CERCquita

 

La encuesta CERC dada a conocer el día de ayer trae novedades bastante más relevantes que las subrayadas por los medios de comunicación. Es evidente que el reingreso de Lavín a los “cinco políticos con más futuro” es una noticia de significancia política, pero no tiene nada de extraño si la pregunta se relaciona precisamente con el grado de visibilidad pública de los actores. Primero en el Consejo de Equidad y luego estrenando el  “bacheletismo-aliancismo” (cuyos primeros coletazos alcanzan a ser medidos por la encuesta), el nombre de Joaquín Lavín metió ruido. Para Sebastián Piñera la encuesta es aun más favorable, tomando en cuenta que sigue en ascenso a pesar de ser el blanco de todas las críticas durante este 2007, lo que refleja la impermeabilidad de su pole position, elemento vital en una campaña tan larga como la que estamos presenciando. Piñera no sólo obtiene la mejor puntuación en dos años (45), sino que además observa la caída de su más cercana perseguidora, Soledad Alvear, que baja de 32 a 27. Lavín es tercero con 22, seguido de Insulza (16) y del ex presidente Lagos (15). No menor: Piñera se consolida como figura de futuro ante un Lagos que se queda cada vez más en el pasado. Además, llama la atención que dentro de los top five, la suma de los puntos de los presidenciables de la Alianza supera la suma de los tres presidenciables de la Concertación (67 contra 58). ¿Otra buena noticia para Piñera? Los atributos más castigados en Bachelet son su falta de capacidad y su falta de autoridad, justamente los mejor evaluados en el empresario.

Pero al margen de la teleserie, hay una historia mejor para contar: En abril del año 1990, un 26% de los encuestados se declaraba de izquierda, un 48% de centro y un 20% de derecha, lo que explica razonablemente la preeminencia de la DC por esos años. Apenas un 5% “no sabía o no respondía”. 10 años después, con Lagos recién instalado en La Moneda, la izquierda representaba un 23%, el centro un 37% y la derecha un 24%, con un 14% de los encuestados sin saber o responder. Hoy, octubre de 2007, un 21% se declara de izquierda, un 32% de centro y un 14% de derecha, con un 33% que no sabe o no responde. Es decir, mientras la izquierda fluctúa en torno al 20-25% y la derecha bajó definitivamente del 20%, el centro propiamente tal se desinfla dando paso a una verdadera mayoría de independientes o derechamente apáticos políticos. Esta es la antesala de una crisis de representatividad ideológica y política, como lo hemos venido sosteniendo en este blog desde el inicio.

Y curiosamente la Alianza sigue sin oler bien el mapa: Si miramos encuesta CERC desagregando sus variables, nos encontramos que el grupo etáreo que más castiga al gobierno de Bachelet es el tramo 18-25 años (43% de aprobación y 49% de desaprobación), en contraste con el grupo etáreo de 41-60 y 61+ (52% aprobación; 41% desaprobación). Esto significa terreno fértil para el discurso de la oposición en los jóvenes, precisamente los que no votan porque la Alianza no termina de convencerse de las bondades de la inscripción automática. Coincidente con lo anterior, los NO INSCRITOS son más duros con Bachelet que los INSCRITOS. Estos últimos le entregan un 50% de apoyo a la mandataria (y un 44% de rechazo), mientras que los que no participan en elecciones le dan un 44% de aprobación a su gobierno y un 45% de desaprobación. 

Una última reflexión: Es normal que la izquierda apoye a Bachelet (80% aprobación) y que la derecha la crucifique (85% de desaprobación). Lo llamativo es que los que se declaran de centro se manifiestan contundentemente a su favor (61% contra 34%), lo que justifica la estrategia lavinista de acercarse al centro apelando a la solidaridad con la presidenta. Más importante aun, creo yo, es que el grupo mayoritario de los encuestados (los independientes que no se ubican ni en la izquierda, ni en el centro ni en la derecha) manifiesta la percepción inversa: sólo un 31% aprueba al gobierno mientras un 53% la reprueba.

Una respuesta to “CERCquita”

  1. vozyvoto Says:

    Se recomienda la columna de José Miguel Izquierdo hoy en La Tercera. Y merece un reflexión seria su última aseveración: “… la emergencia nacional no está en el tono de la crítica política, sino en el bienestar desperdiciado por la mala planificación de Lagos y la mala gestión de Bachelet”. Esto significa que más allá de ser “desalojante” o “bacheletista-aliancista” (es decir, más confrontacional o más colaborativo en la relación con el gobierno), lo que verdaderamente le importa a la gente es que los responsables hagan bien la pega. Si esta percepción se mantiene hacia el 2009, es evidente que la centralidad del discurso opositor estará en la gestión y no en la promesa de grandes transformaciones o cambios de paradigmas. Si eso es efectivo, todo la chimuchina política que estamos presenciando será hojarasca en el camino.

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