Archive for 28 noviembre 2008

DEL “SE PUEDE” AL “YES WE CAN”

noviembre 28, 2008

 

por Cristóbal Bellolio (publicada hoy en www.latercera.com)

Llamó la atención que Sebastián Piñera terminara su exposición de ayer en Enade con el “Yes We Can” que utilizó como eslogan Barack Obama en Estados Unidos, sobre una foto en la cual el presidenciable RN hacía su ingreso a La Moneda. ¿Cuál es el parecido entre ambas campañas? ¿Cuánto tiene Piñera de Obama?

Tres años atrás, el empresario usó una frase muy similar: “Con Piñera, se puede”. Pegajosa se colaba en los jingles y adornaba las banderas. Pero toda la campaña giró en torno a los atributos del candidato. Se trataba del mejor alumno en el colegio, del mejor alumno en la universidad y del mejor senador en el Congreso. Daba la sensación de que era sólo Piñera el que “podía”, pero había pocas alusiones al resto de los chilenos. ¿Ellos también podían?

De modo diametralmente opuesto, el “Yes We Can” de Obama fue leído por la ciudadanía como una invitación genuina a formar parte de un colectivo, donde el “nosotros” jugaba un rol preponderante. Sí se puede, pero cuando lo hacemos juntos. Cada uno tiene derecho a explorar su propio camino, pero existen valores comunitarios que trascienden la individualidad de los proyectos y que generalmente son inmateriales.

Entonces, el principal desafío de Sebastián Piñera en su próxima aventura electoral es encarnar las aspiraciones comunes de una sociedad que se encuentra algo desorientada respecto de su identidad, y no limitarse a elaborar una lista de políticas públicas por muy geniales que éstas sean. En esta tarea es esencial que sea capaz de identificar, como Obama, al segmento más hambriento de sentido. En nuestro país las nuevas generaciones no se sienten representadas por una línea de división política trazada 20 años atrás. Y están esperando su propio tiempo, su propia épica, su propia mística. Piñera tiene un potencial aliado que parece dormido, apático e indiferente. Lo mismo decían en Estados Unidos, y hoy nadie desconoce que la juventud fue determinante en el triunfo del primer presidente afroamericano de su historia. La convocatoria en plural es más fértil en aquellos para quienes no existe el Chile de Allende ni el Chile de Pinochet, sino un largo y profundo Chile que nos pertenece a todos. Para seducir, motivar y movilizarlos, Piñera debe transmitir su intención de iniciar una nueva etapa con ellos como protagonistas de una verdadera refundación política en nuestro país. Codo a codo, hombro con hombro, en la construcción del futuro. La actual generación en el poder ya no cumplió la promesa del desarrollo. La esperanza reside ahora en los que vienen detrás. Los votos que necesita no están en la Enade. Están en los patios de las universidades, en los bares, en las calles.

La recomendación es abandonar el “se puede” por un auténtico “Yes We Can”. Y cuando es puro marketing, se nota. Llegó la hora de creerse el cuento.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/del_se_puede_al_yes

¿DE QUÉ IZQUIERDA ME HABLAN?

noviembre 26, 2008

por Cristóbal Bellolio

Les dejo una columna publicada hoy en la portada de la nueva página web de La Tercera, que está despertando airadas pasiones en uno u otro sentido:

En el reciente paro de los funcionarios públicos hemos presenciado cómo la izquierda chilena ha abdicado de dos de sus valores históricamente más distintivos. El primero de ellos, la aspiración a la igualdad de todos los sectores productivos de la sociedad. El segundo, la protección de los derechos humanos por sobre cualquier consideración de lucro de los agentes económicos.

En efecto, en la discusión acerca del reajuste de las remuneraciones del sector público fue más importante defender los privilegios de un grupo determinado (amparados en la garantía de inamovilidad laboral de sus integrantes) que tomar conciencia acerca de la enorme brecha de ingresos que los separa de la gran mayoría de los chilenos. Aunque somos todos los que asumiremos las consecuencias de la crisis económica, son sólo algunos los que pueden utilizar tales medidas de presión para salvarse de la pérdida de poder adquisitivo. George Orwell lo sentenció en su célebre “Granja de los Animales”: Todos somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros. Por si fuera poco, el cerrado rechazo que provocó la idea de reajuste escalonado (donde los empleados fiscales que ganaban sobre un millón de pesos debían renunciar a algunos puntos en beneficio de los que ganaban menos de esa cantidad) es francamente incoherente desde la óptica del discurso redistributivo de la izquierda.

Por otra parte, quedó meridianamente claro que para las organizaciones de trabajadores, cercanas al pacto Juntos Podemos y al bloque progresista de la Concertación, la persecución del lucro es más importante que la protección de los derechos humanos de la ciudadanía. Ésta tuvo que asumir los costos de la paralización, pagando con el desmedro de su dignidad y en un par de casos extremos, con su propia vida. La supuesta vocación de servicio público quedó empañada y reducida a un mero cliché. Fue más importante pelear algunos pesos extra, hasta las últimas consecuencias, que atender los derechos y necesidades de parte importante de la población que sólo tiene acceso a las prestaciones públicas. ¿No es exactamente el mismo cuestionamiento histórico – moral que desde la izquierda se le achaca al Régimen Militar, esto es, haber privilegiado el crecimiento económico por sobre los derechos fundamentales de algunos chilenos?  

Nada de lo anteriormente expuesto tiene por objetivo deslegitimar las pretensiones de los empleados fiscales. Es natural que quieran aumentar o al menos conservar su capacidad de consumo. No pensamos que en nombre de ninguna superioridad moral tengan que soportar cargas mayores que aquellos que trabajan en el sector privado. Y sigue siendo tremendamente cierto que los problemas, vicios y dificultades que presenta el aparato estatal requieren de una cirugía radical y profunda.

