¿TODOS KEYNESIANOS?: UNA RESPUESTA

por Daniel Brieba

En una columna recién publicada en este blog, Axel Kaiser cuestiona elocuentemente la opinión, sin duda bastante popular por estos días, de que hoy ‘somos todos keynesianos’. Aprovechando la claridad de su exposición, me saltaré la recapitulación de rigor y me remitiré directamente a la sustancia de mis desacuerdos con su columna. En lo esencial, me parece que esta columna tiene la pasión y convicción del militante, pero por lo mismo carece del rigor, la reflexividad y hasta la duda que asuntos tan complejos como estos merecen. Porque la columna es confusa respecto al (e injusta con) el keynesianismo y acomodaticia con el neoliberalismo, no puedo compartir su diagnóstico respecto a que los eventos recientes en la economía mundial no supondrían un desafío al neoliberalismo ni tampoco un renacer keynesiano. Como además está escrita desde una lógica de trincheras ideológicas, tampoco nos ayuda a entender los desafíos que la realidad nos presenta hacia el futuro. Vamos viendo…

 

Mi primer problema es con la forma en que la columna presenta al keynesianismo. Evidentemente, cuando no se definen los términos con claridad,  es fácil atribuir todo lo malo a la opción contraria y todo lo bueno a la posición de uno. Esto es lo que hace la columna al equiparar keynesianismo con mayor intervención en la economía (y a ambos conceptos con el ‘progresismo’ como corriente política). Es imposible hacerme cargo de lo burdo de esta triple igualación en todos sus niveles. Baste aquí con señalar que el keynesianismo es en su esencia una doctrina económica que propone usar la política fiscal como herramienta contracíclica: es decir, el gobierno gasta menos para moderar la inflación y ahorrar plata en tiempos de vacas gordas, y gasta más para mitigar las recesiones en tiempos de vacas flacas. Exactamente lo que ha hecho Chile, por ejemplo: su paquete de US$4 mil millones es una instancia clásica de keynesianismo. Incluso gobiernos sin ahorros se están endeudando para estimular su economía: Estados Unidos y Gran Bretaña (a través de la reducción del IVA) son casos evidentes. Pero estas intervenciones fiscales poco tienen que ver con simplemente ‘más Estado en la economía’, al estilo por ejemplo de la política industrial activa de los gobiernos latinoamericanos durante la era de industrialización por sustitución de importaciones (ISI). Esto último nada tiene que ver con keynesianismo, y esta confusión conceptual entre política fiscal e intervencionismo económico generalizado está en el corazón del argumento de Axel, que subsume ambas cosas en la única dimensión de más o menos Estado. Haciendo esta necesaria distinción, podemos apreciar que si la reciente resurrección de los paquetes de estímulo fiscales, a lo largo y ancho del globo, no son un renacer político del keynesianismo- una doctrina que en cualquier caso nunca estuvo ni tan muerta ni fue tan desastrosa como él sugiere-, es difícil ver qué puede serlo.

 

Mi segundo problema es con la interpretación que la columna hace del neoliberalismo. Me parece que es un error serio el no diferenciar entre el neoliberalismo académico de Hayek, su recepción por economistas y ‘policymakers’ en organizaciones internacionales, y el neoliberalismo como ideología política y ni hablar de los ‘neoliberalismos reales’ que han existido bajo los gobiernos de un Reagan, un Pinochet o una Thatcher. Al defender el neoliberalismo desde un filósofo sutil y complejo como Hayek, mágicamente blanqueamos al neoliberalismo de toda culpa histórica y se nos escapa el sentido de las críticas que le han hecho tipos como Samuelson y Krugman, quienes difícilmente están por meter al Estado en todas las áreas de la economía, como parece creer Axel. Cuando ellos hablan de la caída del paradigma neoliberal, no están pensando volver al ‘keynesianismo’ de mediados del siglo XX (ni menos a un modelo de desarrollo ISI que nunca compartieron), sino que están señalando el fin de un discurso político (y de gran aceptación en círculos académicos norteamericanos inspirados por el libertarianismo de Nozick) que nos decía que los mercados se autorregulaban, que menos Estado era siempre mejor, que los impuestos son poco menos que un robo de la riqueza y trabajo de los privados, y que bastaba con asegurar derechos de propiedad para emprender el camino del desarrollo. La desregulación financiera y la consecuente globalización de los flujos de capital fue un producto directo de esta visión de un Estado que debía limitarse a funciones esenciales y dejar las finanzas a los privados. Es evidente que la ligereza de mano en la regulación financiera estadounidense que nos ha costado tan caro no fue casualidad, sino producto directo de una ideología y de un clima político profundamente hostil a las regulaciones estatales. ¿Hayek no habría estado de acuerdo? Quizás no. Pero los neoliberales de los ‘80 fueron los promotores directos de estas medidas.  Y es este neoliberalismo, no el neoliberalismo hayekiano de regulaciones inteligentes de Axel, el que ha sido histórica y políticamente relevante, y cuyo paradigma ha colapsado bajo su propio peso.

