Archive for 30 julio 2008

“En Contexto”: Jóvenes y Política

julio 30, 2008

Sólo hago esta introducción para aclarar que la tele efectivamente engorda (5 kilos, según me informé), y que según mis asesores comunicacionales debo aprender a moverme menos en el set. En fin, olvidándonos de esas minucias, lo sorprendente es que la mirada sobre la participación política juvenil es absolutamente compartida entre las tres instituciones invitadas al programa: Instituto Nacional de la Juventud, Corporación Participa e Independientes en Red. Los dejo con un extracto…

Anuncios

Nuevamente IR marca la diferencia…

julio 29, 2008

Texto íntegro de la Carta al Director publicada a Javier Sajuria, Director Admninistrativo de Independientes en Red en La Tercera del día domingo 27 de julio:

Ayer se terminó el plazo para inscribirse en los Registros Electorales y cerca de 2 millones de jóvenes no lo hicieron. Si este segmento representa hoy aproximadamente, el 7% del padrón electoral, es fácil comprender que no haya, en la clase política, interés alguno por generar políticas orientadas a su realidad. Es más, si todos los jóvenes estuvieran inscritos, representarían una fuerza electoral cercana al 27% de todos los votantes, lo que implica tener el poder suficiente para forzar cualquier decisión electoral. Si los jóvenes estuvieran inscritos, ellos podrían decidir el futuro del país sin cargar con las mochilas ideológicas que llevan los adultos, de manera mucho más libre e informada.

Podemos discutir las razones de la no inscripción, podemos decir que se trata de una decepción profunda sobre el actuar de la clase política o podemos culpar al sistema de inscripción. En cualquiera de estas alternativas, resulta incomprensible que aún haya representantes políticos que, calculadora en mano, no den cabida a un ideal de libertad y responsabilidad que se plasma a través de la inscripción automática y el voto voluntario.

La idea no es inscribirse por inscribirse, la idea es formar parte del electorado con el objetivo de ejercer presión, de ser tomados en cuenta, de forzar a nuestros representantes salir de la comodidad de sus oficinas y a romper el círculo vicioso que se desarrolla a nivel juvenil: No nos quieren porque no votamos, y no votamos porque no nos quieren.

YES WE CAN

julio 28, 2008

El día está horrible y desde las alturas de Peñalolén el panorama es de un intenso gris. Son mañanas desmoralizantes, en las que cuesta despegarse de las sábanas. Para todos aquellos que sin embargo tienen bajo la piel un corazón caliente que se desborda por cambiar el mundo, y que sienten que su cuota de frustración ya está lo suficientemente copada, les dejo a Barack Obama y la versión musicalizada del discurso “Yes We Can”, gentileza de Black Eyes Peas. Porque sí se puede, y lo último que se pierde es la esperanza. Un golpe vitamínico para el espíritu que puede ayudar a ver el sol detrás de las nubes, hoy, mañana y siempre…

LA FIESTA

julio 24, 2008

Esta idea me viene dando vueltas en la cabeza desde hace unas semanas. Agradezco especialmente a Patricio Navia por su primera formulación y a Verónica Edwards por la segunda.

La economía de mercado es una fiesta. Se pasa bien, cuando se está adentro. Lo terrible es quedarse afuera. La prosperidad económica que ha vivido Chile desde el Régimen Militar no tiene muchos precedentes. Sin desmerecer el rol de las políticas sociales, lo cierto es que el crecimiento  ha permitido a muchas familias salir de la pobreza. La movilidad social es una realidad. Relativa y lenta, pero realidad al fin. Estamos mejor que antes. Pero la Concertación, o al menos su ala más izquierdista, parece avergonzarse por haber administrado el modelo capitalista durante casi 20 años. En vez de enorgullecerse por haber hecho retroceder a la pobreza de un 40% a un 13% durante sus gobiernos, se quejan incansablemente. Yo tengo mis dudas acerca de si esas quejas son parte del libreto político-electoral o son sinceras. El segundo caso es peor. He escuchado a muchos dirigentes oficialistas denostar el “modelo”, instando por un cambio radical, por un giro a la izquierda en materia económica, con menos mercado y más Estado. Pero ¿es esto lo que realmente quiere la gente? Echémos un vistazo al grueso de la población chilena, concentrada en los estratos C3 y D. Se trata de una clase media o media baja que goza en los centros comerciales (los mismos que la izquierda sataniza) y se regocija en la experiencia del consumo. Es la gran porción que ha visto como otros lo pasan “chancho” en la fiesta, y ahora quieren una tajada del pastel. Quieren entrar a la fiesta. Quieren participar del jolgorio. ¿Les vamos a decir que no? ¿Hay algo más frustrante que llegar a una fiesta y escuchar que “acaba de cerrar”? La izquierda de la Concertación no ha comprendido ese fenómeno sociológico y político, porque está llena de prejuicios. El C3 y el D quieren más mercado, y no menos. Quieren más malls, y no menos. Quieren más oportunidades para estudiar en universidades privadas, y no menos. Craso error promover el fin de la fiesta.

