Archive for 29 abril 2009

LA PROMESA DE LA POLÍTICA

abril 29, 2009

por Cristóbal Bellolio (reseña publicada en la sección Biblioteca QP de la Revista Qué Pasa, edición del viernes 24 de abril)

LLEGA A NUESTRAS MANOS UNO DE LOS MEJORES ESFUERZOS DE HANNAH ARENDT POR ENTREGAR UNA INTERPRETACIÓN ORIGINAL Y COHERENTE RESPECTO DE LA TRAYECTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA, SURCADA POR SUS TEMAS PREDILECTOS: LA PLURALIDAD COMO CONDICIÓN DE LA POLÍTICA, Y LA ACCIÓN COMO SUPREMO ACTO DE CONSTRUCCIÓN DEL MUNDO.

Al iniciar su clásica obra “La Condición Humana”, Hannah Arendt nos relata que en la vieja Roma la expresión latina inter homines esse significaba a la vez “vivir” y “estar entre los hombres”. Lo mismo ocurría con su inverso inter homines esse desinere: “morir” y “cesar de estar entre los hombres”. La lúcida obsesión arendtiana por explicar la política como aquel espacio público en el cual los seres humanos se relacionan, ese mundo que sólo existe entre y no en nosotros, adquiere un renovado vigor cuando se lo examina en contraste a la tradición del pensamiento político occidental. Ese el principal objetivo de esta colección de ensayos (publicados en 2005 y traducidos al castellano recién en 2008) de la genial teórica alemana, que pone a disposición del lector una interpretación original respecto al rol de la filosofía y a su histórico desprecio hacia los asuntos contingentes del poder.

La línea argumental de Arendt comienza en el célebre juicio a Sócrates. En esta ocasión, el propio Platón se habría desilusionado profundamente de un sistema en el cual todas las opiniones tienen igual valor y pueden acarrear consecuencias injustas. En la necesidad de encontrar una verdad universal, inmutable y absoluta se encontraría la razón original para rechazar la acción humana, cargada de incertidumbre, como criterio válido para explicar la realidad. De esta forma se explica que desde el idealismo platónico hasta la ideología marxista, nuestra filosofía política ha estado en permanente búsqueda, con pocas excepciones, de grandes construcciones normativas supuestamente capaces de dar respuesta a todas las preguntas de la humanidad sobre la tierra. El problema, según la autora, es que en este camino los filósofos han terminado por aniquilar el verdadero sentido que la política tuvo alguna vez en la Grecia antigua, “esa clase de diálogo que no precisa de una conclusión para ser significativo”.

En el fondo, es la experiencia concreta del hacer la que queda relegada, ya que sería algún designio misterioso el que hace que nuestras acciones se estructuren y ordenen de tal manera que pareciera que tuvieran un sentido providencial emanado de una racionalidad superior o de la naturaleza, como también lo pretendieron Kant y Hegel. Qué tal si en lugar de escudriñar dicho espíritu incognoscible, parece preguntar Arendt, la filosofía política volviera a dignificar la existencia misma de una pluralidad de hombres que comparten la tierra en un período limitado de tiempo. Cuánto horror nos habríamos ahorrado. Cuán valiosa habría sido la convivencia propiamente humana, en toda su igualdad y en toda su diversidad. Pero más importante aún, podríamos volver a dimensionar el maravilloso poder creador que acompaña al ser humano, y que se pone en marcha cada vez que decide trazar un nuevo comienzo. Parte de la inédita contribución de esta compilación es el tratamiento de la experiencia cristiana del perdón y la romana de la fundación como ejemplos proverbiales de esta capacidad de romper con el pasado en un esfuerzo por vivir auténticamente el presente. El caso del perdón (que para Arendt es el aporte específicamente político del mensaje de Jesús) es significativo, ya que “consigue establecer un nuevo comienzo allí donde los comienzos parecían haberse hecho imposibles”. El acto fundacional, a su vez, fija un hito que vincula a una comunidad y confiere sentido a su vivencia genuinamente política. En síntesis, en la dinámica de perdonar y fundar, símbolos de la acción propiamente humana, residiría nada menos que la clave que nos permite hablar de libertad.

Si bien el contexto actual es distinto de aquel en el cual escribió la Arendt, su lectura en nuestros días no puede circunscribirse a comprobar que finalmente tenía razón respecto de las recetas ideológicas y totalitarias. La interpretación puede ser muchísimo más viva, si aquellos que tenemos vocación política estamos dispuestos a abandonar ciertos lastres en la aventura de abrir nuevos comienzos.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/filosofia_y_politica

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¿INDEPENDIENTES EN RED COMO ACTOR POLÍTICO? YO VOTO QUE SÍ

abril 26, 2009
por Daniel Brieba (intervención leída en el Consejo Ampliado de Independientes en Red celebrado el sábado 25 de abril)
consejoampliado
Al igual que la vida, la política también tiene sus ciclos, y en la política chilena el ciclo actual está llegando a su fin. A pesar de que Bachelet inició su presidencia bajo una promesa de renovación, los partidos de la Concertación fueron más fuertes: debilitados por sus disputas internas de poder y paralizados por su creciente esterilidad ideológica, fueron incapaces de seguirla o de plantear una agenda de cambio para el siglo XXI. En la Alianza las cosas fueron peores: con la promesa de al fin llegar al poder después de 20 años de derrotas colgando sobre sus cabezas, sus dirigentes no tuvieron ni la inclinación ni los incentivos para aprovechar estos nuevos 4 años de oposición para pensar el Chile del 2020 ni para proponer audaces cambios al status quo. Lo cierto es que, más allá del cliché, la actual generación de políticos que dirigen a Chile- y con ellos ciertos rasgos de su forma de hacer política- está en su ocaso. No es un tema sólo de edad y de experiencias vividas, sino que de cómo han demostrado una y otra vez no adaptarse al nuevo Chile que ha surgido bajo sus narices y en gran medida gracias al propio éxito de la transición que condujeron con habilidad y prudencia.