Nuestra crítica apunta, en este episodio particular, hacia la pérdida de la médula valórica del pensamiento de izquierda, ese impulso de cambio casi visceral que se la juega por la igualdad sustantiva, la protección de los grupos más débiles y la supremacía irrestricta de los derechos de las personas. La misma crítica de inconsecuencia tendríamos que hacer si mañana los liberales se opusieran a la libre competencia, o los conservadores confiarán toda capacidad de transformación al Estado. Los autodenominados “representantes del pueblo” o de “los trabajadores” han optado por estrategias percibidas como egoístas por el grueso de la ciudadanía. Y viniendo de la izquierda, esa es una mancha difícil de limpiar.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/de_qu%C3%A9_izquierda_me_hablan

“Gerontocracia chilena” (por Sonia Jankelevich)

noviembre 25, 2008

Ignoro quién será la señora Jankelevic y por qué es voz autorizada en este tema, pero lo cierto es que su columna de opinión del cuerpo de Reportajes del Mercurio del domingo recién pasado es un buen refrito (y en eso tiene su mérito) de lo que venimos sosteniendo hace ya un par de años. Y que lo publique el diario más conservador de Chile, significa que la idea se ha posicionado en todos los sectores. Enhorabuena.

“Chile y la política envejecen, qué duda cabe. No sólo porque nacen menos niños y la expectativa de vida es mayor que antes, sino también porque a sus instituciones no entran el aire fresco, la renovación y la energía que suele acompañar a la juventud. ¿Sería posible que en Chile tuviéramos hoy un ministro de Hacienda de 31 años, como lo fue el ex senador Andrés Zaldívar durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva? ¿O como el senador Fernando Flores, quien, con menos de 30 años, ocupó las carteras de Economía, Hacienda y Secretaría General de la Presidencia durante el gobierno de Salvador Allende? No busquemos explicaciones diciendo que esto fue parte de una época, o que surgió como coletazo tras mayo de 1968, ni menos analicemos desempeños o resultados de gestión. No, no se trata de eso; como ejercicio, simplemente, pensemos en la posibilidad de que algo así sucediera hoy. Difícil, ¿no?

Para que ello ocurriera, nuestros partidos políticos y sus líderes deberían convencer a los chilenos -sobre todo a los jóvenes, quienes en su gran mayoría no están votando- de que no son simplemente una máquina endogámica montada y organizada para buscar y mantenerse en el poder. Probarles que dentro de ellos sí hay espacio para que todos -no sólo las cúpulas- puedan participar, soñar, proponer y actuar por el bien del país; que la expresión “darle tiraje a la chimenea” no es una mera frase para la galería ni se queda en el papel y los discursos, sino que se puede convertir en una realidad. El 34 por ciento de nuestros parlamentarios tienen entre 50 y 60 años, el 27% entre 40 y 50, y sólo el 8 por ciento es menor de 35 años, destacando como los más jóvenes los RN Karla Rubilar, con 30 años, y Joaquín Godoy, con 31. Curiosamente, nuestra Constitución permite que cualquier chileno mayor de 21 años pueda llegar al Congreso… Entonces, ¿en qué quedamos? Según datos del Instituto Nacional de la Juventud, de los candidatos a alcaldes y concejales en los recientes comicios, sólo el 7 por ciento de ellos eran menores de 35 años. Urge que soplen vientos de juventud en nuestra clase política, para darle una mayor legitimidad a nuestra democracia. Recordemos lo sucedido hace menos de un mes para las elecciones municipales, en las que la participación electoral de los jóvenes fue paupérrima (hoy representan sólo el 8 por ciento del padrón electoral), y lo será más aún salvo que, entre otras medidas, al menos logremos contar con inscripción automática y voto voluntario. Pero eso no es todo.

Al día de hoy estamos en la disyuntiva de elegir al próximo Presidente de Chile entre dos ex mandatarios, un ex ministro que batió record histórico por años de servicio (y no lo olvidemos, ministro de los mismos ex mandatarios candidatos), y un ex senador que ya le hizo un guiño a la presidencial anteriormente. ¿Esto no lo dice todo? Mientras los partidos de la Concertación se encuentran en plena batalla interna por el nombre de su abanderado, con intercambios epistolares y mails que van y vienen desde París y Washington, y la Alianza pareciera estar ad portas de enfrentar unida la presidencial con Sebastián Piñera como abanderado, aunque ya se están haciendo sentir los primeros corcoveos por las listas parlamentarias y el tema de ChilePrimero, ¿alguien ha visto, en medio de todo esto, propuestas concretas para enfrentar los innumerables desafíos que hoy se nos presentan? ¿Ideas que muevan a los ciudadanos de Chile -¡especialmente a los jóvenes!- a entusiasmarse e ir en apoyo decidido de ese líder, cuya visión de país fuera tan atractiva que los instara a seguirlo? ¿No estará la clase política, una vez más, fuera de sintonía con las reales necesidades de los chilenos, empantanada en sus pequeñas rencillas antes que ofreciendo un proyecto de país y a quien lo encarne? ¿No es un espectáculo lamentable para los chilenos ver en el ring a Carlos Larraín versus Lily Pérez, a Camilo Escalona versus Pepe Auth? Esto no hace más que refrendar la percepción ciudadana de que lo más importante para los partidos es cuidarse de un fracaso electoral, ir “a la segura”, en lugar de haber potenciado en estos años nuevos liderazgos, o escuchar a los jóvenes que no se han sentido atraídos hacia las urnas, o a la gente que sí se hizo oír en las elecciones municipales con mucha fuerza en su deseo de que muchos alcaldes “no se repitieran el plato”… Pero ahora de verdad.

En lo que se vislumbra como la primera lucecilla al final de este oscuro túnel, el diputado del PS Alfonso de Urresti está considerando elaborar un proyecto de ley que limite la edad máxima para presentarse como candidato a diputado y senador. Con una mano en el corazón, hay que reconocer que sería un gran paso adelante el que esto se concretara, para provocar la tan ansiada renovación de la política. No es que despreciemos la experiencia que dan los años ni que todos nuestros representantes en el Parlamento deban ser, como se dice en jerga futbolística, “sub” 40 o 30, pero, de verdad, pareciera que a nuestras autoridades, definitivamente no les ha atraído mucho la práctica de la renovación. Al menos, esa es la percepción reinante, si recordamos que tampoco existe un límite para las reelecciones en cargos públicos.

La otra luz de esperanza la encendió el diputado UDI Darío Paya, quien con 45 años de edad comunicó recientemente al presidente de su partido que no iría a la reelección tras 16 años en el Congreso. Todo un mérito y un ejemplo a seguir, por sus argumentos. Consultado sobre si lo había decidido porque “se aburrió”, respondió que “el Congreso nunca ha sido para entretenerse”… y que este paso lo considera “un desafío para la UDI y la política en general”. Imposible mejor explicación. Ojalá abra el camino hacia el esperado ajuste de la gerontocracia chilena.”