La segunda analogía de la fiesta se relaciona con la responsabilidad de las nuevas generaciones en lo público, por no decir, lo político. La juventud no participa porque siente que el sistema político es ajeno, que la clase política sólo actúa en beneficio propio, y que es mejor restarse de una labor tan contaminada como la política.  Pero, si nadie participa, nadie se hace responsable, y nadie actúa, la democracia fracasa. La democracia es una fiesta. Para que resulte buena, todos tienen que ponerse con algo. Alguien tiene que poner la música, otro tendrá que comprar los bebestibles, alguno pedirá permiso entre los vecinos. Todos quieren estar en la fiesta, pero no habrá fiesta si nadie se hace responsable de que ésta funcione. Estarán todos mirándose las caras en silencio y más secos que escupo de camello. Siempre lo más cómodo es no hacer nada y simplemente usufructuar del trabajo de otros. Eso es irresponsabilidad. En conclusión, aquella parte de la juventud que se resta conscientemente de lo público está indirectamente boicoteando la fiesta. Está boicoteando la democracia. Esta interpretación es útil porque deja de lloriquear para que los políticos se preocupen de los jóvenes. Le habla a los propios jóvenes para que asuman su responsabilidad en la construcción de Chile.

LOS HOMBRES DE AYER

julio 17, 2008

A continuación, columna de opinión publicada ayer miércoles 17 de Julio en La Tercera en mi calidad de Director de Estudios de Independientes en Red:

“¿Cómo pretender que un muchacho de 20 años se sienta partícipe del romanticismo fundacional de la Concertación? Es sencillamente imposible. Para él, nacido en democracia, no existe nada más que una larga, hegemónica e inevitable Concertación, desprovista de gesta heroica. No hay nada en ella que políticamente pueda llamar “propio”. Y la pasión por la política (no por la mera actividad operativa ni por el juego electoral) está íntimamente atada a causas que tenemos como propias, donde reconocemos el esfuerzo, el trabajo, el sudor y la entrega de los nuestros.

Esa es la verdadera razón de la crisis de la Concertación, más allá de las listas paralelas o la proliferación de los díscolos. ¿Es la Alianza la alternativa para reencantar a las nuevas generaciones con la política? Difícil saberlo. Probablemente no. Ojalá se trate de una transición hacia una nueva clase política que se haga protagonista de su tiempo.  Una clase política joven, valiente y dialogante, tan apasionada con la libertad como indignada ante la injusticia y la desigualdad. Una nueva generación para la cual la política no tenga sólo las dos dimensiones conocidas de izquierda y derecha, sino especialmente profundidad y altura.

La senadora Soledad Alvear comentó hace poco que “la gente no vota por el pasado”, lo que ha sido interpretado como un rechazo a la postulación de Eduardo Frei y Ricardo Lagos a la presidencia de la república. La historia, en términos generales, le da la razón. Se vota por el futuro. Clinton en 1992, Blair en 1997 y Obama en 2008 han construido su discurso sobre ese supuesto.

