LA NUNCA BIEN PONDERADA INTERVENCIÓN ELECTORAL

A estas alturas no hay discurso de la Alianza que no acuse al Gobierno de intervención electoral. Y aunque se ha abusado de la queja, no voy a dejar pasar la oportunidad de referirme a algunos episodios que considero particulares:

El primero tiene nombre, apellido y cargo: Mario Ossandón, subsecretario de Previsión Social. Reconoció públicamente que su designación no tenía ninguna relación con su conocimiento del tema, y sostuvo que la meritocracia no jugaba una papel importante en el sector público. En otras palabras, el Estado es un botín capturado íntegramente por los ganadores en la contienda electoral. Y aunque muchos pasajes de su entrevista son sensatos (o realistas, al menos), resulta impresentable que un funcionario público de ese nivel afirme que “todo lo que haga el gobierno debe apuntar a ganar las próximas elecciones”. Es lo mismo que decir que cualquier intervención es permitida. Exactamente lo opuesto a lo señalado por la Presidenta Bachelet semanas atrás. Y aunque Pérez Yoma hizo un corcoveo y continuó abogando por la modernización del Estado, lo cierto es que Ossandón sigue en su puesto y la Presidenta fue públicamente desautorizada. Una señal potente contra la intervención habría sido amonestar al funcionario, sino derechamente destituirlo. Para dar señales de blancura, no sólo hay que ser, sino además parecer.   

Días después la propia Presidenta recibió en La Moneda, frente a todas las cámaras, al candidato a alcalde de la Concertación por Santiago, Jaime Ravinet. Esa noche vi su entrevista en Canal 13. Quedé pasmado. El tipo es el campeón de los caraduras. Puede ser excepcional en mil aspectos, pero no puede mirar de frente y decir que lo suyo no era una maniobra de campaña, que “sólo iba a entregarle a la Presidenta un excelente proyecto”. Obviamente los candidatos de la oposición, encabezados por Zalaquett, pararon las antenas. Exigieron su derecho a audiencia con Bachelet, para mostrar “sus proyectos”. Y en rigor, tienen toda la razón. Ni la odiosa ironía de Vidal puede contra un doble estandar tan evidente. Porque la culpa no es de Ravinet (que sencillamente aprovechó el espacio para jugar), es exclusivamente de La Moneda.

Finalmente me queda el asunto de la píldora. La ministra de Salud llamó a informarse sobre qué alcaldes permiten la repartición del anticonceptivo de emergencia en los consultorios municipales. Los parlamentarios “pro vida” se encendieron. Acusaron, nuevamente, intervencionismo. Pero esta vez me parece que fueron demasiado lejos. La política de salud pública que pretende implementar un alcalde es un asunto importante para mucha gente. Y los electores tienen derecho a saber qué piensa al respecto cada candidato. Es cierto que en la práctica el avisito que pasó la ministra Barría favorece a los propios y perjudica a los otros. Pero es consecuencia de aspirar a un sistema transparente de voto informado.

Seguramente esto recién comienza. Le perdí toda la fe a la orden de Bachelet de no intervenir. No porque no le crea a ella, sencillamente porque no la pescan (como en el caso Ossandon) o porque su torpeza política le juega en contra (como en el caso Ravinet). ¿Y la oposición? Bueno, el que no llora no mama, dicen. Pero mucho llanto apesta.

2 comentarios to “LA NUNCA BIEN PONDERADA INTERVENCIÓN ELECTORAL”

  1. Pablo Fernandez Says:

    En verdad creerán q

  2. Pablo Fernandez Says:

    En verdad creerán que eso es determinante? Qué sacarse una foto con la presidenta va a sumarle mas o menos votos? Qué entregar o no la “píldora del día después” es realmente una medida para que un municipio sea mas o menos exitoso? Petardos y voladores de luces. Siento que una vez más las peleas son por minucias y tonteras, en vez de plantear discusiones de fondo o mas trascendentales.
    Por ejemplo, me tiene podrido que varios candidatos ya tengan carteles desplegados. Claro, como no dice “vote por XXX” no contradice la ley… Hecha la ley, hecha la trampa. Cuantos debates vamos a tener por municipios?
    Mención aparte para las declaraciones de Ossandón. Concuerdo con CB en que muchas partes de su discurso son realistas… pero no puede tener la desfachatez de decir que “todo lo que hace el gobierno debe apuntar a ganar las próximas elecciones”. En que nos convierte eso a los que trabajamos en la administración pública? en monigotes del gobierno de turno?

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