LA PARADOJA DE LA PÍLDORA (Carlos Peña)

 

Como yo no tengo la pluma de Peña, cumplo mejor con reproducir íntegramente su columna de hoy domingo 6 de abril. Lo hago, obviamente, porque representa casi en un 100% mi pensamiento al respecto:

“Dejemos el punto para la labor de los intérpretes”, se escuchó decir a Jaime Guzmán el 9 de agosto de 1978.

Así terminó la disputa que él mantuvo con la mayoría de quienes redactaron la Constitución de 1980.

Jaime Guzmán había sostenido que el nasciturus (el que está por nacer) era titular del derecho a la vida. La tesis fue rechazada. Uno de los integrantes de esa Comisión -Enrique Evans, que había sido profesor de Guzmán- le dijo que esa propuesta se basaba en consideraciones religiosas que no era razonable imponer en una sociedad pluralista.

Entonces se redactó la regla actual: “La ley protege la vida del que está por nacer”. La Comisión entendió que esa norma no significaba prohibir, en términos absolutos, la interrupción del embarazo. Enrique Ortúzar -a quien nadie pudo llamar progresista o incrédulo- subrayó que en opinión de la mayoría “no podían imponerse creencias religiosas propias en una materia tan delicada”.

Fue allí cuando Guzmán, derrotado y para evitar lo peor, sugirió dejar el punto a los intérpretes.

Esos intérpretes -el Tribunal Constitucional- decidieron ahora que la píldora del día después es inconstitucional y no puede ser distribuida por organismos públicos. Se trata de una decisión que -a la luz de esa historia- es muy difícil de justificar desde el punto de vista técnico.

La controversia -al contrario de lo que se cree- no es científica, sino normativa. En rigor, no se trata de decidir cuándo comienza la vida, sino desde cuándo se es titular de un derecho constitucional. Se trata de un asunto jurídico, no de una cuestión biológica. La biología enseña que hay embrión antes de la implantación en el útero; que también existe embrión luego de esa implantación; y que luego hay un ser humano completo. Lo que la biología no dice es desde cuándo hay un titular de un derecho constitucional.

Ésa es una cuestión que deciden las normas. O, como profetizó Jaime Guzmán, los intérpretes.

¿Qué dicen las normas? Ordenan al legislador proteger la vida del que está por nacer. De una regla semejante no se sigue -como al parecer lo sostiene la mayoría- que el que está por nacer tenga derecho a la vida en un sentido técnico. Una cosa es ser objeto de protección por el legislador o poseer relevancia moral; otra cosa es ser titular de un derecho constitucional. Y si el tribunal sostiene esto último -que el embrión preimplantacional es titular de un derecho constitucional-, entonces deberá explicar por qué otras técnicas de control que impiden la implantación no fueron, sin embargo, prohibidas.

Pero lo anterior -que es difícil- no es lo único que deberá fundamentar el tribunal. Todavía tendrá que explicar por qué si la píldora del día después viola el derecho a la vida, sólo es ilícita su distribución pública. Que la distribución privada sea inocua y la pública dañina es un círculo difícil de cuadrar. ¿Por qué un mismo fármaco va a ser más o menos lesivo de la vida humana según el lugar de su distribución? ¿Por qué la píldora, en opinión del tribunal, atenta contra la vida si la distribuye el Estado, y no, en cambio, si la adquiero en la esquina?

Pero sobre todo deberemos explicarnos qué pudo pasar entre los años de la dictadura y los de la democracia para que hoy día nuestros constitucionalistas tengan menos disposición al pluralismo que antes. ¡Y estén dispuestos a restringir la autonomía de las mujeres sobre bases tan débiles y en medio de tales inconsistencias!

En 1978, Enrique Ortúzar y otros redactores -todos nombrados por Pinochet- sabían que la relación entre un embrión preimplantacional y un ser humano adulto era un asunto que la religión podía saldar sin problemas, pero no una regla constitucional. Y se abrían entonces a la posibilidad de que el discernimiento moral de cada uno o la deliberación democrática resolviera el punto.

Pero ahora, en el año 2008, un puñado de jueces no cree lo mismo, y piensa que en una sociedad aún más diversa es posible salvar un punto como ése. Y hacen el esfuerzo -ya veremos con qué filigranas- de derivar de una regla de protección la titularidad de un derecho. Y de pasada incurren en un conjunto de inconsistencias que será muy difícil de justificar.

No hay caso: a la hora de las cuentas, el único que se salva de todo esto -y prueba por enésima vez no su razón, pero sí su sagacidad- es Jaime Guzmán.

