MAL TIEMPO PARA VOTAR

por Cristóbal Bellolio (reseña del libro “Ensayo sobre la Lucidez” de José Saramago, publicada en la Revista Qué Pasa el pasado 1° de Noviembre)

LA GRAN EQUIVOCACIÓN QUE COMETIÓ LA CAPITAL DE UN PAÍS PSEUDO IMAGINARIO FUE HABER VOTADO MASIVAMENTE EN BLANCO EN LAS ELECCIONES LOCALES. PUESTO QUE HABÍAN QUERIDO LIMPIEZA, AHORA IBAN A TENERLA, AMENAZABA EL GOBIERNO NACIONAL.

“Mal tiempo para votar”, presagia el presidente de mesa, aludiendo a la incesante lluvia que caía sobre la capital. Pero ni en sus peores pesadillas habría imaginado que las elecciones locales arrojarían un resultado tan insólito: Sobre el 70% de los votos escrutados estaban en blanco. Desconcertado, el gobierno decide repetir los comicios días después, en la esperanza de que los electores entraran en razón. La segunda vez los números son aun más desastrosos, ya que un 83% de las papeletas aparecen en blanco.  Ni el Partido de Derecha, ni el Partido del Medio ni el Partido de Izquierda llegan al 10% de las preferencias.

En este extrañísimo escenario el nobel portugués José Saramago comienza a tejer “Ensayo sobre la Lucidez”, una especie de secuela del afamado “Ensayo sobre la Ceguera”, emprendiéndolas en esta oportunidad, con el estilo inconfundible e irónico al cual nos tiene acostumbrados, contra todo lo que representa el establishment político. El mismo que una vez recibido el “blanco” mensaje de la ciudadanía, no duda en atribuir esta anormalidad democrática a una conspiración subversiva, cuidadosamente articulada por mentes siniestras y quizás dirigida desde el extranjero. Después de bizarras deliberaciones ministeriales, el gobierno decreta estado de sitio y procede al arresto e interrogatorio de cientos de ciudadanos para descubrir las causas del masivo y anónimo voto en blanco. Cuando el espionaje y el detector de mentiras fallan, los líderes políticos elevan la apuesta para vencer la resistencia invisible de la población, abandonando la ciudad a su suerte y despojándola de su carácter de capital nacional. Lo que sigue es una triste secuencia de terrorismo de Estado, culminando en una ridícula operación secreta destinada a encontrar, contra viento y marea, a los culpables de este verdadero “proyectil bajo la línea de flotación de la democracia”, sin importar si realmente están involucrados con un fenómeno que a todas luces es la expresión radical, pero simultánea y casual, del descontento y la apatía política de todo un pueblo.

¿Suena conocido? Guardando las evidentes proporciones que distancian una fábula de nuestra situación actual, la lección que pretende instalar el autor es extrapolable: Aunque a muchos no les guste escucharlo, existe una verdadera “clase política” que parece vivir en un mundo paralelo al del resto de los mortales, que comparte códigos comunes y funciona como cuerpo hermético con capacidad de auto preservación y reproducción. Esta “clase política” lee el descenso en la participación electoral como falta de madurez cívica, sin asumir su enorme cuota de responsabilidad en la desafección de los ciudadanos con la actividad y los procesos políticos. La “lucidez” que pregona Saramago es precisamente de la que hace gala la ciudadanía de esta ciudad imaginaria, que es capaz de poner punto final a la cómoda complicidad y aletargamiento a la cual estaba siendo arrastrada.

Llama la atención la habilidad para caricaturizar a los actores políticos, en sus respectivos roles. Así como la izquierda tiene la desfachatez de declararse vencedora en los comicios (siendo la que obtiene menor votación) porque “el voto en blanco refleja la misma ansiedad de cambios que propone nuestro programa”, la derecha en el gobierno tilda a los votantes en blanco como anárquicos y delincuentes. No es muy lejano a lo que escuchamos a veces en Chile, donde algunos todavía creen que los no inscritos son intrínsecamente antisistémicos, mientras otros confían que la obligatoriedad del voto es capaz de maquillar las deficiencias de un sistema cada día menos representativo y portador de virtudes. En síntesis, en el banquillo de los acusados encontramos la arrogancia de aquellos que se sienten dueños de todo lo que ocurre, mientras el mudo heroísmo corre por cuenta de una población estoica, no menos confundida en cuanto a sus propósitos colectivos, y de un agente del servicio secreto que sufre una crisis de conciencia ante tanta podredumbre moral y política.

Frase destacada: “Tengamos confianza, señor presidente, la confianza es fundamental. En qué, en quién, dígame. En las instituciones democráticas. Querido amigo, reserve ese discurso para la televisión, aquí sólo nos oyen los secretarios, podemos hablar con claridad”

Se lo recomiendo a: Expertos electorales, directivas de partidos políticos, altos funcionarios de gobierno.

Link: http://www.quepasa.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_371911706,00.html

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: