¿DE QUÉ IZQUIERDA ME HABLAN?

por Cristóbal Bellolio

Les dejo una columna publicada hoy en la portada de la nueva página web de La Tercera, que está despertando airadas pasiones en uno u otro sentido:

En el reciente paro de los funcionarios públicos hemos presenciado cómo la izquierda chilena ha abdicado de dos de sus valores históricamente más distintivos. El primero de ellos, la aspiración a la igualdad de todos los sectores productivos de la sociedad. El segundo, la protección de los derechos humanos por sobre cualquier consideración de lucro de los agentes económicos.

En efecto, en la discusión acerca del reajuste de las remuneraciones del sector público fue más importante defender los privilegios de un grupo determinado (amparados en la garantía de inamovilidad laboral de sus integrantes) que tomar conciencia acerca de la enorme brecha de ingresos que los separa de la gran mayoría de los chilenos. Aunque somos todos los que asumiremos las consecuencias de la crisis económica, son sólo algunos los que pueden utilizar tales medidas de presión para salvarse de la pérdida de poder adquisitivo. George Orwell lo sentenció en su célebre “Granja de los Animales”: Todos somos iguales, pero hay algunos más iguales que otros. Por si fuera poco, el cerrado rechazo que provocó la idea de reajuste escalonado (donde los empleados fiscales que ganaban sobre un millón de pesos debían renunciar a algunos puntos en beneficio de los que ganaban menos de esa cantidad) es francamente incoherente desde la óptica del discurso redistributivo de la izquierda.

Por otra parte, quedó meridianamente claro que para las organizaciones de trabajadores, cercanas al pacto Juntos Podemos y al bloque progresista de la Concertación, la persecución del lucro es más importante que la protección de los derechos humanos de la ciudadanía. Ésta tuvo que asumir los costos de la paralización, pagando con el desmedro de su dignidad y en un par de casos extremos, con su propia vida. La supuesta vocación de servicio público quedó empañada y reducida a un mero cliché. Fue más importante pelear algunos pesos extra, hasta las últimas consecuencias, que atender los derechos y necesidades de parte importante de la población que sólo tiene acceso a las prestaciones públicas. ¿No es exactamente el mismo cuestionamiento histórico – moral que desde la izquierda se le achaca al Régimen Militar, esto es, haber privilegiado el crecimiento económico por sobre los derechos fundamentales de algunos chilenos?  

Nada de lo anteriormente expuesto tiene por objetivo deslegitimar las pretensiones de los empleados fiscales. Es natural que quieran aumentar o al menos conservar su capacidad de consumo. No pensamos que en nombre de ninguna superioridad moral tengan que soportar cargas mayores que aquellos que trabajan en el sector privado. Y sigue siendo tremendamente cierto que los problemas, vicios y dificultades que presenta el aparato estatal requieren de una cirugía radical y profunda.

Nuestra crítica apunta, en este episodio particular, hacia la pérdida de la médula valórica del pensamiento de izquierda, ese impulso de cambio casi visceral que se la juega por la igualdad sustantiva, la protección de los grupos más débiles y la supremacía irrestricta de los derechos de las personas. La misma crítica de inconsecuencia tendríamos que hacer si mañana los liberales se opusieran a la libre competencia, o los conservadores confiarán toda capacidad de transformación al Estado. Los autodenominados “representantes del pueblo” o de “los trabajadores” han optado por estrategias percibidas como egoístas por el grueso de la ciudadanía. Y viniendo de la izquierda, esa es una mancha difícil de limpiar.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/de_qu%C3%A9_izquierda_me_hablan

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7 comentarios to “¿DE QUÉ IZQUIERDA ME HABLAN?”

  1. Daniel Brieba Says:

    Bueno, con el ánimo de ponerle pimienta a la discusión seré brutalmente honesto y debo decir que- rompiendo dramáticamente con la tradición- estoy en profundo desacuerdo con la tesis del artículo, y en varios niveles.