 

Por último, el trincherismo ideológico que resulta de pintar los problemas actuales- tal como si estuviéramos en 1979 en vez del 2009- como una lucha entre neoliberales y keynesianos podrá servir para acentuar diferencias y ridiculizar al adversario (a esos pobres ‘tontos’), pero en contrapartida se vuelve más difícil percibir que detrás de la verborrea hay sustancial consenso entre ambos bandos en lo fundamental: que los mercados regulados son esenciales, que lo que debemos hacer en el futuro es tener mejores regulaciones financieras, y que el desafío es producir regulaciones que aseguren que un desastre como el actual no se repetirá, sin con ello liquidar el dinamismo y la innovación de los mercados financieros. Al menos los progresistas que yo conozco estarían tan de acuerdo con esto como presumo lo está Axel. Si bien hay diferencias legítimas entre neoliberales y keynesianos que es útil discutir, presentar el debate como una nueva lucha entre mercado y Estado sólo contribuye (y que Axel me perdone el marxismo) a reificar y fetichizar ambos términos, rigidizando así posturas ideológicas gastadas y crecientemente irrelevantes para los problemas del mundo del siglo XXI. No vamos a resolver el calentamiento global con ‘más Estado’ o ‘más mercado’, sino que con una combinación inteligente de ambos, donde el primero fija las reglas del juego y el segundo transmite información y asigna recursos. Lo mismo puede decirse del desarrollo del Tercer Mundo, donde en vez de seguir enfrascados en una disputa (reificada y fetichizada) acerca de si el Estado o el Mercado son el infierno o el paraíso en la Tierra, haríamos bien en preguntarnos cómo mejorar la capacidad y accountability de nuestro sistema político, a la vez que mejoramos el clima de inversiones y producimos los bienes complementarios, como infraestructura física y humana, necesarios para tener mercados dinámicos. Estoy seguro que tanto ‘neoliberales’ como ‘keynesianos’ (y progresistas de toda especie) usarían mejor su tiempo buscando estas respuestas que usando la primera gran crisis del siglo XXI como campo de batalla para ver quién tuvo razón en el siglo XX.

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4 comentarios to “¿TODOS KEYNESIANOS?: UNA RESPUESTA”

  1. Javier Sajuria Says:

    Este hubiera sido un buen Cara & Sello para la Capital, no?

  2. Juan Francisco Galli Says:

    Muy buena columna Daniel! Tiendo a creer que el ponerle nombres o “ismos” a nuestras ideas tiene más que ver con querer darle importancia al argumento que con conocer o reflejar realmente lo que el personaje o ideología representa.
    Coincido absolutamente contigo en que la defensa de ideologías que han demostrado tener vacíos no aporta en nada a solucionar los problemas del siglo XXI.

    Un abrazo,

    JF

  3. Daniel Brieba Says:

    Demás, aunque en el Cara&Sello se escribe sin saber lo que el otro dice por lo que es más difícil generar debate directo. En concordancia con los dos puntos centrales del debate, aprovecho de dejar 2 links del Financial Times sobre la crisis aparecidos hoy. El primer artículo se cuestiona qué queda del neoliberalismo después de esta crisis. El autor es Martin Wolf, conocido por escribir libros en defensa de la globalización:

    http://www.ft.com/cms/s/0/c6c5bd36-0c0c-11de-b87d-0000779fd2ac,dwp_uuid=ae1104cc-f82e-11dd-aae8-000077b07658.html?nclick_check=1

    Y una cita del artículo para dar una idea de su tenor:
    “The financial system is the brain of the market economy. If it needs so expensive a rescue, what is left of Reagan’s dismissal of governments? If the financial system has failed, what remains of confidence in markets?”

    El segundo es un análisis y defensa de algunos mensajes centrales de Keynes, escrito por Robert Shiller, profesor de economía de Yale- otro que no tiene problemas en afirmar que “We are seeing, in this financial crisis, a rebirth of Keynesian economics”:

    http://www.ft.com/cms/s/0/453e55ca-0c0c-11de-b87d-0000779fd2ac,dwp_uuid=ae1104cc-f82e-11dd-aae8-000077b07658.html

  4. Regreso al Keynesianismo: ¿Efecto crisis u oportunismo político? « POLITICA PARA PRINCIPIANTES Says:

    […] y contestada por Daniel en calidad de coautor de “Politica para Principiantes” (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2009/03/06/%c2%bftodos-keynesianos-una-respuesta). La moderación corrió por cuenta del otro coautor de este sitio, Cristóbal Bellolio. Qué mejor […]

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