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… y las pavorosas cifras en educación

octubre 2, 2007

 

Sigo metiéndole cabeza a los números, a pesar de mi odio parido a las políticas públicas. Pero bueno, les dejo las más llamativas en materia de educación, que como dice mi amigo Davor, es la verdadera fábrica de la desigualdad en Chile:

Según el SIMCE 2006, para 4º básico, los alumnos del GSE Bajo alcanzaron apenas un 19% de logro “avanzado” en la prueba de lenguaje. Los del GSE Medio-Bajo (el grueso de la población) no lo hicieron mucho mejor: 20% de logro “avanzado”. El estrato Medio llegó a 31%, mientras el Medio-Alto alcanzó el 49%. Otra cosa pasó en el GSE Alto, que logró un 69% de nivel “avanzado”.

En matemáticas la relación fue similar: GSE Bajo con 11% de logro “avanzado”, GSE Medio-Bajo con 15%, GSE Medio con 24%, GSE Medio-Alto con 41% y se dispara el GSE Alto con 64% de logro “avanzado”.

El SIMCE para IIº medio arrojó la misma correlación en lenguaje (el promedio fue de 228-241-267-290-306 respectivamente a cada GSE) y la brecha aun mayor en matemáticas (promedio de 218-234-267-302-327 respectivamente a cada GSE).

Si miramos el ranking PSU 2007, sigue la misma historia. De los 228 establecimientos educacionales con promedio igual o superior a 600 puntos, 193 son particulares pagados (84,6%), 30 son particulares subvencionados (13,2%) y apenas 5 son municipales (2,2%).

Luego, si miramos la relación entre años de escolaridad e ingreso, nos encontraremos ante la obvia conclusión de que se trata de una correlación perfecta. Según la CASEN 2006, sin ningún tipo de educación formal sólo se aspira a ganar $136.195. Con la básica completa estamos cerca de los $189.150. Con la media completa se alcanza en promedio los $245.608. A partir de los 16 años de escolaridad (4º año de educación superior) las cifras se disparan: $501.129 en promedio. Con 17 años de escolaridad pasamos a $800.442 y con 18 y más estamos sobre el umbral del millón de pesos por concepto de ingreso autónomo.    

No hay doble lectura. Los jefes de hogar del primer decil (10% más pobre de los chilenos) tienen en promedio 7,3 años de escolaridad. Los jefes de hogar del decil más rico duplican esta cifra: 14,4 de escolaridad promedio.

Esta columna no tiene por objetivo sacar grandes conclusiones. Pero recordar estas cifras nos puede ayudar a reforzar la convicción de que, antes de hablar de un pacto social fundado en reformas tributarias y laborales, el verdadero cambio estructural debe partir por nivelar (hacia arriba) la calidad de la educación en nuestro país.