    Primero y fundamentalmente, porque mete en el mismo saco a los gremios que representan a los funcionarios públicos con los políticos que representan ideológicamente a la izquierda. Si bien los dirigentes del gremio son de izquierda y tienen vínculos con ese sector, al pedir el reajuste y al promover el paro estaban defendiendo los intereses de sus representados, como cualquier gremio. ‘La izquierda’, su médula valórica y su credibilidad política no viven ni mueren con lo que haga o deje de hacer un grupo de interés específico como los funcionarios del estado, de igual manera que la derecha política no se puede hacer responsable de lo que pida o no pida la SOFOFA. Si hubo políticos que apoyaron a los gremios, bueno, hablemos de esos políticos, pero aun aquí decir que el bloque progresista como un todo apoyó las demandas es demasiado. Los progresistas en el gobierno trataron de cuidar las platas fiscales, y la mayoría de los progresistas en el parlamento trataron de acercar posiciones; ningún partido sacó una declaración apoyando a los gremios en desmedro de Hacienda. En suma, no vi ninguna fusión entre los partidos y los gremios que justifique tratarlos como la misma cosa. Por lo tanto, que los gremios se hayan ocupado de sus propios intereses de forma ilegítima, que hayan rechazado la propuesta ‘igualitaria’ de un reajuste escalonado o incluso que sean responsables de violaciones a los derechos humanos, habla muy mal del gremio, y secundariamente de los políticos que hayan apoyado el paro como método, pero no me dice absolutamente nada sobre ‘la izquierda’ de este país.

    En segundo lugar, me parecen fuera de toda proporción algunas de las comparaciones hechas. De partida me gustaría conocer la opinión de Amnesty International o de Human Rights Watch acerca de si el paro involucró violaciones a los derechos humanos, porque si el ‘menoscabo de la dignidad’ aun en mínimo grado o la negación de prestaciones como no poder casarse ya constituyen tal violación, entonces el concepto abarca casi cualquier cosa y pierde la gravedad moral que debiera tener. Si hubo muertes como consecuencia directa del paro, es grave y espero que los familiares demanden al Estado, pero de ahí a comparar esto con una política sistemática e intencional de represión, ejecución y tortura usando el aparato estatal como en la dictadura, es francamente insólito. De hecho me parece tan forzada la analogía (paro de funcionarios públicos = izquierda = violación de derechos humanos = lo mismo que la dictadura), que huele a una necesidad de ‘empatar moralmente’ en este ámbito, una necesidad que ha perseguido a la derecha desde 1990. Y no veo por qué Cristóbal ni nadie en nuestra generación debiera caer en este jueguito.

    Así, porque se basa en una identificación espúrea entre gremios de funcionarios y la izquierda política; porque luego confunde la desigualdad en poder de negociación entre trabajadores con desigualdad económica (la izquierda quiere terminar con lo segundo a través de nivelar hacia arriba lo primero. i.e., quiere que todos los sindicatos tengan poder de negociación, no quitárselo a los pocos que lo tienen); y porque termina con una acusación de violación de derechos humanos producida por una mera huelga y procede a sugerir una sorprendente equivalencia entre esto y las violaciones de DDHH del gobierno militar, no logré encontrar ningún punto de acuerdo con este artículo- salvo, quizás, que a mi me tampoco me gusta el alto poder de negociación que tienen los gremios del Estado, y me gustaría ver maneras de canalizarlo y circunscribirlo para que en el futuro los funcionarios puedan hacer huelgas legales y reguladas, que garanticen un mínimo de funcionamiento del Estado y sus servicios básicos para que la población no ‘pague el pato’ por las legítimas diferencias que pueden y suelen haber entre empleados y empleadores.

  2. vozyvoto Says:

    Estimado Daniel y honrables lectores de este humilde blog, me hago cargo de las observaciones, apoyos y críticas que he recibido tanto en el sitio de La Tercera como en facebook:

    1. El oficio de columnista tiene mucho de provocación. Lo hace Navia, Montes y Peña, por nombrar aquellos cuya pluma más admiro. En ese sentido muchas veces cometemos el error u acierto (depende como se le mire) de estirar la cuerda para generar polémica y discusión. Las columnas amarillas o medias tintas no invitan al debate ni desatan la participación de los lectores. Dicho esto, reconozco un exceso narrativo en mis líneas. Lo que digo en una columna de opinión no es lo mismo que podría sostener a la hora de aunar voluntades. No hay que confundir los planos, aunque comprendo que ocurra.

