APUNTES SOBRE LA RENUNCIA DE BELISARIO

La noticia de ayer nos tomó a todos de sorpresa. Pero la convicción de Belisario Velasco no admite doble lecturas: Su permanencia en el cargo se hacía insostenible. Nos enteramos, recién ahora, que en la práctica ya no ejercía el rol de jefe del equipo político. Era excluido de reuniones claves y sentía la merma de su influencia tras la llegada de Francisco Vidal. En esas condiciones, según varios columnistas, la dignidad del orgullo político pesa más que cualquier lealtad. No se trataría de un simple “sálvese quien pueda”, como esbozó el senador Allamand.

En lo que todos los analistas coinciden es en que este episodio es la prueba fechaciente y definitiva del escaso liderazgo de la Presidenta en su propio gobierno. Bachelet, sencillamente, no toma las decisiones. Aunque llore y patalee, es una verdad del porte de una catedral. Que sea desconfiada, que pegue cartillazos y reparta retos de mamá enojada no es sinónimo de liderazgo. Hace menos de un mes había renunciado Lagos Weber para “servir a Chile desde otro frente” (léase, “porque privilegio mis legítimos intereses electorales”), y la Presidenta tuvo que acatar la decisión de su subordinado, para no exponerlo a una salida masiva que pudiera afectar su imagen. Esta vez la historia es más dramática: Belisario ni siquiera le dio margen para designar un reemplazante. Sencillamente, se viró. ¿Moraleja? En este gobierno los ministros se van cuando quieren y no cuando la Presidenta lo estima conveniente. En los anteriores gobiernos de la Concertación, los Jefes de Estado tomaban nota de las intenciones de sus ministros cuando querían partir, pero conservaban la facultad política de hacer los cambios de manera planificada y sin soportar vacancias inesperadas.

Pero este episodio deja otras lecciones, quizás más importantes. En primer lugar, la experiencia no es garantía infalible de éxito: Andrés Zaldívar y Belisario Velasco son políticos fogueados, que están en la contingencia desde los ’60. Belisario, en particular, ha participado de una u otra manera en todos los gobiernos de la Concertación. El problema se ahonda por el otro lado: No hay expectativa realista de renovación. No llegarán caras nuevas, sino todo lo contrario. Bachelet echará mano de los mismos de siempre. Una vez más, su promesa de gobierno ciudadano será mancillada por el cuoteo y el compromiso con los partidos. Aunque más del 50% de los chilenos se declara independiente y condena el actuar de las coaliciones políticas, la Concertación sólo sabe de nombramientos partidistas. Si la memoria no me falla, en estos casi 18 años apenas dos o tres ministros han carecido de carné partidario. No es que sea malo per sé, pero a estas alturas resulta evidente que muchos de ellos no son idoneos para el cargo, o tienen lealtades cruzadas cuando no carreras netamente personales. En estos días de incertidumbre los partidos volverán a hacerle sentir a la Presidenta su peso y leit motiv: El poder se reparte entre los mismos pocos.

En resumen, una presidenta que no toma decisiones, un gabinete que confunde los roles, una mala elección de los equipos, una escasa renovación y un difuso interés nacional sobre el personal, marcan el fin de lo que se denominado “el primer tiempo” del gobierno de Bachelet y el cuarto de la Concertación.  

5 comentarios to “APUNTES SOBRE LA RENUNCIA DE BELISARIO”

  1. fernando munoz Says:

    Querido Cristobal: que esperas, que la Presidenta nombre a Pato Navia de ministro? O a ti? Tu bien sabes que la politica exige de instituciones como los partidos politicos. Que el 50% de los chilenos se declare independiente no es senal de nada; ni los adictos a la politica esperamos que la gente se inscriba en masa en los partidos politicos en tiempos normales. Es mas, eso es lo que distingue a los tiempos normales, que la gente se puede dedicar a sus cosas. Me sorprende leer argumentos ‘de principiante’, como reza tu blog, escrito por alguien que segun entiendo ha estado metido en los comidillos del juego politico desde antes de ingresar a la Universidad.

  2. fernando munoz Says:

    Ah, y encuentro notable lo que aparece cuando uno escribe en tu blog: “Tu comentario está esperando a ser moderado”… que significa eso? Que porque tu te declaras moderado quieres que todos lo seamos? Que vas a moderar a quienes no lo son? Que haces el papel de moderador en una conversacion filosofica bajo el velo de la ignorancia? Este mensaje es solo para molestar, el anterior es mas serio 😉

  3. vozyvoto Says:

