¿POLÍTICA v/s VOLUNTARIADO?

Se ha convertido en un lugar común sostener que si bien los jóvenes no participan en política, sí lo hacen en otras instancias capaces de motivarlos. Más que actividades deportivas, religiosas o culturales, se suele hablar del voluntariado (lo que en otra época era sencillamente “acción social”) como aquella manifestación de compromiso con la sociedad que ha reemplazado a la política partidista en las nuevas generaciones. Estoy de acuerdo con esa premisa: Muchos de mis compañeros universitarios que en otras épocas habrían engrosado las filas del activismo político, hoy vuelcan su energía en el trabajo en campamentos. Pequeños políticos siguen existiendo, pero es especialmente el denominado mundo “socialcristiano” el que más ha resentido la deserción.

Las razones pueden ser muchas, y bastante obvias. La política ha caído en desgracia ante los ojos de la opinión pública. Se percibe caricaturescamente como un corrupto juego de poder e influencia, de negociación e intereses mezquinos. En cambio, el voluntariado permite entregar ayuda directa y sin más intermediario, permite mirar cara a cara a la familia beneficiaria, permite el regocijo de ver terminado el producto del trabajo después de un solo fin de semana. Esto sin mencionar que, como escuché de boca de un dirigente del mismísimo Un Techo Para Chile, el voluntariado no exige una adhesión ideológica intensa ni un desarrollo muy elaborado de las razones por las cuáles se participa. Genera además, al estilo scout, equipos que se transforman en verdaderas comunidades.

Debo reconocer que nunca me causó mucha sorpresa el argumento “el voluntariado es otra forma de hacer política”. En cierto sentido, lo compartí. Me tocó participar activamente en política universitaria codo a codo con entusiastas líderes de inspiración ignaciana. Recuerdo una noche en la cual, a pesar de estar en el mismo equipo, nos vimos obligados a sincerar nuestras diferencias. Un siempre locuaz amigo sentenció: “Nosotros (los liberales) entendemos la política como un espacio de deliberación pública entre iguales, ellos (los jesuitas) como una herramienta para superar la pobreza”. En ese momento entendí porqué la representación universitaria le hacía tan poco sentido a estos tipos que se descueraban haciendo mediaguas en invierno y verano: La política a la cual los invitábamos no satisfacía su propia concepción de la política. Así por ejemplo, la lucha por la libertad de expresión no tenía ningún sentido si aun había gente en Chile sin techo y sin abrigo.

Asumo que desde entonces creí que salir a derrotar la pobreza a sus reductos más inexpugnables era una manera alternativa de hacer política. Hoy no estoy tan seguro. Aunque en la práctica el voluntariado ha sustituido a la participación política tradicional, en el fondo apuntan a objetivos distintos y operan con lógicas prácticamente opuestas.

La política tiene por misión lidiar con el conflicto. En sociedades con intereses tan diversos, y a veces contrapuestos, la política navega entre aguas turbulentas y está obligada a entregar respuestas para casi todos los problemas. Asigna valores de acuerdo a la legitimidad que le confiere el propio sistema, siempre dinámico y participativo. Si es necesario, hace gala del monopolio de la coerción. El voluntariado aparece entonces como negación de la verdadera política. Su objeto está circunscrito a resolver un solo problema (la indigna situación en la que se encuentran los miembros menos aventajados de la sociedad), que aunque pueda ser mayúsculo, evita conscientemente tomar en cuenta los otros miles de intereses en juego. Pretende entregar una solución vertical, en la que la participación no es un valor central. Su actividad tampoco asigna valores vinculantes.

Podrán alegarme que mi visión de la política está demasiado condicionada a los contextos democráticos. Tendrán razón. No pretendo hacer comparaciones sino con la más deseable de las realidades. Pero el fin de estas líneas no es sentar una tesis sobre la incompatibilidad de política y voluntariado. De hecho, creo que en los tiempos actuales funcionan como excelente complemento: Las instituciones sociales están ahí porque la política (o el Estado) ha fallado en proporcionar condiciones materiales mínimas a gran parte de la población. Pero el rol de la política, entendida en su concepto más pleno, no puede ser reemplazado por ningún tipo de ayuda social. Lamentablemente para la política, muchos de los mejores jóvenes han optado por ignorarla (o espero, postergarla) dedicándose con pasión a erradicar los campamentos. Ojalá que cumplan su tarea, y luego se hagan cargo de otros menesteres aun más complejos, que reclaman a gritos toda su atención.