“Farkas for President” (por Patricio Navia)

noviembre 23, 2008

Columna publicada hoy domingo 23 de noviembre en Reportajes de La Tercera, con la cual me siento plenamente identificado:

“La irrupción de Leonardo Farkas en la arena de los presidenciables habla mucho más de las debilidades de los políticos chilenos que de las fortalezas de este pintoresco empresario.
Ayudado por bulliciosas apariciones públicas, donde reparte dinero a granel, Farkas se ha convertido en un objeto favorito de la farándula. Ya que muchos políticos ya han hecho cualquier cosa para lograr algunos segundos en televisión y portadas de diarios, mucha gente ahora pudiera creer que es normal que alguien haga el trayecto opuesto desde la farándula a la política.
Más que empresario, Farkas es más bien un bon vivant. No aparece en las páginas de negocios. Lo suyo está más en el espectáculo que en una vida de iniciativas emprendedoras que han generado riqueza y empleo. Es mucho más Paris Hilton, la polémica heredera de una fortuna empresaria hotelera, que Bill Gates, el fundador de Microsoft.
Aparentemente, Farkas pareciera querer ser filántropo. Pero en vez de establecer una fundación que entregue dinero en forma metódica y ordenada, Farkas regala billetes de forma pomposa e ineficiente. Esa dadivosidad requiere que la gente se convierta en limosneros ansiosos de ser beneficiarios de su discrecionalidad. La permanente presencia de cámaras convierte al rubio empresario en un showman y a sus improvisados mendigos en actores secundarios de un lamentable circo que sólo subraya las profundas desigualdades de nuestra sociedad.
Nadie se molesta en saber las posiciones políticas de Farkas. Por ejemplo, qué piensa sobre la reforma educacional, el Transantiago, la reforma electoral, el Plan Auge o la Ley de Presupuesto. En la encuesta de La Tercera, un 20% lo define como de izquierda. Otro 20% no sabe. Igual cantidad lo asocia con el centro. El doble de personas lo identifica con la derecha.

Es probable que nadie piense seriamente en votar por Farkas para Presidente. Después de todo, su grupo de apoyo en Facebook es un buen chiste, pero un chiste al fin. En circunstancias normales, Farkas sería la combinación perfecta entre showman y un improvisado filántropo. Pero la seriedad con que algunos se toman sus aparentes aspiraciones presidenciales refleja lo desacreditada que está hoy la política. Si los políticos se las dan de showmen, por qué no escoger de presidente entonces a un payaso de verdad.
Cuando cree que los médicos no saben curar enfermedades, la gente termina visitando a un chamán. La irrupción de Farkas es síntoma de la crisis profunda de nuestra elite política. Mucho más que incrédulas sonrisas, sus aspiraciones presidenciales debieran ser una clara advertencia de las turbulencias que se aproximan en la ruta de la democracia chilena.”

LA PARADOJA DEL SERVICIO PÚBLICO: UNA RESPUESTA Y UNA PROPUESTA

noviembre 21, 2008

por Daniel Brieba

1)      ¿Petición razonable?

 

Quiero partir por defender, al menos parcialmente, la posición de los funcionarios públicos. Creo que en el artículo anterior (de mi estimado coautor) y varios de los comentarios hechos a él, se despreció con suma ligereza su petición de reajuste. Lo curioso es que a diferencia de negociaciones anteriores, esta vez la petición era básicamente proteger su poder adquisitivo, y no de aumentarlo (el 14,5% era obviamente una estrategia pasada de tejo, no menos que el 5% de Hacienda). En efecto, con el 10% que aceptaron los gremios, han recuperado el poder adquisitivo que tenían el 2006, después de aceptar el 2007 un reajuste que fue inferior a la inflación de ese año. Por mientras, el país creció alrededor de un 9% en estos dos años, por lo que relativo a la riqueza media del país, su posición de hecho empeoró. Francamente, no me parece que sus peticiones hayan sido un despropósito ni de una ambición desmedida. ¿Que el resto de los mortales se tienen que bancar la inflación? Es una verdad a medias. Muchos sueldos sí se reajustan por IPC. Las negociaciones colectivas en muchas empresas partirán de esta base también. Y de los sueldos de profesionales bien educados no me preocupo, ya que ese grupo sigue teniendo un Chile un premio enorme por sus servicios y cuenta con un poder de negociación individual muy superior al de la gran masa de empleados y funcionarios chilenos, públicos o privados. Es verdad, si todos los sueldos se reajustan, se puede perpetuar el problema de la inflación; pero debido a que esta inflación fue fundamentalmente importada vía precio del petróleo y precios de alimentos, y ambas están en un fuerte declive por la crisis económica, es poco probable que los reajustes nos traigan problemas por este lado (sospecho que este cálculo fue el de Hacienda en auto-imponerse el tope de 10% de reajuste, muy superior a la inflación esperada del próximo año).

 

2)      ¿Métodos legítimos?

 

Que personas hayan quedado sin operaciones médicas, basura sin recoger o trámites fundamentales sin hacerse, sin duda que es un enorme costo social. Pero por otra parte, ¿es razonable que, por ley, todo el servicio público tenga prohibido hacer huelga? De hecho, es tan poco razonable, que caemos en la típica situación latinoamericana: una ley rígida que por eso mismo nadie cumple. Entonces por draconianos, quedamos en una situación peor: una ley que es letra muerta, todos los funcionarios en paro y el Estado entero inmovilizado. ¿No es tiempo ya de tener una ley que regule de manera más inteligente las relaciones laborales entre el Estado y sus funcionarios? ¿Qué institucionalice mecanismos de negociación, métodos de arbitraje, secuencias de propuestas y contrapropuestas, etc., y en última instancia, que permita pero a la vez regule espacios legítimos de huelga en el sector público, permitiendo así prohibirla de verdad y no sólo en el papel en ciertas áreas críticas? El esquema actual me parece profundamente antidemocrático (le prohíbe a un porcentaje significativo de chilenos hacer huelga) y además contraproducente, porque termina generando negociaciones al voleo, año a año, sin previsión, sin estabilidad, sin ninguna institucionalización ni reglas aceptadas por ambas partes, sujetas a ‘gallitos’ políticos entre el gobierno, el congreso y los funcionarios. Muy latino, pero poco moderno. Es hora de entender que los funcionarios públicos no son  monjes del Estado a nuestro servicio sino que gente normal con aspiraciones de mejorar sus condiciones de trabajo. ¿Qué sus demandas son excesivas, que su poder negociador es demasiado alto? Tiendo a estar de acuerdo, pero eso no es lo importante. Lo importante es generar reglas claras, estables y aceptadas por todas las partes sobre cómo se debieran manejar, conducir y resolver los legítimos conflictos de interés.

