Archive for 30 diciembre 2008

ENCUESTA CEP: SALVAVIDAS DE PLOMO

diciembre 30, 2008

por Cristóbal Bellolio (publicada hoy en www.latercera.com)

La encuesta CEP recién salida del horno confirma la tesis de que Sebastián Piñera necesita ampliar el padrón electoral para ganar la próxima elección presidencial. Su círculo de asesores debe estar lamentando haber cedido ante las presiones de la UDI para no aprobar la inscripción automática con voto voluntario.

Las cifras son demasiado contundentes como para seguir tapando el sol con un dedo: Los no inscritos no son antisistémicos ni anarquistas de extrema izquierda, sino más bien jóvenes cansados de la hegemonía concertacionista. Por lo mismo, de entre todo el generoso elenco de candidatos, sólo Piñera, Lavín y Farkas aumentan su intención de voto entre aquellos que no han cumplido el trámite de inscripción electoral. 

Ahora que Frei se perfila como el más probable candidato oficialista, es interesante comparar sus números con los de Piñera tanto en inscritos como en no inscritos. Entre los primeros, el abanderado de la Alianza obtiene escuetas ventajas sobre el senador DC en casi todas las categorías (“más preparado”, “capaz de unir al país”, “capaz de solucionar problemas”, etc.), mientras que entre los segundos las distancias son muchísimo más abultadas a favor de Piñera.

En la pregunta abierta “¿Quién le gustaría que fuera el próximo Presidente de Chile?”, Piñera obtiene 32% contra 7% de Frei entre los inscritos, mientras que entre los no inscritos Piñera llega a 37% frente a un escuálido 2% de Frei. Al igual que lo que ocurrió con Soledad Alvear, el ex presidente no calienta a nadie en el potencial electorado que actualmente no participa. Aquellos que se manifiestan “decididos a votar” por Eduardo Frei llegan a 17% entre los inscritos y apenas a un 7% entre los no inscritos.

Las preguntas cerradas son aun más lapidarias. Compitiendo además contra Tomás Hirsch y Adolfo Zaldívar, Sebastián Piñera le saca 11 puntos de ventaja a Eduardo Frei entre los inscritos, ampliando a ¡35 puntos! su diferencia entre los no inscritos. Sólo en este último escenario llega a un cómodo 53% de los votos.

En una eventual segunda vuelta, sólo entre los inscritos, el candidato opositor llega al 44% de las preferencias contra un 34% del candidato DC. Entre los no inscritos Piñera llega al 55% relegando a Frei a un 24%. De una competencia ajustada pasamos a una paliza.

Lamentablemente para las aspiraciones piñeristas, ya no hay mucho espacio para aprobar la inscripción automática antes de las elecciones presidenciales. La UDI obligó a Piñera a cargar con un salvavidas de plomo, basándose en un argumento mañoso y dudosamente democrático. Por otra parte, también se reafirma los que sostuvimos hace unas semanas acerca de la candidatura de Eduardo Frei: Entusiasmar a los propios no es lo mismo que empalmar con las aspiraciones políticas de la ciudadanía. Es probable que sus partidarios jueguen semánticamente con la idea de la inscripción automática, aunque en el fondo hagan todos sus esfuerzos para que el padrón no salga del congelador.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/encuesta_cep_salvavidas_de_plomo

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La Incontinencia Verborreica de Vidal

diciembre 29, 2008

por Javier Sajuria

Los herederos políticos de la dictadura no nos enseñarán a enfrentar los temas de DDHH“. Esta frase se despachó el Vocero de Gobierno Francisco Vidal ante los reclamos de RN por la elaboración de las listas de Detenidos Desaparecidos. Cuando muchos pedimos la renovación de la política o nos urge el cambio, nos referimos exactamente a esto. Personas como el ministro Vidal viven en un pasado que les es imposible superar. Nunca, mientras ostenten el poder, van a dejar de mirar al mundo bajo la óptica de la Guerra Fría que tan caro le costó a Chile durante muchos años.

Creo que no vale la pena analizar lo errado, odioso y falto de altura de miras del comentario del ministro, mal que mal, él es más conocido por sus errores mediáticos que por la aprobación de su gestión . Vidal es el símbolo de los hombres de ayer, aquellos que no pretenden dar por superadas las diferencias en nuestro país, sino que buscan mantenerlas todo el tiempo que sea posible, que les es imposible pensar que lo que nos une como país es mucho más que lo que nos separa. En tiempos como los actuales, donde todos los posibles candidatos presidenciales son personas que llevan más de 20 años en el ruedo político, se hace más urgente que nunca que miremos a aquellos capaces de superar el pasado, pero no con olvido ni desdén, sino con responsabilidad y aprendizaje.