Es importante entender que este ‘nuevo Chile’ no es una herramienta retórica sino una realidad sociológica, como ya muchos lo han señalado. Con un ingreso per cápita más del doble de aquél que teníamos en 1990, con una generación entera crecida en democracia y que ya alcanzó la mayoría de edad, con menos miedo y con instituciones más sólidas que entonces, somos un país diferente. En su seno se ha forjado una matriz cultural y valórica distintiva: hoy en día somos más individualistas, más conscientes de (y empoderados por) nuestros derechos como consumidores y ciudadanos, más ambiciosos, más informados, más demandantes, más desconfiados de los políticos y sus promesas, obsesionados con la igualdad de oportunidades y más confiados en nuestro futuro. En 1980, tanto el consumo como la ciudadanía efectiva eran privilegio de unos pocos; 30 años después, ambos se han masificado, y por ello mismo las enormes desigualdades aun existentes en el acceso a ambos son mucho más intolerables. La ira de las masas frente a los privilegios de castas, pero no frente al éxito legítimamente adquirido, es el signo más claro de cuánto hemos avanzado- y de cuánto nos falta- en el camino hacia una sociedad auténticamente democrática.

Este nuevo país no salió de la nada, sino que es el producto directo de la obra política que hemos venido construyendo desde hace décadas. En los años 80, la actual generación aliancista puso los cimientos económicos y legales del actual orden. En los 90 y también en esta década, la Concertación- a veces con colaboración de la Alianza- no sólo perfeccionó (y reformó) lo recibido y le otorgó la imprescindible legitimidad democrática, sino que le agregó a esta obra en construcción sus cimientos políticos y sociales. El gobernar por medio de coaliciones estables, la cultura de diálogo y consensos, la ausencia de populismo, la disciplina partidista, la consistencia programática, el pragmatismo político y la civilidad en el trato público son algunos ejemplos de esa cultura política que nos parece normal pero que hace 20 años atrás no existía. De igual forma, el discurso y las políticas orientadas a priorizar el bienestar de los más pobres, el verlos como titulares de derechos y no sólo como receptores de ‘ayuda’, las luchas contra diversos tipos de discriminación, los innegables avances en protección social, y los esfuerzos por reducir desigualdades han sido factores claves en la construcción y empoderamiento de la ciudadanía y que serían muy difíciles de revertir. Por ello el Chile que reciba el próximo gobierno, más allá de sus problemas, está cimentado en bases políticas, legales, económicas y sociales de autoría mixta. Nuestra casa política, por así decirlo, esa que alberga todos nuestros proyectos de vida individuales, ha sido construida en un sentido muy real por las manos de muchos.

La gran pregunta de estos tiempos, por ende, es qué fuerza política será capaz de seguir construyendo esta casa sobre la que nadie se puede arrogar autoría exclusiva ni mayoritaria. Los partidos de la Alianza y la Concertación, todavía enamorados de su obra fundacional y de su gesta democrática, respectivamente, no muestran signos serios que sugieran que su necesaria renovación esté en marcha. Sin descartar que esta renovación eventualmente se dé por lado y lado, hay tres razones que me hacen pensar que IR puede y debe jugar un rol más activo en la construcción de este futuro que, querámoslo o no, se nos viene encima.

La primera razón es generacional: somos un grupo mayoritariamente joven, lleno de futuro, que no arrastra consigo los traumas y mochilas del duro pasado reciente de Chile. Esto no implica que la historia no nos pese- vaticino que una clara mayoría de los menores de 35 vota por el lado que sus padres apoyaron durante la dictadura-, pero sí que no nos determina, que somos capaces de imaginar un futuro donde compartimos causa y hasta partido con aquellos que tienen un juicio histórico distinto al nuestro. También significa que somos parte integral de este ‘nuevo Chile’ y sus códigos culturales emergentes, de su ethos igualitario y meritocrático, de su estilo horizontal, y de sus formas de comunicación virtuales; podemos hablarle de tú a tú sin mayor esfuerzo. A diferencia de los partidos existentes, IR no necesita renovarse, porque es la renovación.

La segunda razón es ideológica: por lo que he visto y escuchado en mi tiempo en IR, creo que conformamos un núcleo que comparte a la vez un ideario liberal y una marcada preocupación social, junto a una vocación democrática mucho más radical que la existente al interior de cualquier partido político actual. Creo que hay un espacio ideológico distintivo que no ha sido tomado, ni puede ser fácilmente abarcado, por una Alianza más conservadora o por una Concertación más socialdemócrata. Siento que podemos hacer una contribución legítima y necesaria, que no se reduce a lo que gente en los partidos actuales ya está diciendo. Podemos y debemos ser una voz original en el espacio público, que ensanche la agenda pública y se coloque a la vanguardia de la modernización.

La tercera razón es histórica: a Chile le llora un partido que no cargue con la pesada sombra del pasado. Esto se conecta con el tema generacional mencionado más arriba, pero va más allá: si queremos romper con la división del Sí y el No, una auténtica renovación política necesitará que no sólo las caras sean nuevas, sino que la organización que las cobije no esté contaminada con los sentimientos de odio, rencor y profunda desconfianza que aun dominan en la evaluación de los partidos del bando contrario. Esto es especialmente cierto si lo que se quiere es abrir la cancha y atraer gente que se ha identificado históricamente con la Concertación- sin un compromiso radical, absoluto e incondicional con la democracia y los derechos humanos, eso no será posible. Precisamente porque no cargamos como organización con un pasado que contradiga tal compromiso, y porque esta postura nos representa de cuerpo entero, es creíble enarbolarla.

