Archive for 30 octubre 2008

UNA ADVERTENCIA PARA LA ALIANZA

octubre 30, 2008

 

por Daniel Brieba

 

La Alianza ha festejado los resultados de la elección municipal como un verdadero triunfo. Y desde muchos puntos de vista, tienen razón de hacerlo: por primera vez desde 1990 pueden decir que ‘ganaron’ una elección, ya que sacaron más votos para alcalde que la Concertación y gobernarán a más gente que ésta. Crucialmente, ganaron la gran mayoría de las capitales regionales y de las comunas más populosas de Chile, lo cual proyecta una imagen de potencia territorial y popular como nunca antes. Y sobre todo, al ganar casi todas las batallas simbólicas (como Santiago) y conquistar sorpresivamente comunas que parecían seguras en manos de la Concertación (Valparaíso, Rancagua, Cerro Navia, etc.), se adjudicaron el triunfo más importante de todos, el impulso anímico y moral que infla el pecho de las huestes propias y que desmoraliza al contrario. La prensa nacional e internacional ratificó esta sensación al reportear que la Alianza efectivamente ‘ganó’ estas elecciones.

 

Sin poner en duda el mérito de los logros de la Alianza, es imprescindible que ésta no se deje llevar por la euforia ni por las celebraciones “con parrilladas y vino tinto” (como acaba de reportear La Tercera) y que todos analicemos con cuidado los resultados de esta elección. Por de pronto, sugiero que hay tres datos que debieran llevar a los partidos, a la prensa y a nosotros mismos a una mirada más prudente de los resultados:

 

1. En términos de votos, más que una victoria de la Alianza hay una derrota de la Concertación.

 

Electoralmente hablando, los números son claros. La votación en alcaldes de la Concertación cayó más de un 6% desde 2004 (de 44,8% a 38,5%), mientras que la de la Alianza creció menos de 2% (de 38,7% a 40,6%). En concejales, en tanto, la Concertación pierde cerca del 3% (47,9% a 45,2%) mientras la Alianza también cae, desde un 37,7% a un 36%. La diferencia en ninguno de los casos se la llevó la izquierda, que se mantuvo bastante estable tanto en alcaldes como concejales, ni los independientes fuera de pacto (que sólo crecen de 9,6% a 10,2% en alcaldes y caen de 3,9% a 1,6% en concejales); no, los verdaderos ganadores de esta elección son los descolgados, “independientes” y militantes del PRI agrupados en Chile Limpio, que obtuvieron un 4% en alcaldes y 7,6% en concejales. Si bien en estricto rigor no podemos saber si estos votos se los ‘quitó’ a la Alianza o a la Concertación, sabemos que la mayor parte de los descolgados vienen del mundo concertacionista, por lo que es razonable suponer que la presencia de esta lista perjudicó más a la coalición gobernante.

 

2. El sistema electoral jugó un rol crucial en magnificar los cambios relativamente menores en los votos.

 

El resultado electoral a nivel de alcaldes se dio porque, en un sistema electoral donde gana ‘el que llega primero’ (el que tiene más votos), pequeños cambios en las fuerzas relativas y/o la presencia de terceras fuerzas, incluso muy pequeñas, pueden generar dramáticos cambios en los resultados. En otras palabras, es sabido que este sistema no es independiente de la existencia de terceros candidatos ‘irrelevantes’ (en el sentido de que no tienen posibilidad realista de salir y sin embargo igual se presentan)- como el PC y el PRI en la gran mayoría de las comunas. Si a la Concertación ya la ‘perjudica’ que exista el PC, la aparición del PRI potenció su problema y le permitió a la Alianza ganar comunas donde no son mayoría. De esta forma, un crecimiento de 2% en su votación le bastó a la Alianza para pasar de 104 a 142 alcaldes- es decir, un crecimiento de 37%.

 

Por ello, hay que tener mucho cuidado en interpretar esta elección como reflejando un cambio amplio en las preferencias del electorado. Más que un cambio sistemático de tendencia a favor de la Alianza, lo que se advierte es que factores más bien menores, como el 4% de Chile Limpio, la existencia de descolgados concertacionistas en ciudades claves y acaso la mejor selección de candidatos de la Alianza, se juntaron para hacer crecer a la Alianza y erosionar el voto de la Concertación sin que de ello se desprenda necesariamente un traspaso de las preferencias de cierta parte del electorado concertacionista hacia aquélla. Y en la medida en que sí lo haya, es en una magnitud muy inferior a lo que el cambio en la posesión de alcaldías podría sugerir.

 

3. La Concertación sigue siendo la mayoría política del país y la Alianza casi no recortó la diferencia preexistente.

 

La elección de concejales es la que mejor refleja las preferencias político-partidistas del electorado ya que, a pesar de la personalización del voto (especialmente en las comunas pequeñas), la existencia de muchos candidatos por comuna y la presencia a nivel nacional de todos los partidos tiende a anular estadísticamente la influencia de caudillismos locales. Y en esta elección, la Concertación la sacó 9 puntos porcentuales a la Alianza. Esto es una diferencia importante, y muy similar a los 10 puntos de ventaja obtenidos en 2004. (La influencia en este resultado de la ‘estrategia Auth’ de llevar dos listas de concejales no está clara y el debate está abierto, pero creo que jugó un rol más bien marginal cuyo mayor efecto fue redistributivo al interior de la coalición, al terminar con el ‘subsidio’ a la DC). Sea como fuere, el hecho de que el PRI y sus aliados hayan sacado un 7,5% mientras la Alianza fue incapaz de crecer (y de hecho cae un 1,5%) muestra que ésta aun está lejos de construir una nueva mayoría política en el país. El descontento con la Concertación simplemente no se traduce en más votos aliancistas, y sin éstos no se advierte cómo ésta podrá construir una nueva mayoría con la cual gobernar- especialmente dada la porfía de la Alianza en negarse a abrir el padrón electoral a los jóvenes. El tema no es menor: el porcentaje obtenido por la Alianza en la elección de concejales el 2004 en cada comuna tuvo una muy alta correlación con el porcentaje obtenido al año siguiente en esa misma comuna en la segunda vuelta presidencial, siendo un mucho mejor predictor para estos efectos que los resultados a nivel de alcaldes. Por ello, los éxitos edilicios no debieran encandilar a los dirigentes de la Alianza: ante la cuasi inmovilidad de su apoyo político subyacente, las posibilidades presidenciales del sector siguen dependiendo de los atributos personales de Piñera.

 

 

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10 LECCIONES DE LA ELECCIÓN MUNICIPAL

octubre 28, 2008

por Cristóbal Bellolio

Y bueno, ¿quién ganó las municipales? Esta pregunta tiene tantas respuestas como puntos de vista e interpretaciones políticas. Y los actores de todo el espectro ideológico echan mano al enfoque que más les conviene. Sin embargo, existen ciertas señales que son demasiado poderosas como para ser ignoradas. Vamos por parte:

1.      En Chile hay 11,5 millones de personas mayores 18 años. Ayer votaron casi 7 millones, de los cuales 6,2 millones expresaron válidamente sus preferencias en la elección de alcaldes, lo que baja a menos de 6 millones en la elección de concejales. Significa que algo menos de un 53% de los chilenos habilitados para hacerlo participó de manera efectiva en las elecciones municipales. Mala cosa.

 

2.      No es difícil identificar al gran perdedor de la jornada: La arrogancia. Cómo olvidarnos ahora de la expresión socarrona del vocero de gobierno ufanándose del “4 a 0” que le propinarían a la oposición. Hoy estamos más cerca de un 2 a 2. Las derrotas de Jaime “aquí vengo yo” Ravinet y Álvaro “con Girardi esta es carrera corrida” García son simbólicas. Los solemnes ex ministros se inclinaron ante candidatos entusiastas y mejor conectados con la gente. La Alianza podría recoger el concepto de las “ganas” por Chile.

 

3.      ¿Cuál es el mejor instrumento para medir la temperatura política, la elección de alcaldes o la de concejales? Aunque se suele decir que esta última refleja mejor la repartición de la torta, lo cierto es que la presidencial del próximo año se parece más a la elección de jefes comunales por su carácter mayoritario. Además, la ciudadanía evalúa cada vez más la capacidad de gestión y parece cada vez menos atada a consideraciones ideológicas. Todo esto sin siquiera mencionar que las ciudades más importantes del país (las más populosas y la mayoría de las capitales regionales) serán gobernadas por la Alianza, herramienta nada menor para contrarrestar la ofensiva de los programas sociales del gobierno el próximo año.

 

4.      ¿Acertó o se equivocó Pepe Auth? Al contrario de lo que han sostenido muchos analistas, creo que el efecto, en lo netamente electoral, fue positivo. Políticamente dio una señal de división y en eso estaremos de acuerdo, pero lo relevante es que ante la aparición de un nuevo actor que llega a 7% en materia de concejales (el PRI de Adolfo en compañía con los chileprimeristas), la Concertación puede decir que no baja sustancialmente su votación respecto de 2004, quedándose en un 45%. En efecto, llevar tantos candidatos puede haber funcionado como tapón para evitar un desangramiento mayor. Y hace retroceder incluso a la Alianza.

 

5.      Ya no es ningún pecado reconocer que la DC es un partido en franca decadencia. Electoralmente la pendiente es pronunciada, y Soledad Alvear tendrá que tragarse sus palabras respecto a “seguir siendo el partido más grande de Chile” en el ámbito municipal. Ayer fue relegado al tercer puesto con un 15% de las preferencias, debajo de los dos partidos de oposición. Y dentro de la propia Concertación, atrás quedaron los días en los cuales equiparaban la suma del bloque progresista. El mismo PS le pisa los talones con un 12% nacional. Y aunque todos felicitan a la patrulla juvenil (en Chile eso significa tener menos de 50) de Orrego y Undurraga, pocos creen en la capacidad real de este grupo para hacerse con el control del partido. ¿Recomendación? Un incruento golpe de Estado. Es eso o la muerte lenta.

 

6.      La presidenta Bachelet ayer le habló desde La Moneda a los partidarios de la Concertación, no a los chilenos. También apareció en la propaganda de su partido, quedando afectada por la suerte electoral de éste. El PS superó en 2 puntos porcentuales su performance respecto de las anteriores municipales, pero se ubica en el cuarto lugar en términos de tamaño electoral. ¿Le conviene al país que la figura presidencial esté tan vinculada a los afanes de una elección que finalmente lo que hace es dividir y dispersar preferencias? Dejo la duda planteada.

 

7.      La fuerza del PRI debe ser destacada, sin duda, pero no entrega muchas más señales: Sabemos que fue un espacio común donde confluyeron muchos, pero que se define más que nada por negación que por una propuesta coherente y compartida (más allá del discursito de “cambiar el modelo”), por lo tanto ignoramos su proyección a futuro. Sin lugar a dudas su mayor mérito es haber complicado a la Concertación en muchas comunas (“no hay peor astilla que la del mismo palo”) y haberse hecho apetecible para la Alianza ampliada que tiene en mente Piñera.

