EL CUENTO DE ROJAS

 

El martes recién pasado recibí una cordial invitación de Sebastián Soto, director del programa legislativo de Libertad y Desarrollo, para comer con Mauricio Rojas, diputado chileno del parlamento sueco. A la cita también asistieron los miembros de las directivas de la Juventud UDI y RN, además de mis amigos sub 30 de Independientes en Red.

Vale la pena escuchar a Rojas. Tenía pocas expectativas, pero el tipo realmente es un personaje con cuento. Les resumo: A los 18 años lo pilló el 11 de septiembre del ’73, siendo un soldado más del MIR. Como a muchos otros de su edad, lo habían convencido de que era parte de la generación que cambiaría la historia de la humanidad. Él sentía esa responsabilidad, esa convicción, ese fuego interior. Sentía que pertenecía a una causa más grande que cualquier individuo, y por lo tanto fue alienando su personalidad para ponerla al servicio de la ideología marxista. Se dio cuenta de ésto sólo años más tarde, después de haber escapado del país en 1974 y haber recalado en Suecia. Una conversación con un respetado compañero de armas, dijo, le abrió los ojos. Entendió que la derrota era inapelable, que la profecía no se cumpliría, que todavía le quedaban muchos años para vivir la vida. Se especializó en historia económica y con el tiempo se fue acercando al Partido Liberal sueco. Soportó la feroz crítica de sus amigos y familiares, pero no retrocedió. Hoy es diputado por su partido, y forma parte del exitoso proyecto de la “Alianza por Suecia” que acaba de conquistar el gobierno (2006) tras imponerse frente a la histórica y casi invencible socialdemocracia. Digo casi invencible porque la derecha apenas ha gobernado en los períodos 76-82 y 91-94 en los últimos 65 años. Y en ambas ocasiones, había ganado en escenarios de crisis económica, lo que no ocurría esta vez.

Las lecciones que Rojas reparte son de dos tipos. Las primeras tienen que ver con la médula ideológica del liberalismo económico: El Estado de Bienestar sueco, tan aplaudido por la izquierda a través del mundo, comenzó a hacer agua hace unos años atrás. No fue capaz de proveer pleno empleo y no pudo sostener la inmensa red de protección social que hasta entonces caracterizaba al modelo. Entonces, viró a la derecha. Los subsidios mutaron en incentivos, se privatizaron varias empresas públicas, se estimuló la competencia y la cultura del trabajo. Se acabaron los privilegios. Gran parte del éxito de la “Alianza por Suecia” radica en la capacidad que tuvo de presentarse como el verdadero partido de los trabajadores, y no como el partido de los ricos egoístas, como siempre se le había estigmatizado. El discurso, cuidadosamente diseñado, apeló a valores tradicionalmente acuñados por la izquierda, pero con soluciones de derecha.

La segunda lección es estratégica. Lo primero que hizo la derecha sueca fue renovar completamente (después del desastre electoral de 2002) la elite partidaria, especialmente en el Partido Conservador, el más grande de la coalición, de donde proviene el nuevo primer ministro Fredrick Reinfeldt (que asumió el poder con apenas 41 años). En segundo lugar, trabajaron arduamente el tema de la “unidad”, ya que liberales y conservadores se habían destacado por su largo historial de peleas y desaveniencias. Una serie de hitos, esencialmente comunicacionales, le dieron al pueblo sueco la inédita sensación de que la derecha era capaz de garantizar gobernabilidad.

En esta parte Mauricio Rojas interpeló al joven auditorio a revelar las “verdaderas diferencias” entre RN y la UDI. Claro, Rojas se refería a las diferencias ideológicas (las que prefirieron esconder o sencillamente no las saben), pero ellos se encargaron de ilustrar vívidamente que los problemas son de otra índole. Todo esto no hizo más que reafirmar mi convicción previa: Si las juventudes políticas chilenas continúan reproduciendo los mismos vicios y reviviendo las mismas rencillas del pasado, no nos quedará otra que seguir trabajando en la formación de nuevos referentes que sean capaces de representar realmente a los chilenos del futuro. Quizás esa es la razón por la cual se fue tan contento cuando lo fuimos a dejar al hotel y le contamos del experimento de “Independientes en Red”…  

En fin, entre tanto Sarkozy y Cameron, no está demás echar una mirada en el norte de Europa.

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