 

Por lo mismo: me parece sumamente cínico pedirle a los funcionarios públicos virtudes cívicas y republicanas que a nadie más se le piden. ¿Qué por estar en el ‘servicio público’ no tienen derecho a pensar en sí mismos? Por favor. Llenemos al Estado con santos de la Iglesia entonces. Nos pueden parecer legítimas o no sus demandas y sus métodos, y nos puede dar rabia que tengan tanto poder de negociación, pero, con una mano en el corazón, ¿quién de los que lee esto se comportaría distinto si trabajara en una empresa u organización con sindicatos poderosos y dispuestos a representarnos y defender nuestros intereses ante los dueños? Dejemos de exigirles a los funcionarios virtudes de abnegación que no nos pedimos ni a nosotros mismos: si yo no pido un aumento porque si lo hago me echan, entonces lo que me falta es poder, no es que me sobre disciplina moral. Los grupos con poder lo van a usar: lo que tenemos que ver es cómo limitamos ese poder a la vez que permitimos que sus demandas laborales, como las de todos los chilenos, tengan un cauce legítimo de expresión y un mecanismo institucionalizado de negociación donde resolverse.

 

 

3) ¿Y un mejor Estado, cuándo?

 

Una vez que se tienen reglas de negociación claras, quizás sea más fácil hacer esa gran negociación que a todos nos conviene, y que estuvo singularmente ausente del debate de estos días: aumentos significativos de poder adquisitivo para los funcionarios a cambio de la cooperación de éstos en todas aquellas áreas que se necesitan para tener un Estado de clase mundial: flexibilización del estatuto administrativo, evaluaciones de desempeño en serio (y no donde 9 de cada 10 es evaluado como ‘excelente’), aumento de la productividad, profundización radical de la meritocracia, y- lamentablemente- aumento de la desigualdad salarial al interior del Estado, para atraer a los mejores profesionales (los sueldos del personal no calificado, por el contrario, son más altos en el sector público que en el privado). Estas serían negociaciones complejas y multidimensionales, con áreas de trabajo y acuerdos a largo plazo, que requerirán socios responsables a ambos lados de la mesa. Hay que traer a los gremios del Estado a la mesa de negociación. También a representantes de la gran masa de funcionarios irregularmente a honorarios y a contrata que se beneficiarían con un estatuto administrativo más flexible, donde podrían ser incorporados. ¿Muy difícil? Quizás. Pero nuestro Estado se ha quedado atrás respecto al desarrollo económico y social del país; lo hemos visto hacer agua por todas partes en estos últimos años. Modernizarlo es sin duda una de las tareas más importantes de la política chilena de hoy. Y si hay algo que este paro volvió a demostrar, es que las actuales formas de relación y negociación al interior del Estado son una forma más de subdesarrollo, y que a menos que nos atrevamos a desafiar las lógicas de suma cero en las relaciones laborales, seguiremos estancados en él.

LA PARADOJA DEL “SERVICIO PÚBLICO”

noviembre 19, 2008

 por Cristóbal Bellolio

Los empleados fiscales están en paro desde hace unos días. A pesar de que la propia Constitución prohibe explícitamente la huelga del sector público, las diversas ramas de trabajadores del Estado no piensan en regresar a sus funciones de no mediar un suculento reajuste del 14,5% de sus salarios. En encendidas arengas, nos notifican que no serán ellos los que paguen los costos de la actual crisis económica. Los periódicos de izquierda señalan lo mismo: Los trabajadores no asumirán la responsabilidad por el despilfarro de los codiciosos operadores bursátiles. Dicho sea de paso, esos siniestros personajes ni siquieran están en nuestro país, por lo tanto resulta un tanto absurdo buscar chivos expiatorios en el empresariado chileno.

Hago la pregunta pertinente… ¿Y yo no soy un trabajador? Y usted, estimado lector, ¿no es también un trabajador? ¿No tenemos que levantarnos todas las mañanas a conseguir el pan de cada día? ¿Y dónde está nuestro reajuste proprocional? ¿O acaso nosotros (los del sector privado) no tenemos derecho a ello? Pero vaya paradoja, es precisamente el sector público el que no puede paralizar por la enorme importancia de sus labores. Si se botan a huelga los productores de helado, tendré que arreglármerlas sin comer helado. Pero si se botan a paro los consultorios, los profesores municipales y los funcionarios del registro civil, entre muchos otros, las consecuencias para la población son enormes. Y ese poder ha sido esgrimido como medida de presión, lo que constituye ante todo una estrategia profundamente antiética.

Siguiendo la línea, hoy leí una carta en un diario cuyo autor se cuestionaba el “espíritu de servicio” que debiera inflamar a la administración pública. Me hizo mucho sentido. No creo que los trabajadores del Estado ostenten un rango de superioridad moral ni mucho menos, pero sí estamos acostumbrados a escuchar cientos de discursos que ensalzan la vocación de servicio del sector público. De eso se ha visto poco y nada en estos días. Sólo veo un grupo de interés, con claros síntomas de haber sido infiltrado políticamente, que busca sacar la máxima ventaja posible en un conflicto en el que los más perjudicados son los chilenos más débiles.

Me ha llamado la atención también la reacción de los actores políticos. Mientras el gobierno lucha por ser responsable (desde Velasco hasta Andrade), varios diputadillos gozan echandole más leña al fuego. Y en la oposición… cri cri. No hay voces suficientemente potentes (y sobretodo, valientes), para explicarle al país lo que realmente está ocurriendo. Puede ser electoralmente contraproducente.