8 comentarios to “LA PARADOJA DE LA PÍLDORA (Carlos Peña)”

  1. vozyvoto Says:

    Me gustaría añadir algunas observaciones. Ayer en la noche asistió Carlos Larraín a Tolerancia Cero, y francamente es la primera vez que me decepciona tanto. No por pensar distinto, por supuesto, sino por la pobreza de sus argumentos. Lo mismo puedo decir de Sergio Melnick, con quien suelo coincidir. Me refiero exclusivamente al debate sobre el fallo del TC.
    El presidente de RN calificó a los integrantes de máximo tribunal constitucional como las “9 mejores cabezas jurídicas” de Chile, pero no fue capaz de responder a la interrogante de Villegas: ¿Cómo puede ser una de las 9 cabezas más lúcidas un tipo (Mario Fernández) que anticipa que no razona sobre los temas en los cuales la Iglesia ya ha definido una postura?. Matías del Río preguntó por Bertelsen, que no se inhabilitó a pesar de haber escrito un informe en derecho sobre el punto, la misma razón que llevó al ministro Navarro a inhabilitarse. Larraín se defendió sosteniendo que “todas las personas cargan con su historia y la hacen pesar”. Las 9 cabezas pensantes fueron relegadas a una categoría bastante menor…

    Entonces arremete Melnick y defiende el derecho de los ministros a enarbolar su FE privada, a utilizar argumentos religiosos. Espero que haya jugado en su clásico papel de abogado de diablo y no piense realmente eso, porque las consecuencias que trae en un Estado laico son desastrosas. Le recomendaría releer a Rawls y los requisitos de una sociedad justa.

    En fin, Larraín termina felicitando el fallo porque funcionaría como “última línea de defensa de los padres en la educación sexual de los hijos”. El presidente de RN insinúa que los adolescentes de 14 años dirán: “Supiste que se aprobó la píldora, vamos a tirar libremente y con todo el mundo”. La verdad es que a los 14 años la niñita irá al consultorio a buscar un método anticonceptivo de emergencia cuando ya haya fallado anteriormente la familia.

    Para terminar, Larraín y Melnick sostienen con toda seguridad y displicencia que el argumento de “perjudicar a los más pobres” que ha esgrimido el Gobierno es una verdadera “aberración”. No explican por qué, sólo lo dicen. Y la verdad es que no es ninguna aberración: Tal como está el asunto hoy (antes de que las ONG’s pro vida den la pelea para sacar la píldora de las farmacios), es evidente que reproduce desigualdades en el acceso al fármaco.

    Mala performance. Digna de lamentar.

  2. Pablo Fernandez Says:

    Un par de puntos más para el tema (robados de una entrevista en la radio de C Peña).
    1.Esto pasa por tratar de imponer criterios por secretaria. Claramente fue un error establecer, mediante decreto, la entrega de la PDD, sabiendo que en nivel de polémica y diferencias de criterio (justificables) en torno al tema. En una convivencia democrática como la que se supone tenemos convendría haber intentado una ley, y suponer que mediante una discusión se podría haber llegado a un consenso (o a una solución más consensuada, que no es lo mismo). Además se estiró demasiado el nivel de tolerancia pretendiendo justificar PPD para mayores de 14 sin aviso a los padres (lo siento pero con esto me viene lo pechoño, conservador y todo eso).
    2.No se debiera apelar al fallo. Y hacerlo puede deslegitimar una instancia que, se supone, es valiosa para el funcionamiento de la democracia.
    3.Por ultimó (y este es mi “aporte”, ademas de funcionar como editor periodístico de las declaraciones de CP) creo que este problema es mas “de forma que de fondo”. Y es necesario que no perdamos el foco ¿Cual es el real impacto de la prohibición de la PDD en el n° de embarazos adolecentes? Me temo que mínimo. Con tanta polémica se esconde una pobre política de educación sexual, que en muchos casos ha estado carente de sustancia y llena de “píldoritas”.

  3. vozyvoto Says:

    Estimadísmo Pablo:
    – Comparto contigo la observación sobre el decretillo. Es como tratar de entrar por la ventana.
    – Comparto contigo la necesidad de presenciar una deliberación democrática que termine en una solución más o menos consensuada, antes de tener llegar a estos super-tribunales sin derecho a pataleo.
    – Discrepo en el asunto de la edad. De hecho, la valiente Lily Perez propuso el acceso a partir de los 18 años. Mi hipótesis es que precisamente entre los 14 y los 18 está el verdadero problema: Adolescentes que dejan el colegio por estar embarazadas, por no recibir educación sexual, por vivir en círculos de hacinamiento y pobreza. Es más dramático una madre a los 15 que a los 25…Esa güailona ya debería saber lo que hace. El aviso a los padres puede ser un tema distinto, en el cual aun no tengo opinión: Trato de ponerme en el lugar de la niñita que metió la pata y sencillamente no se atreve a contarle a los papás, porque la lluvia de azotes no resulta un panorama tranquiizador.
    – Ignoro absolutamente cuántas niñas piden la píldora, con qué frecuencia, de qué edades. Y cuántas de esas veces sólo se tomará la píldora por precaución o ignorancia sexual. No creo que tengamos un índice duro si no tenemos varios años con regularidad en su entrega, y aun así dudo que se pueda construir un verdadero índice de “embarazos evitados”