Pero la pregunta es otra: ¿Son sinónimos de futuro el Partido Demócrata Cristiano y su actual presidenta? Sin desmerecer el rol que ha jugado esa colectividad en la política chilena, me parece estirar demasiado la cuerda no reconocer que se trata de un partido cuyas banderas de lucha están en el pasado. Sin ir más lejos, Alvear ha participado en todos los gabinetes de la Concertación, salvo el actual. No es ni remotamente un cuestión aislada: Todos los actuales precandidatos presidenciales han dominado la escena desde hace casi 20 años. Es evidente que en Chile, en lo que se refiere a liderazgos políticos, no hay nada nuevo bajo el sol. Bastante distante de la realidad mundial, donde una nueva generación que oscila entre los 40 y los 50 años se hace cargo de la conducción de los países desarrollados. Como diría un viejo eslogan, en nuestro país son todos “hombres de ayer”.

Lo anterior nos obliga plantear una cuestión de fondo ampliamente resistida. En momentos en los cuáles nos quejamos de la desafección de las nuevas generaciones ante la política, ¿Qué estrategia es más válida para la juventud con vocación por lo público: tratar de cambiar y actualizar los actuales partidos “por dentro”, o definitivamente dar por superado el capítulo y trabajar por la creación de nuevos referentes libres de la mochila afectiva a la cual están atados los demás?

La primera alternativa parece más realista porque el sistema permanece cerrado a los nuevos actores. Además, los costos personales son menores. Al cabo de muchos años en el purgatorio de las juventudes políticas, uno que otro podrá aspirar a un cargo parlamentario o de gobierno. La segunda alternativa es mucho más difícil. Pero está ligada a la épica de lo que recién comienza. Y esa mística, cuando tiene la posibilidad de ser transmitida, mueve corazones y mentes, se propaga con el viento, dota de sentido a la acción colectiva. En lenguaje arendtiano, podríamos decir que no hay nada más propio al ser humano que su capacidad, simple y radical, de construir algo nuevo.”

PRIMER ANIVERSARIO: 10.000 GRACIAS

julio 15, 2008

Estimados y estimadas, es un honor anunciar que hemos llegado a las 10.000 visitas justo cuando celebramos nuestro primer aniversario. Partimos humildemente en julio 2007 y aunque nos ha costado, nos hemos afirmado. No es fácil ser disciplinado en la actualización de un blog. Hoy lo quiero como a un hijo, en parte porque me ha traído más problemas que beneficios. Practicamente me costó una pega, pero me ha permitido reencontrarme con muchos analistas perdidos que ya suman casi 300 comentarios. Ha sido  bastante comentado en otros sitios, así como linkeado en otro varios influyentes, e incluido en ciertos rankings emergentes. En pocas semanas será un blog asociado al nuevo sitio Web de La Tercera.

Datos inútiles pero sabrosos: El mes recién pasado fue el mejor en cuanto a visitas (sobre 1.000), seguido de cerca por enero (extraño, escribí poco, pero asumo que muchos jefes están de vacaciones y hay más tiempo para sacar la vuelta). Hay 118 artículos disponibles, de los cuales parte importante son colaboraciones voluntarias que agradezco infinitamente y otras tantas sencillamente robos de columnas de opinión. El resto es mío, aunque como casi todo en la vida, sacado de otra parte.  De conversaciones de pasillo, de pensamientos en la tina,  de arrebatos de rabia frente al noticiario, del libre vuelo de los sueños.

Termino este post invitándolos a seguir pasando por acá, dejando sin timidez ni falsa modestia tu propio punto de vista para contribuir al debate, si consideras que el tema es digno de merecerlo. La idea, por qué no, es seguir construyendo redes en el mundo virtual para que algún día podamos hacer un cambio sustantivo en el mundo real.

IR marca la diferencia…

julio 14, 2008

Texto íntegro de la Carta al Director publicada a Cristóbal Hahn, Secretario Ejecutivo de Independientes en Red en La Tercera del día sábado 12 de julio:

Con cierta decepción recibimos la noticia del acuerdo entre RN y la UDI que se rechaza la alternativa de inscripción automática y voto voluntario, la que hasta entonces era promovida por Sebastián Piñera con el fin de eliminar las barreras a la entrada a la participación electoral y evitar el envejecimiento del padrón. En su reemplazo, la Alianza prefiere impulsar un híbrido denominado “inscripción facilitada”, que presenta una serie de dudas: ¿Qué trámites llevarán aparejado el ofrecimiento de la inscripción? ¿Son trámites que realizan todos los chilenos en igualdad de condiciones? ¿Es lo mismo ofrecerlo al sacar pasaporte que al solicitar el subsidio único familiar? Si proponen que el Servel salga a la calle a buscar a los nuevos inscriptores podríamos desconfiar del criterio para seleccionar a quiénes se le ofrece y a quiénes no, argumento que utiliza hoy el gremialismo para rechazar la inscripción automática.