 

8.      RN y la UDI terminan esta cruzada municipal en igualdad de condiciones. Son los dos partidos más grandes de Chile, casi empatados con un 18% y 17% respectivamente a nivel de concejales, aunque es la UDI la que obtiene las alcaldías más emblemáticas. Es un inmejorable punto de partida para mirarse las caras en la negociación del próximo año: Nadie puede pasar por encima de nadie, y eso recomienda cautela y buen trato político. Eso sí, sería bueno que el discurso de algunos de sus líderes fuera más unitario (Longueira nunca habló de la Alianza y siempre destacó los logros del gremialismo).

 

9.      Poco se ha reparado en la tremenda votación que alcanzan los independientes fuera de pacto en la elección de alcaldes, que asciende al 10% (en concejales superan apenas el 1%). Ya sean descolgados, picados o caudillos locales, lo trascendente es que son capaces de derrotar a los grandes bloques en elecciones de uno contra uno, sin distorsiones. Mientras la Concertación hace la autocrítica en materia de “selección de candidatos”, la Alianza debería ver el caso Carolina Plaza (e incluso Terrazas en Vitacura) como algo más que una excentricidad política. Lo que parece notorio es que los independientes fuera de pacto le pegaron un mordisco sustantivo a la Concertación en alcaldes, ya que en concejales todo vuelve “a la normalidad” y el oficialismo se recompone. En todo caso, parece un electorado muy heterogéneo para predecir su comportamiento en las presidenciales del próximo año. Me atrevo incluso a señalar que están afectivamente más ligados al mundo de la centroizquierda.

 

10.  Finalmente, es interesante examinar las estrellas que alcanzan su punto máximo y aquellas que empiezan a decaer. Aunque con porcentajes muy altos, los casos de Torrealba, Labbé y Sabat deben ser estudiados. El primero baja casi 20 puntos mientras los segundos se mantienen. Deberían ser comunas consolidadas para la Alianza donde empezar a apostar por la renovación, especialmente con figuras no ligadas al régimen militar. La luz de Van Rysselberghe en Concepción sigue fulgurante (sube 7 puntos), lo mismo que la de Ossandón en Puente Alto (sube 10 puntos). Por el lado de las estrellas de la Concertación, se estancan Johnny Carrasco en Pudahuel y Rabindranath Quinteros en Puerto Montt. Quizás ya les llegó la hora de consultar su situación previsional.

LOS OTROS NÚMEROS

octubre 26, 2008

por Cristóbal Bellolio (publicada hoy domingo en El Mostrador)

Las predicciones para este domingo están lanzadas. Un prestigioso diario apuesta a que los partidos de la Concertación en su conjunto alcanzarán un 45% de la votación nacional, mientras la Alianza superaría su performance histórica situándose en 41%. Obviamente esa noche los líderes oficialistas (y desde La Moneda, por supuesto) se apresurarán a destacar que la Concertación sigue siendo mayoría en Chile, propinándole a la “derecha” su 15° derrota consecutiva en 20 años (un plebiscito, cuatro presidenciales, cinco parlamentarias y cuatro municipales), un hecho objetivo difícil de controvertir. Los líderes de la Alianza, por su parte, destacarán que esta elección no solo es una fotografía del momento, sino que forma parte de una secuencia reveladora: La distancia entre ambas fuerzas se acorta, y mientras la Concertación baja, la Alianza sube respecto de las municipales 2004. Todos se sentirán victoriosos, todos buscarán interpretaciones para reconfortar el ánimo propio y el ciudadano.

Pero hay otros números importantes, y que a diferencia de los anteriores, no forman parte de proyección alguna. Son datos que obran en nuestro poder y que reflejan que en materia de participación electoral juvenil Chile entero sale derrotado. Se trata de la elección en la cual el segmento etáreo 18-29 pesa menos desde el retorno de la democracia. Así, mientras en 1988 los jóvenes representaban el 36% del padrón electoral, hoy apenas llegan al 8%. Dicho de otro modo, así como fueron determinantes para el triunfo del “No”, hoy son casi insignificantes en cuanto a su peso decisorio. Dentro del mismo grupo, uno de cada cinco jóvenes está habilitado para votar. Los que quieren hacerlo ahora, entusiasmados por algún candidato en particular, ya no pueden hacerlo. En Chile todavía no existe inscripción automática y para colmo, aquellos que cometen la “imprudencia” de inscribirse, pueden pagar una multa de hasta 110 mil pesos por no concurrir a las urnas el día señalado. El padrón está estancado, se avejenta día tras día, y proporciona una cómoda y mediocre certidumbre a la clase política.

Por su fuera poco, los partidos políticos de las coaliciones tradicionales tampoco confían en los jóvenes a la hora de encomendarles la misión de representarlos en la contienda electoral. En estas municipales, según datos del Instituto Nacional de la Juventud,  apenas un 7% de los candidatos a alcaldes y concejales son menores de 35 años. Menos mal que hicieron el corte el 35 y no en 30, como ocurre en casi todas sus mediciones, porque de lo contrario los resultados serían aun más tristes.  El partido con menos candidatos jóvenes en sus listas es RN, con un escuálido 4,09%, lo que habla muy mal de la tienda política del probable futuro presidente de Chile. Hasta los radicales tienen más jóvenes en competencia (4,77%). Los sigue de cerca el PDC (5,21%), confirmando que se trata de un partido viejo. En situación intermedia queda el PS (7,76%) y la UDI (8,72%), este último del cual se podría esperar más, dado el fuerte trabajo que realizan en las nuevas generaciones. La honrosa excepción es el PPD, el único que supera los dos dígitos (15% de sus candidatos están bajo los 35 años). En total es la Concertación la que ostenta mejor promedio en esta categoría: 8,12% frente a 6,23% de la Alianza. Malos números también muestra la oposición en materia de inclusión femenina en las cédulas de votación: Apenas un 15,82% de sus candidatos son mujeres. En cambio, la Concertación llega a un 25,85% de participación femenina en la oferta electoral, especialmente gracias al PS y al PPD, los únicos que aun sin ley de cuotas son capaces de asegurar a las mujeres presencias superiores al 30% en el voto, lo que contrasta con el minúsculo 10% que provee el PDC, por lejos el más pobre en esta categoría.