Porque Chile necesita una renovación de formas y de contenidos en la política, que profundicen tanto su democracia como su desarrollo; porque encarnamos y podemos representar mejor que nadie el espíritu del nuevo Chile que se ha forjado tras 30 años de progreso; porque podemos hacer una contribución ideológica y programática distintiva al país y a su política; porque podemos representar a un creciente sector de la población alienado de la política actual; porque podemos simbolizar un nuevo comienzo en la historia patria, y por qué no, porque quizás estamos colectivamente llamados a ser constructores del Chile de los siguientes 30 años, apoyo de todo corazón la idea de asumir, como IR, una profunda, apasionada y radical vocación por ser actores políticos de nuestro país.

LA POLÍTICA DE BIELSA

abril 23, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en Revista Capital, edición del 17 al 29 de abril)

Los candidatos presidenciales debieran tomar nota de ciertas particularidades del denominado “estilo Bielsa”. Guardando las proporciones entre la planificación deportiva y la actividad política, hay una serie de claves coherentes que parecen perfectamente extrapolables de uno al otro campo.

En primer lugar, Marcelo Bielsa confía en una nueva generación de jugadores, desprovistos de los clásicos vicios de sus antecesores. En Chile, hace rato que la ciudadanía demanda una renovación de la dirigencia política para dejar atrás las inmovilizantes divisiones del pasado. Cuando en las primeras nóminas de la selección abundaban los nombres de recién aparecidos, muchos de los cuales ni siquiera eran titulares en sus clubes, parte de la prensa reclamó que se trataba de jovencitos sin experiencia en la alta competencia. Hoy son indiscutibles. No les pesó la camiseta, se hicieron grandes en la cancha, y demostraron una personalidad hasta entonces desconocida en el futbolista chileno. El próximo gobierno requiere de la misma savia nueva, no de los sospechosos de siempre.

Además, el sentido de propósito del DT nacional es tan claro, que transmite a sus jugadores una convicción que invita a desafiar la historia. Como pocas veces antes, nuestra selección se para en cualquier estadio del mundo buscando torcerle la mano al destino. No siempre se puede, pero se lo intenta. El nuevo contingente que dirija los rumbos del país en los próximos años debe estar motivado por una convicción similar, aquella que revestida de épica busca la trascendencia. En el caso del fútbol puede ser la clasificación al Mundial o el logro de un campeonato inédito, en la política chilena debe ser alcanzar el desarrollo en una estrategia verdaderamente inclusiva. Tal como lo hace Bielsa con sus muchachos, el próximo presidente tiene que invitar a los jóvenes a escribir un nuevo capítulo, radical y transformador, en la historia de Chile.

En tercer lugar, al argentino le gusta jugar a ganador. Pone todas sus fichas al ataque, lo que a veces significa descuidar la retaguardia. Pero nadie como él cree que la mejor defensa es una ofensiva poderosa. En efecto, hemos visto ambas caras de la medalla. Fuimos vapuleados por Paraguay y Brasil en casa, pero hicimos lo propio con Colombia, Argentina y Perú. Sumando y restando, la estrategia ha dado resultados. Tenemos más puntos que en cualquier otro proceso clasificatorio a estas alturas. En el panorama político, en cambio, la crisis económica parece aconsejar todo menos osadía, en el entendido de que es preferible acentuar las seguridades. Pero sabemos que sin crecimiento alto y sostenido es mucho menos lo que podemos hacer por los chilenos más desfavorecidos. La recomendación de Bielsa es evitar el arratonamiento y buscar siempre el arco contrario. ¿Podríamos hacerlo?

Finalmente, llama la atención la analogía entre el puesto del entrenador y la posición del primer mandatario. Bielsa sabe que lo suyo es convocar las piezas necesarias, dibujar el esquema táctico, acentuar los aspectos relevantes e inspirar a sus figuras. Sabe que él no puede atajar los penales ni hacer los goles por los jugadores, que son en definitiva los que ganan o pierden los partidos. Nuestro próximo presidente debe asumir una lógica similar: Convocar, dibujar, acentuar e inspirar, pero no puede hacer el trabajo del resto del equipo. El verdadero ejercicio de liderazgo consiste en movilizar personas para que sean capaces de adaptarse dinámicamente a los nuevos retos, no en encarnar una autoridad que soluciona verticalmente los problemas. Lo mismo necesitamos de nuestros dirigentes políticos en las puertas del bicentenario. ¡A mirar fútbol se ha dicho!

Link: http://www.capital.cl/coffee-break/la-pol-tica-de-bielsa.html

EL FANTASMA DEL HUMANISMO CRISTIANO

abril 21, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en el diario electrónico El Mostrador el jueves 16 de abril)

Algo extrañó sucedió. Aunque fue Eduardo Frei quien se mostró dispuesto a debatir sobre el aborto terapéutico y Sebastián Piñera quien se opuso tajantemente a su mera discusión por ser “pro vida”, es el primero quien, según el último sondeo de La Tercera, sube en 4 puntos su evaluación ante en la pregunta acerca de los “valores más sólidos”. Por el contrario, Piñera cae 9 puntos en la misma pregunta. ¿Es realmente tan extraño? Para nada. Los chilenos hace un buen rato dejaron de medir valóricamente a las personas por sus preferencias del ombligo hacia abajo. La Iglesia Católica lo sabe de sobra, ya que el año pasado un estudio arrojó que la población rechazaba sus incursiones en los temas de moral sexual mientras apoyaba sus reclamaciones sociales.

El punto es claro: Moverse hacia el conservadurismo no es la receta del éxito para Piñera. La apelación al “humanismo cristiano”, que ya fue infructuosa en la campaña pasada, será aun más estéril contra un candidato DC. No sólo porque los valores no se andan vociferando a los cuatro vientos (es mucho más sospechoso cuando así ocurre), sino porque está demostrado que el electorado chileno ya no cree en leyendas negras. Lagos fue el primero en destrozar la premisa de la derecha confesional al recordar que pertenecía “a la clase media laica chilena educada en el Instituto Nacional y en la Universidad de Chile”. Bachelet se encargó de rematar el punto, por ser mujer, agnóstica y madre soltera. Lavín en cambió retrocedía dramáticamente su votación al tiempo que señalaba no querer un Chile donde su hija se paseara “con condones en la mochila”.