  4. Pablo Fernandez Says:

    Aunque ya cambiaste de tema, recomiendo este artículo.
    http://elmostrador.blogspot.com/2008/04/viva-la-lucha-de-clases.html

  5. vozyvoto Says:

    Lo leí detenidamente. Me llegó también a través de Cristóbal Hahn, a quien le llegó por Arturo Arriaga de “antimedios”. Este último la califica de la mejor columna sobre el tema.
    Con toda franqueza y sin ánimo de ofender, es la columna más ignorante, resentida y falta de argumentos que leído hasta ahora. Porque…
    1. La lucha de clases no tiene absolutamente nada que ver en esto. Tratar de lucirse con una nueva interpretación de una profecía fallida es sencillamente egolatría intelectual. El TC no prohibió la píldora para perjudicar a las mujeres pobres, sino por la duda razonable de afectar el derecho a la vida del que “está por nacer”. No prohibió expresamente su comercialización en farmacias porque el requerimiento de los parlamentarios apuntaba a un decreto particular del ministerio de Salud. Si se hace un requerimiento para prohibir su venta en farmacias (incluidas las de La Dehesa), se seguiría la misma regla aplicada. Más aun, para el abogado Jorge Reyes que patrocinó el requerimiento, este fallo se debería hace extensible desde ya a la comercialización privada.
    2. Tampoco fallaron contra la píldora por desconocer los derechos de la mujer. Esa es una falacia enorme. Lo hicieron porque hay un principio llamado “supremacía constitucional” (asumo que el autor de la columna no es abogado), y que dentro de la constitución hay prelación entre sus normas. Así se ha interpretado. Entonces, el art. 19 N°1 que asegura a todas las personas el derecho a la vida viene antes que el derecho de las mujeres a decidir sobre su embarazo. Más sencillo, imposible. El derecho de propiedad viene harto después, en todo caso.

    Realmente me impresiona cómo este tipo puede ser director del centro de derechos humanos de una Universidad seria. Yo soy de los tantos que discrepa con el fallo del TC, pero cuando argumento trato de hacerlo con la cabeza y no con la guata. Honestamente, esta columna es peor que la de Torrealba ayer en La Segunda. Y eso es mucho decir.

  6. Pablo Fernandez Says:

    cueeekkk… La mataste.
    Aún asi, creo que el ejemplo sirve para extrapolar otras materias. Es cierto, con altas probabilidades la PDD terminará siendo prohibida tanto en farmacias como en consultorios, lo que terminará con la supuesta “injusticia”. Pero creo que sirve para mostrar “la lucha de clases”. Creo que tiene que ver mucho con un artículo de A Benitez (rector de la UAI) en que decía que hoy ya casi no hay diferencias en el consumo de bienes entre las familias (todas tienen refrigerador, tele, etc). En cambio en los servicios como educación, salud y otros las diferencias siguen siendo abismantes.
    Sobre el segundo punto tengo dudas (pero dado que es terreno de interpretación y claramente mis conocimiento intelectuales de leyes son limitados, prefiero dejar mi ignorancia en suspenso)
    PD: En todo caso el autor si es abogado… http://www.udp.cl/derecho/profesores/nespejo.htm

  7. vozyvoto Says:

    Puede que se me haya pasado la mano con los epítetos, pero sigo sosteniendo que es una columna muy pero muy débil.

    A propósito del punto central de la discrepancia, la columna de Peña de ayer domingo reza en un pasaje:
    “Si en esta ocasión no se impedirá su distribución privada, será por un tecnicismo: el fallo debe quedar restringido sólo a la norma impugnada y no extenderse a otras de igual o superior jerarquía. Pero es cosa que se impugnen esas otras normas y se esgriman las mismas razones, para que el tribunal la prohíba de nuevo. Esta vez en las farmacias o en las organizaciones de la sociedad civil.”
    Es decir, Peña está de acuerdo conmigo. Esto no es lucha de clases, es un embrollo jurídico.
    Para terminar, recomiendo encarecidamente la columna de Antonio Bascuñán en la Qué Pasa. El centro de su tesis para oponerse al fallo se relaciona con la distribución de riesgos en la vida humana. Muy buena.

  8. Pablo Fernandez Says:

    Buena la columna de Bascuñan. Y me dejó con un par de dudas dando vueltas.
    Si como dice es “la distribución de riesgo sobre la vida humana” (y al estar tomando el literal puedo estar cometiendo un error) lo que está en duda, ¿quién tiene derecho a decidir sobre ese riesgo? la madre? No veo que “su vida” este en riesgo. La discusión (creo) podría versar sobre si ella puede decidir por el embrión, en cuanto “tutora y responsable”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: