“Gerontocracia chilena” (por Sonia Jankelevich)

Ignoro quién será la señora Jankelevic y por qué es voz autorizada en este tema, pero lo cierto es que su columna de opinión del cuerpo de Reportajes del Mercurio del domingo recién pasado es un buen refrito (y en eso tiene su mérito) de lo que venimos sosteniendo hace ya un par de años. Y que lo publique el diario más conservador de Chile, significa que la idea se ha posicionado en todos los sectores. Enhorabuena.

“Chile y la política envejecen, qué duda cabe. No sólo porque nacen menos niños y la expectativa de vida es mayor que antes, sino también porque a sus instituciones no entran el aire fresco, la renovación y la energía que suele acompañar a la juventud. ¿Sería posible que en Chile tuviéramos hoy un ministro de Hacienda de 31 años, como lo fue el ex senador Andrés Zaldívar durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva? ¿O como el senador Fernando Flores, quien, con menos de 30 años, ocupó las carteras de Economía, Hacienda y Secretaría General de la Presidencia durante el gobierno de Salvador Allende? No busquemos explicaciones diciendo que esto fue parte de una época, o que surgió como coletazo tras mayo de 1968, ni menos analicemos desempeños o resultados de gestión. No, no se trata de eso; como ejercicio, simplemente, pensemos en la posibilidad de que algo así sucediera hoy. Difícil, ¿no?

Para que ello ocurriera, nuestros partidos políticos y sus líderes deberían convencer a los chilenos -sobre todo a los jóvenes, quienes en su gran mayoría no están votando- de que no son simplemente una máquina endogámica montada y organizada para buscar y mantenerse en el poder. Probarles que dentro de ellos sí hay espacio para que todos -no sólo las cúpulas- puedan participar, soñar, proponer y actuar por el bien del país; que la expresión “darle tiraje a la chimenea” no es una mera frase para la galería ni se queda en el papel y los discursos, sino que se puede convertir en una realidad. El 34 por ciento de nuestros parlamentarios tienen entre 50 y 60 años, el 27% entre 40 y 50, y sólo el 8 por ciento es menor de 35 años, destacando como los más jóvenes los RN Karla Rubilar, con 30 años, y Joaquín Godoy, con 31. Curiosamente, nuestra Constitución permite que cualquier chileno mayor de 21 años pueda llegar al Congreso… Entonces, ¿en qué quedamos? Según datos del Instituto Nacional de la Juventud, de los candidatos a alcaldes y concejales en los recientes comicios, sólo el 7 por ciento de ellos eran menores de 35 años. Urge que soplen vientos de juventud en nuestra clase política, para darle una mayor legitimidad a nuestra democracia. Recordemos lo sucedido hace menos de un mes para las elecciones municipales, en las que la participación electoral de los jóvenes fue paupérrima (hoy representan sólo el 8 por ciento del padrón electoral), y lo será más aún salvo que, entre otras medidas, al menos logremos contar con inscripción automática y voto voluntario. Pero eso no es todo.

Al día de hoy estamos en la disyuntiva de elegir al próximo Presidente de Chile entre dos ex mandatarios, un ex ministro que batió record histórico por años de servicio (y no lo olvidemos, ministro de los mismos ex mandatarios candidatos), y un ex senador que ya le hizo un guiño a la presidencial anteriormente. ¿Esto no lo dice todo? Mientras los partidos de la Concertación se encuentran en plena batalla interna por el nombre de su abanderado, con intercambios epistolares y mails que van y vienen desde París y Washington, y la Alianza pareciera estar ad portas de enfrentar unida la presidencial con Sebastián Piñera como abanderado, aunque ya se están haciendo sentir los primeros corcoveos por las listas parlamentarias y el tema de ChilePrimero, ¿alguien ha visto, en medio de todo esto, propuestas concretas para enfrentar los innumerables desafíos que hoy se nos presentan? ¿Ideas que muevan a los ciudadanos de Chile -¡especialmente a los jóvenes!- a entusiasmarse e ir en apoyo decidido de ese líder, cuya visión de país fuera tan atractiva que los instara a seguirlo? ¿No estará la clase política, una vez más, fuera de sintonía con las reales necesidades de los chilenos, empantanada en sus pequeñas rencillas antes que ofreciendo un proyecto de país y a quien lo encarne? ¿No es un espectáculo lamentable para los chilenos ver en el ring a Carlos Larraín versus Lily Pérez, a Camilo Escalona versus Pepe Auth? Esto no hace más que refrendar la percepción ciudadana de que lo más importante para los partidos es cuidarse de un fracaso electoral, ir “a la segura”, en lugar de haber potenciado en estos años nuevos liderazgos, o escuchar a los jóvenes que no se han sentido atraídos hacia las urnas, o a la gente que sí se hizo oír en las elecciones municipales con mucha fuerza en su deseo de que muchos alcaldes “no se repitieran el plato”… Pero ahora de verdad.

En lo que se vislumbra como la primera lucecilla al final de este oscuro túnel, el diputado del PS Alfonso de Urresti está considerando elaborar un proyecto de ley que limite la edad máxima para presentarse como candidato a diputado y senador. Con una mano en el corazón, hay que reconocer que sería un gran paso adelante el que esto se concretara, para provocar la tan ansiada renovación de la política. No es que despreciemos la experiencia que dan los años ni que todos nuestros representantes en el Parlamento deban ser, como se dice en jerga futbolística, “sub” 40 o 30, pero, de verdad, pareciera que a nuestras autoridades, definitivamente no les ha atraído mucho la práctica de la renovación. Al menos, esa es la percepción reinante, si recordamos que tampoco existe un límite para las reelecciones en cargos públicos.

La otra luz de esperanza la encendió el diputado UDI Darío Paya, quien con 45 años de edad comunicó recientemente al presidente de su partido que no iría a la reelección tras 16 años en el Congreso. Todo un mérito y un ejemplo a seguir, por sus argumentos. Consultado sobre si lo había decidido porque “se aburrió”, respondió que “el Congreso nunca ha sido para entretenerse”… y que este paso lo considera “un desafío para la UDI y la política en general”. Imposible mejor explicación. Ojalá abra el camino hacia el esperado ajuste de la gerontocracia chilena.”

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