En su discurso del 3 de abril, sólido e incluso épico en algunos pasajes, Sebastián Piñera pareció perder de vista las lecciones anteriores cuando se refirió a aquellos que “abrazaban los valores del humanismo cristiano (y que) hoy le abren solapadamente las puertas al aborto”. En primer lugar porque es una aseveración poco sustentable: nadie cree que Frei tenga una secreta agenda valórica con el fin de dividir a su propio partido. En segundo lugar, porque la discusión de temas con aristas múltiples y legítimos puntos de vista siempre debe ser bienvenida en democracias pluralistas. Y en tercer lugar, porque vuelve a caer en la tentación de asignar a ciertos valores (en este caso los del “humanismo cristiano”) una cierta prevalecencia sobre el resto.

Más de alguno me saldrá al paso enrostrándome que en cuestiones valóricas no importa el número de votos. Me apresuro en contestarles que sí importa cuando el objetivo es representar a la mitad más uno de los electores. Ser capaz de leer correctamente a la sociedad y a sus cambios es una virtud política esencial. Además, todos los países que alcanzan índices aceptables de vida material entran en etapas de liberalización de ciertas prácticas, lo que en Chile ya puede verse reflejado si segmentamos las preguntas denominadas “valóricas” por estrato socioeconómico. En ellas resulta sorprendente constatar que los más educados y pudientes son más liberales que el resto. Aunque Chile siga siendo un país conservador, va camino a dejar de serlo.

A diferencia de sus socios de la UDI, muchos de los cuales fundan su capital político a partir de ciertas premisas religiosas fundamentales, Sebastián Piñera tiene la posibilidad de romper los mitos que atan a la derecha clásica y abrir todos los temas en señal de auténtico aprecio por la diversidad. Esperamos que así ocurra.

Link: http://www.elmostrador.cl/index.php?%2Fnoticias%2Farticulo%2Fel-fantasma-del-humanismo-cristiano%2F

EL CAMBIO EMPIEZA POR CASA

abril 17, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en www.latercera.com)

Carla tiene 20 años y no entiende qué ocurre. Juan Andrés va camino a los 26, y está convencido de que esta es una nueva estratagema de la UDI para aserrucharle el piso a Piñera. Elena, de 30, piensa que RN no debió provocar. Marcelo, con 36 recién cumplidos, simplemente perdió la paciencia. ¿Quién tiene la razón? ¿A quién debemos escuchar?

La renuncia de Longueira al comando del candidato de la Alianza, gatillada según el gremialismo por la señal explícita del partido aliado de competir seriamente en el distrito 21 en la próxima parlamentaria, nos retrotrae a la clásica dinámica infantil del “tú empezaste primero”. Lo cual no deja de ser sorprendente a estas alturas. Cada vez que escribo pidiendo espacio para las nuevas generaciones, la respuesta que llega desde las alturas apela a la “experiencia” de los “perros viejos” de la política. Ellos “saben lo que están haciendo”. ¿Me están hablando en serio? ¿Se puede pretender llegar a La Moneda cometiendo los mismos errores de siempre?

El episodio actual no reviste ninguna trascendencia mayor si no fuera porque revela que no existe una auténtica unidad de propósito en torno al proyecto político 2010-2014. Sólo así se entiende que el senador insignia de la UDI abandone la campaña presidencial para asumir la jefatura de una campañita a diputado. O nos tragamos la rabia y demostramos generosidad con miras a un fin mayor, o seguimos jugando como quinceañeras vengativas. Lo mismo va para RN: O asumimos los costos formales de llevar al candidato presidencial, o insistimos en dar la pelea chica y majadera.

El asunto de fondo es demasiado evidente. La Alianza propone un cambio para Chile. Una narrativa coherente, emulando a Obama, debiese interpelar a los propios chilenos a que cambien. Pero aun más urgente es que los líderes de la Alianza cambien su proceder político. El verdadero cambio implica aceptar que “algo estamos haciendo mal”, para luego sufrir voluntaria y conscientemente ciertas pérdidas asociadas al cambio. En ese reconocimiento está el punto de partida para girar hacia donde queremos estar. Y honestamente, no lo veo por ninguna parte. Todos encuentran la manera de explicar su actuación, nadie asume responsabilidades. Algunos están tan apernados que sólo saben culpar al vecino. No es una lógica sustentable.

La campaña de Piñera se encuentra en un momento decisivo. El escenario es distinto. Hay algunos que creen que no hay que moverse mucho porque podemos llegar a diciembre con el “vuelito” de la enorme diferencia que el empresario le había sacado a todos sus contendores. Otros creemos todo lo contrario: Que llegó la hora de dar un golpe de timón y de asumir riesgos. De hacer ajustes internos corajudos contra toda obstinación. De buscar una cancha y salir a ganar. Pero sin cambios reales en la mentalidad de la Alianza, Carla, Juan Andrés, Elena y Marcelo, junto a otros millones de jóvenes, tendrán que esperar la jubilación de toda una generación que no fue capaz en dos décadas de abandonar la pubertad.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/renuncia_de_longueira_el_cambio

Regreso al Keynesianismo: ¿Efecto crisis u oportunismo político?

abril 15, 2009

Estimadísmos lectores, los dejamos con el extracto del debate que animaron Axel Kaiser y Daniel Brieba esta semana en “politicastereo“. Es un hito importante para este blog ya que se trató de una confrontación de ideas surgida a partir de una columna de Axel publicada en Revista Capital (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2009/03/04/%c2%bftodos-keynesianos) y contestada por Daniel en calidad de coautor de “Politica para Principiantes” (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2009/03/06/%c2%bftodos-keynesianos-una-respuesta). La moderación corrió por cuenta del otro coautor de este sitio, Cristóbal Bellolio. Qué mejor manera de celebrar las 30.000 visitas desde nuestro nacimiento…

Pueden ver el debate completo en www.politicastereo.tv

PIÑERA Y LA “GENERACIÓN” DE CONFIANZA

abril 13, 2009

por Juan Carlos Jobet, Hernán Larraín Matte y Cristóbal Bellolio (publicado en Revista Qué Pasa, semana del 11 de abril)

En cuatro años se puede hacer un gran Gobierno, pero no transformar un país. Una vez elegido presidente, Sebastián Piñera tendrá la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo político que nos conduzca al desarrollo, pero ello sólo será posible integrando a una nueva generación que lleva un Chile distinto bajo la piel.

 

Ese es el gran desafío de Piñera: poner en marcha una fuerza de cambio que comience en marzo del 2010, se extienda más allá del 2014 y que no se detenga hasta que la tarea esté cumplida. Esa es la oportunidad que le darán los ciudadanos. Esa es la oportunidad que le dará la historia.

 

ALTERNANCIA VERSUS RENOVACIÓN

 

Aunque no ha estado en el Ejecutivo por años, la Alianza sigue liderada hoy por los mismos que durante más de 20 años han conformado una tenaz oposición. Sin duda hay ahí un depósito de experiencia política y capacidad técnica que serán fundamentales en los próximos años.

 

Sin embargo, Piñera entiende que si no incorpora nuevas voces y estilos a su Gobierno, su administración será la última de este ciclo y no la primera del próximo. Si bien existiría una coalición distinta en La Moneda, sería el último Gobierno de una generación marcada por el pasado y no el primero de una generación que mira al futuro. El punto central es asumir que un triunfo de la Alianza implica alternancia en el poder, pero no necesariamente es sinónimo de renovación en la política. El notorio desgaste de la Concertación justifica el cambio, pero el progresivo desprestigio de la clase política exige que una nueva generación asuma el protagonismo.

 

Sin ir más lejos, en su discurso del 3 de abril, al recibir el trabajo de los grupos Tantauco, el propio Sebastián Piñera dio claras señales de la importancia de movilizar a las nuevas generaciones. Sabe que para llevar a cabo un proyecto fundacional, necesitará jóvenes que estén dispuestos a tomarse el Gobierno para trabajar con sentido de urgencia y a toda máquina, pensando al mismo tiempo en el largo plazo, más allá del estrecho horizonte electoral. Un contingente de nuevos servidores públicos que tengan más años por delante que por detrás, que no vea su llegada al Ejecutivo el 2010 como la realización de un sueño esquivo ni como la cúspide de sus carreras.

 

LAS CLAVES DE LA GENERACIÓN

 

La primera pregunta es ¿de quiénes estamos hablando? ¿Cuáles son sus rasgos distintivos? Para empezar, digamos que se trata de una generación que vivió su infancia durante el Régimen Militar, pero que ha desplegado sus alas en democracia. Por lo mismo, no vivió las divisiones ni la lógica binaria de la guerra fría y sencillamente no usa esos ejes para interpretar la realidad. No heredó el odio ni el resentimiento. No ve a sus contradictores como enemigos. La historia reciente no le impone restricciones. Para esta generación, la democracia y la economía social de mercado son un punto de partida.

 

Sus integrantes no se tragan falsos dilemas. Valoran su libertad y se rebelan frente a la desigualdad. Entienden la importancia de un Estado musculoso y de un mercado competitivo. Conscientes de su individualismo, aprecian la pertenencia comunitaria. Aunque se sienten cómodos con el progreso material de los últimos tiempos, demuestran inquietud por el cuidado del medioambiente. Y aunque son chilenos apasionados, no vacilan en tender redes y puentes que los conecten con lo que pasa fuera de nuestras fronteras.

 

Por último, son los mismos que aumentaron explosivamente la demanda universitaria, por lo cual no es una exageración sostener que, intelectualmente, es quizás la generación más preparada de la historia de Chile.

 

En definitiva, comparte rasgos que son escasos en la clase política actual, pero que son comunes a la mayoría de los chilenos. No es casualidad que el promedio de edad de nuestra población sea de 31 años, los mismos que apenas llegaban a los 10 para el plebiscito de 1988. Esta generación representa al Chile de hoy.

 

LA OTRA CARA DEL EMPRENDIMIENTO

 

La segunda pregunta es, ¿dónde se encuentran sus líderes?. Los podemos encontrar en diversos lugares: universidades, think tanks, fundaciones y por supuesto en el sector privado. Con todo, es quizás en los emprendimientos sociales donde mejor se refleja el espíritu de esta generación. Básicamente, se trata de proyectos liderados por jóvenes que sienten la responsabilidad de mejorar la vida de los demás sin esperar que el Estado les entregue espacios de poder.

 

Los ejemplos sobran.

 

Un Techo para Chile penetró en los reductos más inexpugnables de la pobreza y se fijó como meta erradicar los campamentos para el 2010. Elemental lleva años innovando en el diseño y construcción de complejos habitacionales sociales en contextos espaciales limitados y con escasos recursos. EnseñaChile recluta y envía profesionales jóvenes de primer nivel a educar a los colegios más vulnerables del país. Acción Emprendedora entrega capacitación a pequeños empresarios de escasos recursos. Fondo Esperanza es un buen ejemplo local del poder del microcrédito. Política Stereo ofrece una plataforma virtual de debate de ideas para enriquecer la discusión pública sin agenda ideológica. Independientes en Red y GiroPaís, son proyectos ciudadanos que buscan ampliar los canales de participación en los temas públicos.