Somos millones los jóvenes que hemos crecido (y la mayoría nacido) en democracia. Nuestra vida no ha estado marcada por las violaciones a los Derechos Humanos ni por las odiosidades que llevaron a los aciagos años de dictadura. No obstante, somos capaces de entender la rabia y la frustración de miles ante lo ocurrido. Lo que nunca vamos a poder aceptar es que por lo que ocurrió hace más de 20 años se siga amarrando a Chile a revivir indefinidamente sus odiosidades. Si no alzamos la voz en contra de aquellos que pretenden que vivamos el invierno de los 80, entonces seguiremos teniendo ministros y autoridades como Vidal, que no dudan en descalificar al adversario político en vez de gobernar para todos los chilenos. Afortunadamente, estas declaraciones se entienden cada día más como la falta de tino del que las dice en vez de la versión oficial de un Gobierno al cual él cada vez representa menos.

Si alguna vez Chile va a superar las diferencias del pasado, va a pasar cuando seamos capaces de cambiar no sólo las ideas, sino que las personas y los estilos. Si los mismos hombres de ayer nos siguen gobernando, si los mismos temas de ayer son los que vemos en el diario y si el mismo estilo odioso sigue siendo el que reina en las declaraciones oficiales, Chile no será capaz de enfrentar su nuevo centenario de vida con un mensaje optimista. Es hora de la renovación de la política, de cambiar caras, contenidos y estilos, para que no tengamos que seguir sufriendo los lapsus de incontinencia verborreica del ministro de turno.

 

“Tenemos que Renovar la Política” (Cristina Bitar)

diciembre 27, 2008

“Hoy existe un espacio, en los partidos actuales y en nuevos que se han formado o se seguirán formando, que debiera ser llenado con toda la fuerza de los jóvenes.

Sabemos que cuando el agua se estanca demasiado tiempo en algún lugar comienza a oler mal, pierde transparencia y frescura y deja de ser fuente de vida para transformarse en fuente de enfermedades. Esa es la percepción que tiene gran parte de la ciudadanía y en especial la juventud respecto de la actividad política. Esto es grave y tenemos que cambiarlo.

Renovar la política no es una opción, es una necesidad. O lo hacemos y despegamos hasta convertirnos en un país desarrollado, o nos resignamos a convertirnos en un país más de los que son gobernados en forma mediocre y corrupta.

Para que una nación logre el desarrollo se necesita una gran cantidad de factores que van mucho más allá de lo económico: se necesitan gobiernos de calidad, capaces de implementar las políticas que permiten el crecimiento; se necesitan seguridad jurídica, transparencia en las decisiones públicas y estabilidad. Todo eso depende de una buena política, de tener buenos políticos. Tenemos que revalorizar la política como algo importante. No podemos dejarles la política a los malos políticos, porque si lo hacemos lo vamos a pagar muy caro, como varios de nuestros vecinos latinoamericanos.

En esa misma línea, estoy convencida de que para construir un Chile de futuro son los jóvenes los que se deben entusiasmar con el servicio público. No es verdad que los jóvenes no estén ni ahí con la política. Cuando se presentan opciones de servicio concretas, los jóvenes se comprometen y se la juegan. Para muestra, basta ver a tantos que trabajan y han trabajado en Un Techo Para Chile. Creo que con lo que no están ni allí es con las peleas que no conducen a nada, con el discurso hueco que no apunta a sus necesidades reales, con la falta de sueños, con los políticos pegados en el pasado.

En los últimos años hemos visto que ha surgido una gran cantidad de organizaciones que permiten encauzar la vocación por lo político, por lo público, más allá de los partidos. Estas organizaciones no hacen sino reflotar la esperanza. La esperanza de que a mucha gente aún le importan la política y lo público. La esperanza de que si muchos hoy no participan, no es por desinterés ni desapego con lo que pasa en el país, sino que se debe simplemente a la falta de canales y a lo poco seductor que hoy en día resulta vivir la dinámica partidista tradicional.

Independientes en Red es un ejemplo; Expansiva, Educación 2020, Giro País, Atina Chile, la organización de dirigentes También Somos Chilenos, son otros. Hablamos de organizaciones que, desde ángulos y con intereses muy distintos tienen, sin embargo, algo en común: sus miembros están interesados en lo público y cada uno de ellos tiene capacidad de convocatoria.

Por este camino tenemos que seguir abriendo canales, enriqueciendo la participación, abriendo posibilidades. Pero también podemos cambiar la política desde dentro del sistema tradicional. Los partidos son esenciales para la democracia y hay que renovarlos y fortalecerlos. A modo de ejemplo, podemos ver que algunos de los grandes vencedores de la última elección municipal fueron candidatos jóvenes, diferentes, por los que la gente apostó y sus partidos también. Los partidos políticos que quieran crecer tienen que asumir este fenómeno. No pueden seguir con los mismos dirigentes y candidatos de los últimos 20 ó 30 años. Por ese camino sólo van a decaer y decaer.