La última encuesta CEP refuerza la tesis de aquellos que sostienen que los no inscritos favorecen al candidato de Alianza y que el congelamiento del actual padrón sólo beneficia a la Concertación. Si el entorno piñerista estaba esperando una medición seria que confirmara todos los resultados anteriores, ya la tiene en sus manos. Pero más allá de la conveniencia electoral, es importante que todos asumamos el desafío de revitalizar la democracia incorporando toda la fuerza de una generación que hasta ahora está excluida del debate público.

LA VICTORIA DE LOS MOMIOS

julio 9, 2008

Vengo peleando desde hace más de dos años por la inscripción automática y el voto voluntario. Ayer mis esperanzas fueron trituradas por el acuerdo que alcanzó Piñera con la UDI. Las recomendaciones de Andrés Tagle (que nos hemos encargado de rebatir públicamente) fueron insólitamente recibidas en RN. La Alianza no respaldará el proyecto del gobierno y en cambio pide la introducción del concepto de “inscripción facilitada”, que es más de lo mismo que tenemos ahora, pero con mayores márgenes de discrecionalidad y discriminación. Me cuesta cree que nadie en el entorno piñerista haya advertido la brutalidad electoral que están a punto de cometer: Los momios han vencido.

Recuerdo un programa de Tolerancia Cero hace unos meses. En él, Matías del Río hacía una clasificación de los políticos en momios y progresistas. Obviamente, esto no tiene nada que ver con estar a la izquierda o a la derecha del arco iris. Son momios aquellos que se resisten al cambio, que viven cómodos con el status quo, que quieren conservar el orden establecido, que no corren riesgos, que defienden los privilegios de su clase o sector. Los progres, por otra parte, son aquellos que no le temen a la innovación, que entienden que en la capacidad de adaptación está la clave del éxito, que ven oportunidad en la crisis, que desafían los supuestos, que movilizan hacia el progreso.

Como pocas veces, en este debate está clarísimo quién es quién. Los momios no están dispuestos a arriesgar y prefieren seguir usufructuando de un padrón añejo y recortado, pero que entrega certidumbre sobre quiénes votan y cómo votan. ¿Para qué incorporar a los jóvenes a esta discusión? ¿Quién sabe si son peligrosos? Bastante humano, por lo demás, es evitar lo desconocido. Y llenarse de prejuicios. Prejuicios inmovilizadores. Eso acaban de hacer los líderes de la Alianza, los mismos que llaman a ser más osados como país, a recuperar el tiempo perdido, a acelerar el tranco. Incoherencia pura. Inconsistencia imperdonable. Negociación comprensible. Pero no por eso menos lamentable.

Ayer pasé la tarde en el Congreso de Valparaíso, citado por la Comisión de Gobierno Interior junto al equipo de Independientes en Red. Sentí repulsión, en varios pasajes. Por ejemplo, cuando me percaté que ningún diputado de oposición se quedaba a escuchar nuestra intervención. ¿Para qué, si no pensamos como ellos? deben haber reflexionado José Antonio Kast, Felipe Ward, Joaquín Godoy o Germán Becker, miembros de la Comisión. O cuando escuché a la representante de la Fundación Jaime Guzmán sostener que no había que introducir modificaciones porque el sistema había funcionado bien “hasta ahora”. ¿Es así como piensan los líderes de la Alianza? ¿Es así como invierten los empresarios a largo plazo, como se lanzan los valientes a la aventura? Para obtener resultados en el futuro, los cambios hay que hacerlos hoy. Ejemplos hay demasiados.

Termino estas líneas con una frustración enorme. Y una mayor decepción en nuestra clase política. Ayer terminamos discutiendo entre nosotros porque la gran mayoría de los “honorables” se había retirado. Salvo un puñado de viejos estandartes concertacionistas y la siempre corajuda y lúcida Carolina Tohá. Una pena. Siempre lo será, cuando ganan los verdaderos momios. Pero fue una batalla, la guerra recién comienza.

