La Segunda Transición Chilena (por JMI)

 

Les presento la versión original de la columna de opinión publicada por José Miguel Izquierdo el pasado martes 4 de diciembre en La Tercera. Las negritas son mías. La leemos y la comentamos ¿vale?

Chile necesita vivir una segunda transición. Una vez demostrado que la institucionalidad y el desarrollo fueron posibles, ahora la democracia debe probar que es capaz de hacer que los titulares del poder pierdan. Por eso, el hito que marcará esa prueba es que la centro derecha logre la mayoría.

El Presidente de la UDI, Hernán Larraín, ha llamado a formar un nuevo referente para alcanzar este objetivo. Sin embargo, es posible considerar que su propuesta será interpretada como un gérmen de autodestrucción del pacto, mientras no aclare qué mecanismo propone para definir la candidatura presidencial, no presente un valor común y no respete el interés principal de sus socios.

La tarea de forzar la alternancia implica provocar un cambio de actitud en los ciudadanos, porque es imperioso que ellos transformen la ciudadanía pasiva en una actitud inquisitiva del poder. Porque no es normal que los servicios públicos necesarios para el desarrollo de la nación queden sin recursos por la incompetencia de quienes están en el poder, es forzoso fomentar la crítica en los ciudadanos. Es imprescindible, por lo tanto, que las personas no sigan creyendo en promesas vacías y orienten sus preferencias hacia otras alternativas.

El cambio en la actitud del ciudadano debe ser impulsado y esta reorientación no podrá generarse si no es a través de definiciones programáticas y estratégicas concretas. Por lo mismo, no basta con que el ambiente político fustigue a los partidos, porque las instituciones han demostrado muy escasa habilidad para adaptarse a esas corrientes de opinión.

En este contexto se exhibe la iniciativa de ampliar la base política para formar un nuevo referente de centro derecha. En un primer estadio, apela a la capacidad de la Alianza para recoger los brazos desmembrados de la Concertación y otros movimientos. Sin embargo, mientras sus partes no logren transmitir con eficacia el ethos de la coalición y despejen la adhesión a una candidatura presidencial, su esfuerzo puede verse truncado.

La Concertación logró definir un elemento aglutinador a mediados de los 80, cual era la lucha contra el régimen militar. De hecho, la definición del candidato presidencial en esas circunstancias era, no menor, pero sí, secundario. La voluntad del pacto de derrotar a Pinochet podía llevar a un puñado de nombres a La Moneda. La situación en la segunda coyuntura transicional es distinta. La lucha está cifrada en contra de la ineficacia, la corrupción y la pérdida de bienestar de las personas. En esta oportunidad, por lo tanto, el desafío de la centro derecha está en definir en torno a qué valores invitará a votar por la Alianza y no en recoger los restos de otros. Es así, porque la urgencia de la alternancia puede ser aprovechada por otros que transmitan con mayor claridad un proyecto anclado en el futuro y ya no en defensa o crítica del pasado.

De hecho, tradicionalmente se ha entendido que las candidaturas con posibilidades de ganar se constituyen en ejes que articulan coaliciones. En ese contexto, la figura de Sebastián Piñera es la más oportuna para RN y la UDI debe respetarla si realmente su ánimo es el mantener la coalición.

Como vemos, el camino escogido por la UDI plantea un escollo para la formación de un nuevo referente a partir de lo que ya existe. Dicho de otra forma, si la UDI invita a sus socios a formar algo nuevo sin reconocer la candidatura presidencial establecida, la nueva alternativa nacerá muerta, debido a que se orientaría, necesariamente, hacia un choque posterior; el pacto entraría en contradicciones fraticidas, convirtiéndose en algo más parecido a lo que ya ha existido. De esa forma, Chile no logrará superar el desafío de la segunda transición”

2 comentarios to “La Segunda Transición Chilena (por JMI)”

  1. MK Says:

    Aún masticando el artículo de Agustín Squella.

    Y le creería a JMI. Pero que él me explique, como votante, por qué debo dar el salto de fe y creer en una “centro derecha democrática” (y proba) cuando ésta NO ESTA DISPUESTA a cambiar un sistema electoral asquerosamente sesgado. Y no es que no hayan tenido graves faltas a la probidad cuando fueron gobierno.

    Por qué debo creer en ellos si ellos no creen en mí (y no creen en mí como votante, poniendo trabas electorales para que yo y los otros votantes tengamos un poder real en las urnas parlamentarias… “porque genera inestabilidad”).

    Y caemos en lo mismo: no habrá punto de inflexión hacia la “centro derecha” sin un proyecto país con bases democráticas. No basta decir que la Concertación es caca. Si dicen que es Caca sin presentar un proyecto como la gente y sin mostrar las cosas “deseables” en política lo que hacen es desprestigiar el sistema político.

    Y a cosas deseables me refiero a: fe en las personas, en los valores de la democracia, en empoderar las instancias de transparencia, control y decisión de sus ciudadanos, épica, coherencia, proyectos sinceros, consistentes en lo grande y en lo chico, que convoquen a todos – incluso a los del otro lado (no sólo a los de “valores crisitanos”… como persona con “valores cristianos” esa apelación directa me repele, porque normalmente implica una vision estrecha de lo que son los “valores crisitanos”)…

    Y sus peleas domésticas, su rechazo sistemático a modificar el binominal, su visión claramente sesgada en temas de políticas públicas, su desconfianza constante en als capacidades de la gente, su falta de apoyo a instancias que regulen abusos (y que no pasan por el gobierno central) …no sé… no muestran grandeza, sino pequeñez. Y me piden dar un salto para dejar un lugar poco atractivo. Pero el otro lado no parece mejor. El punto no es cambiar por cambiar. Es cambiar para mejor.

  2. vozyvoto Says:

    Me gustaría rescatar dos aspectos que me parecen esenciales de la columna de José Miguel, y que en cierto sentido ayudan a responder las inquietudes de MK. En primer lugar, la apelación directa a la ciudadanía como actor y partícipe del proceso de renovación. El empoderamiento no caerá del cielo, hay que buscarlo. No sacamos nada con reemplazar una coalición desgastada con un 60% de desaprobación por otra con un 59% de desaprobación. La alternancia debe incorporar un factor ciudadano, por decirle así a lo que hoy no es parte del establishment político. En ese sentido, y JMI lo señala en La Tercera, el nacimiento de ChilePrimero e Independientes en Red es una primera contribución. Y ellos deben ser integrados a este esfuerzo…
    En segundo lugar, JMI también reconoce la imperiosa necesidad de convocar al electorado en torno a un valor central, a un relato, a una narrativa que invite a los chilenos a “hacerse parte” de la cruzada. Y esto no ocurre de la noche a la mañana ni nace por generación espontánea: Requiere reflexión y conversación en el más amplio sentido de la palabra. Si queremos reeditar la experiencia francesa, sueca o española, no podemos estar pensando solamente en el 11 de diciembre de 2009. No es lo mismo ganar una elección que construir un proyecto país que aglutine una nueva mayoría social y política.
    Para terminar, comparto las aprensiones de MK con relación al poco compromiso de la Alianza con las reformas políticas que faltan. El cuento de “los problemas reales de la gente” caló hondo en la derecha ante la falta de discurso democrático. Creo, en todo caso, que después de las modificaciones constitucionales del 2005 la actitud ha cambiado para bien. Espero que las señales aumenten en el futuro…

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