En este mismo sentido, tiene que haber un cambio de discurso. El discurso político actual se ha quedado pegado en el pasado.Las dos coaliciones mayoritarias en Chile son herencia del plebiscito de 1988, y siguen atadas a una visión bipolar que no es capaz de dar cuenta de la diversidad de temas e intereses de los chilenos.

Necesitamos que se incorpore una generación de políticos que reconozca las tensiones entre libertad e igualdad, pero que luche por reconciliarlas. Una generación que se mira las caras sin resentimiento, dispuesta a trabajar codo a codo con todos los que se inscriban en la titánica empresa de cambiarle el rostro a Chile y mejorar la vida de los chilenos.

Hoy existe un espacio, en los partidos actuales y en nuevos que se han formado o se seguirán formando que debiera ser llenado con toda la fuerza de los jóvenes. Un espacio ideológico que desafía el eje tradicional de izquierda y derecha, y que pone énfasis en la profundidad de los nuevos temas y en la altura ética de las conductas.

Si influimos en generar más participación, más transparencia, más competencia y en la renovación de la política, podremos despertar nuevamente a un país que mira desde la distancia y cada vez con más apatía hacia el Estado. Podremos reencantar a una generación que está llena de ideales, podremos convocar a una inmensa mayoría que no se siente representada, podremos hacer un país mejor, más unido, más integrado y, de verdad, más democrático.”

Link: http://www.capital.cl/blog/index.php?p=2875

TEMO A LOS GRIEGOS…

diciembre 24, 2008

por Cristóbal Bellolio B. (publicado ayer en www.latercera.com)

“…y a los presentes que traen”, reza el viejo refrán alusivo al más mortífero de los regalos, aquel que Grecia depositó en forma de caballo de madera dentro de las paredes de Troya.

Fue lo primero que se me vino a la mente cuando leí que ciertos parlamentarios oficialistas propusieron quedarse sin vacaciones en febrero para hacer trabajo legislativo, tomando en cuenta las difíciles condiciones económicas que vivirán los chilenos durante el 2009.

La ciudadanía ya no cree en estas demostraciones de buena voluntad. Entre bonos de bencina autoaprobados, pichangas porteñas en horario laboral y honorables telefonazos de carretera, la opinión pública recibe con escepticismo este arranque de “servicio público”. El desprestigio de nuestra clase política es evidente, y la iniciativa del senador Gómez pretende revertir la peligrosa tendencia.

Será calificado de populista, demagogo, e incluso de ineficiente por no ser capaz de terminar la pega en el tiempo asignado. Pero al menos está dispuesto a sacrificar su tiempo libre, aquel que podría disfrutar con su familia o sus amigos, para seguir trabajando en proyectos de ley de cierta relevancia para el país. En ese sentido, es una señal inversa a todas las que ha dado el mundo parlamentario en el último año. Y como tal merece cierta valoración. No podemos dar palos porque bogas y palos porque no bogas.

¿Es una propuesta sustantiva? Quizás no. Pero si nace de una convicción sincera de responsabilidad pública, le hace bien a la política chilena. No por robarles arena y sol en un acto de venganza por “todas las que nos han hecho”, sino porque vuelve a posicionar al representante al servicio del representado. A muchos nos produce repugnancia el discursito del político que se desvive por el servicio público, cuando viene de la mano de una dieta inalcanzable para la enorme mayoría de los chilenos, se mueve con chofer y usufructúa de una serie de beneficios a los que ningún chileno común tiene acceso. Por lo mismo es digno de atención que de las palabras se pase a la acción. Que la ciudadanía perciba (las percepciones son importantes más allá de las realidades) que en esta pasada, ellos se están rompiendo el lomo por nosotros. Que durante este verano, alguien estará custodiando nuestros esfuerzos.

Temo a los políticos y a los presentes que traen. Pero en algún minuto este país tiene que volver a confiar en ellos. Y los regalos ayudan.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/temo_a_los_griegos

“El Fin de la Derecha” (Carlos Peña)

diciembre 22, 2008

Volvemos al amigo Peña, con su columna del Reportajes del Mercurio de ayer domingo 21 de diciembre. No pude sino recordar a un compañero de batallas políticas que hace un tiempo me dijo: “Para que a un joven no le de vergüenza votar por la derecha, hay que matar a la vieja derecha”. Peña anda en la misma. Y sinceramente, yo también. En eso, Piñera nos puede dar una mano, aun en ausencia de un discurso auténticamente político y republicano:

El principal efecto de la nominación de Piñera —para qué decir si gana— será la declinación de una parte de la derecha. Si Piñera es Piñera —si en el afán de cooptar a sus aliados no se traiciona a sí mismo—, entonces la derecha más conservadora comenzará a languidecer.

 Eso es lo que debería ocurrir.