 

 

 

 

 

 

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6 comentarios to “¿POLÍTICA v/s VOLUNTARIADO?”

  1. Pablo Fernandez Says:

    Gran tema. Vamos viendo.
    (Paso por alto un cierto grado de ironía que noto en tu artículo, en el que siento intentas sintetizar el voluntariado como un juego de “niños ricos con sus problemas resueltos que usan su tiempo libre en los pobres menos afortunados” v/s la participación política como un lugar donde “hombres y mujeres iguales en derechos debaten sus ideas para la concreción de la sociedad libre”. Asumo que puede ser “caña del viernes”.)
    El voluntariado no debe operar con lógicas tan distintas a la política. De hecho, si el voluntariado “pretende entregar una solución vertical, en la que la participación no es un valor central” esta profundamente equivocado, y se convierte en asistencialismo o en un simple ejercicio masturbatorio en que yo “ayudo” a otro para mi propio goce o satisfacción. Por otra parte, no es bastante vertical el tipo de política en Chile (partidos designando candidatos desde las oficinas)?
    El voluntariado ha florecido porque ha sido capaz de generar proyectos atractivos para la juventud, con metas y desafíos claros, en que los jóvenes pueden ser protagonistas (junto con las familias de los campamentos u otros), en que existe una “apuesta” (que puede ser imposible en muchos casos) por la que vale la pena jugársela, dirigidos por personas que han hecho “carne propia” de esa opción. Creo que ninguna de estas caracterísiticas las ofrece un partido político en la actualidad, donde vemos intereses personales antes que colectivos, luchas soterradas de poder de “lotes, ningún proyecto claro más que el poder en si mismo…
    Creo que muchos jóvenes se iniciaron en el voluntariado y luego pasaron al servicio público. Quizás no ha la política partidista.

  2. vozyvoto Says:

    Mi estimado Pablo:
    1. No hay ironía. No soy de los amargados que jugando playstation toda la semana se mofan de lo que ellos llaman “turismo social”.
    2. Das en el clavo en el concepto de “asistencialismo” por el que muchas veces transita el voluntariado. Nuevamente das en el calvo cuando preguntas si acaso la política partidista no es suficientemente vertical. Por lo mismo explico que estoy comparando con el modelo ideal y no con el que tenemos.
    3. Absolutamente de acuerdo con tu penúltimo párrafo: En el voluntariado se ven proyectos atractivos y concretos y en la política partidista casi pura mierda. Esa es una razón más que contundente para optar por un camino y abandonar otro. La pregunta es…¿eso le hace bien a Chile?

  3. vozyvoto Says:

    Transcribo diálogo que tuve por facebook a partir del tema en cuestión con mi viejo camarada Juan Cristóbal García-Huidobro SJ:
    Muy interesante, Cristóbal. Comparto la afirmación de que el voluntariado puede terminar eludiendo la verdadera política, la construcción cívica, la preocupación más general y democrática por los problemas comunitarios, etc., pues se puede ahorrar la participación en la discusión pública, etc. Salvaría, eso sí, el hecho de que puede ser una buena puerta para interesar en lo político (como muchos movimientos políticos lo hacen.) Varias veces lo hemos conversado con algunos de los “techistas” que están en esta misma discusión.

    Eso sí, me parece que equivocas los dardos al identificar el problema con “el socialcristianismo” (y peor aún con una visión “ignaciana” de la política.) Me parece que esa asociación es un poco selectiva pues yo también conozco a hartos liberales que hoy se dedican a cosas parecidas al voluntariado o afines (asi como a socialcristianos de nuestra misma edad que están en política mucho más activa que cualquiera de nosotros.) Además, no hay que olvidar que la utopía cristiana no se acaba en la inclusión de los más pobres, sino que la exige para algo mayor, que es la realización de una vida comunitaria (y por ende, política.) Por lo que creo que ni a nivel de principios es sostenible la identificación que sugieres de la mano de tu tesis central sobre que el voluntariado puede ser elusión de la política y no su sustitución.

