LA MUERTE DE LA POLÍTICA

 

Hace exactamente una semana mi buen amigo Javier Sajuria escribió en La Segunda a nombre de Independientes en Red una columna titulada “Los ciudadanos por acá, la política por allá”. Primero veamos qué dice y después pasamos al comente…

El bacheletismo aliancista propuesto por Joaquín Lavín, más allá de las estrategias de posicionamiento que su autor pudiera pretender, revela un asunto importante y delicado. A mi juicio, Lavín no se refiere a una concordancia de principios ni de valores comunes con la Presidenta, sino que le entrega su apoyo decidido sólo en consideración a su cargo y rango. Lo más inquietante es que esta expresión -y de ahí el interés por interpretarla correctamente- es bastante lógica, dada nuestra actual realidad: escasa participación ciudadana y donde el único contralor de la política es la figura presidencial. Esto se debe a nuestro diseño institucional, heredado de la dictadura y producto de los preceptos del gremialismo -principalmente la subsidiariedad- que han llevado a la disociación completa entre la política y los ciudadanos.
Chile requiere de partidos políticos fuertes, pero vivimos los chilenos una crisis de representación producto de que se nos ha enseñado e impuesto, desde la Carta Fundamental, la imposibilidad de participar en política fuera de las estructuras tradicionales. Las barreras de entrada a la participación pasan por desconocer la labor política que realizan los ciudadanos diariamente; en sus trabajos, fundaciones y otros. Por lo tanto, nos hemos acostumbrado a ver la acción política -y al político- como una actividad lejana y ajena a la vida cotidiana, relegada a partidos que carecen de representatividad y originalidad en sus planteamientos. El desafío, entonces, no pasa porque los partidos aumenten sus bases de militantes, sino porque hagan un total rediseño que integre y reposicione la política como una actividad cotidiana, realizada por ciudadanos comunes y corrientes. Llamarse independiente hoy en día es bastante atrevido, incluso ofensivo para algunos. Sin embargo, la pretensión es simple: abrir estos espacios de participación y acercar el ejercicio de la política y la influencia en el poder público a toda la ciudadanía, sin más barreras de entrada que la comunión de principios y anhelos. Mientras mantengamos un sistema electoral tan perverso como el binominal y una regulación a los partidos tan rígida, la distancia entre la ciudadanía y los políticos se seguirá acrecentando. En definitiva, todo pasa por asumir que la subsidiariedad -entendida al modo gremialista- no es un fin en sí misma, sino en cuanto aporta a la construcción de un Chile más representativo y democrático

Y bien, si lo posteo acá es porque le encuentro razón al tipo: El pensamiento gremialista que tuvo por misión originaria desintoxicar a los cuerpos intermedios de politica partidista ha terminado por marginar la buena parte de la política de nuestras vidas. Y esa es una pérdida lamentable: Cae en desuso el diálogo democrático, se vacían los espacios públicos, se abandona el sentido colectivo. Lavín fue un pionero al desviar el eje semántico de los DDHH hacia “los problemas reales de la gente” a fines de los noventa, lo que obligó a la propia Concertación a reformular el discurso. Lo cierto es que seguimos pagando los costos de una despolitización excesiva: El “bacheletismo aliancismo” es su mejor expresión. Como tan asertivamente señaló Carlos Peña un par de domingos atrás, la frase de Lavín “equivale a bombardear las nubes de Santiago, instalar vigías en el Paseo Ahumada, construir playas artificiales en la ribera del Mapocho, hacer nieve, participar de ritos aimaras, distribuir alarmas y rejas a granel, multiplicarse a sí mismo mediante máquinas polaroid, decretar la muerte de las ideas y su sustitución por las cosas…” No es diferente a lo que viví en mi época universitaria cada vez que la FEUC caía en poder del Movimiento Gremial.  La muerte de la política implica que no hay capacidad de rehabilitarla y redignificarla, precisamente porque está muerta. Y contra la opinión de un comprometido Viera-Gallo (quien más encima cita a Sarkozy como referente), en Chile todavía no ha resucitado.

2 comentarios to “LA MUERTE DE LA POLÍTICA”

  1. MK Says:

    Bueno… a propósito de lo mismo… ¿qué tan importante o deseable es tener una nueva constitución en Chile?

    Ésa es una causa en la que sería muy extraño ver coincidir a “independientes en red” con grupos de izquierda extraparlamentaria…

    Saludos y feliz viernes-

  2. vozyvoto Says:

    No sé si tener una nueva Constitución sea la panacea para nuestros problemas de representatividad y escaso debate político. Puede ayudar si se entiende como un envión anímico, una especie de inauguración de una nueva era institucional, pero habría que fijarse mejor en el contenido y el mecanismo de construcción de una nueva Carta Fundamental. No estoy tan convencido de que los actores que hoy se pueden sentar en la mesa de los constituyentes quieran sacrificar sus actuales cuotas de poder.

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