En síntesis, mientras en promedio un 7,18% de los candidatos tienen menos de 35 años, un 20,84% serán de género femenino. Otra manera de decirlo es que jóvenes y mujeres participarán poco y nada en las próximas elecciones municipales. Y en eso no hay razones para celebrar.

Links directos: http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/los_otros_numeros/

http://blog.latercera.cl/blog/cbellolio/entry/los_otros_n%C3%BAmeros

“Del Desalojo a la Nueva Teoría del Despojo” (Leonidas Montes)

octubre 24, 2008

 

A continuación columna publicada en La Segunda de ayer martes 23, que reproducimos por contener verdades del porte de un buque:

 

“Karl Popper, en La sociedad abierta y sus enemigos (1945), critica a Platón por concentrarse en la pregunta ¿quién debe gobernar? Para Popper, la pregunta relevante es ¿cómo gobernar? Y en su defensa de la democracia como la mejor forma de gobierno, destaca su gran ventaja: nos protege de los que pueden ocasionar daño. En otras palabras, la democracia nos permite deshacernos de los malos. Su punto es simple, pero muy relevante.

 

¿Fue el caso de Yasna Provoste un buen ejemplo de esta intuición popperiana?

 

El Congreso, nuestra instancia de representación democrática por excelencia, la destituyó de su cargo y le prohibió desempeñar funciones públicas por cinco años. Se le organizaron actos de desagravio. Planeó un retiro en un convento. Las cámaras la perseguían. Próceres de la Concertación realizaban airadas declaraciones. Y pese a que había olvidado su puntaje en la PAA, nos mantuvo al borde de ese abismo en que se confundía el mérito con la tontera.

Nuestra democracia funcionó. Hoy tenemos una ministra de Educación a la altura del cargo y de nuestra dañada tradición republicana.

 

Pero el hambre mediático es irresistible. Cuando la ministra Jiménez se esforzaba por hacer bien su pega, Provoste la criticaba públicamente. Y hace una semana nos volvió a sorprender: envió una demanda a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado de Chile. En definitiva, Yasna Provoste habría sufrido un atentado contra sus derechos humanos. Con impecable rigor político, argumenta que “abruptamente” fue privada de una vida “dedicada al servicio público”. Como si muchos chilenos pudieran elegir su trabajo y ganarse la vida como ministros, considera su caso como “una grave violación a mi derecho a trabajar, a elegir mi trabajo, y ganarme la vida con mi trabajo”. Al parecer, lo más doloroso es que fue despojada de su “derecho a ser elegida en un cargo popular”.

 

Pero de la sorpresa algunos pasamos al asombro. La Concertación y el gobierno reaccionaron apoyándola. Para Ricardo Lagos, “está ejerciendo los derechos que ella tiene, porque creo que la forma en que actuó el Parlamento fue inadecuada”. O sea, nuestras instituciones democráticas funcionan, pero cuando nos conviene. El líder del PPD, Pepe Auth, fue más honesto: “En su lugar hubiera hecho lo mismo”. Y Soledad Alvear naturalmente solidarizó: “Comparto la decisión que tomó”.

 

Esta vez el vocero Vidal fue prudente: “Es el ejercicio, por parte de una chilena, de un derecho que está consagrado en tratados internacionales”. En cambio Viera-Gallo descolló. Para él, Provoste “sufrió un despojo injustificado de sus derechos políticos, y tiene todo el derecho a demandarlos”. Pareciera que el ministro no entendió que es una demanda contra el Estado de Chile, no contra el Congreso.

Provoste habría sido “despojada”. Como despojar es “privar a alguien de lo que goza y tiene”, esta nueva y original tesis del despojo de Viera-Gallo supera con creces la tesis del desalojo de Allamand. Ya no es el miedo al “desalojo”, a dejar el poder. Es el temor al “despojo”, a dejar de gozar lo que se tiene. Si el desalojo tenía un sentido político, el despojo tiene una connotación material.

Al apoyar esta demanda ante un tribunal internacional de derechos humanos, la Concertación cometió un grave error político. Ha sentado un precedente: los derechos humanos ya no son lo que eran. Hoy podrían interpretarse como el derecho a ejercer cargos públicos.

 

Y el gobierno ha sido irresponsable. El Estado es de todos los chilenos. Respetar el Estado de Derecho propio de nuestra democracia no sólo es un deber de ciudadanos, sino también de políticos y ministros. ¿Será el Consejo de Defensa del Estado el que nos defienda de esta tesis del despojo? Ojalá, para que así prevalezca la intuición de Popper.”

