EL PODER POLÍTICO DEL MUNDO EVANGÉLICO

¿Qué político no se quisiera el auditorio del Niño Predicador? ¿Qué político no se quisiera la devota convicción de este pequeño? Este post de día viernes no pretende ridiculizar, pero es imposible no reventar de la risa con este video. Lo que es bastante serio es el creciente poder que los evangélicos conquistan en los sectores populares. Contar con la bendición de ciertos pastores es la clave para triunfar electoralmente en algunos reductos. Hasta el momento no han articulado fuerza política propia, pero cuando lo hagan no cabe duda que serán de temer, aunque por otra parte no les conviene desvirtuar su misticismo trascendental aventurándose en una actividad tan desprestigiada. Una amiga me comenta que no es casualidad que todos los parlamentarios de la IX Región sean RN, pues son ellos los mejores amigos del mundo evangélico, justamente en la zona donde son más numerosos. Están incluso emparentados. Lo que me recuerda los difíciles momentos que viví cuando trabajaba junto a Sebastián Piñera y tuve que recibir al Obispo Evangélico Ricardo Cid, el mismo que hacía llover oro del cielo. LLegó a mi oficina escoltado por una treintena de fieles, que asentían con amenes los quejidos de su líder. El señor Cid estaba dolido con Piñera porque Chilevisión lo había desenmascarado. Y exigía, como compensación, una contundente suma de dinero que le permitiera construir el más grande templo evangélico de la zona sur de Santiago. Más que las disculpas, públicas o privadas, más que un apretón de manos reconciliatorio, el tipo quería plata. Y mucha. Me recomendaron no hacerle caso. Pero vacilé, precisamente porque no conozco el real poder de los evangélicos. ¿Qué ocurría si el caballero cumplía su amenaza y se aparecía con mil feligreses furibundos sedientos de nuestra sangre? ¿Qué ocurría si efectivamente el tipo manejaba los millares de votos que decía manejar y por culpa de esos votos perdíamos la elección? Fiel a mi política de amistad cívica, dialogué. Siempre dialogué. Hasta que en una reunión me dijo que nos acusaría a Mr. Bush. “Perdón”, pregunté atragantado por una galleta “¿estamos hablando de George W. Bush, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica?”. Cuando asintió, dí la reunión por concluida. Muy converso será Mr. Bush, pero tuve motivos fundados para dudar de la extensión de las redes del Obispo Cid. Pero aislando el caso extremo que tuve que enfrentar, no es sabio mirar por encima del hombro al mundo evangélico. Se trata de personas de profunda Fe, vinculadas activamente a su comunidad, que han terminado llenando el vacío de poder (y sentido colectivo) dejado por las viejas estructuras políticas locales desintegradas durante el Régimen Militar.

En fin, hay trabajos especializados de la politóloga Eugenia Fediakova en esta área. No está demás echarle una mirada. Pero si no quiere nada denso para el fin de semana, pase directo a esto otro: http://www.youtube.com/watch?v=Rq8-V7a4RPY&feature=related

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