    2. La idea de la columna era hace una refelxión más ideológica que no quedara limitada por el paro propiamente tal. Quise identificar actitudes que rodearon al paro y relacionarlas con el discurso de la izquierda chilena. Por eso no me pronuncié sobre la pésima negociación del gobierno o sobre el mutismo de la Alianza.

    3. Ahora sobre el fondo, concedo el punto que me han hecho: Las organizaciones de funcionarios públicos no son “la” izquierda. Sus demandas no tienen porqué ser las mismas del Juntos Podemos o el progresismo concertacionista. Pero no podemos caer en la ingenuidad de separar caras de discursos. Los líderes del movimiento son militantes de partidos de izquierda, y ellos fueron la voz de la paralización. Aunque sostengan que se trata de entidades gremiales, muchas de ellas están alineadas con estrategias definidas en partidos de izquierda. El PC ni siquiera lo oculta: Consciente y públicamente llama a la moviliacion e incluso a la desestabilización del sistema. Insisto en el punto: Los dirigentes tienen un doble rol como cabezas del sector público y como punta de lanza de sus respectivos partido. Este último papel es el que someto a juicio en la columna.

    3. Jamás he pretendido asimilar el paro al régimen militar. No es necesario recordarme que durante la dictadura la política de violaciones a los DDHH fue reiterada y sistemática. Eso n está en entredicho. Tampoco es una aspiración al empate moral. Esa es una lectura aberrante del texto. Los que me conocen saben que ni siquiera comparto la pretendida superioridad moral que la Concertación tendría sobre la Alianza, pues estoy convencido que cualquier sector político hace cosas nefastas con el poder total. El punto es otro y apunta a una cuestión ética y valórica: La plata no está por sobre la dignidad de las personas. Siempre lo hemos sostenido. Los que justifican las atrocidades de la dictadura lo hacen muchas veces amparados en el crecimiento económico del país… ¿No es evidente que esa es la ironía que trato de desenmascarar? Así como no se justifican las desapariciones y las torturas a cambio de la libertad de mercado, guardando las infinitas diferencias, creo que en este caso no se justificó un paro de 4 días que tuvo a los chilenos más necesitados sin acceso a las prestaciones del sector público. Es la prelación de valores la que está en juego, no la comparación histórica. Pelear por unos pesos de más, por muy legìtimo que sea, no nos puede llevar a construir sociedades en las cuáles la gente sufra o muera en la espera. Un cheque en blanco a cambio de atención médica en una clínica privada es igual de distorsionado.

    4. Me ha llamado la atención que pocos han reparado en el alto concepto que asigno al ideario de izquierda. Su nobleza no se amilana ante la mala interpretación que de él hacen algunos de sus portadores. Como habría dicho Platón, si la realidad no es igual al ideal, peor para la realidad.

    Gracias a todos por la fructífera discusión.

  3. Daniel Brieba Says:

    Cristóbal, gracias por la respuesta. Acepto gustosamente que tu intención no fue hacer empates morales, y me disculpo si te pareció un comentario desubicado. Sólo puedo decir que tal fue mi desconcierto ante la analogía planteada que no supe a qué atribuirlo, y haciendo una interpretación del texto en su mérito, no me pareció una lectura descabellada, especialmente dentro del contexto de un artículo de estilo polémico que sugiere que estamos hablando de ‘exactamente el mismo cuestionamiento histórico-moral que desde la izquierda se le achaca al Régimen Militar’. Pero vale la aclaración.