 Desde antiguo, la derecha ha tenido varias inspiraciones; pero especialmente tres. Ha habido una derecha socialcristiana, otra de tinte liberal y otra, en fin, con carácter nacionalista y levemente corporativo. Las tres han poseído una muy marcada orientación de clase (que no es precisamente la obrera), sus grupos más relevantes gustan compartir un mito de origen (eso de que son clase dirigente) y suelen apelar a valores como el orden, el trabajo, y cosas así (aunque ellos prefieren hablar de los valores a secas, como si ese asunto fuera sencillo y claro).

El Partido Nacional alguna vez los reunió. Pero no duró mucho. Renovación Nacional lo intentó de nuevo. Tampoco duró.

 Ahora con la candidatura de Piñera, una de esas tendencias —ideológicamente más liberal, socialmente más plutocrática— hegemonizará al sector. No es de extrañar. Se trata de un viejo anhelo que, desde que empujó la candidatura de Büchi, e incluso en medio de las zancadillas que vinieron después, Piñera siempre abrigó. Si se lo mira bien (y se recuerdan las decenas de tropiezos de su vida pública), la porfía que ha exhibido no tiene otra explicación que un proyecto de largo plazo.

Hasta ahora solía creerse que el combustible de esa porfía eran la vanidad y la autorreferencia. Pero hay una lectura más digna: que en el origen haya un proyecto político mudo, que nadie pronuncia, pero que viene desde antiguo. El de subordinar a la derecha que fue prohijada por la dictadura.

Si Piñera triunfa en la competencia presidencial, es seguro que lo logrará. Y será histórico.

Si descontamos las patadas (gracias a las que accedió al poder por 17 años), la derecha ha estado casi un siglo en ayunas. Accedió a la presidencia sólo una vez desde 1920 hasta hoy. El resto del tiempo se alió con radicales o se plegó a la Democracia Cristiana.

Alguien —recordando las redes de la familia Piñera— podrá insinuar que eso es justamente lo que está ocurriendo ahora: que la derecha, a falta de un candidato xmejor, se pliega a un DC. Pero no. Piñera es de derecha. Sólo que de una derecha más modernizadora y liberal que la que se aloja en la UDI.

La UDI —uno de los raros casos de un partido prohijado en una dictadura que le sobrevive con buena salud después de casi 20 años— tiene rasgos de variada índole. Hay en él señas del viejo socialcristianismo (la UDI popular), algo de integrismo hispanista (ese que viene de Portada), y acaba de descubrir que entre todo eso y la ideología neoliberal hay afinidades. Eso es lo que explica que tenga rasgos del antiguo partido conservador (la disciplina y las creencias asociadas al catolicismo tradicional), acompañado de una confianza ciega en los mecanismos de mercado.

 Esa derecha es la que debiera declinar si Piñera —en su afán de cooptarla— no acaba confundiéndose del todo con ella.

Y lo más probable es que lo logre.

Sin Jaime Guzmán —que era capaz de ver debajo del agua y calcular los intereses de su partido hasta pasado mañana— es difícil que la UDI sepa manejar el apoyo a Piñera como una movida táctica. Si Piñera triunfa, la UDI necesitará una fuerte densidad intelectual para no retroceder estratégicamente ante ese otro sector de la derecha que es más desaprensivo con el presente y menos comprometido con el pasado. Si el éxito en los negocios es cosa seria, imagine el contagio cuando está acompañado del éxito político.

El éxito tiene lo que podríamos llamar un efecto performativo: al margen de las ideas, crea realidades por sí mismo. Por eso, si Piñera tiene éxito, la parte más conservadora de la derecha declinará.

Por supuesto este tipo de cosas —que un sector hegemonice a otro— no pasan sólo en la derecha. También en la Concertación. Sólo que en esta última ya ocurrió hace bastante tiempo. Es cosa de mirar a la DC. Sigue teniendo entusiasmo, amistad, recuerdos, abrazos, camaradas, incluso dispone de un candidato, pero después de la hegemonía socialista y pepedé, no le queda nada de vitalidad ideológica y generacional.

Algo así también le ocurrirá a esa parte de la derecha que hasta ahora había tenido la cautela —como sabiendo lo que vendrá— de pararse en la vereda situada exactamente al frente de donde estaba Piñera.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2008/12/21/el-fin-de-la-derecha.asp

NO TODOS SOMOS IGUALES

diciembre 21, 2008

por Cristóbal Bellolio B. (publicado el jueves 18 en www.latercera.cl)

Carretera abierta. Un carabinero detiene el auto en el cual viaja el senador por Santiago Poniente Guido Girardi (PPD). Procede a cursar la correspondiente infracción, de acuerdo a la ley tránsito, ya que se desplazaba muy por sobre el límite de velocidad permitida. Girardi se exaspera en el asiento trasero y telefonea a la subsecretaria de Carabineros. Hace una airada queja. La funcionaria transmite el malestar senatorial a la prefectura, comisaría o retén respectivo. Los carabineros que cumplieron su deber y no se dejaron intimidar por las insignias del poder, son sancionados. ¿Cómo se llama la película? No todos somos iguales.