LA NECESIDAD DE UN SENTIDO HISTÓRICO

octubre 21, 2008

A continuación transcribimos la columna de opinión publicada en La Tercera el pasado jueves 16 de octubre, firmada por Cristóbal Bellolio como Director de Estudios de Independientes en Red

Si el filósofo alemán W.F. Hegel hubiera presenciado las recientes décadas de nuestro país, probablemente habría dicho que su teoría sobre la dialéctica histórica se ajusta a la perfección. En efecto, los tiempos de la Unidad Popular encarnan todos los anhelos de justicia y reivindicación social que entusiasmaron a toda una generación de chilenos, confiados en la posibilidad de construir un hombre nuevo, capaces de torcer el curso de la humanidad sobre la tierra. Pero toda tesis tiene una antítesis. De esa forma el Régimen Militar marcó a fuego nuestra larga y angosta faja de tierra con una doctrina que promovía la libertad económica, fomentaba el emprendimiento individual y aseguraba el orden público desmovilizando a las fuerzas políticas, tan vivas años atrás. Tesis y antítesis fueron superadas por una nueva etapa histórica, capaz de incorporar lo más llamativo (y lo mejor) de las anteriores. La Concertación puede decir con propiedad que la suya es una verdadera era en la historia política chilena, caracterizada por la promesa de crecimiento con igualdad  y paz social. Pero la síntesis hegeliana no significa el fin de la historia. Debe y puede ser superada a su vez por una nueva etapa, que sea capaz de construir desde su legado y no contra él. ¿Son los hombres de la Alianza los llamados a encabezar la fase que viene? ¿Qué aspectos centrales la diferenciarían de la etapa anterior? ¿Qué misión los espera?

Más allá de la expectante posición de Sebastián Piñera en la encuestas, la oposición debe contestar una pregunta trascendental: Si su arribo a La Moneda constituirá el momento fundacional de una nueva era, o bien sólo aspirarán a satisfacer las ansias de una generación que está a punto de ser retirada de la vida pública por incompetencia política. Dicho de otro modo, si con la alternancia podremos inaugurar una etapa en la cual los millones de chilenos que no participamos del odio y la revancha nos podremos sentir protagonistas de nuestro propio tiempo, o será sólo un cambio de personal en la administración pública con acento en la eficiencia y el pragmatismo, sin relato ni discurso político.

En esta línea, la lección de Obama (una vez más) es acerca de la importancia de revestir de sentido histórico a las encrucijadas políticas. Una nación profundamente dividida como se encuentra actualmente la estadounidense necesita de una fase distinta, capaz de superar la anterior. Y el candidato demócrata sabe que no puede hacerlo con aquellos que aun respiran el aire enrarecido del resentimiento político. Necesita aliados limpios. Y qué mejor aliado que la juventud.

Del mismo modo en Chile, cualquiera que quiera sentar las bases del futuro, debe apelar a las nuevas generaciones. Más allá de su escuálido peso en el padrón electoral (es evidente que para ningún partido o candidato es rentable orientar su mensaje hacia personas que no son clientes del mercado político), la apelación a los jóvenes de Chile puede tener efectos trascendentes.

El realismo político indica que seguramente los partidos de la Alianza se repartirán el botín con una lógica similar a la que actualmente utiliza el oficialismo, y demostrarán su “apertura” sentando en la mesa de las negociaciones a Adolfo Zaldívar y Fernando Flores. En el fondo, más de lo mismo. Pero si cruzan el río de lo esperable y se aventuran con valentía en los profundos caminos de la osadía política, con reales intenciones de cerrar un episodio para abrir una nueva etapa de nuestra historia, la primera tarea es construir un discurso que interpele a la juventud a hacerse cargo de Chile. ¿Rentabilidad electoral? Dudosa. ¿Trascendencia en caso de éxito? Asegurada.

Link directo: http://blog.latercera.cl/blog/cbellolio/entry/la_necesidad_de_un_sentido

LA TRANSICIÓN CHILENA MIRADA DESDE AFUERA

octubre 19, 2008

por Daniel Brieba

Hace unos días, en una actividad del Departamento de Cs. Políticas de la Universidad de Oxford, me puse a conversar con otro compañero que, al igual que yo, viene recién llegando al programa de doctorado. De inmediato me preguntó por Chile y por su política, y en particular por la dictadura (fuera de Chile nadie le dice “el Gobierno Militar”). Me impresionó su nivel de conocimiento del caso chileno, dado que este personaje es albanés, y yo al menos de Albania sé poco y nada. Algo me preguntó por los años de Allende, pero lo que más le llamó la atención fueron los detalles que le conté sobre la transición chilena- cómo a comienzos de los ’80 la DC y el PS forjaron una alianza política y coordinaron la oposición, cómo algunos personajes políticos volvieron a Chile con permiso del régimen y otros igual volvieron aun sin tener garantías, cómo la propia Constitución de 1980 establecía el mecanismo institucional a seguir incluyendo un plebiscito revocatorio en 1988, etc. Le llamó mucho la atención la naturaleza de la negociación política involucrada, en que la oposición renunció a la vía armada a cambio de un compromiso del régimen militar de respetar los mecanismos institucionales que él mismo había diseñado, incluyendo el plebiscito. Pero lo que más le costaba entender era que siquiera se hubiesen producido conversaciones entre la Junta y la oposición- ¿Y Pinochet dejó en libertad a los líderes de la oposición? ¿Conversó con ellos? ¿Dejó que se organizaran? Y claro, yo le respondía que no fue tan así la cosa, que muchos líderes de la oposición corrieron riesgo personal en varios momentos, que no había precisamente garantías jurídicas a la libertad de asociación, que a un destacado líder lo metieron a la cárcel después del atentado a Pinochet en 1986, que las conversaciones entre los bandos fueron muchas veces indirectas, etc., pero que, al fin y al cabo, sí había habido oposición organizada y sí habían habido eventualmente negociaciones políticas formales. Su impresión con la historia sólo se reforzó cuando le conté que la dictadura había aceptado sin chistar su derrota en el plebiscito y se había ido 15 meses después.