    Más allá de ello, sin embargo, sigo pensando que la analogía con el régimen militar (o ‘la ironía’ que tratas de desenmascarar) no se sostiene. Me queda claro que intentas detectar una lógica semejante en ambos casos, en que la dignidad humana habría quedado relegada por la búsqueda de lucro, pero me parece que la similitud es escolástica y superficial. Que por (sólo) 4 días la fruta se haya podrido en aduana, que se atrasaran los trámites en impuestos internos, que la basura se acumulara o que la gente no pudiera sacar pasaporte no me parece una violación fundamental de los derechos de los ciudadanos, por muy molesta que haya sido la experiencia para éstos (el caso de salud es más delicado, porque quizás no basta con los ‘turnos éticos’, no sé, pero eso amerita una discusión separada y no podemos con ello englobar al conjunto del paro). Al final del día, y por mal que me caiga la ANEF, no veo en un paro de funcionarios públicos una lógica semejante a la de la violación de los DDHH, ni siquiera formalmente y en abstracto y después de tomar en cuenta las infinitas diferencias entre ambos casos (que a su vez me sugieren que la diferencia en grado hace rato se transformó en diferencia en especie entre uno y otro caso). El punto es que una analogía, que más encima se usa para concluir algo tan sustantivo como que la izquierda abandonó su médula valórica, requiere de algo más para sostenerse que una equivalencia formal entre búsqueda de lucro y lesión de la ‘dignidad’ (concepto que se presta para absolutamente cualquier cosa, y por ende fácil de ser violado por el lucro en casi cualquier circunstancia imaginable, todos los días de la semana). Lo que importa es si hubo en el paro reciente una violación mínimamente significativa de derechos ciudadanos fundamentales, y no me parece que la haya habido. Si es que la hubo, entre paréntesis, eso genera un problema mayor a las democracias occidentales, en que tengo entendido que por lo general se reconoce el derecho a huelga (y si no se acepta de facto) de los funcionarios públicos, aun a sabiendas del perjuicio que esto causa a los más vulnerables en la población.

    Respecto a tu punto 3 arriba, me sigue pareciendo muy injusto atribuirle a dirigentes gremiales que son militantes de izquierda un rol de representación del partido en que militan. No es un tema de ingenuidad, es obvio que los sindicatos son un electorado que le reporta muchos votos a la Concertación y a la izquierda, así como los intereses empresariales le aportan votos y plata a la derecha. Pero confundir esa relación con un rol de representación es incorrecto; los dirigentes gremiales NO son representativos de la opinión de sus partidos, al contrario, al menos los sindicalistas concertacionistas siempre están en pelea con sus partidos. ¿Y qué queda para los cientos de miles de funcionarios que votaron ir a paro? ¿Acaso son una simple masa de ovejas presas de lo que le digan sus dirigentes, los cuales a su vez ejecutan ciegamente lo que diga el PC o el PS? El mismo éxito, disciplina y cumplimiento del paro a lo largo del país es una potente señal de que los dirigentes interpretaron correctamente los intereses de sus bases más que dejarse llevar por ideología u órdenes de partido. Por ello, creo que si queremos juzgar a ‘la izquierda’ hay que hablar de los políticos de izquierda, de Escalona, de Bitar, de Velasco, de Bachelet, de Andrade y cía. Sabes que no son santos de mi devoción, pero colectivamente su actuación no me parece que haya sido inconsistente con el ideario que con justicia les atribuyes de búsqueda de igualdad sustantiva y protección de los más débiles.

    Dicho lo anterior, espero que quede claro que mi desacuerdo es con el fondo de lo que escribes, y no con lo polémico del estilo. Me parece bien desarrollar un estilo punzante (a mi eso me falta sin duda), pero en mi humilde opinión no sé si escogiste la batalla correcta.

    Un abrazo y prometo no seguir mandando comentarios tan largos.

  4. vozyvoto Says:

    Escriba largo no más compañero, sus líneas son siempre bien recibidas, y de hecho constituyen parte de mi propio aprendizaje.