Me pasó casi lo mismo hace un par de años. Corría a toda velocidad rumbo a mis vacaciones y un oficial de la ley se interpuso en mi camino a la felicidad. Me sacó un parte sin apelaciones. Dije que me pasó “casi” lo mismo, porque como yo no soy senador ni político de gobierno no tuve a quien llamar. Seguramente llamé a mi madre, más que nada para descargar mi rabia (los malos hijos solemos hacer eso en momentos difíciles) o para recibir consuelo emocional (a veces también hacemos eso). Pero mi madre, menos mal, no tiene la facultad de poner al Estado a trabajar a mi exclusivo y caprichoso servicio. En eso, Girardi y yo no somos iguales.

El senador argumentó que no tuvo intención de dañar la carrera de los carabineros en cuestión. Probablemente no la tuvo, de lo contrario lo acusaríamos de crueldad y no sólo de tráfico de influencia. Dijo además que su llamado sólo tuvo por objeto hacer presente la disparidad de criterios policíacos, ya que otra caravana oficial pasaba como un rayo a su lado sin ser importunada en su vertiginosa carrera. Se trata de una tesis francamente ridícula: Si la aceptáramos, tendríamos que absolver a todos los delincuentes que, asumiendo su culpabilidad, manifiestan que hay otros igualmente culpables que han escapado sin castigo. El brazo de la ley es largo, pero no siempre los alcanza a todos los infractores y criminales. Lo importante es que los que sean alcanzados (ojalá más que menos) paguen por sus acciones. La caravana que supuestamente despeinó a Girardi no puede ser utilizada como justificación para una indecencia como la que protagonizó.

Perdón, ¿dije indecencia? Con todas sus letras. No soy tan ingenuo como para creer que en este país la pequeña coima no existe. Sacarse un parte en la carretera está entre las prácticas clásicas del pitutaje criollo. Nos enorgullecemos porque nuestros carabineros no reciben plata a cambio, pero un telefonazo a posteriori cumple igualmente el objetivo. Lo grave en este caso es que se trata de un representante de millones de chilenos. No estamos cuestionando su idoneidad moral (en la oscuridad de su alcoba puede patear peluches con saña y no nos importa) sino su relación con las instituciones. Presionando a la subsecretaria de Carabineros debilita su autoridad. Obteniendo como resultado (con o sin quererlo) la suspensión de los carabineros que cumplieron con su deber afecta la vocación de justicia e imparcialidad de las fuerzas de Orden: De funcionarios dignos de admiración pasaron a ser funcionarios manchados, porque se metieron con el hombre equivocado. Eso se parece a lo que ocurre en las películas de mafiosos. Aquellas en las cuáles los ciudadanos nunca son todos iguales.

Link:  http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/no_todos_somos_iguales

LA CRISIS DE LA POLÍTICA CHILENA

diciembre 18, 2008

por Daniel Brieba (publicada hoy jueves 18 en El Mostrador)

 

La política chilena está en crisis. No se trata, afortunadamente, de una crisis de conflictividad aguda, como la que vivió Chile en 1973. Tampoco se trata de una crisis de desintegración política como la que azota a Perú o Ecuador desde hace años, con innumerables y minúsculos partidos políticos apareciendo y desapareciendo con la rapidez de los ciclos eleccionarios. Menos aún se trata de una crisis de corrupción generalizada- basta mirar a Argentina o México para entender lo que el clientelismo y la corrupción realmente son. No; nuestra actual crisis política es una crisis de representación. Es una crisis en la capacidad de nuestros partidos y líderes políticos de identificarse con las aspiraciones, sueños e intereses de la gran mayoría de los chilenos. Es una crisis en la capacidad de articular relatos llenos de sentido colectivo, que nos inviten a soñar sueños compartidos y que nos motiven a sacar lo mejor de nosotros mismos para construir el Chile del futuro. De modo más profundo, es una crisis en la capacidad de los chilenos comunes y corrientes de identificarse con sus líderes y representantes. Percibidos como una elite cerrada en su reclutamiento y autorreferente en su discurso, nuestros líderes de antaño se han transformado en la ‘clase política’ de hoy, distinta y lejana a los ciudadanos comunes y corrientes. En un país que en los últimos 20 años ha dado saltos impresionantes en su ingreso, que cuenta con una ciudadanía más educada e informada y cuyos derechos civiles, políticos y sociales se respetan más y mejor, la gente se siente en condiciones de exigirle más a sus políticos que antes. Menos dóciles, menos temerosos del conflicto y empoderados por su incipiente rol como consumidores, los ciudadanos del siglo XXI tienen nuevas expectativas sobre lo que la política les puede y debe entregar. Frustrados por una Concertación que ha perdido su impulso modernizador y que ha devenido una simple asociación para mantener el poder, y alienados por una Alianza sin mística ni propuestas distintivas e incapaz de cortar el cordón umbilical con la dictadura, los chilenos nos hemos vuelto profundamente cínicos respecto a ‘los políticos’ de lado y lado. Los rechazamos como grupo y con una virulencia que recuerda a la de los argentinos con sus propios políticos, a pesar del abismo en la calidad de desempeño que existe entre unos y otros.

