UNA ADVERTENCIA PARA LA ALIANZA

 

por Daniel Brieba

 

La Alianza ha festejado los resultados de la elección municipal como un verdadero triunfo. Y desde muchos puntos de vista, tienen razón de hacerlo: por primera vez desde 1990 pueden decir que ‘ganaron’ una elección, ya que sacaron más votos para alcalde que la Concertación y gobernarán a más gente que ésta. Crucialmente, ganaron la gran mayoría de las capitales regionales y de las comunas más populosas de Chile, lo cual proyecta una imagen de potencia territorial y popular como nunca antes. Y sobre todo, al ganar casi todas las batallas simbólicas (como Santiago) y conquistar sorpresivamente comunas que parecían seguras en manos de la Concertación (Valparaíso, Rancagua, Cerro Navia, etc.), se adjudicaron el triunfo más importante de todos, el impulso anímico y moral que infla el pecho de las huestes propias y que desmoraliza al contrario. La prensa nacional e internacional ratificó esta sensación al reportear que la Alianza efectivamente ‘ganó’ estas elecciones.

 

Sin poner en duda el mérito de los logros de la Alianza, es imprescindible que ésta no se deje llevar por la euforia ni por las celebraciones “con parrilladas y vino tinto” (como acaba de reportear La Tercera) y que todos analicemos con cuidado los resultados de esta elección. Por de pronto, sugiero que hay tres datos que debieran llevar a los partidos, a la prensa y a nosotros mismos a una mirada más prudente de los resultados:

 

1. En términos de votos, más que una victoria de la Alianza hay una derrota de la Concertación.

 

Electoralmente hablando, los números son claros. La votación en alcaldes de la Concertación cayó más de un 6% desde 2004 (de 44,8% a 38,5%), mientras que la de la Alianza creció menos de 2% (de 38,7% a 40,6%). En concejales, en tanto, la Concertación pierde cerca del 3% (47,9% a 45,2%) mientras la Alianza también cae, desde un 37,7% a un 36%. La diferencia en ninguno de los casos se la llevó la izquierda, que se mantuvo bastante estable tanto en alcaldes como concejales, ni los independientes fuera de pacto (que sólo crecen de 9,6% a 10,2% en alcaldes y caen de 3,9% a 1,6% en concejales); no, los verdaderos ganadores de esta elección son los descolgados, “independientes” y militantes del PRI agrupados en Chile Limpio, que obtuvieron un 4% en alcaldes y 7,6% en concejales. Si bien en estricto rigor no podemos saber si estos votos se los ‘quitó’ a la Alianza o a la Concertación, sabemos que la mayor parte de los descolgados vienen del mundo concertacionista, por lo que es razonable suponer que la presencia de esta lista perjudicó más a la coalición gobernante.

 

2. El sistema electoral jugó un rol crucial en magnificar los cambios relativamente menores en los votos.

 

El resultado electoral a nivel de alcaldes se dio porque, en un sistema electoral donde gana ‘el que llega primero’ (el que tiene más votos), pequeños cambios en las fuerzas relativas y/o la presencia de terceras fuerzas, incluso muy pequeñas, pueden generar dramáticos cambios en los resultados. En otras palabras, es sabido que este sistema no es independiente de la existencia de terceros candidatos ‘irrelevantes’ (en el sentido de que no tienen posibilidad realista de salir y sin embargo igual se presentan)- como el PC y el PRI en la gran mayoría de las comunas. Si a la Concertación ya la ‘perjudica’ que exista el PC, la aparición del PRI potenció su problema y le permitió a la Alianza ganar comunas donde no son mayoría. De esta forma, un crecimiento de 2% en su votación le bastó a la Alianza para pasar de 104 a 142 alcaldes- es decir, un crecimiento de 37%.

 

Por ello, hay que tener mucho cuidado en interpretar esta elección como reflejando un cambio amplio en las preferencias del electorado. Más que un cambio sistemático de tendencia a favor de la Alianza, lo que se advierte es que factores más bien menores, como el 4% de Chile Limpio, la existencia de descolgados concertacionistas en ciudades claves y acaso la mejor selección de candidatos de la Alianza, se juntaron para hacer crecer a la Alianza y erosionar el voto de la Concertación sin que de ello se desprenda necesariamente un traspaso de las preferencias de cierta parte del electorado concertacionista hacia aquélla. Y en la medida en que sí lo haya, es en una magnitud muy inferior a lo que el cambio en la posesión de alcaldías podría sugerir.

 

3. La Concertación sigue siendo la mayoría política del país y la Alianza casi no recortó la diferencia preexistente.

 

La elección de concejales es la que mejor refleja las preferencias político-partidistas del electorado ya que, a pesar de la personalización del voto (especialmente en las comunas pequeñas), la existencia de muchos candidatos por comuna y la presencia a nivel nacional de todos los partidos tiende a anular estadísticamente la influencia de caudillismos locales. Y en esta elección, la Concertación la sacó 9 puntos porcentuales a la Alianza. Esto es una diferencia importante, y muy similar a los 10 puntos de ventaja obtenidos en 2004. (La influencia en este resultado de la ‘estrategia Auth’ de llevar dos listas de concejales no está clara y el debate está abierto, pero creo que jugó un rol más bien marginal cuyo mayor efecto fue redistributivo al interior de la coalición, al terminar con el ‘subsidio’ a la DC). Sea como fuere, el hecho de que el PRI y sus aliados hayan sacado un 7,5% mientras la Alianza fue incapaz de crecer (y de hecho cae un 1,5%) muestra que ésta aun está lejos de construir una nueva mayoría política en el país. El descontento con la Concertación simplemente no se traduce en más votos aliancistas, y sin éstos no se advierte cómo ésta podrá construir una nueva mayoría con la cual gobernar- especialmente dada la porfía de la Alianza en negarse a abrir el padrón electoral a los jóvenes. El tema no es menor: el porcentaje obtenido por la Alianza en la elección de concejales el 2004 en cada comuna tuvo una muy alta correlación con el porcentaje obtenido al año siguiente en esa misma comuna en la segunda vuelta presidencial, siendo un mucho mejor predictor para estos efectos que los resultados a nivel de alcaldes. Por ello, los éxitos edilicios no debieran encandilar a los dirigentes de la Alianza: ante la cuasi inmovilidad de su apoyo político subyacente, las posibilidades presidenciales del sector siguen dependiendo de los atributos personales de Piñera.

 

 

Una respuesta to “UNA ADVERTENCIA PARA LA ALIANZA”

  1. Aquiles Hernández Says:

    Tan pateticos como cuando alguien celebra que los del equipo rival perdieron el partido. Razonable si, pero no deja de ser un acto patetico el no celebrar triunfos propios sino que derrotas ajenas.

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