Por mientras, yo sigo pagando mis cuentas infladas. Mi sueldo sigue igual. Me saco la cresta y tengo claro que mientras mejor sea mi desempeño seré recompensado. No lloro ni pataleo si no obtengo exactamente lo que pido. Le pongo el pecho a la adversidad, como millones de chilenos, y sigo adelante. Cada vez que los veo en la calle con sus insoportables pitos y cara de jolgorio de fin de año, les grito: ¡Vuelvan a trabajar, pajeros!, a lo que suelen responderme con un rosario de improperios más gruesos. Al menos me doy cuenta que en tiempos difíciles todos tenemos que hacer un esfuerzo y apretarnos el cinturón, y que si la máquina de hacer plata quisiera dejarnos contentos a todos, la propia inflación se haría cargo de hacer pedazos nuestro poder adquisitivo. Y claro, no me puedo ir a paro: Tengo que cumplir responsabilidades con mucha gente. Pero pareciera que los trabajadores del Estado no.

PD: Solicito a quienes tengan una mirada distinta del conflicto, que por favor me ilustren para poder entender mejor este asunto, porque tal cual como está, sólo me sirve para acumular desconcierto ante el egoísmo insólito de la ANEF y sus aliados.

“Inscripción ahora” (Joaquín Fermandois)

noviembre 18, 2008

 

Aunque disentimos de su opción por el voto obligatorio, los dejamos con una columna del historiador Joaquín Fermandois publicada hoy martes 18 de noviembre en El Mercurio, que promueve abierta y enérgicamente la implementación de la inscripción automática de los mayores de edad en los registros electorales:

“Tras los comentarios de rigor, el alejamiento de la juventud de la práctica electoral no ha recibido la prioridad que merece. En las municipales de 1992, el padrón electoral comprendía al 30 por ciento de los menores de 30 años. Para las del 2008, había bajado al ocho por ciento. Alrededor de dos millones de jóvenes no están inscritos. Parece una tendencia imparable. Al final, quedará un cuerpo electoral tan reducido como el de la denominada “época oligárquica”, cuando un pequeño grupo dominaba la vida de un país que se sentía excluido. Se puede añadir que, al menos, hace 100 años había una genuina pasión por la política, aunque, por cierto, ésta no asumía todos los temas de la agenda actual.

El corolario forzoso de una situación como ésta será la exclusión de los jóvenes del interés por las cosas públicas, lo que tendrá consecuencias funestas para la sociedad chilena. Se cree que separando lo privado de lo público, cada uno podrá vivir “su propia vida” a la que tiene derecho. Pobre ilusión, que llevará a una situación catastrófica de la vida personal, privada o pública. En todo caso, sin participación proporcional de todas las generaciones envueltas no hay consolidación democrática.

No es que el acto de votar constituya la esencia de la vida republicana. Sólo es nada menos que un primer -aunque fundamental- peldaño, un inicio de socialización pública, una parte de la educación tanto escolar como aquella de la formación espontánea que es el debate público. Sin este cimiento, las instituciones y la vida pública se están yendo por el despeñadero.

En teoría, todos estamos de acuerdo en un paliativo, la inscripción automática. Me parece que existe una obligación moral de participar, y le añadiría el voto obligatorio. Reconozco que en estas circunstancias sería no sólo contraproducente, sino que provocativo para los menores de 30 años. No es que el automatismo vaya a producir un entusiasmo de participación. Sin embargo, todos nos hemos encontrado con jóvenes que por falta de tiempo (¿?) no se inscribieron, y que en las semanas previas a las elecciones lamentaban no tomar parte en ellas. Se trata de indiferencia, desidia, el conocido “malestar con la política”, el abandono de lo público, una enfermedad de la sociedad actual.

Los parlamentarios no muestran prisa por una reforma razonable que no obliga y sólo abre un espectro de oportunidades. ¿Por qué esta dejación? Es de sospechar que el ingreso masivo de los jóvenes puede provocar un terremoto político, inclinarse dramáticamente a un lado u otro, descompaginando toda previsión que ahora aparece razonable. Con este criterio de temor, el problema no irá sino agravándose.

No es que el temor sea infundado. Hasta 1973 se observaba que las mesas más juveniles tendían a favorecer a la izquierda, y esto es un fenómeno más o menos universal. No es algo absoluto, y en 1999 Lavín logró atraer una cuota significativa de simpatía juvenil. Pasaba lo mismo con las mujeres, que votaban de manera más conservadora (Jorge Alessandri ganó gracias a las mujeres en 1958; hubiera ganado en 1970 si sólo ellas hubiesen sido electores), aunque esta correlación tiende a disminuir muchas veces, y admite excepciones, como que en Estados Unidos las mujeres han votado más por la “izquierda”, es decir, por las posiciones “liberales”. Y en 1984, los jóvenes se pronunciaron masivamente por Ronald Reagan.

No es que haya que temer la abstención natural, que no se vaya a votar. Más bien, comencemos por dar una oportunidad de votar, aunque, por último, sea blanco o nulo. Los otros males que afectan a la política se deben recomponer con medios diferentes. Por eso, inscripción automática ahora.”

OBAMA DICE…

noviembre 16, 2008

por Cristóbal Bellolio (artículo publicado en Revista Capital N°241, edición del 14 al 27 de noviembre)

Hay pocas voces disidentes: La campaña de Barack Obama es la mejor que se ha visto en el mundo contemporáneo. Pero más allá del marketing y la construcción de la marca, es posible extraer lecciones políticas sustantivas  que adquieren enorme relevancia en el escenario chileno, después de digerir el resultado de las elecciones municipales recién pasadas y en la antesala de las presidenciales y parlamentarias del próximo año. Revisemos qué luces arroja el fenómeno Obama sobre lo que está ocurriendo en Chile, respecto de las transformaciones que deberían operar en cuanto a actitudes y estilos de hacer política.

