LA BATALLA POR “LA NACIÓN”

Este no es un tema contingente, pero no por eso deja de ser importante. Es más, desde hoy lo asumo como cruzada personal: El diario La Nación tiene que ser objeto de una profunda transformación conceptual y organizacional. Me explico en las siguientes líneas.

Nadie puede negar que La Nación es un panfleto de propaganda del Gobierno. No lo niegan ni en la Concertación. Es más, lo justifican, aduciendo que el mercado está hegemonizado por periódicos de derecha. La Nación no hace buen periodismo porque pierde imparcialidad en su enfoque. Está buscando siempre las manchas de la oposición y los aciertos del oficialismo. Sus titulares son francamente insólitos. No digo que sean mentiras, pero sí interpretaciones sesgadas y tendenciosas. Su director es un experto electoral y operador político del Partido Socialista.

Pero aparte de prensa de mala calidad y poco pluralista, es prensa poco competitiva. No tiene nada que hacer entre los diarios serios (El Mercurio y La Tercera) y tampoco pelea el mercado de los diarios lúdicos (Las Últimas Noticias y La Cuarta). Sólo respira los domingos por el relativo talento de su equipo investigativo. El resto de la semana no existe.

Son demasiados defectos, si lo comparamos con otro medio de comunicación de propiedad del Estado: TVN. El canal “de todos los chilenos” se ha ganado un espacio en el corazón de la gente. La composición de su directorio es representativa de los distintos sectores políticos. Aunque cuoteada, al menos es pluralista. También reconozcamos que se trata de un canal altamente competitivo que hace televisión de mediana calidad y es rentable financieramente. En síntesis, TVN tiene todas las virtudes de que carece La Nación.

Aun aceptando que lo mejor para La Nación es asumir el modelo de TVN, alguien podría preguntar ¿Se justifica un diario del Estado? Podríamos argumentar, como lo hace Libertad y Desarrollo, que el mercado de la prensa escrita es lo suficientemente abierto y competitivo, y que aplicando el principio de subsidiariedad, Papá Estado no tiene nada que hacer en esta fiesta.  Puede ser, pero me convence más otra perspectiva: El Estado, y no el Gobierno de turno, sí puede y debe tener un medio de comunicación que asegure a todos los chilenos el derecho a ser informado de manera objetiva, oportuna y veraz. Estos valores pueden estar presentes en los periódicos privados, pero podrían no estarlo. El mercado no lo asegura. El mercado asegura sólo que los diarios se vendan. Soy partidario de que el Estado de Chile, en vez de deshacerse del 70% de la propiedad accionaria de La Nación que actualmente posee, adquiera el 30% restante y lo nacionalice completamente. Pero es imperativo que después de eso deje de ser el diario del Gobierno y se transforme efectivamente en el diario “de todos los chilenos”. Sólo así se justifica. Y no en virtud de la libertad de prensa, sino apelando a la responsabilidad pública de la autoridad de entregar a la ciudadanía un estándar mínimo de información republicana, laica, imparcial y de calidad, como una manera de asegurar más igualdad en el acceso a la información, de Arica a Punta Arenas.

¿Tiene alguna viabilidad esta propuesta? Poca, como todo cambio en Chile. Pero políticamente no es una mala opción para la propia Concertación. Si Piñera entra a La Moneda en marzo de 2010, La Nación pasará a ser “su” arma comunicacional. Y no debería vacilar en usarla, como ha sido utilizada hasta ahora. Pero si los partidos son invitados a componer un directorio diverso y representativo de las distintas sensibilidades políticas, la cosa cambia. La Concertación no renunciaría a seguir disponiendo de algo de poder. Y no le conviene que todos los medios, incluida La Nación, estén en manos de la derecha, ¿cierto?

Por convicción y por utilidad política, damos inicio a la batalla por La Nación.

9 comentarios to “LA BATALLA POR “LA NACIÓN””

  1. Davor Mimica D. Says:

    Estimado, no puedo estar más en desacuerdo contigo.

    Partamos por lo más básico: ¿Quién dijo que los medios deben ser imparciales? o vayamos mas atrás aun.. ¿es siquiera posible que un medio sea imparcial?!