 

La lista podría ser muy larga: todas son innovaciones sociales que proliferan fuera del ámbito del Estado y que tampoco obedecen a una lógica pura de mercado. Todas ellas representan a una sociedad joven que mira más allá de su entorno doméstico y trabaja para construir un país próspero y equitativo.

 

En momentos en que la política se ha transformado en un negocio por los cupos, esta generación no ha esperado sentada la invitación de la clase política para empezar a actuar.

 

Es probable que Piñera busque también a aquéllos que sin experiencia ni acercamiento directo a los temas sociales, se han destacado en el mundo privado porque se dedican por entero y llevan por sello la excelencia en el trabajo. Entre ellos, los que comprenden instintivamente las verdaderas implicancias de la responsabilidad social empresarial, no como mera herramienta de marketing sino como auténtico modo de relacionarse con la sociedad.

 

En síntesis, el perfil que deberá buscar Piñera está íntimamente asociado a una generación que actúa en el mundo con su propia filosofía del cambio social.

 

SUMAR CONFIANZA

 

La siguiente pregunta es cómo se los convoca. Está claro que Piñera no tendría problema en llenar los 1.300 cargos que dependen de su exclusiva facultad, pero si su intención es atraer a una nueva generación, entonces las armas de la motivación se transforman en piezas fundamentales del puzzle. El desafío encierra una paradoja nada despreciable: los aliados ideales del abanderado han mirado por mucho tiempo a la política con sospecha y han mantenido la distancia.

 

Revisemos algunas claves que pueden ayudar a desamarrar el nudo.

 

La primera, en términos simples, es atraer a la gente que no le gusta la actual forma de hacer política, pero que está dispuesta a entrar para cambiarla. Si se hace al revés, si se les pide que transen sus convicciones para tener cabida en un sistema con las lógicas de hoy, tendremos caras nuevas, pero la misma política.

 

¿Qué significa cambiar la forma de hacer política? En lo central, pasar de la lógica de los operadores a la visión de los innovadores sociales: De la confrontación a la colaboración, de la cultura del mínimo esfuerzo a la práctica de la excelencia, de la conservación de privilegios a la competencia abierta en cancha pareja, de las trincheras ideológicas al poder del sentido común.

 

La segunda clave, es la épica de la invitación. El desafío está en convencerlos de que la política es la herramienta más potente para alcanzar los mismos objetivos que antes perseguían en sus respectivos proyectos individuales o colectivos. La respuesta es radical: hay que motivarlos con la posibilidad de llevar adelante una transformación mayor. Hay que generar en ellos un sentido de trascendencia en la función que desarrollarán. Por eso el emplazamiento no es a trabajar en un gobierno en particular, con fecha de inicio y término. Es a participar en una fase más amplia que, en caso de éxito, puede ser la que nos entregue finalmente un país desarrollado en el umbral del verdadero bicentenario el año 2018.

 

La tercera clave es asegurar un proceso de reclutamiento que entregue garantías de transparencia y privilegie el mérito por sobre el cuoteo y el pituto. Esta es una generación que no está para clientelismo ni designaciones arbitrarias, que no gasta sus energías construyendo capital con los toquis de turno para asegurarse un cupo y que en algunos casos ya está concursando en el sistema de Alta Dirección Pública para empezar a copar los espacios.

 

En este contexto, y aunque ha recibido algunas críticas, es interesante observar lo que ha hecho Barack Obama para reclutar sus equipos de Gobierno. Una convocatoria universal abierta a toda la ciudadanía calificada independiente de cualquier contacto político. Un riguroso “Test de Blancura” al que deben someterse incluso Ministros, Subsecretarios y Embajadores. Y un régimen que asegura a los actuales funcionarios públicos la permanencia en sus cargos hasta que se hagan efectivas las nuevas designaciones.

 

La última clave para atraer a la nueva generación al Gobierno es hacer una invitación basada en la confianza y no meramente en la seducción. Este es un público receloso de su integridad, y por tanto esquivo frente a cualquier estrategia que huela a manipulación. El asunto de fondo es proporcionar certezas racionales y afectivas de que el nuevo Gobierno les será propio.

 

LA MAGNITUD DEL DESAFÍO

 

No hay que olvidar que esta nueva generación ya ha dado pasos subterráneos hacia el cumplimiento de sus metas y no necesita entrar a la política para seguir generando cambios. Pero a la inversa, cualquier proyecto político que pretenda dejar huella y trascender en el tiempo, no puede darse el lujo de prescindir de ellos. Piñera tiene perfectamente claro cuánto necesita electoralmente de los  jóvenes para triunfar en diciembre. La gran incógnita es que rol les está reservado en su proyecto político.

 

Los países enfrentan cada tanto encrucijadas históricas que marcan su futuro. El problema es que esos momentos no son evidentes cuando ocurren, y suelen ser identificados sólo en retrospectiva, cuando a veces es demasiado tarde. El desafío de los líderes es detectarlos a tiempo, y tener la visión y la valentía de hacer lo correcto. Hoy tenemos al alcance de la mano la oportunidad de convertir a Chile en un país desarrollado. Pero cuando priman la inercia y la complacencia, las oportunidades pasan. Ahora es el momento de iniciar un nuevo ciclo que lleve a Chile al desarrollo. La pregunta es si el próximo presidente ejercerá el liderazgo suficiente para contener la ansiedad y frustrar las expectativas de los mismos de siempre. La pregunta es si el próximo presidente tendrá las agallas para convocar a los chilenos que pueden poner este nuevo ciclo en marcha.

Link: http://www.quepasa.cl/medio/articulo/0,0,38039290_101111578_382230497,00.html

ESCALONA EN EL CÍRCULO DE LOS IRACUNDOS

abril 8, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en www.latercera.com)

En el Infierno de la “Divina Comedia”, Dante Alighieri no contempla ningún castigo especial para los garabateros. Pero la escena del senador Escalona pegado al oído de José Antonio Gómez nos ha circunscrito a un pobre debate sobre el lenguaje del timonel socialista. Es evidente que el problema no está en la grosería proferida. Esta es sólo la fachada de un asunto más escabroso y que, me temo, está ramificado en la Concertación y en gran parte de la clase política.

El primer reproche que merece Escalona es por su matonaje. El combito maletero por la espalda y la puteada solapada retratan su proceder político, de la misma forma cómo la invocación de privilegios especiales delató al senador Girardi en su oportunidad. No pienso suscribir la ingenuidad que critica a todos los operadores políticos, pero sí creo conveniente para Chile delimitar un radio de prácticas políticas éticas. Esa es la frontera que se traspasó en esta ocasión.

El segundo punto, asociado al primero, es la prepotencia. Haber mirado en menos al candidato radical fue la tónica de las primarias. La reflexión política acerca de la necesidad de una competencia interna admitía distintas y legítimas miradas. Creer que la verdad absoluta es patrimonio propio es un síntoma de soberbia que alimenta la mala percepción de la ciudadanía acerca de la política. ¿O acaso no es un derroche de superioridad referirse al también candidato Enríquez Ominami como “marquitos”? En Escalona esa expresión dista de ser cariñosa, y básicamente puede traducirse como “qué se cree este cabrito chico de venir a amenazar mi hegemonía y mi posición”. 

El tercero, nuevamente en conexión con el anterior, es la recurrente odiosidad que destila el viejo estandarte socialista por los poros. Es comprensible. Vivió en la línea de fuego los sucesos de la historia reciente de nuestro país, y como la mayoría de su generación, fue educado en la lógica binaria de la guerra fría: Los blancos y los negros, los rojos y los azules, los buenos y los malos. Por supuesto que su contribución a la recuperación de la democracia y al éxito de la transición es sustantiva. Su lealtad al gobierno ha sido casi proverbial. Pero el disco duro con el cual Escalona está formateado sencillamente no es apto para desenvolverse en la cancha del futuro. Las nuevas generaciones de chilenos, especialmente aquellos menores de 35 años, tienen extrema dificultad para sentirse representados por la dinámica de rencores de las generaciones mayores. Por eso escuchar a Escalona resulta a veces anacrónico. Por eso también resulta curioso que Vidal se refiera a Karla Rubilar como “heredera de la dictadura” en circunstancias de que la diputada tenía 10 años para el plebiscito de 1988, o que Frei sostenga que la Alianza no puede dar lecciones de manejo de crisis por la performance de 1982, en circunstancias que probablemente el equipo de economistas que pretende instalar Piñera en el gobierno recién entraba al colegio en dicha época. El senador Escalona, en el fondo, nos vuelve a recordar lo urgente que se hace renovar la dirigencia en nuestro país. Y a Dante no le quedaría otra opción que reservarle un puesto en el pantano de los irascibles, cerca de los orgullosos, a las puertas de la ciudad de Dite.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/escalona_en_el_c%C3%ADrculo_de

HAY QUE PONER UN LÍMITE

abril 6, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada el jueves 2 de abril en La Tercera)

En diciembre del presente año casi un 90% de nuestros diputados y senadores buscará un nuevo período de cuatro u ocho años respectivamente. Lo irónico es que algunos de los más jóvenes y destacados son los que han desistido de correr nuevamente. El conocido estancamiento del padrón electoral parece ser coherente con el congelamiento de la elite política, que a su vez genera efectos negativos en la percepción ciudadana sobre la actividad política. Y aunque existen proyectos para limitar la reelección indefinida, lo paradójico es que los llamados a discutir y decidir sobre dichas iniciativas son los mismos que serán afectados por ellas. Se necesitan entonces políticos con coraje y liderazgo suficiente para enfrentar a sus pares a las pérdidas personales que es necesario aceptar en pos de una democracia más dinámica y vital. ¿Estarán a la altura?

Limitar la reelección contribuye sin dudas a renovar la política chilena. Y no me refiero exclusivamente a cambiar viejos por jóvenes, sino a reemplazar una generación marcada por la división ideológica por otra bastante más pragmática, abierta y dialogante. Esa es la auténtica y necesaria renovación. Pero además, sangre nueva en el parlamento contribuye a detener la crisis de representatividad que se incuba silenciosamente en nuestro país, disfrazada de apatía o marginación. Nuestra clase dirigente debe comprender que la representatividad por evocación (cuando un blanco caucásico de 55 años, promedio parlamentario, nos pretende identificar a todos) debe dar paso a una mayor representatividad por presencia, cuando vemos sentado en el parlamento a uno similar a nosotros. Hoy en Chile el segmento más numeroso de la población se encuentra entre los 15 y los 19 años, mientras que nuestro promedio de edad bordea los 31. Hasta los diputados más jóvenes de la Cámara se encuentran por sobre esa frontera.

El argumento más recurrido para oponerse a la limitación de la reelección es la expertise que desarrollarían los parlamentarios en el trabajo legislativo cuando éste es prolongado en el tiempo. Es probable que sea así, pero si dicho criterio fuera tan relevante, habría que aplicarlo en todos los campos profesionales o al menos en el Estado, impidiendo siempre la entrada de aire fresco. Parece bastante más acertado invertir en equipos de asesoría legislativa de primer nivel para que el resultado de la labor parlamentaria sea más eficiente. Por otra parte, los que creen que la justicia democrática se basa en el derecho de presentarse a reelección cuantas veces se quiera, tropiezan con otras razones más contundentes: Bajo el esquema institucional actual, los incumbentes tienen todas las de ganar, especialmente con empates previsibles (baja competencia electoral) y designación de candidatos a dedo (baja participación de las bases). Más aun, la idea de limitar la reelección no impide que el parlamentario en cuestión siga en el Congreso, siempre que repostule por un distrito distinto una vez cumplidos los períodos establecidos como máximos (es razonable pensar en 3 para el caso de los diputados y 2 para senadores) o prefiera competir por un escaño en la otra cámara.