1.       Savia nueva: El mayor capital político de Obama fue la credibilidad que proyectó su imagen de renovación. Cualquier otro avezado demócrata podría haber hecho suya la bandera del cambio después de 8 años republicanos, pero nadie podría haber encarnado mejor la idea de algo realmente nuevo. A propósito de la falta de experiencia que se le achacaba, recuerdo que el argentino León Giecco cantaba “queremos ya un presidente joven que ame la vida y que enfrente la muerte… menos mal, que nunca la tenga, experiencia de robar, menos mal que nunca la tenga, experiencia de mentir”. La frescura y la novedad fue asociada a valentía y a pasión, no a ineptitud para el cargo. Lo mismo ocurre en casi todos los rincones del planeta, donde una generación que oscila entre los 40 y los 50 años está asumiendo la conducción de sus naciones. En esta frecuencia, podría resultar francamente impresentable que en Chile la Concertación decida a su candidato presidencial en una primaria con los mismos protagonistas que ya tuvo 15 años atrás, habiendo sido ambos presidentes e incluso candidatos senatoriales en 1989. Respecto a la última elección municipal, podríamos concluir que sí se produjo una cierta renovación, pero paradójicamente ésta no vino de parte de la oferta de los partidos políticos (casi un 80% de los alcaldes en ejercicio fue a la reelección), sino de parte de la demanda del electorado (sólo se reeligió un 56,7% de los 275 alcaldes que buscaban un nuevo período), bajando sustantivamente la tasa de éxito en comparación al 2004.

 

2.       La juventud importa: Obama le habló especialmente a una generación estereotipada por su apatía y desapego a la política. Los invitó a soñar en un proyecto colectivo y los tensionó lo suficiente. Los convenció de que su voz “podía hacer la diferencia”. Y fue tremendamente efectivo: Los jóvenes se movilizaron, hicieron campaña, se inscribieron y votaron. En nuestro país las nuevas generaciones no participan en las elecciones. Si en 1988 representaban un 36% del padrón, hoy llegan apenas al 7%. Sólo uno de cada cinco chilenos menores de 30 años está inscrito en los registros electorales. Es decir, su peso político ha disminuido dramáticamente. El círculo vicioso es evidente: Los candidatos no le hablan a los jóvenes porque no votan y los jóvenes no votan porque los candidatos no orientan su discurso hacia ellos. Pero a nadie en la clase política parece inquietarle mucho el asunto. En la comodidad de sus asientos, los parlamentarios saben quiénes votan y prácticamente cómo votan en sus respectivos feudos. Nadie quiere agregarle incertidumbre al sistema. Es curioso en todo caso que Sebastián Piñera haya retrocedido ante la UDI en materia de inscripción automática y voto voluntario, sabiendo que de todos los precandidatos presidenciales, es él quien mayor sintonía tiene con el público juvenil. Parece bastante obvio que la Alianza necesita ventilar el padrón electoral, tomando en cuenta que el actual está envejecido y atado afectivamente al plebiscito del Sí y del No, que hasta ahora le ha dado siempre mayoría a la Concertación. En las pasadas elecciones municipales, RN fue el partido con menor presencia juvenil en las papeletas de votación: Apenas un 4% de sus candidatos a alcaldes y concejales tenían menos de 35 años.

 

3.       De abajo hacia arriba: No se trata sólo de nuevas tecnologías o de navegar por Internet. La Política 2.0 es un nuevo paradigma de comunicación y acción. El discurso ya no es unidireccional, donde el candidato habla y el elector escucha. Obama demostró que en la red la conversación es horizontal, dinámica y sin jerarquías. Esto no sólo potenció sus atributos de cercanía y autenticidad, sino además posibilitó la creación de comunidades virtuales y presenciales que articularon la campaña desde las propias bases. El marketing viral a través de sitios como youtube o facebook fue sencillamente demoledor ante la incapacidad de los republicanos de adaptarse a la nueva lógica. En Inglaterra, en cambio, fueron los conservadores de David Cameron los que dieron el primer golpe. La recomendación para Chile es que los partidos aprendan a perder el control de las campañas, ya que el mensaje siempre es mejor recibido cuando no tiene sabor a manipulación. Lamentablemente las iniciativas digitales que se montaron para las municipales fueron desaprovechadas por los candidatos de todos los colores políticos, salvo muy contadas honrosas excepciones.

 

4.       La humildad paga: Un año y medio atrás nadie apostaba por Obama. Era la tercera carta después de Hillary Clinton y John Edwards. Y se impuso contra todos los pronósticos. Generó una espiral de entusiasmo que se transformó en un vendaval incontenible, pero en ningún momento se dejó llevar por la soberbia. Nunca enfrentó la elección como carrera corrida. Contrasta lo anterior con la mueca socarrona de nuestro ministro vocero Francisco Vidal augurando una goleada “4 a 0” a favor de la Concertación en las municipales (que terminó prácticamente en empate 2 a 2), y con el tono de las campañas de los ex ministros Jaime Ravinet en Santiago y Álvaro García en Cerro Navia. El primero pensó que su sola estampa bastaría para alcanzar la victoria, y cuando se vio complicado llegó a declarar: “Ganar, aunque sea por un voto, sería muy importante para mí”. Craso error: Esto nunca se trata de lo importante para el candidato, sino de lo importante para la gente. Obama insistió hasta el cansancio en este punto: “Esto no se trata de mí, se trata de ustedes”. Por el contrario, Pablo Zalaquett se autodenominó “el Fabián Orellana” de la elección municipal, un chico que aparece de la nada e inyecta esperanza a todo un pueblo. En síntesis, el entusiasmo y las ganas derrotan a la majestuosidad y la arrogancia de quienes se sienten superiores. El consejo es evitar una guerra mundial de egos en la próxima presidencial.

 

5.       Compartir la responsabilidad: Probablemente influenciado por el modelo de liderazgo que se enseña en Harvard, Obama entendió que su rol era básicamente inspirar un cambio, pero jamás se comprometió a llevarlo a cabo por sí solo. Lo repitió en el discurso de la victoria: Para llegar donde queremos, es necesario que todos cambiemos nuestras conductas e incluso nuestra mentalidad; No podemos esperar que las soluciones vengan desde la autoridad, ya que todos somos responsables del éxito de esta empresa. No vaciló en exigirles a los ciudadanos norteamericanos un “renovado espíritu de servicio, sacrificio, patriotismo y responsabilidad”, con un interesante acento en “volver a preocuparse de los otros”. En relación a los difíciles desafíos que enfrenta actualmente EEUU (donde sobresale la crisis financiera y la guerra en medio oriente) Obama entiende que el verdadero líder no oculta los problemas sino que los pone sobre la mesa con total honestidad, generando ambientes contenedores para su discusión. ¿Cuántos políticos en Chile podrían asumir esta posición? Muy pocos, ya que electoralmente se trata de una estrategia riesgosa. La demagogia y el populismo son salidas fáciles. Más aun, en este país estamos acostumbrados a que ni los políticos asuman sus propias responsabilidades.