 

¿Cómo salir de esta situación? Por lógica, sólo hay dos caminos: o aparecen nuevos partidos que rompan el duopolio Concertación/Alianza o los partidos ya existentes se renuevan generacional y programáticamente desde dentro. La primera opción se ve dificultada por la combinación de un sistema electoral que castiga brutalmente al que llega tercero, y una ley de partidos políticos que pone barreras muy altas a la creación de nuevas alternativas. El segundo parece más fácil, pero la poca democracia interna de los partidos dificulta enormemente la aparición de liderazgos emergentes, a la vez que una rápida mirada a las juventudes políticas de cualquier partido es suficiente para salir llorando: cunas de docilidad, reproducen fielmente el discurso confrontacional y añejo de sus mayores, y no son más que el servicio miliar obligatorio para aquellos jóvenes con esperanza de ser parlamentarios en el futuro. En ellas no se respira un aire de renovación y futuro. Así, con la renovación desde fuera bloqueada por un sistema institucional que privilegia sin sutilezas la estabilidad por sobre la representatividad, y la renovación desde dentro por la falta de democracia interna y una aparente falta de capital humano joven, el dilema en que nuestra política está metida no es fácil de resolver.

 

Para la elección presidencial del próximo año, aparece ya como inevitable que tendremos una confrontación entre dos coaliciones que representan el pasado. Ninguna ha entendido el Chile que ha salido del horno después de 20 años de crecimiento económico y democracia, ni mucho menos se ha adaptado a él. Ninguna tiene el lenguaje o la credibilidad para hablarle a la creciente proporción de chilenos dispuestos a no basar su voto solamente en el eje pro/anti Pinochet. Ninguna nos presentará, al parecer, un candidato presidencial que lleve menos de 18 años en las más altas esferas de la política. Para colmo, sus desempeños recientes hacen difícil evitar la sensación de que competirán los que merecen perder contra los que no merecen ganar. Así las cosas, sólo queda invertir desde ya en el futuro. El 2014 puede parecer lejos, pero para todos los que desde cualquier mirada ideológica sueñen con una política renovada, menos elitista y más representativa de los problemas y aspiraciones del común de los mortales, el tiempo de construir es ahora.

 

Link: http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/la-crisis-de-la-politica-chilena/

 

¿PARA QUÉ SIRVE UN MINISTERIO DE LA JUVENTUD?

diciembre 17, 2008

por Cristóbal Bellolio (publicada hoy en www.latercera.com)

Hoy se vota en la Cámara de Diputados el proyecto que crea el Ministerio del Deporte y la Juventud. Ha sido poco discutido en la opinión pública antes del trámite legislativo, pero en Chile es normal que eso ocurra. El propósito de las siguientes líneas es reflexionar acerca de la conveniencia de dicha iniciativa.

Partamos por reconocer que deporte y juventud no son áreas que necesariamente deban ir de la mano. Políticas públicas deportivas pueden ser implementadas incluso para la tercera edad, y existen cientos de miles de jóvenes absolutamente sedentarios. Podríamos, entonces, cuestionar el vínculo. Pero como dice el refrán, la unión hace la fuerza. Tanto el deporte como la juventud adolecen de una institucionalidad pública potente, y ambas son tremendamente necesarias para el desarrollo integral del país. Hoy tenemos varios ministerios sectoriales (cultura, medioambiente, mujer), y no parece correcto discriminar en contra de algunas áreas negándoles la posibilidad de contar con una repartición pública con peso político y capacidad de gestión. La razón por la cual deporte y juventud aparecen unidas en esta batalla obedece a que separadas no tienen la capacidad de convertirse en ministerios. Por lo mismo es tan relevante que queden consagradas dos subsecretarías independientes, una para deporte y otra para juventud.

Actualmente el actor encargado de velar por los intereses de la juventud en la esfera pública es el Instituto Nacional de la Juventud (INJUV). Su Director Nacional se equipara jerárquicamente a un jefe de servicio, lo que merma su poder político frente a otros ministerios. No seamos ingenuos: El rango de ministro importa. No va a solucionar todos los problemas del sector ni le endosa automáticamente mayores atribuciones, pero integra el Gabinete y se plantea como par en la alta dirección del Gobierno. En este sentido elevar el nivel de la institucionalidad de juventud entrega una señal notable: Los jóvenes, frecuentemente estigmatizados por su escaso involucramiento en el sistema político, pasarán a transformarse en una prioridad de Estado.