    Los medios son hechos por personas. Que tienen intereses comerciales, políticos y sociales. Estos SIEMPRE se ven reflejados en la información que publican. Y debe ser así, puesto que la información publicable es siempre mayor en cantidad que el espacio disponible. Hay que tener filtros y escoger la información a mostrar. Además hay que tener un tono, un enfoque que permita maximizar la llegada de esa información al público al que llegas o deseas llegar. (ergo la prosa característica de La Cuarta, por ejemplo).

    Si todos los medios fueran el resultado de un “consenso social”, entonces todos serían iguales (como TVN). Si fueran “imparciales”, entonces el resultado de su imparcialidad sería siempre el mismo. Para eso, entonces, tengamos sólo un canal de TV, un periódico y una radio. Si son estrictamente imparciales y desapasionados y desinteresados, no necesitamos más que uno.

    Además, tus ejemplos de imparcialidad y seriedad, dejan mucho que desear. El Mercurio es un medio que hiede a vieja derecha odiosa que aun recuerda con rencor la reforma agraria. Su política de inclusiones y exclusiones editoriales (mas abajo doy ejemplos) no deja de asombrarme día a día. ¿Qué diferencias tiene realmente con medios como “El Siglo”? Para mi, son dos caras de la misma moneda. Mi diferencia contigo, es que agradezco la existencia de ambos. Creo que un Chile sin El Mercurio o sin El Siglo, o sin La Nación, sería un peor país. Cumplen un vital rol social todos ellos!

    El rol social de La Nación queda patente al ver varios ejemplos. ¿Recuerdas el caso del reportaje sobre la violencia intrafamiliar que realizaba Nicolás Ibáñez contra su señora? ¿Ese donde el mismo Ibáñez logró comprar todos los ejemplares del diario para evitar su difusión? La noticia -por la importancia publicitaria de la empresa liderada por ese ejecutivo- no salió en ningún otro medio. Sólo “lo leí en La Nación”. Y no me vas a discutir que saber sobre la calidad valórica de quien recibe buena parte de mis gastos mensuales es menos importante que saber con quién se acostó algún cliente frecuente de la K-masú (eso lo leo en LUN todos los días).
    ¿Recuerdas el reportaje sobre actitudes antisindicales del dueño de Agrosúper? Polémica similar.
    Ejemplos abundan. Te paso el link de un post de Roberto Arancibia y una experiencia suya reciente: http://elmundosigueahi.blogspot.com/2008/06/los-medios-y-las-medias-noticias.html

    No pretendo hacer una defensa del diario La Nación y sus malos reportajes y clara tendencia política. Es un diario penca, cuyo único objetivo es que su portada aparezca en los quioscos junto a los demás diarios que sí se venden. El hecho que sea del Estado me preocuparía al presentar una tendencia, si ocupara dineros de todos los chilenos. Pero al ser un diario que se autofinancia (al hacer pocas copias, sus gastos son mucho menores que los otros medios, además su imprenta es una de las mejores de Chile, y se arrienda a un sinnúmero de medios), entonces no me preocupa en lo absoluto. Entrega una mirada diferente. Diferente a otros medios igual de tendenciosos y en algunos casos, bastante mas odiosos, al menos en las portadas de los quioscos, donde compite la información nacional todas las mañanas.

    Finalmente, me gustaría resaltar la experiencia de países mas desarrollados, donde los medios no sólo no se jactan de ser imparciales, sino que muestran su parcialidad con suficiente responsabilidad como para que los lectores puedan juzgar correctamente las noticias.

    En EE.UU. y Europa, los medios siempre escogen, por ejemplo, a “su” candidato para alguna elección democrática. El NYTimes escoge generalmente a candidatos demócratas para las presidenciales. Sorpresa causó que el Economist prefiriera a Kerry sobre Bush. Sorpresa porque ese medio había apoyado generalmente a candidatos conservadores.. no sorpresa por haber apoyado a un candidato.

    Más que criticar la parcialidad de los pocos medios que no intentan ocultarla, yo me preocuparía por revelar la parcialidad de los medios que la ocultan. Que el Mercurio públicamente apoye al candidato de la Alianza por Chile! Que la Tercera haga lo mismo! Mientras nuestros más importantes medios se nieguen a revelar las decisiones ya tomadas por su equipo editorial y que son reflejadas implícitamente en cada noticia que muestran, cada noticia que no muestran y en el tono que usan, mientras eso no suceda, son efectivamente aquellos medios los que son irresponsables, cínicos y le causan un flaco favor a Chile.

