el lado de los mosqueteros concertacionistas no es posible esperar otra actitud. Es deseable esperarla, claro. A uno le gustaría que actuaran sin odio ni resentimiento, con la grandeza del vencedor, con la altura del hombre de Estado. Pero es mucho pedirle eso a Aguiló y compañía. Ellos viven del pasado y profitan electoralmente de él. Ese es su juego: Un Chile unido no les conviene.

Pero al final del día me pregunto ¿beneficia realmente al Gobierno la imagen de las hijas de Pinochet con esposas puestas? Sinceramente, creo que las imágenes que vimos en los noticiarios de ayer (enrabiados partidarios de Pinochet con pancartas alusivas al Plan Z y al VOP, y eufóricos miembros de organizaciones de DDHH en un deslucido champañazo en el paseo Ahumada) pertenecen a otra época. Son anacrónicas y representan lo peor de nosotros. Y la gente está “chata” de revivir tanta mierda. Son postales patéticas, las unas y las otras. Perdonadme el lenguaje, pero puta que cansan.

No pretendo negar los legítimos sentimientos de esas personas, especialmente el de lealtad y el de venganza. Pero ¿no será como mucho? Seguir encarnizado a una lucha que terminó hace rato me parece propio de personalidades intrínsecamente belicosas, desfazadas, faltas de perspectiva y de futuro. Por eso estoy convencido que la gran mayoría de los chilenos encontró que este episodio político-judicial era parte del anecdotario tragicómico de la transición chilena, y no se sulfuró mayormente en ningún sentido. Muchos ni siquiera se detuvieron en la justicia o injusticia de la detención, sino en su carácter insólito. Esperemos, por la salud mental de los chilenos, que los medios de comunicación apliquen su escasa inteligencia y le den poca cuerda al asunto. Al menos que reduzcan el morbo. Esperemos, escúchanos Señor te rogamos, que este sea el último capítulo de esta historia que nos tiene los pies anclados al pasado.