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LA SENSATA UTOPÍA DE CHEYRE

febrero 17, 2008

 

Estimados míos, interrumpo mis vacaciones en el D.F. mexicano para postear una columan de opinión que La Tercera tuvo la amabilidad de publicarme hoy sábado 16 de febrero:

Con su reciente carta abierta a la clase política, titulada “Una propuesta que a todos asegure justicia”, el ex Comandante en Jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre vuelve a la primera línea del debate. Las reacciones no se han hecho esperar. Para los defensores del régimen militar, Cheyre aparece tarde a defender a sus camaradas de armas: No le perdonan el profesionalismo que lo caracterizó como jefe castrense. Para los activistas de DDHH, el general (r) pretende obstaculizar la justicia: No sólo los uniformados procesados o condenados deben ver afectadas sus carreras militares (doctrina Lagos), sino además todos aquellos involucrados directa o indirectamente en episodios conflictivos a partir de 1973.

Pero el fondo del asunto no está en ninguna de las dos críticas. Cheyre, en resumidas cuentas, propone una iniciativa legal que equipare las reglas del juego político entre los distintos actores: Si el caso Santelices sirve como precedente para determinar que sólo las manos incólumes pueden ejercer las altas magistraturas, entonces el mismo requisito debe imperar en el bando contrario. El propio autor enumera una serie de potenciales causales de inhabilitación para acceder a los más encumbrados cargos públicos, entre ellas, “haber causado la crisis política que dio origen al gobierno militar”, “haber hecho un llamamiento público a las FFAA para que intervinieran derrocando al gobierno en 1973”, “haber empuñado las armas en la lucha armada, independiente del sector político en el que actuaron”, “haber participado o propiciado actos terroristas”.

El ministro vocero salió rápidamente al paso, desestimado la idea, porque “en la práctica nos dejaría sin poder ejecutivo ni legislativo”. Menuda confesión. En la UDI tampoco se demoraron en desvirtuar la propuesta. Mal que mal, muchos de los suyos también caen en el amplio radio descrito por Cheyre.

Es cierto que no podemos desconocer la historia y sencillamente decretar un empate político descalificando a priori todos los jugadores. Los que ganaron la batalla en 1973 ejercieron el poder casi sin contrapesos durante 17 años, y los que triunfaron democráticamente en 1988 van a cumplir 20 años liderando los destinos de la nación. Es lógico que cada uno quiera aprovechar su tiempo para contar su parte de la historia, tratando de desfigurar la versión opuesta.

Sin embargo, lo que subyace en el mensaje de Cheyre es de una profundidad política mayor, y no se amilana ante su evidente escasísima factibilidad: Se trata del sencillo y sincero pensamiento que interpreta a las nuevas generaciones de chilenos que no tomamos parte en la lucha fratricida de hace 40, 30 o 20 años, esos chilenos que son capaces de mirarse a la cara sin rencor ni resentimiento, esos chilenos que no están dispuestos a cargar con las pesadas mochilas afectivas de sus padres.

Es curioso (por no decir triste) que este llamado provenga de un ex militar que supera los 60 años, y no haya nacido en el seno de nuestras propias organizaciones estudiantiles y juveniles. Es lamentable que esa nueva generación no pida a gritos el recambio, que evada el protagonismo que le corresponde, que siga encargándoles el futuro a los actores del pasado. La sensata utopía de Cheyre es recibida con optimismo por aquellos que estamos cansados de lo mismo.

No cabe duda de que Chile ha progresado mucho en las últimas décadas, y parte del mérito es de la actual clase política. Nosotros, que estamos disfrutando de esos progresos, les estamos agradecidos. Pero con la misma convicción, les agradeceríamos que ahora se hicieran a un lado. Chile no puede ser presa de sus miedos y sus odios, sino de su esperanza y su fe en el futuro.

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