    Más bien, diría yo, hay que apuntar a un problemático pensamiento exclusivamente economicista y materialista (que debe tener alguna asociación al estado de bienestar) que entiende que el objetivo de la comunidad política es “lo social” (y por eso tiene sentido el voluntariado como forma de colaboración.) Asociado a eso (y más grave que el discurso tras el voluntariado, creo yo) yo apuntaría a un discurso tecnocrático que ha crecido enormemente y que, sobre lo anterior, entiende que lo político, al ser social, debe ser eficiente. Por ende, pone su centro en la política como técnica de administración de “lo social.” Como muestra de este discurso, me preocupa el creciente estudio de políticas públicas que también puede confundirlas con lo político propiamente tal. Porque se puede saber y estudiar mucho sobre políticas educacionales o de salud, por ejemplo, sin ser más que un técnico que no tiene ningún interés por el debate político propiamente tal (y, de hecho, muchos lo viven como “un cacho” para la realización de la “científica” política pública, que desde ese punto de vista, ¡¡¡por supuesto que no defiende nunca ninguna ideología!!!!?????.) Y ojo que esto puede estar muy cerca de muchos discursos de varios liberales (y OI`s o ex OI`s.) Aunque sé que ese tampoco es el liberalismo más auténtico (pues el de Kant o Rawls, por ejemplo, es profundamente político.)

    En fin, sobre este tema, recomiendo a todos leer el libro “Pensar la política” de Marcos García de la Huerta (un filósofo de la U. de Chile) que tiene la reflexión más brillante y bien desarrollada que he leído sobre este tema. Es sencillamente brillante, y diagnostica este tema de la confusión de “lo social” y “lo político” como EL tema políticamente más grave del presente con argumentos muy bien afinados.

    Saludos a todos.

    PD: Ah, y los jesuitas no somos exactamente lo mismo que los ignacianos… ni que los exalumnos de un colegio de espiritualidad ignaciana, para que no se confundan todas las cosas.

  4. vozyvoto Says:

    Y mi respuesta:

    Estimado, gracias por la reflexión.
    Creo, al igual que tú, que el voluntariado es una puerta para entrar a la política. Es más, me acabo de enterar que UTPCH le dedicará su próximo seminario anual a ese tema (el jueves 14). Sé que a muchos de los cabecillas esto les pica.
    También reconozco que la asociación que hice es sesgada. Lo que ocurre es que terminé mezclando una experiencia política personal con el problema de fondo. Sé que no es lo mismo voluntariado que ser jesuita o ignaciano. Tiendo a caricaturizar para simplificar.
    Finalmente, concuerdo completamente contigo en cuanto a la diferencia de LA POLÍTICA y las POLÍTICAS PÚBLICAS. En inglés existe la diferenciación lingüistica entre POLITICS y POLICY. En Chile se ha piesto tan de moda esta última (lo que obviamente también es un avance en el mejoramiento de la calidad de la intervención del Estado), pero yo soy uno de aquellos que se siente más cómodo en POLITICS. Voy a revisar el libro que comentas. Yo te puedo recomendar un artículo de Robert Behn titulado “El análisis de políticas y la política”. Y bueno, una buena lectura de “La Política como Vocación” de Max Weber en contraposición a “La Ciencia como Vocación”.

  5. Pablo Fernandez Says:

    Creo que la pregunta es como pasar del interés por lo público a un interés (más bien a una participación) en lo político, sin tantos traumas ni costos.
    Admito que muchas veces me preguntan si “me interesa ser político…”, a lo que respondo que mi interés va más bien por “lo público” (como ves CB, algunas malas costumbres no se quitan con el tiempo). Confieso que me complica imaginarme inmerso en peleas partidistas, y no me llama para nada (a pesar de saber de la necesidad e importancia que tiene). Por otro lado, tampoco veo una vía fácil (ni siquiera pido fácil… solo lógica) de entrada, sin tener que aliarme con algún lote o rendir pleitesía a un cacique.

  6. javiera Says:

    Pablo, con todo respeto: generalmente lo mas comodo es lo mas fácil…

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