La lección de Colombia (por Carlos Peña)

julio 7, 2008

A continuación el particular enfoque de nuestro querido Peña, al cual siempre reservamos un espacio en este humilde blog. Como siempre ocurre, levantó polémica en emol, ya que el columnista fue acusado de interpretar tendenciosamente el episodio Betancourt para sus propios fines ideológicos. En este caso, una defensa del concepto de Estado y sus atribuciones. Yo, como siempre, suscribo en la idea principal. Las negritas son mías:

“En una famosa conferencia -que dictó cuando venía saliendo de una de las varias depresiones que lo acosaron-, Max Weber definió al Estado como una agencia capaz de reivindicar para sí el monopolio de la fuerza en un determinado territorio. El medio específico del Estado, dijo, es su capacidad para expropiar la fuerza y en cambio ejercerla por sí mismo. Es el mismo punto de vista de los escritores del siglo XVII: para ellos la sociedad política surge de un pacto en el que los particulares convienen en entregar el monopolio de la fuerza a un tercero -el Estado- que de allí en adelante es el único que puede ejercerla de manera legítima.

En otras palabras, hay Estado allí donde, para evitar que impere la fuerza en las relaciones sociales, se entrega toda la fuerza a un tercero.

Si Max Weber tenía razón -y la tenía-, el problema de varios países de Latinoamérica es que no han logrado constituir al Estado.

Colombia -lo acabamos de ver apenas anteayer- es uno de ellos.

Por varios respectos, Colombia invita a la admiración. Tiene contencioso administrativo (para resolver los problemas entre el ciudadano y la administración); un tribunal de casación (la última instancia en que se resuelven los problemas civiles); y un tribunal constitucional (cuyos fallos -por su sofisticación conceptual y su audacia- hacen palidecer al nuestro).

En los libros posee una estructura jurídica similar a la francesa. Y su élite es educada e internacional.

Como para causar envidia.

Salvo por un detalle: nunca ha logrado constituir del todo un Estado en el sentido weberiano de esa expresión.

El Estado -o lo que allí recibe ese nombre- no ha logrado reivindicar con éxito el monopolio de la fuerza. Desde hace medio siglo está la guerrilla; pero desde muchos antes están el caciquismo y otras formas, muy poco estatales, de ejercer el poder. Lo que hemos visto en estos días -un puñado de rehenes liberados mediante artimañas- no debe hacer olvidar lo fundamental. Allí el Estado no logra todavía constituirse en amplias zonas del territorio, y así uno de los logros básicos de la modernidad -justamente el Estado- aún no llega a Colombia. Ese puñado de rehenes recién liberados -y los cientos que detrás de ellos quedaron en la selva- nos recuerda así cuánta falta puede hacer el Estado.

De pronto -en especial desde los ochenta- se volvió moda descreer del Estado y sugerir -así se dijo muchas veces, sin pudor intelectual alguno- que la sociedad estaría mejor si se lograba empequeñecerlo. Si el Estado se retiraba -se proclamó citando, sin citar, a dos o tres autores- la libertad se ensanchaba y florecía.

El Estado, en vez de hacer posible la libertad, se decía, la ahoga y la inhibe. La ecuación era entonces sencilla: si había menos Estado, había más libertad; si el Estado aumentaba su presencia, la libertad tendía a escasear.

El caso de Colombia muestra, en cambio, que el Estado es la condición misma de la libertad política y personal. Allí donde no hay Estado la coacción está al alcance de cualquiera que puede ejercerla a favor de los más diversos ideales. En cambio, allí donde el Estado logra constituirse -expropiando, como enseñó Weber, la fuerza a los particulares- la coacción se sujeta a reglas, se hace previsible y se somete a la voluntad racional y democrática de los ciudadanos.

Por eso la lección de Colombia -subrayada recién anteayer con ese puñado de rehenes liberado mediante artimañas- es que el Estado democrático no debe consentir bajo ningún pretexto que se le dispute el monopolio de la fuerza o de la coacción que, trabajosamente, ha logrado erigir. Allí donde se tolera que un grupo de personas ejerza la coacción sin reglas (y casi siempre con buenos pretextos e intenciones que aparentan sanas) principia una pendiente resbaladiza que acaba estimulando a los fanáticos a hacer de su voluntad la razón última de todo.