Acaba de promulgarse la reforma constitucional que consagra la inscripción automática en los registros electorales y la voluntariedad del voto. Ahora el desafío es diseñar los incentivos correctos para que las nuevas generaciones se sientan llamadas a participar en las decisiones políticas. Uno de esos incentivos es limitar el número de reelecciones parlamentarias. Ahora es cuando.  

Link: http://papeldigital.info/lt/edicion.html?20090402010042

¿CÓMO SERÍA UN GOBIERNO DE PIÑERA?

abril 1, 2009

por Daniel Brieba

A diferencia de la Concertación, que guarda pocos misterios para los chilenos después de 19 años a cargo del gobierno, hay dudas legítimas y sustanciales sobre cómo sería un gobierno de la Alianza comandado por Sebastián Piñera. Si bien conocemos las actuaciones aliancistas en el Parlamento, otra cosa es con guitarra: el Ejecutivo es el que marca la carta de navegación del país, define prioridades, implementa políticas y asume responsabilidades. La Alianza en el gobierno es una interrogante, y por ello me atrevo a sugerir algunos temas que sería bueno que ésta nos explicara con más detalle a todos los chilenos interesados por votar informadamente.

 

Un primer tema de duda es su manejo de la economía. Básicamente, ¿será la Alianza una segunda versión de los ‘Chicago Boys’, con una visión doctrinaria y puritana de la economía, o la marcará en cambio un manejo pragmático, mitad continuista y mitad innovador, de lo obrado por la Concertación en dos décadas? ¿Insistirán en el mantra de las rebajas tributarias como mecanismo para reactivar y hacer más competitiva la economía, o le pondrán esfuerzo serio a aquellos factores estructurales y de largo plazo que realmente nos limitan, como la calidad  de la educación y la modernización del Estado? ¿Intentarán llevarnos a un sistema de relaciones laborales moderno, en que la flexibilidad del empleo es acompañada con un seguro de desempleo robusto y una generosa inversión en capacitación (con los costos fiscales que ambos implican)? ¿O por el contrario, se dedicarán simplemente a fortalecer el poder negociador de las empresas respecto a sus trabajadores? ¿Se dedicarán a quitarle atribuciones y presupuesto a la Dirección del Trabajo, o a fortalecer el Tribunal de Libre Competencia? ¿Serán pro-empresa, tratando de satisfacer las peticiones de los dueños de éstas, o pro-mercado, velando por la competencia transparente, sin discriminaciones y sin privilegios para nadie? Las diferencias entre estas opciones son significativas, y marcarían dos sendas distintas de desarrollo: mientras una centroderecha progresista optaría por atacar las raíces de nuestro estancamiento relativo, una neoliberal no haría más que fortalecer la mano de los empresarios bajo el supuesto demasiado simplista de que lo que favorece a los empresarios favorece a la larga al país entero.

 

Una segunda duda es cuán activo sería un eventual gobierno de la Alianza en combatir la desigualdad de oportunidades. Esta palabra aun pone a muchos nerviosos en la derecha, lo cual es una lástima porque la desigualdad como desafío social y político será uno de los grandes e ineludibles temas de las próximas décadas en Chile. Claro, todos dicen que la desigualdad de oportunidades es injusta, pero la pregunta real es qué se haría para combatirla. Mejorar la calidad de la educación es una idea obvia (y urgente), ¿pero hay disposición de financiar la inversión que se requeriría para-por ejemplo- seguir las recomendaciones de Educación 2020, como aumentar el subsidio escolar, reformar y fortalecer la carrera docente y traer profesores de inglés extranjeros? Más globalmente, ¿Veremos una Alianza proactiva combatiendo las discriminaciones de género y socioeconómicas que ocurren en el mercado laboral, tan centrales en reproducir desigualdades de oportunidades? ¿Se tomará en cuenta la dimensión territorial de la desigualdad al momento de fortalecer la descentralización, o le daremos a los municipios más funciones pero dejando el financiamiento a sus dispares recursos? Nuevamente, una centroderecha progresista asumiría que los cambios socioeconómicos de Chile exigen tomarse en serio la igualdad de oportunidades en sus múltiples dimensiones, porque ésta está en la base de la ciudadanía y entrega la indispensable legitimidad a la economía de mercado. La ‘rebelión de las masas’ no tiene vuelta atrás, y el tiempo de los privilegios se está acabando a pasos agigantados. Un gobierno de Piñera, ¿asumiría esta realidad, o como la Alianza en el Congreso hasta ahora, más bien tendería a ignorarla?

 

Finalmente, ¿qué haría un gobierno aliancista para profundizar la calidad de la democracia? No esperemos que tal gobierno tratase de cambiar el sistema binominal, pero hay muchas otras áreas donde la democracia podría fortalecerse. Mi gran pregunta de fondo, sin embargo, es si es que existe por parte de la Alianza un reconocimiento de que el sistema político chileno, construido como un acuerdo de elites que tenía la estabilidad como casi único norte, debe cambiar con los nuevos tiempos y volverse más transparente, más participativo, más dialogante y más abierto a los cuestionamientos y desafíos que surgen desde la sociedad civil; en una palabra, si hay un reconocimiento de que debemos urgentemente construir un sistema político más inclusivo. La Alianza y Piñera deberán optar entre la pasividad que sus huestes parlamentarias han hasta aquí mostrado, o mostrarnos a todos que son capaces de reconectarse con lo mejor de la tradición republicana chilena y con sus propios talentos de modernizadores, y liderar el camino hacia una democracia más profunda y más robusta con la cual enfrentar los urgentes desafíos de este nuevo siglo.