    Volviendo con el ejemplo, El Mercurio, La Nación y el Siglo son diarios parciales. Pero sólo uno de ellos lo omite. Sólo uno de ellos “miente” 🙂

  2. vozyvoto Says:

    Estimado Davor, lo que dices es exactamente lo que yo intento sostener en el artículo, desde otra perspectiva. Quizás tus problemas en comprensión de lectura rivalicen con mis defectos como redactor. Me explico:
    – Jamás se me ocurríría pedirle objetividad a los medios. Sostengo expresamente que el mercado no cubre ese fin.
    – No desmiento que El Mercurio o la Tercera representan intereses político – económicos. Decir que el primero es lo mismo que El Siglo, pero al revés, es un poquito musho. Nunca he visto al Mercurio puteando abiertamente a su adversario. Pero el punto se acoge. Y me alegra que también consideres que la diversidad es un activo social en sí misma. Te consta que por este lado nunca hemos tratado de imponer una visión hegemónica sobre el Bien o la Verdad.
    – Precisamente por lo anterior, mi idea radica en que La Nación se transforme en un diario del Estado, de “todos los chilenos”, para asegurar que alguien se preocupe más por la veracidad, el pluralismo y el derecho a ser informado, que por el rating, la farándula o la trinchera ideológica. Me sigues?
    – Si los diarios quieren escoger su candidato, adelante. Ni un drama. Siempre es mejor sincerar desde donde se habla. Pero en ese escenario sería sano contar con un espacio neutral. Creo que el Estado es el único capacitado para entregarlo.

  3. Pablo Fernandez Says:

    Como pocas veces, estoy en total desacuerdo con la columna.
    Un diario “de todos los chilenos”??? Pq? para que? sinceramente no le veo la utilidad, y dudo profundamente que pueda cumplir los objetivos trazados por CB de “veracidad, pluralismo…”. Imagino los problemas con el directorio de TVN y los multiplico por 2.
    Mucho mas inútil resulta hoy, con la cantidad infinita de información disponible via internet, blogs y otros. Creo que cualquier $ destinado a un diario de gobierno estaría mejor invertida en otra cosa. Por último, en un pasquín que se dedique 100% a difundir las obras del gobierno (A no, verdad que ya existe… ¿Chile Contigo se llama el engendro aquel?).
    Por último: ¿Cual es la responsabilidad del Estado de entregar “un estándar mínimo de información republicana, laica, imparcial y de calidad publica…”??? Cuando la ha cumplido??? (¿Esta definida en alguna parte?)
    PD: Solo por curiosidad: ¿Hay algún ejemplo de algo así en el mundo?

  4. Daniel Brieba Says:

    Interesante debate. Estoy totalmente de acuerdo con la idea fundamental de Cristóbal acerca de que un medio de comunicación público debiera administrarse como un bien del Estado y no del gobierno. Por cierto, también estoy de acuerdo con lo planteado por Davor (y refrendado por Bellolio) sobre lo sano que es para la discusión democrática que los diarios transparenten su línea editorial, precisamente porque la “objetividad” en asuntos políticos no existe. Y por último, también recojo (parece que ando con ganas de compensar tanto desacuerdo) lo planteado por Pablo acerca de la posible redundancia de tener un diario público en las circunstancias actuales, donde la revolución tecnológica está transformando la esencia misma del negocio de los diarios (no sé si vieron el artículo de Arturo Arriagada en su blog, “The Newspaper Death Watch”).

    Creo que las preguntas básicas entonces son dos:
    1) ¿Se justifica la existencia de un diario público?; y
    2) Si es que sí se justifica, debiera ser visto como patrimonio del Estado o como patrimonio del gobierno de turno?

    La primera es una pregunta enorme, en la cual no me voy a meter acá salvo para señalar que el “peso de la prueba” debiera recaer sobre aquellos que creen que tal diario sí es necesario (por el principio de la subsidiareidad y todo eso, que no siempre me lo compro pero en este caso sí). Sobre lo segundo, naturalmente aquellos que crean que es legítimo que exista un diario de gobierno deberán apechugar con ese principio gane quien gane el gobierno- es decir, aun si la Alianza ganara las elecciones y pasase a tener una posición hegemónica en la prensa escrita.

  5. Davor Mimica Says:

    El tema de la subsidiariedad es una aproximación interesante. Puesto que nos lleva a preguntarnos sobre el rol del Estado en los medios.