    En tu último comentario me queda mucho más claro el error que pude haber cometido en mi columna. Parece efectivamente que no se trata de una distinción de grado, sino de especie, tal como señalas. Jamás me habían dicho “escolástico”, por lo que acuso el golpe. Aunque hay que tener cuidado, diríamos los abogados, porque los delitos pueden ser acciones u omisiones. En dictadura se trataba de acciones destinadas a lesionar y causar daño. En el reciente paro fueron omisiones conscientes (y no negligencias) las que ocasionaron daño a los pacientes en espera de atención, dos de los cuales fallecieron. Pero no quiero seguir dando vueltas en ese punto, ya que me queda clara la inexactitud de mi comparación. Creo que más asertivo es Pablo Alfaro, quien me comentó que entendía mi columna desde la perspectiva del abandono del concepto de Bien Común, del olvido del otro (especialmente cuando más lo necesita) y del egoísmo que conlleva la búsqueda del propio bienestar. Ironías de la vida, soy fustigado por los liberales y utilitaristas, mientras recibo el apoyo de los socialcristianos y comunitaristas.

    Donde no estoy de acuerdo contigo es en el rol que asignas a los líderes del movimiento sindical. Alguien me comentó en el blog de La Tercera que si bien las bases del paro no pertenecen a partidos políticos de izquierda, sus dirigentes sí, y que no podemos separar ambos planos porque de eso se trata la “construcción del poder social” que pretende la izquierda extraparlamentaria. No sé si viste cuando la ANEF se reunió con Lautaro Carmona y Tucapel Jiménez Jr. (quienes entregaron su total respaldo a la paralización) o si seguiste el juego de Girardi en el Parlamento (siempre en contra del Gobierno y en sintonía con las demandas de los funcionarios públicos). De Bachelet, Velasco o Andrade no tengo nada que decir. Su “médula valórica” no es objeto de cuestionamiento. Pero no puedo dejar pasar a los otros actores.

    Para finalizar, me haría otra pregunta… ¿Cuál debiera haber sido el discurso de la izquierda (en boca de dirigentes gremiales o parlamentarios) para que nos declaráramos satisfechos desde el punto de vista de su consecuencia?

    Pude sonar una irrealidad, pero creo que demandaba una visión más comprehensiva y solidaria del momento-país, que hiciera mención a los chilenos más necesitados y que exigiera sacrificio y responsabilidad para enfrentar unidos los desafíos de la crisis.

  5. Daniel Brieba Says:

    Bueno, trataré de contestar. Hay tres temas que se me vienen a la cabeza con lo que escribes:

    1) Primero, la ya comentada identificación entre un órgano gremial y los partidos políticos. Lo que te dijo esa comentarista en tu blog es lo mismo que el FEI decía respecto al movimiento universitario y es una estrategia de la izquierda extra-parlamentaria por todos conocida. Pero la pregunta es si nos vamos a tomar eso en serio o no. Los funcionarios se fueron a paro por su sueldo, no para construir ‘poder social’ ni alimentar los delirios revolucionarios del PC. Apostaría mi (ojo, mano, huevo..) derecho a que entre los funcionarios públicos hubo y habrá más votantes de Piñera que del candidato de la izquierda extra-parlamentaria. Por ende, interpretar su huelga como una acción maquinada por ‘la izquierda’ me parece injusto tanto con los ‘partidos progresistas’ (PS, PPD, aunque su noción de progreso no sea muy clara) como con los cientos de miles de funcionarios públicos y municipales, que quedan reducidos a meras ovejas conducidas por una maquiavélica cúpula capaz de inflamar sus pasiones y hacerlos olvidar sus verdaderos intereses. Si hubo un olvido de los más vulnerables- y lo hay en toda huelga de funcionarios públicos, en todo el mundo- entonces ellos deben asumir como cuerpo esa responsabilidad, y no debemos en cambio endilgársela a ‘la izquierda’, cualquiera que ésta sea.