Seguramente algunas voces cuestionarán la necesidad de engrosar el sector público con más burocracia. Es una legítima aprensión. Pero no olvidemos que el Estado sigue siendo una herramienta de transformación social que impacta, más o menos dependiendo de su efectividad, en las condiciones de vida de las personas. De eso se tratan las políticas públicas. Y todo indica que la juventud tiene merecimientos más que suficientes como para reclamar una agenda de políticas públicas específicas, ya que en dicha etapa de la vida se verifican condiciones de desventaja objetiva respecto de otros tramos etáreos. Así por ejemplo, los jóvenes constituyen por lejos el grupo más golpeado por el desempleo (llegando al 14% nacional), lo que abre una espiral de pobreza difícil de revertir; Los que logran acceder a la educación superior se enfrentan a un grave problema de financiamiento, especialmente en la clase media; Una vez en el mercado laboral, las barreras al emprendimiento se agudizan en la falta de experiencia; La falta de herramientas se traduce en falta de oportunidades, lo que tiene que volcarse en capacitación; La discriminación todavía es un tema; Las políticas en materia de sexualidad tienen un rol importante que cumplir, educando y entregando más información y acceso. 

Pero más importante que nivelar situaciones, se hace vital invertir en juventud. En ella se encuentra un potencial creativo que bien articulado puede ser el tránsito de Chile al desarrollo, económico y cultural, pero por sobretodo sustentable. Hasta hoy, las nuevas generaciones se declaran ajenas a los procesos políticos que se llevan a cabo en nuestro país, y el objetivo debe estar puesto en hacerlos protagonistas, incrementando el sentido de pertenencia e identidad con una democracia más inclusiva.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/para_qu%C3%A9_sirve_un_ministerio

POR QUÉ LA UDI DEBE APOYAR A PIÑERA HOY

diciembre 12, 2008

por Cristóbal Bellolio (publicada hoy en www.latercera.com)

La UDI enfrenta hoy una jornada importante. Debe decidir si apoya o no la candidatura presidencial del partido aliado, después de haber llevado uno de sus filas en prácticamente todas las contiendas anteriores. Y no se trata de cualquier candidato de RN: Se trata de aquel con quien más roces han tenido históricamente.

Más allá de los números (se anticipa una clara mayoría a favor de la opción de respaldar a Sebastián Piñera), es muy relevante que las razones que sustentan el voto político sean consistentes. Sólo así la decisión tendrá la legitimidad que provee el peso de la razón y no será leída como una operación fraguada entre cuatro paredes.

Es probable que la palabra “generosidad” sea repetida una y mil veces: En un acto de grandeza, la UDI “cedería su opción” de levantar candidato propio para endosar institucionalmente la confianza a Piñera. Pero es recomendable no abusar del término. Soledad Alvear no renunció a su candidatura presidencial por generosidad (como han querido ver algunos), sino sencillamente porque las mentes lúcidas hacen primar en algún momento la realidad por sobre la ilusión: La UDI no tiene ninguna posibilidad de construir un candidato capaz de amenazar la posición del candidato RN.

Los argumentos que debieran ser esgrimidos en el voto político deben tener cierta lírica (en la UDI están convencidos de que el suyo es un partido que se distingue del resto porque busca el interés del país antes que el suyo propio), pero no pueden abandonar la exploración de causales propiamente políticas. Dos, a mi juicio, son definitorias.

La primera es la imagen de gobernabilidad que puede proyectar la Alianza a partir de la elección anticipada de un candidato único. La Concertación ha reclamado por mucho tiempo el patrimonio exclusivo de la gobernabilidad. Y la Alianza se ha caracterizado por hacer primar la rencilla personal antes que el proyecto colectivo. Este es un buen momento para cambiar esa lamentable tradición. La ciudadanía premia la unidad. Y mientras antes se entregue esa señal, mejor. Hay una pésima reputación que revertir y no hay tiempo para lujos. No perdamos de vista el hecho de que la Alianza es un caso inédito de oposición que no capitaliza el descenso del oficialismo, y que el mérito de puntear las encuestas le pertenece casi exclusivamente al candidato.

La segunda razón apela a la participación del elenco gremialista en la definición del programa presidencial y las respectivas fases de la campaña. Mientras antes se integren, más empapados estarán con la mística de la empresa. Eso aumenta las posibilidades de que finalmente la sientan auténticamente “propia”. Quizás hasta terminen por tenerle cariño al candidato. En este punto tampoco podemos olvidar que los obreros de un eventual gobierno de Piñera no serán los coroneles de la UDI, sino esa enorme cantidad de jóvenes que se han formado en los distintos semilleros gremialistas. Nadie más ha hecho ese trabajo en la Alianza, y me atrevo a decir, en Chile. Y Piñera tiene clarísimo que ellos serán la fuerza innovadora de su administración. Estos cientos de jóvenes no han heredado el rencor que muchos dirigentes de la UDI le profesan al empresario, y son bastante más pragmáticos en su cálculo: Llegó la hora de pasar del papel a las políticas públicas, y hoy es Piñera la puerta de entrada a las transformaciones que tanto han soñado.

