A OXIGENAR LA POLÍTICA

 

Independientes en Red” publicará en los próximos días la convocatoria a un concurso que busca ideas para “oxigenar” la política chilena, y que busca, entre otras cosas, elaborar la propuesta oficial del grupo para ser presentada en el Gobierno y el Congreso. Les presento a continuación la columna que me solicitaron como marco conceptual del proyecto:

En un escenario de creciente conflictividad, al menos existe en Chile un amplio consenso: La imagen que los ciudadanos tienen de la actividad y la clase política en general sufre un progresivo deterioro, que amenaza en el mediano plazo con transformarse en una verdadera crisis de representatividad y en consecuencia, en un debilitamiento del sistema democrático. Sabemos también que es la juventud es la que más resiente este alejamiento, lo que prende las alarmas pensando en el Chile del futuro: Mientras en 1988 los menores de 30 años representaban un 36% del universo electoral, en 2006 el porcentaje de jóvenes llegaba a un escuálido 8,5% del padrón total. De los 3.194.260 chilenos que se ubican hoy entre los 18 y los 29 años, sólo 687.182 se encuentran inscritos en los registros electorales, lo que significa que sólo un 21,51% de los jóvenes está habilitado para participar en los procesos eleccionarios. 

Las razones que explican este fenómeno son múltiples. Podríamos culpar a la rigidez de la estructura de división política partidista heredada del plebiscito del SÍ y del NO, ya que se trata de un eje retrospectivo que no identifica a las nuevas generaciones. En casi dos décadas, no hay nada nuevo bajo el sol. Podríamos culpar, por qué no, al sistema binominal y al sistema de inscripción y voto, que contribuyen decisivamente al congelamiento de las coaliciones y del padrón electoral. Podríamos apuntar a la escasa rotación de líderes políticos y a la conformación de una verdadera casta que parece no tener interés en compartir el poder. Podríamos apuntar también al surgimiento de escándalos de corrupción, que delatan el relajo de nuestras autoridades en materia de probidad y transparencia. Podríamos decir que el desencanto por la política es un efecto esperable ante el retroceso de las ideologías, ante la consolidación de un modelo económico que pone énfasis en el bienestar material del individuo antes que en las aspiraciones de la comunidad, ante la ausencia de grandes causas capaces de convocar y movilizar a la ciudadanía. Podríamos hablar de las promesas frustradas, de la pérdida de los espacios públicos, de la escasez de canales de participación, de la ausencia de diálogo horizontal.

En fin, el diagnóstico es más o menos claro. La tarea es ahora encontrar las soluciones. Y todo indica que éstas pasan por oxigenar el sistema político. Sin desmerecer el valor la estabilidad política que ha gozado Chile en los últimos 17 años, pareciera hora de imprimirle algo de vértigo y dinamismo a nuestra democracia. Es evidente que la ciudadanía posee hoy en día mucha más información que en épocas pasadas, y “ya no comulga con ruedas de carreta”. Es una sociedad civil que exige más de sus gobernantes, que demanda ser escuchada, y que se siente con el derecho a intervenir en la toma de decisiones. En este contexto no es sustentable en el tiempo un sistema político cerrado, donde el poder lo concentran unos pocos (los mismos de siempre) y donde los ciudadanos quedan relegados al papel de consumidores que sólo pueden levantar la voz cada ciertos años en elecciones que además entregan muy pocas alternativas.

El desafío de oxigenar la política chilena requiere de toda nuestra creatividad: Las soluciones pueden estar en reformas institucionales o en cambios culturales; Pueden proyectarse en el terreno local, regional o nacional; Pueden servir para aumentar la participación directa de los ciudadanos o sus organizaciones, o bien para reforzar el accountability de nuestros representantes y la movilidad de nuestra dirigencia política; Pueden ser pensadas a través de medios convencionales o utilizando las ventajas que entrega la tecnología; Puede tratarse de grandes transformaciones o de pequeñas contribuciones que aporten en la dirección trazada. Lo importante, al final del día, es contar con más y mejores herramientas para perfeccionar nuestro sistema político, reforzar la legitimidad de nuestra democracia, entregar mayores espacios de participación y especialmente para reencantar a las nuevas generaciones con “lo público”, ya que todos los hombres son llamados a la construcción de su propia ciudad.

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