    2) Conectado a esto último, el tratar el comportamiento de los dirigentes de la ANEF y el de algunos políticos como Girardi o Carmona como LA izquierda, me sigue pareciendo tan injusto como cuando gente de izquierda se fija en lo que dijo Moreira y Pablo Rodríguez, o en las demandas de la SOFOFA, y dice que “la derecha” es intolerante, antidemocrática, avara o lo que sea. Es una percepción selectiva que se usa para perjudicar a un grupo entero a partir de lo que dicen los miembros más extremos, periféricos y no representativos de la familia. Distinto es si bajo el mismo título de tu artículo hubieras hecho una distinción al comienzo y aclarado que te estabas refiriendo al PC y a algunos de la Concertación. Pero en Chile ‘la izquierda’ incluye al PPD y al PS, y a veces a la Concertación como marca, y todos ellos cayeron por defecto bajo la acusación de tu pluma, y eso me pareció injusto, porque más allá de lo provocador de un artículo, creo que es de rigor identificar al adversario con claridad.

    3) Respecto a tus preguntas: por lo anterior, yo me declaro meridianamente satisfecho con la reacción de los principales dirigentes de la Concertación, en el sentido que no abandonaron al gobierno- tan sólo lo forzaron a subirse de 9,5% a 10%, que a cambio de permitirle a todas las partes declararse ganadoras, no me parece descabellado. Creo que todos los partidos y dirigentes, eso sí (y en esto antes la Alianza cumplía un rol fundamental), hace rato han cometido una irresponsabilidad enorme: han dejado de defender y argumentar posiciones que pueden traerles perjuicios electorales, aun cuando (por suerte) las sigan implementando. Pero esto no resiste en el largo plazo: todos andan pidiendo subsidios para el transporte rural, que no se quite tal o cual beneficio por irracional que sea, etc. Y en el mismo caso del paro, SI ES QUE la situación internacional no hubiera cambiado de manera tal que la inflación casi con seguridad bajará, conceder un 9,5% o un 10% habría sido bastante más irresponsable de lo que fue en las circunstancias actuales (¿lo habrían hecho igual? Ojalá que no). Por último, respecto a los gremios, y como dije en el punto 1 de mi artículo, no me pareció una demanda descabellada. Sí hubiera querido una extensión mayor de los ‘turnos éticos’ a otras reparticiones, cierta preocupación por casos ciudadanos absolutamente urgentes. Y respecto a los políticos de izquierda: de Girardi no espero nada, nunca. De la izquierda extra parlamentaria, se me ocurre que la inconsecuencia de la que tú los acusas está al nivel no de la práctica sino que de la teoría: precisamente porque ellos ven toda huelga como inherentemente conducente a mayor justicia social (ver el artículo que te acabo de mandar), porque el trabajador es ¡por definición! explotado por el empleador en la teoría marxista del trabajo, para ellos lo justo es apoyar la huelga, aun al costo temporal y de corto plazo de que alguna gente lo pase mal (pero no creo que realmente estén cómodos con los casos de muertos por el paro, aun si no lo denuncien públicamente). Y si hay gente que no puede hacer huelga como los funcionarios (tu crítica), su respuesta sería que entonces cambiemos la legislación para favorecer las huelgas en vez de andar nivelando hacia abajo prohibiéndole la huelga a los funcionarios públicos. Por supuesto, no toda huelga conduce a mayor igualdad sustantiva, y en eso sentido creo que hay una incoherencia entre lo que hacen y lo que quieren; pero, como dije, creo que esa incoherencia viene dada por su comprensión de la realidad social, y no por una inconsecuencia al nivel de la praxis entre el decir y el hacer.

    Nuevamente, me he excedido en mi elocuencia, pero tienes razón, ha sido una discusión interesante.

  6. vozyvoto Says:

    http://www.todopolitica.cl/?fecha=2008-12-03&post=2199

    Parece que efectivamente en esta batalla comparto equipo con los jesuítas…

  7. Daniel Brieba Says:

    Bueno, yo también. No estoy en desacuerdo con lo esencial en esa columna. De hecho por eso en mi artículo llamé a regular las negociaciones laborales (con mecanismos de arbitraje, etc.) en vez de tener huelgas ‘ilegales’ pero que se aceptan como legales. Hasta que eso pase la única alternativa de los gremios a agachar el moño es ser egoístas con la sociedad y hacer huelga. Son dos alternativas poco gratas. Pero notarás que Aldunate no mete a la izquierda en el baile, y ese es el punto en que he estado en desacuerdo.

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