Por supuesto en Chile estamos lejos de una situación como la de Colombia y nada semejante ocurrirá nunca por aquí; pero no estamos muy distantes (sobre todo en algunos sectores progresistas y para qué decir en las universidades) de la tontera de creer que ejercer la autoridad es malo y que la coacción, por principio, es vergonzante para quien la ejerce.”

LA BATALLA POR “LA NACIÓN”

julio 4, 2008

Este no es un tema contingente, pero no por eso deja de ser importante. Es más, desde hoy lo asumo como cruzada personal: El diario La Nación tiene que ser objeto de una profunda transformación conceptual y organizacional. Me explico en las siguientes líneas.

Nadie puede negar que La Nación es un panfleto de propaganda del Gobierno. No lo niegan ni en la Concertación. Es más, lo justifican, aduciendo que el mercado está hegemonizado por periódicos de derecha. La Nación no hace buen periodismo porque pierde imparcialidad en su enfoque. Está buscando siempre las manchas de la oposición y los aciertos del oficialismo. Sus titulares son francamente insólitos. No digo que sean mentiras, pero sí interpretaciones sesgadas y tendenciosas. Su director es un experto electoral y operador político del Partido Socialista.

Pero aparte de prensa de mala calidad y poco pluralista, es prensa poco competitiva. No tiene nada que hacer entre los diarios serios (El Mercurio y La Tercera) y tampoco pelea el mercado de los diarios lúdicos (Las Últimas Noticias y La Cuarta). Sólo respira los domingos por el relativo talento de su equipo investigativo. El resto de la semana no existe.

Son demasiados defectos, si lo comparamos con otro medio de comunicación de propiedad del Estado: TVN. El canal “de todos los chilenos” se ha ganado un espacio en el corazón de la gente. La composición de su directorio es representativa de los distintos sectores políticos. Aunque cuoteada, al menos es pluralista. También reconozcamos que se trata de un canal altamente competitivo que hace televisión de mediana calidad y es rentable financieramente. En síntesis, TVN tiene todas las virtudes de que carece La Nación.

Aun aceptando que lo mejor para La Nación es asumir el modelo de TVN, alguien podría preguntar ¿Se justifica un diario del Estado? Podríamos argumentar, como lo hace Libertad y Desarrollo, que el mercado de la prensa escrita es lo suficientemente abierto y competitivo, y que aplicando el principio de subsidiariedad, Papá Estado no tiene nada que hacer en esta fiesta.  Puede ser, pero me convence más otra perspectiva: El Estado, y no el Gobierno de turno, sí puede y debe tener un medio de comunicación que asegure a todos los chilenos el derecho a ser informado de manera objetiva, oportuna y veraz. Estos valores pueden estar presentes en los periódicos privados, pero podrían no estarlo. El mercado no lo asegura. El mercado asegura sólo que los diarios se vendan. Soy partidario de que el Estado de Chile, en vez de deshacerse del 70% de la propiedad accionaria de La Nación que actualmente posee, adquiera el 30% restante y lo nacionalice completamente. Pero es imperativo que después de eso deje de ser el diario del Gobierno y se transforme efectivamente en el diario “de todos los chilenos”. Sólo así se justifica. Y no en virtud de la libertad de prensa, sino apelando a la responsabilidad pública de la autoridad de entregar a la ciudadanía un estándar mínimo de información republicana, laica, imparcial y de calidad, como una manera de asegurar más igualdad en el acceso a la información, de Arica a Punta Arenas.

¿Tiene alguna viabilidad esta propuesta? Poca, como todo cambio en Chile. Pero políticamente no es una mala opción para la propia Concertación. Si Piñera entra a La Moneda en marzo de 2010, La Nación pasará a ser “su” arma comunicacional. Y no debería vacilar en usarla, como ha sido utilizada hasta ahora. Pero si los partidos son invitados a componer un directorio diverso y representativo de las distintas sensibilidades políticas, la cosa cambia. La Concertación no renunciaría a seguir disponiendo de algo de poder. Y no le conviene que todos los medios, incluida La Nación, estén en manos de la derecha, ¿cierto?

Por convicción y por utilidad política, damos inicio a la batalla por La Nación.