En contrario, se ha sostenido que dejar que Piñera corra solo durante un año completo sería dejarlo a merced del ataque despiadado del Gobierno y la Concertación. Pero, ¿acaso no ha sido así durante los últimos años? ¿O acaso Vidal ha gastado saliva en desprestigiar a Lavín o Longueira? Además, siempre será preferible que el candidato cuente con más defensores que eviten que entre directamente a la polémica. También se ha señalado que una primaria en la Concertación atraería la atención de los medios dejando a Piñera huérfano, haciendo analogía con el caso de la primaria demócrata que concentró la expectación en desmedro del candidato republicano John McCain. Es curioso que en EEUU la tesis fuera exactamente la contraria, ya que se presagiaban efectos desastrosos tras una primaria intensa, desgastante y casi autodestructiva para las confianzas internas.

El escenario actual se parece mucho más al de 1999 que al de 2005, ya que hay un candidato tan bien aspectado que parecería mezquino regatearle el apoyo. La política es una maratón, y lo que hoy haces por mí, mañana puedo hacerlo yo por ti.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/por_qu%C3%A9_la_udi_debe

FREI: MÁS DE LO MISMO

diciembre 10, 2008

por Cristóbal Bellolio (publicada el 10 de diciembre en La Tercera)

Las encuestas señalan que uno de los beneficiados con la bajada de Ricardo Lagos es Eduardo Frei. Pero lo cierto es la promesa de renovar la política está lejos de cumplirse en la postulación del ex presidente democratacristiano.

Es entendible que en su partido respiren aliviados por encontrarse (al fin) con un escenario favorable para enfrentar la competencia al interior de la Concertación. Es comprensible que ahora nos traten de convencer de que Frei viene recargado, ganoso y dispuesto a ampliarse hacia el mundo independiente. Es contundente también la evidencia en contrario.

Frei no emerge de un proceso de recambio, en momentos en los cuales Chile pide a gritos desde todos los rincones la irrupción de caras nuevas capaces de reencantar a la ciudadanía. Está claro que el sorprendente fenómeno Farkas es un síntoma más de la enfermedad, aunque esté lejos de ser su remedio. El experimentado senador viene protagonizando la política chilena de los últimos 20 años, y en su lenguaje todavía están presentes las permanentes alusiones a “nosotros los que derrotamos a la dictadura”. Frei tiene razón al sostener que la política no se hace con el carnet de identidad, pero justamente en el caso chileno la edad carga con el peso afectivo de nuestra historia reciente de división. Es un problema generacional y no etáreo.

Seguramente me recordarán que el mismísimo Sebastián Piñera compitió contra Frei en las senatoriales de 1989, y que desde ese punto de vista ninguno representa cabalmente renovación. En este punto no olvidemos que este último ya estuvo 6 años al mando de la nación, sumado al hecho de que pertenece a una coalición que cumplirá dos décadas en el poder (lo que permite aventurar que “ya tuvo su oportunidad”) y que está mucho más asociado a la imagen del político tradicional que la ciudadanía prefiere evitar (lo que no ocurre en el caso de Piñera).

En lo sustantivo, sabemos que Frei está trabajando en un proyecto que hasta el momento anticipa interesantes modificaciones constitucionales. ¿Será suficiente? ¿No parece un intento desesperado por copar el vacío de liderazgo sin estar en plena sintonía con lo que los chilenos realmente esperan de sus políticos? En sus intervenciones públicas es común escuchar “en esto he sido muy claro”, “siempre he tenido una sola línea” o “la gente ya me conoce”, sin profundizar mucho acerca de cuál es la claridad o la línea. Lo que damos por descontado es que la gente lo conoce: Frei es más de lo mismo. Ni el mejor fashion emergency puede cambiar este dato. Y finalmente, si parte del objetivo es convocar a la juventud, la candidatura de Frei es derechamente matapasiones. 

¿Está José Miguel Insulza más legitimado para reclamar la bandera del cambio dentro de la continuidad? Puede que sí. A Sebastián Piñera le resultaría más sencillo arrastrar a Frei a la semántica de futuro versus pasado, lo que no es tan claro en el caso del secretario general de la OEA, que todavía conserva cierta frescura. Visto desde otro punto de vista, la candidatura de Frei frena las aspiraciones de Adolfo Zaldívar y plantea seria disputa por los votos del centro. El riesgo en ese caso es descuidar los elementos descontentos de la izquierda concertacionista, que pueden verse tentados a iniciar el camino propio. Como vemos, Frei está demasiado lejos de ser la solución de los problemas de una coalición a todas luces desgastada.

Link: http://papeldigital.info/lt/edicion.html?20081210010042