    ¿Acaso el Estado sólo debiera tener un medio si es que los privados no lo proveen por sí mismos? No creo que sea tan estricto, ya que podríamos tener el boletín de una “Gestapo Corporativa” (Tipo Fox News) y eso cumpliría la razón de existencia para la abstención del Estado.

    ¿Entonces, es menester del Estado el ofrecer un medio “negociado”, como TVN, porque el mercado no lo ofrece por sí mismo? Tampoco lo creo así en general, ya que de tener un mercado amplio de contenidos y visiones que sean relativamente representativas de lo que quiere/pide la población, visiones negociadas no serían necesarias.

    Entonces, tiendo a ver la invervención del Estado necesaria cuando existe una visión editorial no representada por los medios tradicionales. Sobretodo cuando esa visión editorial representa a la mayoría de la población (ergo quienes están en el gobierno). O sea, subsidiariedad de contenidos. De visiones. De miradas. Si el mercado no provee un medio escrito que defienda una postura muy notoria en el ámbito político, entonces el Estado debiera asegurarse que esa visión esté al menos representada.

    En lo ideal, esto se podría lograr mediante fondos especiales que permitan levantar esas visiones. Léase una especie de “subsidio a la diversidad”. Ni siquiera estoy hablando de tener que financiar a cada pequeña minoría que se le ocurra estar en los quioscos.. pero sí existe un real rol cuando hay una distorsión tan enorme como en Chile: Sin contar el medio estatal, no existen periódicos que tengan una visión editorial similar a la representada democráticamente por la mayoría de los chilenos en las urnas. Es el rol del Estado el evitar la cooptación de un espacio público tan importante como la prensa escrita por parte de una minoría. Si estamos dispuestos a defender a las minorías del yugo de las mayorías, no podemos demorarnos siquiera un segundo en hacer la defensa inversa.

    Entonces, vuelvo a mi argumento inicial: el rol social que cumple La Nación hoy, es mucho mas positivo y potente que el que eventualmente cumpliría de ser un medio “consensuado” como TVN, o de ser lisa y llánamente omitido como medio.

    Tampoco tengo temor en un eventual gobierno de la Alianza, ya que La Nación perdería completamente relevancia en ese caso. Incluso para el propio gobierno de turno. Las razones para su existencia desaparecerían. Y dejaría el espacio en el mercado para (por fin) el surgimiento de iniciativas privadas de similares visiones (siendo oposición, se fortalecerían los medios de comunicación de una eventual concertación derrotada.. todos se fortalecen siendo oposición).

    Si es utilizado como panfleto del gobierno, lo veo más como una torpeza y pérdida de oportunidad por parte de ellos mismos. Independiente de las intenciones de sus dueños, La Nación hoy no existe como artificial generador de tendencias, sino simplemente como facilitador de equilibrios. De ser “consensuado”, el equilibrio logrado sería otro.. más favorable a la visión hoy ya mayoritariamente representada.

  6. Pablo Fernandez Says:

    Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.
    El rol social que cumple La Nación? Honestamente no veo la necesidad. Hoy en día el gobierno tiene toda la prensa que quiere ¿Acaso queremos mas horas de F Vidal hablando? Después capaz que tengamos una radio de gobierno?
    ¿Defender a las mayorías de las minorías? ¿En verdad alguien cree que visión editorial de La Nación es similar “a la representada democráticamente por la mayoría de los chilenos en las urnas” (aka votos de la concertación?)?? Antes que eso me quedo con el Clinic. Además, dudo que la Nacion dure mas de una semana si no recibe subsidios del gobierno (lease publicaciones, insertos y otros). Por tiraje y ventas no representa a nadie de lunes a sábado.
    Por último, si en verdad alguien cree que falta un medio que represente realmente el sentir de la mayoría democrática de este país y que evite el cooptamiento de ese espacio público… significa que es un bueno negocio (tal como lo hizo el Clinic y hoy se forran en billete) y que debería fundarlo. Si seguimos la línea descrita por DM, tiendo a pensar que florecerán nuevas “La Nacion” (El Guillatún”, de editorial mapuche y en mapudungún, el “Mein Kampf”, para reivindicar la verdadera verdad histórica del 11 Sept y el Plan Z, y así sucesivamente).
    Unica solución?
    Vender La Nación!