 

A nosotros esta historia nos es tan conocida que no llama la atención. Pero a ojos del resto del mundo, la forma en que la dictadura llegó a su fin es profundamente sorprendente. Las dictaduras normalmente se van cuando colapsa su estructura de apoyo, es decir, la alianza específica de intereses que los mantenía en el poder. Generalmente esto sucede tras una crisis económica, la muerte del líder o una derrota militar (como en Argentina). En cambio, una transición pactada y gobernada por mecanismos constitucionales preestablecidos es un acontecimiento sumamente raro. Le sugerí a mi amigo albanés que quizás esta particularidad se había debido a la fortaleza de nuestra institucionalidad democrática anterior, que nos había legado partidos estables y con identidades fuertes, una tradición republicana relativamente apegada al cumplimiento del Estado de Derecho, y a una sociedad civil aun acostumbrada (a pesar de todo) a vivir en democracia, de tal forma que cuando Pinochet y una parte del ejército (según lo reporteado por La Tercera hace unas semanas en su artículo recordando los 20 años del plebiscito) quisieron desconocer el resultado del 5 de octubre, quedó claro que ni las otras ramas del Ejército ni los civiles en el gobierno estaban dispuestos a acompañarlos. Los resultados del proceso eleccionario que la misma dictadura había diseñado simplemente no podían ser ignorados sin destrozar al mismo tiempo las bases de la legitimidad del régimen a los ojos de sus propios partidarios.

 

No pretendo con esto sugerir que la dictadura no fue brutal ni que las atrocidades que se cometieron pueden ser absueltas por un acto final de redención en la entrega semi- voluntaria del poder. Los crímenes de lesa humanidad no pueden ser compensados con otros actos, ni mucho menos con el argumento del crecimiento económico que a veces se esgrime, como si nuestro bienestar material o incluso la reducción de la pobreza fueran moralmente equivalentes a la tortura y ejecución de individuos “indeseables” para un régimen. En esto, el liberalismo político es claro: argumentos utilitaristas no pueden nunca pasar por arriba de los derechos fundamentales de las personas, porque como dice Rawls, el hacerlo supondría tratar a los seres humanos como medios (es decir, sacrificables a un fin superior) y no como fines en sí mismos. Pero nada de esto le quita ni le pone a la observación, puramente empírica, de que la transición chilena fue literalmente excepcional. Ni tampoco afecta la observación, esta más evaluativa, de que hay mucho por lo cual estar agradecido en la forma en que partidarios y opositores al régimen llevaron a cabo la transición. Al privilegiar la paz por sobre la violencia política y al cumplir de lado y lado las promesas mutuas hechas en los difíciles años ‘80, sentaron las bases de confianza mutua y legitimidad institucional que nos han dado casi 20 años de progreso económico y social sin precedentes.

 

Después de la larga conversación sobre Chile, quise corresponder y le pregunté a mi compañero cómo había sido la transición en Albania (que fue gobernada por Enver Hoxha por más de 35 años, hasta 1985). No me quiso contar mucho- sólo se rió amargamente y me dijo, “bueno, ciertamente no hubo ‘conversaciones con la oposición’. La oposición estaba 6 pies bajo tierra”.

 

Me di cuenta que estaba recién llegado a Oxford, pero que ya había tenido mi primera lección en política comparada.

LAS OPORTUNIDADES DE LA POLÍTICA 2.0

octubre 16, 2008

Transcribimos columna de opinión (texto original) de Cristóbal Bellolio publicada en la sección Ideas de La Segunda del miércoles 15 de octubre, día glorioso que quedará en la retina de los chilenos:

 

“Ad portas de la elección municipal y las elecciones presidenciales norteamericanas, cabe preguntar si el denominado fenómeno de la Web 2.0 ha modificado realmente el discurso y las formas de comunicación políticas. Mucho se ha escrito hasta hoy acerca de cómo el viejo modelo de Internet 1.0 (donde uno habla y los demás escuchan) ha sido reemplazado por una conversación horizontal en la red. En el ámbito de la discusión política, las ventajas para el ciudadano común son evidentes: La relación es menos jerárquica y más fluida en su desarrollo, expone a los actores a un control que aumenta los grados de cercanía y autenticidad, y genera comunidades donde aumenta el sentimiento de pertenencia e identificación. No son pocos los que ven en estas herramientas de la tecnología una verdadera ventana de oportunidades para avanzar (por fin) a la tan manoseada “nueva manera de hacer política”. Si somos capaces de comprender las potencialidades del instrumento, no como mera técnica frente al teclado sino como desafío adaptativo a nuestra manera de comunicarnos, quizás logremos salvar en parte el profundo divorcio entre la ciudadanía y la clase política.

En este sentido, el ejemplo de Obama en EEUU es seguramente el más llamativo, aunque se trata de la culminación de un largo proceso que se inició a fines de la década de los ’90 en la red de blogueros del Partido Demócrata. No es casualidad entonces que las nuevas generaciones, familiarizadas con la tecnología, sean más receptivas a su mensaje, más allá del contenido sustantivo del mismo. Su record de donaciones online tiene a muchos políticos pensando seriamente en una fuente alternativa de financiamiento de campañas. Pero como era de esperarse, se instaló el debate sobre si el candidato demócrata estaba sinceramente internalizado de esta nueva lógica (que para sus promotores es casi una forma de vida) o lo utilizaba oportunistamente como un vehículo más de proselitismo.

En Chile pareciera que los políticos que entienden del tema son pocos. Por lo mismo las iniciativas más significativas en este ámbito provienen del mundo de las organizaciones de difusión tecnológica o de participación ciudadana. A los esfuerzos de País Digital y sus aliados (www.tueliges.cl), se sumó Independientes en Red con su proyecto “Por Quién Voto Yo” (www.porquienvotoyo.com), que consiste en ofrecer a la ciudadanía un espacio para que, a través de videos caseros grabados con cualquier medio disponible, pregunten a sus respectivos candidatos a alcalde acerca de los temas que más los inquietan. No hay preferencias ni sesgos ideológicos, las reglas son iguales para todos. Los candidatos deben responder por la misma vía, y el que no lo hace, sencillamente pierde la oportunidad de dar a conocer sus planteamientos. Y créannos que ha sido bastante difícil motivarlos a contestar, ya sea porque desconocen las posibilidades de la Política 2.0 o derechamente porque sus equipos son negados técnicamente. La diferencia de esta iniciativa con otras similares es que aquí los temas los pone la gente, y los políticos deben ajustarse a esa agenda, sin mencionar la simpleza con la que opera el sitio (sin exigir claves ni registros de adherentes). En definitiva, se trata de un esfuerzo más en la dirección correcta: Entregarle a las personas más y mejores elementos de juicio para participar en el debate público, contribuyendo de esta manera a mejorar la calidad de nuestra política”.

Link directo al artículo:

http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2008/10/15/las-oportunidades-de-la-politi.asp

 

 

“Póker y Primarias” (por Pablo Fernández)

octubre 15, 2008

 

Cada cierto tiempo nos reunimos con un grupo de amigos a tomarnos unas cervezas y jugar póker. Y conforme avanza la noche (y las cervezas), va subiendo el ánimo de los participantes, el monto de las apuestas y la emoción del juego.

En general, siempre gana el que tiene la mejor mano. Después de sucesivas apuestas, se llega al final en que todos los contendores son obligados a mostrar lo que tienen. Pero el póker tiene la particularidad de que es posible ganar sin tener nada en la mano, arte comúnmente conocido como “blufear”. Para eso se necesita tener nervios de acero y poner “cara de póker”; o sea pretender que se tienen cartas altas, llamando la atención, pero sin sobreactuar. Uno se queda con el pozo, pero nunca muestra lo que tenía en la mano.

A punto de lanzarse (o ya lanzada, desde donde uno quiera mirarlo) la carrera presidencial, tenemos a varios mirando para el lado con cara de póker. Sostienen sus cartas sobre la mano, miran al contrario, cuentas las fichas que tienen en su poder… parece que todos quieren lanzar sus apuestas con ánimo de asustar a los demás y quedarse con la mano sin mostrar las cartas. Así posiblemente lleguemos a un candidato único, del que nadie sepa qué cartas (proyectos, programas, ideas) tenía, pero que puso la cara correcta y llamo la atención lo suficiente para ser nominado mediante las benditas y todopoderosas encuestas.

Mientras nuestros partidos (izquierda, derecha y centro) no entiendan que la única forma de levantar la política es darle espacio a los mejores, no vamos a tener los cambios que queremos. Y la única forma de que esos mejores se ganen el espacio es que puedan mostrar sus cartas, no que los juzguen por encuestas más o encuestas menos. En USA a principios de años lideraban las encuestas Giuliani y Clinton. Nueve meses después, primarias nacionales abiertas mediante (en las que el partido demócrata tuvo la mayor participación de su historia), tenemos a Obama y McCain compitiendo por la Presidencia. Eludir la competencia alegando que “genera divisiones internas”, “desgasta al partido” o “pone el peligro el objetivo final de llegar al poder”, es como querer andar en bicicleta sin “pelarse” las rodillas. Los caminos fáciles terminan dañando a la política, desmotivando a la gente ante los acuerdos de cuatro paredes, en pos de la “unidad del conglomerado”. Los más beneficiados con que Coloma compita con Lily Pérez son los votantes de la región que podrán elegir entre dos buenos candidatos. Lo mismo que los simpatizantes de la Concertación podrían ver cuanto pesan cada uno de los candidatos con primarias abiertas, campañas y debates de por miedo. El objetivo de los partidos no debería ser ganar o retener el poder, sino darles las mejores ofertas a los ciudadanos.

Aprendamos a competir, no le tengamos miedo. Los únicos beneficiados son los votantes, que tendrán una mayor amplitud de oportunidades para competir y la posibilidad real de descubrir quienes tienen póker de ases, y quienes blufean con un par de cuatros.