 

6.       Dotar de sentido histórico: Otra lección magistral de Obama fue convertir su campaña en una cruzada épica, galopando al encuentro del destino. En sucesivas ocasiones habló de iniciar un nuevo capítulo en la historia de EEUU, así como también de un “momento decisivo” para torcer el curso de la historia y abrir una etapa diferente con protagonistas distintos. En Chile, la última gesta política que se recuerda con romanticismo es la recuperación de la democracia. En estos 20 años nació y se desarrolló toda una nueva generación de chilenos que siente completamente ajena la mística fundacional de la Concertación. Sencillamente no es posible pedirles que compartan el fuego original, que hasta en sus próceres comienza a apagarse de tanto caminar en los pasillos del poder. La Alianza tiene la oportunidad de configurar un relato potente dirigido especialmente a aquellos que no cargan con la mochila emocional de los partidarios de Allende o Pinochet. Su candidato presidencial debe convencerlos de que se trata de “su” tiempo para “tomarse” Chile. No lo logrará si recurre a los mismos de siempre. La recomendación puede sonar cruel, pero se hace urgente jubilar a muchos que siguen identificados con etapas históricas pasadas.

 

7.       ¿Por dentro o por fuera?: Sería demasiado sostener que Obama es un outsider. Si bien es cierto que su postulación no fue maquinada desde los salones de Washington y que es probable que el establishment demócrata prefiriera otras alternativas, no podemos desconocer que compite dentro del sistema, representando a una de las dos fuerzas políticas tradicionales en la historia de EEUU. Desde este punto de vista, su fortaleza electoral no viene de su independencia partidista. Por lo mismo es importante leer acertadamente los resultados de nuestra municipal. Un sistema mayoritario permite que los candidatos independientes participen en igualdad de condiciones y con las mismas posibilidades de resultar electos que aquellos que representan a partidos políticos , lo que ocurrió precisamente en la elección de alcaldes, donde aquellos que corrieron fuera de pacto alcanzaron un porcentaje superior al 10,2% de la votación nacional, conquistando nada menos que 40 alcaldías. Fue distinto en el caso de los concejales, donde los candidatos independientes fuera de pacto apenas llegaron al 1,59%, debido en parte a la lógica del sistema proporcional que beneficia a los candidatos que corren dentro de las listas. Las proyecciones para el próximo año no pueden perder de vista ese detalle: El sistema binominal es un obstáculo prácticamente infranqueable para los quijotes de la política: Correr por fuera es casi un suicidio electoral. Pero eso no significa que no puedan afectar el resultado. Una aventura como la de Terrazas en Vitacura podría poner el riesgo el doblaje de la Alianza en el distrito 23. Casos similares pueden replicarse a lo largo de Chile alterando los pronósticos de ambos bloques mayoritarios. Sobre los presidenciables, resulta evidente que no pueden actuar como meros representantes de un partido o de una coalición. Su desafío es abrir las fronteras no sólo hacia los votantes históricos del rival, sino hacia grupos que no se sienten identificados con los conglomerados tradicionales, tal como lo hizo Obama. Las categorías clásicas de izquierda o derecha ya no funcionan como predictores absolutos del voto.

 

En resumen, hay material político suficiente para procesar y articular. No faltarán los oportunistas que tratarán de asociar las lecciones de Obama con sus propios proyectos, en todo el espectro del arco iris. La gran mayoría tendría que nacer de nuevo para hacerlo en forma convincente. No basta con escribir libros sobre el futuro de Chile. Tampoco con renunciar a los partidos e improvisar plataformas electorales. Puede que desde la Alianza exista más espacio para innovar, pero no hay que confundir la verdadera renovación con la pura alternancia en el poder. La primera requiere de mucho más trabajo. Pero su impacto es mucho más profundo.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/obama-dice-2.html

ENCRUCIJADA PRINCIPESCA

noviembre 13, 2008

por Cristóbal Bellolio

Ya no es tabú hablar de la decadencia de la DC. El otrora partido más grande de Chile hoy está relegado al tercer puesto, y la pendiente en la cual está situado permite augurar que seguirá perdiendo apoyo ciudadano. Ante los ojos de la gran mayoría, su inspiración cristiana quedó sepultada bajo los escombros de la ambición de poder y la confrontación interna. Sus ideas fundacionales no han sido capaces de renovarse con los tiempos, y sus militantes pertenecen en su gran mayoría a un segmento etáreo que ya se despide de la vida activa. En síntesis, un panorama sombrío, agriamente condimentado con la reciente renuncia de su presidenta y con la única discusión que parece importar en el seno partidario: El mecanismo para elegir al candidato presidencial. Para colmo, el más probable competidor es nada menos que un ex presidente de Chile de las postrimerías del siglo XX.

Por otro lado, hemos escuchado voces esperanzadas en una profunda renovación de caras, contenidos y estilos de hacer política al interior de la DC. Los denominados “príncipes”, los mismos que han sido apartados una y otra vez de la toma de decisiones trascendentes, tendrían por fin su oportunidad. Ya no se trata de jóvenes promesas, pero al menos es una generación intermedia, reconocidamente capaz en lo intelectual y honesta en lo moral.

Pero aun superando el escepticismo sobre las reales posibilidades de este grupo de “tomarse” el partido (teniendo en cuenta que carecen de apoyo relevante en las bases y que adentro hay todavía muchos que no están dispuestos a ceder sus parcelas de poder), los verdaderos dilemas estratégicos vienen después. Suponiendo que el golpe blanco es un éxito, ¿qué camino debería tomar la DC?

La alternativa más evidente es actualizar el discurso y asumir sin complejos una actitud más liberal en lo económico y lo valórico, que calza con el perfil ideológico de sus eventuales nuevos líderes. En este sentido es interesante examinar el ejemplo de la DC alemana, que en su reciente autodefinición se reconoce influenciada por las corrientes “conservadoras, liberales y socialcristianas”. Todo lo contrario del proceso de pseudo-reflexión que hizo hace poco la DC chilena, donde incluso llegó a rechazar el lucro.