  7. vozyvoto Says:

    Veo que las posturas son diversas. Fernández llama a privatizar La Nación porque en el fondo no cree en la existencia de un medio de comunicación del Estado, y Mimica prefiere que cumpla el rol que actualmente desempeña como vocero de gobierno, dado que el mercado está dominado por la oposición. La primera es una aproximación ideológica (que incluso duda de la capacidad del Estado de proveer información imparcial), la segunda es coyuntural (que incluso de despreocupa de La Nación en un gobierno de la Alianza porque dejaría de cumplir el rol actual). Brieba se contenta con dejar planteadas las dos preguntas claves. Y al responderlas yo me la juego por una posición distinta a Fernández y Mimica, aun considerando que ambos argumentan con bastante solidez. Creo que el mercado asegura libertad de prensa y de información, pero no asegura el derecho de las personas a “ser informados”. Los abogados y los periodistas estamos familiarizados con esta discusión. Ese es el meollo del asunto. Si tenemos derecho a “ser informados”, entonces pareciera que el principio de subsidariedad tiene cierta razón de ser. Si nadie me informa, el Estado debe proveer ese servicio. Pero qué ocurre si muchos me informan pero sólo desde una trinchera particular. ¿Qué ocurre cuando el rating se rinde ante la farándula, o ante los intereses de grupos económicos o sectoriales? ¿Quién se preocupa del “derecho a ser informado” al ciudadano común? Y bueno, se me ocurre que el Estado es el único, como depositario de la voluntad general rousseauniana o del espíritu nacional hegeliano, que puede asegurar ese espacio de información que llamaremos imparcial. Sé que suena como un híbrido liberal – republicano, pero estoy tan aterrado por lo que veo día a día en la prensa escrita, que siento que existe una responsabilidad pública en este ámbito que actualmente se está evadiendo. Lo que hace hoy La Nación es una manera cínica de evadirlo.
    Pero bueno, veamos si salen más opiniones al ruedo.

  8. Pablo Fernandez Says:

    Veo que llevan la discusión a los oscuros y densos terrenos de la filosofía política, por lo que pronto quedará en evidencia mi ignorancia supina frente al tema. Igual me arriesgo…
    Desconozco de donde viene “el derecho a ser informado”. Me suena a como cuando enfrentamos (desde una trinchera particular) la discusión del “derecho a la información”, y pretenden que el Estado de Internet gratis para todos. Que exista un diario de información imparcial (sin entrar en el debate de que creo que esta figura es solo una construcción filosófico de CB, imposible de alcanzar, y que por tanto no vale la pena hacerlo) creo que tampoco asegura que se cumpla “el derecho de ser informado”. Incluso creo que la haría de peor forma que el mercado, y con un mayor costo social.

  9. Daniel Brieba Says:

    Parece que el argumento de Pablo me está convenciendo más. Creo que ya existiendo TVN, tener adicionalmente un diario “imparcial” (lo cual en estricto rigor es imposible, me parece- sería, más bien, un diario con una línea políticamente consensuada entre centroderecha y centroizquierda) es superfluo. ¿Para qué? Si TVN satisface nuestro derecho a ser informado, ¿para qué además un diario? Si TVN no lo cumple, ¿por qué pensar que un diario con la misma estructura de gobierno corporativo que TVN sí lo haría? Como dice Pablo, ¿por qué no una radio del Estado también?

    Particularmente para los medios escritos, los contenidos accesibles por Internet son tan diversos- partiendo por los blogs- y crecientes, que francamente no veo razón para un diario estatal. En cuanto a la posición de Davor, no me parece suficiente un argumento basado puramente en los efectos políticos que produce un diario, y/o que produciría bajo distintos escenarios políticos. Tiene que haber también un argumento de principios, sobre por qué un gobierno tiene derecho a tener y usar para sus fines políticos un diario. Si el bien público que lo justificaría es la disponibilidad de una mayor diversidad de puntos de vista en el espacio público, entonces me parece más lógico subsidiar publicaciones independientes que tener un pasquín incapaz de criticar al gobierno (lo cual también se puede hacer desde la centroizquierda, por cierto).

    En fin, volviendo a las preguntas de mi comentario anterior, me la juego por 1) medios del Estado, no del gobierno, y 2) en el caso particular del medio “diarios”, no veo razón para un diario del Estado en general, y menos en el caso chileno donde ya hay un canal de TV estatal y pluralista.

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