    Estimado Fernando: En primer lugar te saludo a la distancia. No nos vemos hace un buen tiempo y me alegra saber que sigues tu impecable trayectoria académica. Con respecto a los “comentarios esperando moderación”, te cuento sencillamente que es una aplicación del sitio y escapa a mis conocimientos tecnológicos. Apenas wordpress me avisa que hay alguno, lo autorizo sin más, salvo garabatos explícitos.
    Con respecto al fondo, entiendo que tu postura sea esa, sabiendo que eres militante de un partido (que incluso representaste en la UC) y que le tienes, todavía, bastante fe. Mi caso es distinto: recordarás que fui fundador del Movimiento Opción Independiente y que siempre he tenido una actitud bastante crítica ante la estructura de división heredada del plebiscito de 1988. No me malinterpretes. Sí creo que los partidos políticos son esenciales en una democracia sana, y no espero que todo el mundo corra a inscribirse en ellos. Por el contrario, como buen liberal, me parece que cierto grado de distancia hacia ellos (así como un porcentaje razonable de abstención electoral) se encuadra dentro de la perfecta normalidad de un sistema político. Otra cosa muy diferente es el creciente nihilismo frente a lo público que nace, en parte, en la percepción de la ciudadanía de que la clase política monopoliza el poder en beneficio propio. Concordarás conmigo que hace falta renovación. Quizás se debe a la ansiedad por gobernar que tienen aquellos que estuvieron excluidos durante 17 años, quizás sea más simple y el poder sea una droga adictiva. Lo cierto es que hoy hay poco espacio para la sangre nueva. Y estoy convencido que la solución pasa por incorporar la fuerza de las nuevas generaciones. No pretendo que el nuevo ministro sea yo o Pato Navia, por supuesto. Pero me parece un argumento perfectamente legítimo (y no tan principiante) sostener que un nuevo aire en la Moneda va de la mano de un nombramiento fresco e independiente de la lógica del cuoteo. Es osado, claro, pero me parecen tiempos que piden a gritos osadía. Detrás de la osadía la gente percibe valor y autenticidad, la misma que resultó clave en el ascenso de Bachelet.

  4. vozyvoto Says:

    La columna de ayer de Carlos Peña difiere de la otros columnistas como Navia o Héctor Soto. En lo medular, considera inaceptable que el jefe de gabinete haya renunciado por cuestiones subjetivas (“no me pescan”) cuando está en juego el interés objetivo superior del Estado.
    Cito algunos pasajes:

    “Velasco olvidó que las tareas del Estado no se asumen ni para salvar el alma ni para la autorrealización personal. Porque -salvados los deberes morales básicos que aquí no estaban en cuestión- no hay nada que justifique que un ministro dé un portazo como el que Belisario Velasco acaba de dar a la Presidenta. Aliñado, además, con recriminaciones filtradas a la prensa que no vienen al caso y que sólo acreditan que él confundió la subjetividad de las relaciones personales con los deberes que le imponían las reglas. Por eso, si él pensó por un momento que su renuncia tenía por objeto salvar su dignidad, la verdad es que acabó estropeándola: cuando se es ministro no se la salva a costa de incumplir los deberes a los que uno se comprometió. Velasco debió leer a Séneca: la dignidad de quien ejerce un cargo público consiste en adherir al deber que éste conlleva.

    … la verdad es que es insensato reprocharle a la Presidenta una renuncia como la de Belisario Velasco. Tamaña falta de contención emocional de quien ejerció la Vicepresidencia de la República -al extremo de no poder esperar con un mínimo de estoicismo que hubiera un cambio de gabinete en forma- no se le puede reprochar a la Presidenta. Al renunciar de esa manera, Belisario Velasco borró de una sola vez su prestigio, malgastó la imagen de funcionario de Estado que había construido y mostró que malentendió el cargo que, por voluntad presidencial, detentaba. Porque -para qué estamos con cosas- se puede echar por la borda la deferencia que se debe a las reglas y a la vieja práctica del sistema presidencial cuando están en cuestión deberes morales básicos; pero no cuando uno está en desacuerdo con los estilos de administración del Estado…

    Velasco pudo tener motivos para estar molesto; pero en reprimir esos motivos y en esperar radica la virtud de quienes tienen sentido de Estado. Justo lo que Velasco, en la hora nona, mostró que no tenía.”

  5. fernando munoz Says:

    Me parece bien lo que dices. Aplaudo que compartamos la preocupacion por el “nihilismo frente a lo público” como le llamas y que estemos de acuerdo en que hay mucho de normalidad en eso tambien. Creo que discrepamos en la relacion causa-efecto que puede tener un cambio de gobierno en eso; indudablemente habra nuevos rostros en el Ejecutivo, pero no creo que eso cambie la relacion entre la ciudadania y la politica. Eso toma mucho mas tiempo y tiene que ver con hacer lo que precisamente hace Carlos Pena de manera magistral: educar politicamente a la sociedad, lo mismo que hacia Max Weber a traves de la prensa y charlas en su tiempo -su fracaso es materia para otras reflexiones-. En el fondo, compartimos el analisis pero discrepamos en el diagnostico: tu crees que a Chile le hace falta un nuevo aire, yo creo que en ese aire no hay nada de nuevo. Saludos cordiales.

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