Asociado a este escenario se abren dos puertas: Una dentro de la Concertación y una fuera de ella. Si efectivamente el oficialismo vira hacia la izquierda, esta “nueva DC” con vocación de centro no podría seguir compartiendo la misma casa. Así, tomaría fuerza la idea de escindirse de la coalición gobernante. Además, una derrota en las presidenciales del 2009 le daría a la DC el tiempo y el espacio suficiente para adoptar un camino propio y profundizar la renovación, tal como lo hizo, nuevamente, la DC alemana cuando estuvo 8 años fuera del poder entre Helmut Kohl y Angela Merkel. Estar alejado de las responsabilidades inmediatas de la administración pública parece ser un imperativo en estos procesos.

Pero hay otro escenario más brutal, con aroma a quijotada e inversión a futuro, que consiste en que todo el grupo de los “príncipes” abandone la vieja y enviciada DC, condenándola a una muerte rápida. Una vez fuera de ella, la misión sería establecer lazos con toda una generación joven que no se siente identificada con los partidos actuales ni está atada afectivamente a ningún bando de vencedores ni vencidos. Es la generación del voluntariado, de la web 2.0 y de los movimientos ciudadanos, que cree que es posible ecualizar libertad y justicia social. Sería el comienzo de un centro político liberal y progresista con insospechadas posibilidades de transformarse en el rector de la política chilena a 20 años plazo. Pero para esto necesitan matar al padre, y son pocos los que tienen esa valentía.

¿Cuál de todos estos caminos van a tomar? 

Link: http://blog.latercera.cl/blog/cbellolio/entry/encrucijada_principesca

MAL TIEMPO PARA VOTAR

noviembre 10, 2008

por Cristóbal Bellolio (reseña del libro “Ensayo sobre la Lucidez” de José Saramago, publicada en la Revista Qué Pasa el pasado 1° de Noviembre)

LA GRAN EQUIVOCACIÓN QUE COMETIÓ LA CAPITAL DE UN PAÍS PSEUDO IMAGINARIO FUE HABER VOTADO MASIVAMENTE EN BLANCO EN LAS ELECCIONES LOCALES. PUESTO QUE HABÍAN QUERIDO LIMPIEZA, AHORA IBAN A TENERLA, AMENAZABA EL GOBIERNO NACIONAL.

“Mal tiempo para votar”, presagia el presidente de mesa, aludiendo a la incesante lluvia que caía sobre la capital. Pero ni en sus peores pesadillas habría imaginado que las elecciones locales arrojarían un resultado tan insólito: Sobre el 70% de los votos escrutados estaban en blanco. Desconcertado, el gobierno decide repetir los comicios días después, en la esperanza de que los electores entraran en razón. La segunda vez los números son aun más desastrosos, ya que un 83% de las papeletas aparecen en blanco.  Ni el Partido de Derecha, ni el Partido del Medio ni el Partido de Izquierda llegan al 10% de las preferencias.

En este extrañísimo escenario el nobel portugués José Saramago comienza a tejer “Ensayo sobre la Lucidez”, una especie de secuela del afamado “Ensayo sobre la Ceguera”, emprendiéndolas en esta oportunidad, con el estilo inconfundible e irónico al cual nos tiene acostumbrados, contra todo lo que representa el establishment político. El mismo que una vez recibido el “blanco” mensaje de la ciudadanía, no duda en atribuir esta anormalidad democrática a una conspiración subversiva, cuidadosamente articulada por mentes siniestras y quizás dirigida desde el extranjero. Después de bizarras deliberaciones ministeriales, el gobierno decreta estado de sitio y procede al arresto e interrogatorio de cientos de ciudadanos para descubrir las causas del masivo y anónimo voto en blanco. Cuando el espionaje y el detector de mentiras fallan, los líderes políticos elevan la apuesta para vencer la resistencia invisible de la población, abandonando la ciudad a su suerte y despojándola de su carácter de capital nacional. Lo que sigue es una triste secuencia de terrorismo de Estado, culminando en una ridícula operación secreta destinada a encontrar, contra viento y marea, a los culpables de este verdadero “proyectil bajo la línea de flotación de la democracia”, sin importar si realmente están involucrados con un fenómeno que a todas luces es la expresión radical, pero simultánea y casual, del descontento y la apatía política de todo un pueblo.

¿Suena conocido? Guardando las evidentes proporciones que distancian una fábula de nuestra situación actual, la lección que pretende instalar el autor es extrapolable: Aunque a muchos no les guste escucharlo, existe una verdadera “clase política” que parece vivir en un mundo paralelo al del resto de los mortales, que comparte códigos comunes y funciona como cuerpo hermético con capacidad de auto preservación y reproducción. Esta “clase política” lee el descenso en la participación electoral como falta de madurez cívica, sin asumir su enorme cuota de responsabilidad en la desafección de los ciudadanos con la actividad y los procesos políticos. La “lucidez” que pregona Saramago es precisamente de la que hace gala la ciudadanía de esta ciudad imaginaria, que es capaz de poner punto final a la cómoda complicidad y aletargamiento a la cual estaba siendo arrastrada.

Llama la atención la habilidad para caricaturizar a los actores políticos, en sus respectivos roles. Así como la izquierda tiene la desfachatez de declararse vencedora en los comicios (siendo la que obtiene menor votación) porque “el voto en blanco refleja la misma ansiedad de cambios que propone nuestro programa”, la derecha en el gobierno tilda a los votantes en blanco como anárquicos y delincuentes. No es muy lejano a lo que escuchamos a veces en Chile, donde algunos todavía creen que los no inscritos son intrínsecamente antisistémicos, mientras otros confían que la obligatoriedad del voto es capaz de maquillar las deficiencias de un sistema cada día menos representativo y portador de virtudes. En síntesis, en el banquillo de los acusados encontramos la arrogancia de aquellos que se sienten dueños de todo lo que ocurre, mientras el mudo heroísmo corre por cuenta de una población estoica, no menos confundida en cuanto a sus propósitos colectivos, y de un agente del servicio secreto que sufre una crisis de conciencia ante tanta podredumbre moral y política.

Frase destacada: “Tengamos confianza, señor presidente, la confianza es fundamental. En qué, en quién, dígame. En las instituciones democráticas. Querido amigo, reserve ese discurso para la televisión, aquí sólo nos oyen los secretarios, podemos hablar con claridad”

Se lo recomiendo a: Expertos electorales, directivas de partidos políticos, altos funcionarios de gobierno.

Link: http://www.quepasa.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_371911706,00.html