LA PARADOJA DEL SERVICIO PÚBLICO: UNA RESPUESTA Y UNA PROPUESTA

por Daniel Brieba

1)      ¿Petición razonable?

 

Quiero partir por defender, al menos parcialmente, la posición de los funcionarios públicos. Creo que en el artículo anterior (de mi estimado coautor) y varios de los comentarios hechos a él, se despreció con suma ligereza su petición de reajuste. Lo curioso es que a diferencia de negociaciones anteriores, esta vez la petición era básicamente proteger su poder adquisitivo, y no de aumentarlo (el 14,5% era obviamente una estrategia pasada de tejo, no menos que el 5% de Hacienda). En efecto, con el 10% que aceptaron los gremios, han recuperado el poder adquisitivo que tenían el 2006, después de aceptar el 2007 un reajuste que fue inferior a la inflación de ese año. Por mientras, el país creció alrededor de un 9% en estos dos años, por lo que relativo a la riqueza media del país, su posición de hecho empeoró. Francamente, no me parece que sus peticiones hayan sido un despropósito ni de una ambición desmedida. ¿Que el resto de los mortales se tienen que bancar la inflación? Es una verdad a medias. Muchos sueldos sí se reajustan por IPC. Las negociaciones colectivas en muchas empresas partirán de esta base también. Y de los sueldos de profesionales bien educados no me preocupo, ya que ese grupo sigue teniendo un Chile un premio enorme por sus servicios y cuenta con un poder de negociación individual muy superior al de la gran masa de empleados y funcionarios chilenos, públicos o privados. Es verdad, si todos los sueldos se reajustan, se puede perpetuar el problema de la inflación; pero debido a que esta inflación fue fundamentalmente importada vía precio del petróleo y precios de alimentos, y ambas están en un fuerte declive por la crisis económica, es poco probable que los reajustes nos traigan problemas por este lado (sospecho que este cálculo fue el de Hacienda en auto-imponerse el tope de 10% de reajuste, muy superior a la inflación esperada del próximo año).

 

2)      ¿Métodos legítimos?

 

Que personas hayan quedado sin operaciones médicas, basura sin recoger o trámites fundamentales sin hacerse, sin duda que es un enorme costo social. Pero por otra parte, ¿es razonable que, por ley, todo el servicio público tenga prohibido hacer huelga? De hecho, es tan poco razonable, que caemos en la típica situación latinoamericana: una ley rígida que por eso mismo nadie cumple. Entonces por draconianos, quedamos en una situación peor: una ley que es letra muerta, todos los funcionarios en paro y el Estado entero inmovilizado. ¿No es tiempo ya de tener una ley que regule de manera más inteligente las relaciones laborales entre el Estado y sus funcionarios? ¿Qué institucionalice mecanismos de negociación, métodos de arbitraje, secuencias de propuestas y contrapropuestas, etc., y en última instancia, que permita pero a la vez regule espacios legítimos de huelga en el sector público, permitiendo así prohibirla de verdad y no sólo en el papel en ciertas áreas críticas? El esquema actual me parece profundamente antidemocrático (le prohíbe a un porcentaje significativo de chilenos hacer huelga) y además contraproducente, porque termina generando negociaciones al voleo, año a año, sin previsión, sin estabilidad, sin ninguna institucionalización ni reglas aceptadas por ambas partes, sujetas a ‘gallitos’ políticos entre el gobierno, el congreso y los funcionarios. Muy latino, pero poco moderno. Es hora de entender que los funcionarios públicos no son  monjes del Estado a nuestro servicio sino que gente normal con aspiraciones de mejorar sus condiciones de trabajo. ¿Qué sus demandas son excesivas, que su poder negociador es demasiado alto? Tiendo a estar de acuerdo, pero eso no es lo importante. Lo importante es generar reglas claras, estables y aceptadas por todas las partes sobre cómo se debieran manejar, conducir y resolver los legítimos conflictos de interés.

 

Por lo mismo: me parece sumamente cínico pedirle a los funcionarios públicos virtudes cívicas y republicanas que a nadie más se le piden. ¿Qué por estar en el ‘servicio público’ no tienen derecho a pensar en sí mismos? Por favor. Llenemos al Estado con santos de la Iglesia entonces. Nos pueden parecer legítimas o no sus demandas y sus métodos, y nos puede dar rabia que tengan tanto poder de negociación, pero, con una mano en el corazón, ¿quién de los que lee esto se comportaría distinto si trabajara en una empresa u organización con sindicatos poderosos y dispuestos a representarnos y defender nuestros intereses ante los dueños? Dejemos de exigirles a los funcionarios virtudes de abnegación que no nos pedimos ni a nosotros mismos: si yo no pido un aumento porque si lo hago me echan, entonces lo que me falta es poder, no es que me sobre disciplina moral. Los grupos con poder lo van a usar: lo que tenemos que ver es cómo limitamos ese poder a la vez que permitimos que sus demandas laborales, como las de todos los chilenos, tengan un cauce legítimo de expresión y un mecanismo institucionalizado de negociación donde resolverse.

 

 

3) ¿Y un mejor Estado, cuándo?

 

Una vez que se tienen reglas de negociación claras, quizás sea más fácil hacer esa gran negociación que a todos nos conviene, y que estuvo singularmente ausente del debate de estos días: aumentos significativos de poder adquisitivo para los funcionarios a cambio de la cooperación de éstos en todas aquellas áreas que se necesitan para tener un Estado de clase mundial: flexibilización del estatuto administrativo, evaluaciones de desempeño en serio (y no donde 9 de cada 10 es evaluado como ‘excelente’), aumento de la productividad, profundización radical de la meritocracia, y- lamentablemente- aumento de la desigualdad salarial al interior del Estado, para atraer a los mejores profesionales (los sueldos del personal no calificado, por el contrario, son más altos en el sector público que en el privado). Estas serían negociaciones complejas y multidimensionales, con áreas de trabajo y acuerdos a largo plazo, que requerirán socios responsables a ambos lados de la mesa. Hay que traer a los gremios del Estado a la mesa de negociación. También a representantes de la gran masa de funcionarios irregularmente a honorarios y a contrata que se beneficiarían con un estatuto administrativo más flexible, donde podrían ser incorporados. ¿Muy difícil? Quizás. Pero nuestro Estado se ha quedado atrás respecto al desarrollo económico y social del país; lo hemos visto hacer agua por todas partes en estos últimos años. Modernizarlo es sin duda una de las tareas más importantes de la política chilena de hoy. Y si hay algo que este paro volvió a demostrar, es que las actuales formas de relación y negociación al interior del Estado son una forma más de subdesarrollo, y que a menos que nos atrevamos a desafiar las lógicas de suma cero en las relaciones laborales, seguiremos estancados en él.

Una respuesta to “LA PARADOJA DEL SERVICIO PÚBLICO: UNA RESPUESTA Y UNA PROPUESTA”

  1. Ian Says:

    Estoy totalmente de acuerdo con lo presentado por Daniel. Sin lugar a dudas, el gran gallito modernizador estará en el estatuto administrativo (la “carrera funcionaria”) y, especialmente, en diseñar formas que permitan flexibilizarlo y que, más aún, parezcan atractivas para los funcionarios públicos.
    Pero ojo que es común ser testigo de cómo flamantes “proyectos de modernización” de distintas entidades públicas son desechados por los mismos funcionarios porque no los incluyen en su diseño. Y creo que tienen razon cuando estiman que les cabe ser parte de dicha planififcación.
    Saludos!

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