IGUAL O PEOR

octubre 13, 2008

Sencillito: La prensa política está a punto de caer a niveles aun peores que la propia actividad política. Me atrevo a decir que su nivel intelectual está hoy igual o incluso por debajo del pomposamente denominado “periodismo de espactáculo”, por no decir derechamente “sensacionalismo” o “farándula”. ¿En qué me baso? Esencialmente en la pobreza de sus contenidos. No me di cuenta ayer, por supuesto, vengo quejándome hace años, pero la lectura de los diarios estos últimos días fue demasiado esclarecedora. Partí con tercianas el jueves en la tarde cuando compré La Segunda y me encontré con la columna del ex inteligente Ignacio Walker, que comprueba que tener columnistas fijos es un error, porque escriben por obligación y sin una gota de inspiración. Pocas veces tienen algo realmente interesante que decir. Su “Nuevo Escenario Político”, aparte de ser una desencajada apología concertacionista, demuestra que ya no hay temas más relevantes en Chile que los puramente electorales. Fue un buen anticipo de lo que vendía: “Pérez Yoma y acusaciones de intervención: Somos políticos y no nos vamos a quedar encerrados aquí“, “DC y PS plantean voluntad y esfuerzo pero no compromiso por candidato único“, “Mesa del PPD se reunirá la próxima semana con directiva DC“, “Diputado Díaz (PS) rechaza posibilidad de subpacto parlamentario con la DC“, “Kast: Piñera tiene que ganarse el corazón popular de la UDI, es tema de años, no fácil“, “Fuerte discusión en Tribunal Supremo DC por padrón“… Eso es toda lo que tiene que decir la política chilena. El viernes el plato de fondo del mismo diario es “Encuesta presidencial post Lagos: Las cartas oficialistas frente a primaria, primera y segunda vuelta“, seguida de una columna en la misma triste onda de Eugenio Guzmán, y cómo no, Allamand: “La lista parlamentaria tiene que abrirse al PRI, ChilePrimero e Independientes“, “Señal de abuenamiento RN-UDI: Sorpresiva reunión de presidentes“, “Chadwick: Una competencia hostil dañará a Piñera“, “Alvear sobre candidato único: Cada día tiene su afán” y la más lamentable de todas, “Vidal a los pesimistas de la Concertación: Que salgan a la calle y hagan puerta a puerta“, con una fotografía superior del dignísimo ministro burlándose de la Alianza. ¿Alguna idea sobre el futuro de Chile? ¿Alguna propuesta sobre el modelo de desarrollo? ¿Algún nuevo actor interesante con un punto de vista original? ¿Mención a la pobreza, al medioambiente, al desempleo, o a cualquier tema de fondo? NADA. Eso no existe en la prensa política de hoy. Todo es un circo repugnante. Un ajedrez desvergonzado por el poder. Y me deprime profundamente.  

Compro La Tercera el domingo para leer algun reportaje con contenido. Pero el mismo cuerpo Reportajes titula: “Presidenciales 2009: Por qué Lagos no se baja ni se sube; Lavín: Van a surgir los piñeristas-concertacionistas; Encuesta: Piñera se fortalece y Alvear cae a su pero nivel“. El análisis que sigue (genialidad de Lavín aparte) está repleto de lo mismo que leemos siempre: Obviedades y lugares comunes. Y no sólo eso, los más importantes programas de televisión políticos tienen el día domingo a Evelyn Mathei y Eduardo Frei Ruiz Tagle. La primera sostiene que en la Alianza “cualquiera le puede ganar a Piñera” (¡por Dios, en qué mundo vive!) y el segundo perfecciona el arte de hablar sin decir absolutamente nada (pero siempre recalcando que “ha sido muy claro”). Realmente impresionante. Pero los lunes se puede empezar de nuevo, me digo al levantarme… tomo el diario con desconfianza… leo sus primeras líneas políticas “Diputados oficialistas presionan para que Lagos no baje su candid…” No puedo más, renuncio a leer. Me puedo quedar más idiota de lo que ya soy.

DON’T VOTE

octubre 10, 2008

Terminando la mejor semana histórica de “Política para Principiantes”, nos despedimos con un video que refleja el compromiso político de los artistas en EEUU. Mi consejero y compañero de labores Emilio Urriola me comentó hace unos días la escasa participación del denominado “mundo de la cultura” en la política chilena, a raíz de las sinceras declaraciones de Elijah Wood (claro, Frodo) a favor de Barack Obama. Hace unos meses mostramos en este mismo espacio el tema que le dedicó Will I. Am (Black Eyes Peas) al candidato demócrata (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2008/07/28/yes-we-can/), lo mismo que la adhesión pública que le manifestó nada menos que Bob Dylan (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2008/06/12/rock-politica/). No se trata sólo de Obama, por supuesto, el punto es que todos ellos son capaces de manifestar abiertamente sus convicciones políticas e incluso de movilizar a la ciudadanía desde la tribuna que ostentan. Es cierto que en Chile también aparecen los rostros de teleserie en las campañas de la Concertación y que Myriam Hernández cantó en los actos de Lavín, pero pareciera que se trata de hitos reactivos, donde basta salir en la foto. Para qué hablar de las bandas que asisten año tras año a los homenajes de Allende… ¿No debería Denisse Malebrán tomar las banderas de algún político con futuro?

Quizás me estoy poniendo marxista, pensando que el rol del artista es transformar la realidad, abandonando la concepción burguesa de la cultura como un lujo o producto de consumo. Quizás es la nostalgia por Frida y Diego Rivera. Quizás es poco realista pensar en artistas activistas, en un país caracterizado por el chaqueteo y el pelambre. Quizás sea mejor y más seguro para cuidar la pega, quedarse piola. Lo cierto es que me deprimo cuando veo que todos los matinales de Chile pierden preciosos minutos entrevistando al oligofrénico de Edmundo en vez de estar transmitiendo mensajes de algún contenido. Quizás estoy escribiendo de más.

Les dejo este video de una campaña gringa que incentiva no sólo el voto (independiente de quien sea el beneficiario de ese voto), sino además la inscripción en los registros electorales. No tiene mucho sentido ahora para nosotros: Nuestro singular sistema no permite que ninguna persona se inscriba para ejercer su derecho político hasta antes de 90 días de la próxima elección. Eso significa que si no estás inscrito y este video te motivó, tendrás que esperar a marzo del 2009.