AJEDREZ EN LA CIMA DEL PODER

 

Desde un tiempo a esta parte, especialmente desde que Adolfo Zaldívar fue amenazado por convivencia en el PDC y Carlos Cantero renunció a RN, los medios de comunicación han gastado litros de tinta y largos minutos de televisión para explicar lo que según ellos es un verdadero cambio en el mapa político. Estos episodios, sumados al nacimiento de ChilePrimero (al amparo de la dupla Flores – Schaulson, exiliada a su vez del PPD), serían expresiones contundentes de un reordenamiento de piezas en el ajedrez del poder. No queremos pecar de soberbia y seguir tratando a los editores de incompetentes, pero echamos de menos profundamente un análisis político que vaya más allá de la farándula de lo inmediato, del horizonte de la próxima elección presidencial, de la absurda contradicción entre disciplina castrense y narcisismo personalista.

Es evidente que los nuevos “díscolos” han encontrado un nicho. Tarde, pero lo han encontrado. Se acaban de percatar que los partidos chilenos adolecen de escasa credibilidad y su desprestigio es creciente. Hoy, el voto de un senador independiente vale oro puro en un escenario legislativo incierto, con una autoridad presidencial debilitada dispuesta a todo tipo de concesiones, y una sociedad civil un tanto incómoda con el congelamiento del sistema político. En ese sentido, la apuesta de la nueva bancada (Flores, Bianchi, Cantero & Zaldívar) es legítima y razonable. A río revuelto, ganancia de pescadores. Nadie lo sabe mejor que Hugo Chávez.

Es evidente también que los dirigentes de los partidos políticos, especialmente de la Concertación, están “dando la hora”: Tapar el sol con un dedo (o con una expulsión) no va a convencer a los chilenos de que no son agencias de empleo, de que no han perdido la pasión por el servicio, de que no buscan prebendas personales, de que su único interés no es perpetuarse en el poder. Esa es una batalla perdida y que sólo puede volver a ganarse a través de una profunda reestructuración ideológica y ética que, presumo, no están dispuestos a acometer para no arriesgar sus actuales posiciones.

Pero lo que no es tan evidente es que algunos de los políticos desterrados vaya a tener éxito en su cruzada personal o grupal. Y no porque salirse del camino establecido sea perderse en la oscuridad, no porque la independencia sea sinónimo de soledad. Sino porque, en el fondo, representan lo mismo y a los mismos de siempre. Que Schaulson y Zaldívar despotriquen contra sus ex aliados no entrega ninguna garantía de que ellos no hicieron (y no hacen) lo mismo. De hecho, haciendo un recuento de la trayectoria de todos estos personajes nos encuentramos con una coincidencia: Todos están revolviendo el gallinero de la política desde finales del régimen militar y han chapoteado en el mismo charco de vicios y virtudes que el resto. La misma coincidencia que encuentro en los probables candidatos presidenciales: Lagos fue candidato a senador en 1989, Piñera fue electo senador en 1989, Lavín fue candidato a diputado en 1989, Alvear fue ministra desde 1991 e Insulza se incorporó a la cancillería en 1990 antes de asumir como subsecretario 4 años más tarde. ¿Conclusión? No hay nada nuevo bajo el sol. Pero no hay que alarmarse, somos de los que creemos que la alternancia es suficientemente fuerte para ventilar el aire que se pone espeso.

En Europa jubilaron a principios de los noventa a toda una generación que había monopolizado el poder por bastante tiempo (Mitterand, Tatcher, Kohl, González), y la reemplazaron por savia nueva (Blair, Cameron, Reinfeldt, Aznar, Rodríguez Zapatero, Sarkozy), lo mismo que debería hacer Chile en el mediano plazo. Obviamente, no estamos sosteniendo que sea un problema “de edad”, sino de la necesaria renovación y frescura que debe suceder al estancamiento y el moho. Por todo esto no creemos que la solución pase por invertir en la “disidencia”. No se trata de desconfiar “a priori” de sus intenciones (no lo hacemos), sino de entender que ellos no representan la sangre nueva que Chile necesita, esa dosis de prudencia y locura, de amores y humores, de osadía y generosidad, de modernidad y cultura global, de sueños y conversaciones sobre lo humano y lo divino, de fragilidad y liderazgo, de ojos que brillan, se emocionan, arden, convocan. Todo lo demás, es ajedrez en la cima del poder. Es cambiar un peón por otro. Es mover el alfil y sacar la torre. Es estrategia, fría y calculadora, que no tiene nada que ver con interpretar a la inmensa mayoría que no se siente representada por coalición alguna, que se siente ajena, desafectada y desvinculada de lo público. La gente común y corriente mira este espectáculo patético con menos interés que el que pone en las portadas de Las Últimas Noticias. Y los diarios siguen gastando ríos de tinta…

Ojalá que nos equivoquemos. Ojalá que les vaya bien. Ojalá que les vaya a bien a todos los de “corazón puro”. Tenemos nuestras razones para mantener el escepticismo…     

3 comentarios to “AJEDREZ EN LA CIMA DEL PODER”

  1. MK Says:

    Consíguete la columna de hoy de Agustín Squella.

  2. vozyvoto Says:

    Aunque Squella es mucho más optimista que yo en cuanto al futuro de la Concertación, no está lejos de nosotros en el diagnóstico: “Por cierto que pensar la Concertación es algo que tendrá que ser hecho con los partidos que la forman, aunque no es realista esperar que sean ellos los que tomen la iniciativa”.

  3. MK Says:

    http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2007/12/28/no-dejes-para-manana.asp

    Dejo el link para futuros comentarios

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