El Domingo de la DC

 

Este pasado domingo 2 de diciembre los dos principales diarios del país (en rigor, los únicos serios) le dedicaron todas sus columnas de opinión de sus respectivos cuerpos de Reportajes a la crisis interna que vive el Partido Demócrata Cristiano. Cristóbal Orrego, Carlos Peña y Max Colodro en El Mercurio; Héctor Soto, Ascanio Cavallo y Patricio Navia en La Tercera. Nunca había visto tal sincronía editorial. Veamos qué podemos sacar en limpio entre tanta palabra ilustre:

Me daré el lujo, eso sí, de excluir a Orrego desde la partida. Es cierto que juega a la perfección el rol del clásico filósofo pechoño irónico-arrogante, pero la verdad es que en este debate aporta poco, salvo su certera constatación de que el congreso ideológico DC “dio muestras de retornar a los más trasnochado de su ideología comunitaria de los años sesenta… ¡una simple involución al discurso DC más rancio, como sacado del desván de los abuelos!” y no significa un viraje a la izquierda como ha sostenido la prensa light.

Peña, en cambio, va al fondo del asunto: “Nacida para poner las ideas por delante, la Democracia Cristiana hoy día parece no tener ningunaPorque en el origen de la DC está el intento de hacer frente a la modernidad secular desde una fuerte identidad cristiana. La DC apostó siempre a cultivar los grupos intermedios y a constituir comunidades como una manera de hacer más vigorosa la vida cívica y disminuir el peso del Estado… la modernización en nuestro país se desató; pero hasta hoy día carece de toda orientación normativa. No se trata, claro está, de volver al Frei de la política y el espíritu y reclamar a estas alturas una nueva cristiandad o cosas semejantes. Pero sí es posible aprovechar la intensa tradición histórica de la DC y ponerse a pensar -¡ese sí sería un verdadero congreso ideológico!- qué aporte puede hacer la cultura cristiana a la política que vaya más allá de hacer asco a la píldora o exigir que se corrija el modelo…” Nada que agregar.

El resto de los columnistas utiliza un enfoque menos profundo pero no menos agudo. Se centran, especialmente Colodro, Cavallo y Navia, en la inexplicable (y políticamente torpe) pasividad del gobierno. El primero culpa a la Presidenta Bachelet por haber relegado a los partidos a un papel secundario desde el inicio de su campaña, confiada en que el estilo “ciudadano” sería tan eficaz para gobernar como para conseguir votos. Colodro añade “La guerra desatada en la DC y el progresivo desgajamiento de la Concertación son ya una cuestión inexorable. Lo increíble es que el gobierno ha afrontado todo esto sin diseño y sin respuesta, como si no tuviera responsabilidad alguna en esta gigantesca espiral de desaciertos… Frente a la tormenta que se ha desatado, la autoridad asume la crisis de su coalición casi como un problema ajeno, mientras paradójicamente se esfuerza por dar oxígeno nada más y nada menos que al candidato de la UDI“.

Cavallo por su parte le dedica varios párrafos a Soledad Alvear, y en definitiva termina por validarla, con miras a la definición presidencial, en su estrategia de firmeza y autoridad (a mi juicio se trata una victoria pírrica donde no caben cuentas alegres), pero aun así dispara: “Y todo, a pesar de la conducta pusilánime del gobierno, que ha reaccionado como si no se tratara de un problema suyo y como si se pudiera dar el lujo de ser políticamente correcto. Mucho de lo que dice Zaldívar apunta directamente contra el Ejecutivo, y es posible que la cobardía de La Moneda le confirme que tiene razón“.

Cerramos con “Y qué dice Bachelet“, el sugerente título de la columna de Pato Navia: “La nula influencia que tiene Michelle Bachelet sobre el conflicto al interior del PDC refleja la percepción generalizada en el PDC que este gobierno no será más de lo que ha sido. A su vez, al no inducir a sus principales ministros DC a intervenir en la crisis, La Moneda se resigna a ocupar papeles secundarios en los procesos políticos clave del resto del periodo Con guerra civil desatada en el PDC, el gobierno solo puede tomar palco. Ya que su estrategia fue negociar con quienquiera liderara el partido, Bachelet debe esperar que se dirima el conflicto. Pero como la disputa ocurre al interior de su coalición e inevitablemente salpica la capacidad de gestión de su gobierno, esa espera implica altos costos. Peor aún, ya que la estrategia de ambos bandos en disputa en la DC es ignorar a La Moneda, este conflicto constituye una tácita pero poderosa declaración sobre la irrelevancia del gobierno en disputas sobre el futuro político del país

Para finalizar, dejamos sobre la mesa la sentencia de Héctor Soto para reflexionar sobre el futuro de la DC: “Tal como van las cosas, van a perder todos… Cuando una colectividad no sabe resolver sino a tiros los conflictos entre sus facciones, cuando no consigue entregar testimonios potentes de energía y porbidad, como los que el país le ha estado pidiendo, cuando hace un congreso ideológico y no lo sabe conducir, cuando el desperfilamiento político se vuelve crónico y nadie sabe cómo ponerle atajo, es inevitable – por lo bajo – que algún costo haya que pagar. Y vamos, no es tan injusto que así sea“.  

Una respuesta to “El Domingo de la DC”

  1. MK Says:

    Dejo acá registrado un notable artículo que analiza bastante bien la conducta de zaldivar, de paso recordando algo que (creo) no muchos han hecho: sus actos como presidente de la DC.
    http://www.elmostrador.cl/modulos/noticias/constructor/noticia_new.asp?id_noticia=234904

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