Dios, César y John Rawls

Toda la controversia suscitada a partir del fallo del TC que prohíbe la distribución de la denominada “píldora del día después”, y especialmente los improvisados debates callejeros que pude ver ayer en las respectivas marchas a favor y en contra de la medida, me han hecho reflexionar una vez más sobre la compleja y tensa relación entre lo civil y lo espiritual a través de la historia política de la humanidad.

En los tiempos antiguos, como sabemos, los dioses le pertenecían a la patria o aun a unidades domésticas más pequeñas. No existía separación entre lo religioso y lo propiamente estatal. Ambos mundos estaban íntimamente ligados a través de una serie de ritos dirigidos por las clases superiores e interpretados en su propio beneficio. Recién con la aparición del cristianismo (y gracias a la considerable influencia que ya ejercía la filosofía estoica) se procede a separar el ámbito temporal del ámbito trascendente. Al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios. Durante casi mil años la Iglesia (el Papado) y el Imperio (o lo que quedaba de él) se disputaron la supremacía política del mundo medieval. Podríamos decir que se trató de una relación de poder equilibrada, donde terminó por imponerse la tesis de un “dúplex ordo” paralelo y respetuoso entre la esfera civil y la espiritual. En la primera domina la razón, en la segunda, la Fe. Aunque a ratos pareció que el poder político sería sometido ante la vicaría de Cristo (especialmente después de Agustín de Hipona y John de Salisbury), la independencia de lo civil es finalmente reivindicada hacia finales del período (Tomás de Aquino, Dante Alighieri, Marsilio de Padua, Guillermo de Ockham). La reforma hace retroceder al poder papal, pero curiosamente termina por crear nuevos credos nacionales en Europa. La consigna era seguir la religión del príncipe. Los tiempos modernos aportaron su buena cuota de sangre a la convulsionada relación entre las confesiones cristianas y el emergente poder del Estado – Nación. El amigo Voltaire se transformó en el crítico número uno de la pretensión hegemónica de la Iglesia. La revolución francesa y la naciente cultura republicana contribuyeron a crear un espacio netamente laico en el ámbito de lo público. La libertad de conciencia, por otra parte, fue consagrada y protegida por el constitucionalismo moderno. Las almas son intangibles y rechazan la intervención del poder estatal. Como contrapartida, los hombres sobre la tierra hacen leyes de acuerdo a su razón humana y no a verdades (para algunos) reveladas.

En nuestro país Estado e Iglesia recién se separaron en 1925, pero ya desde mediados del siglo XIX se venía forjando una recíproca autonomía. La república democrática de Chile no ostenta religión oficial, y debe comportarse igualitariamente con todos los credos. La pregunta es ¿Deben los católicos actuar motivados por las creencias de su Fe a la hora de participar en el debate público? ¿Deben los representantes y autoridades del Estado argüir criterios religiosos si fueron elegidos o designados en el ámbito de lo civil, y por ende, laico? John Rawls diría que no pueden.  Si bien el catolicismo sostiene una idea razonable del bien, en terminología rawlsiana, ella debe superponerse a otras ideas razonables y compatibles del bien, con el objeto de construir un consenso traslapado que funcione como marco de convivencia. Un marco político justo, diría Rawls, porque es imparcial. Para que esto ocurra, los diferentes credos no pueden imponer su propia visión del bien. Esto significa que cuando parlamentarios, ministros o jueces actúan en función de sus creencias religiosas, lo que hacen es abandonar el concepto de justicia política que las sociedades liberales debieran sostener. Desde este punto de vista, muchos nos han fallado en el actual debate sobre la píldora. Y son precisamente aquellos que tienen la misión de constituir una nueva mayoría política. Sus credenciales republicanas están al debe. Su comprensión de la justicia como imparcialidad es deficiente. Y eso es preocupante.

2 comentarios to “Dios, César y John Rawls”

  1. kenneth bunker Says:

    interesante no, lo mismo opino.

    es dificil impartir justicia cuando se actua bajo credos religiosos. sobre todo con temas como la pildora, donde la iglesia aprovecha de ser un actor principal -ya que es dificil que lo sea en otros ambito entra con todo en este-, y llama a todo los fieles a hacer lo correcto o a poco menos enfrentarse a las consecuencias. siento que es algo ridiculo, justicia aqui y en la quiebrada del aji. que paso con el libre albedrio?

    escribi algo en mi sitio sobre esto, lo dejo invitado estimado.

    saludos,
    kenneth

  2. Héctor Yépez Martínez Says:

    Sobre la relación entre Iglesia y Estado en Ecuador, sus tensiones, contradicciones e hipocresías, ver este post titulado “Correa, Dios y el César”:

    http://www.realidadecuador.com/2011/03/correa-dios-y-el-cesar.html

    Saludos.

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