¿CÓMO SERÍA UN GOBIERNO DE PIÑERA?

por Daniel Brieba

A diferencia de la Concertación, que guarda pocos misterios para los chilenos después de 19 años a cargo del gobierno, hay dudas legítimas y sustanciales sobre cómo sería un gobierno de la Alianza comandado por Sebastián Piñera. Si bien conocemos las actuaciones aliancistas en el Parlamento, otra cosa es con guitarra: el Ejecutivo es el que marca la carta de navegación del país, define prioridades, implementa políticas y asume responsabilidades. La Alianza en el gobierno es una interrogante, y por ello me atrevo a sugerir algunos temas que sería bueno que ésta nos explicara con más detalle a todos los chilenos interesados por votar informadamente.

 

Un primer tema de duda es su manejo de la economía. Básicamente, ¿será la Alianza una segunda versión de los ‘Chicago Boys’, con una visión doctrinaria y puritana de la economía, o la marcará en cambio un manejo pragmático, mitad continuista y mitad innovador, de lo obrado por la Concertación en dos décadas? ¿Insistirán en el mantra de las rebajas tributarias como mecanismo para reactivar y hacer más competitiva la economía, o le pondrán esfuerzo serio a aquellos factores estructurales y de largo plazo que realmente nos limitan, como la calidad  de la educación y la modernización del Estado? ¿Intentarán llevarnos a un sistema de relaciones laborales moderno, en que la flexibilidad del empleo es acompañada con un seguro de desempleo robusto y una generosa inversión en capacitación (con los costos fiscales que ambos implican)? ¿O por el contrario, se dedicarán simplemente a fortalecer el poder negociador de las empresas respecto a sus trabajadores? ¿Se dedicarán a quitarle atribuciones y presupuesto a la Dirección del Trabajo, o a fortalecer el Tribunal de Libre Competencia? ¿Serán pro-empresa, tratando de satisfacer las peticiones de los dueños de éstas, o pro-mercado, velando por la competencia transparente, sin discriminaciones y sin privilegios para nadie? Las diferencias entre estas opciones son significativas, y marcarían dos sendas distintas de desarrollo: mientras una centroderecha progresista optaría por atacar las raíces de nuestro estancamiento relativo, una neoliberal no haría más que fortalecer la mano de los empresarios bajo el supuesto demasiado simplista de que lo que favorece a los empresarios favorece a la larga al país entero.

 

Una segunda duda es cuán activo sería un eventual gobierno de la Alianza en combatir la desigualdad de oportunidades. Esta palabra aun pone a muchos nerviosos en la derecha, lo cual es una lástima porque la desigualdad como desafío social y político será uno de los grandes e ineludibles temas de las próximas décadas en Chile. Claro, todos dicen que la desigualdad de oportunidades es injusta, pero la pregunta real es qué se haría para combatirla. Mejorar la calidad de la educación es una idea obvia (y urgente), ¿pero hay disposición de financiar la inversión que se requeriría para-por ejemplo- seguir las recomendaciones de Educación 2020, como aumentar el subsidio escolar, reformar y fortalecer la carrera docente y traer profesores de inglés extranjeros? Más globalmente, ¿Veremos una Alianza proactiva combatiendo las discriminaciones de género y socioeconómicas que ocurren en el mercado laboral, tan centrales en reproducir desigualdades de oportunidades? ¿Se tomará en cuenta la dimensión territorial de la desigualdad al momento de fortalecer la descentralización, o le daremos a los municipios más funciones pero dejando el financiamiento a sus dispares recursos? Nuevamente, una centroderecha progresista asumiría que los cambios socioeconómicos de Chile exigen tomarse en serio la igualdad de oportunidades en sus múltiples dimensiones, porque ésta está en la base de la ciudadanía y entrega la indispensable legitimidad a la economía de mercado. La ‘rebelión de las masas’ no tiene vuelta atrás, y el tiempo de los privilegios se está acabando a pasos agigantados. Un gobierno de Piñera, ¿asumiría esta realidad, o como la Alianza en el Congreso hasta ahora, más bien tendería a ignorarla?

 

Finalmente, ¿qué haría un gobierno aliancista para profundizar la calidad de la democracia? No esperemos que tal gobierno tratase de cambiar el sistema binominal, pero hay muchas otras áreas donde la democracia podría fortalecerse. Mi gran pregunta de fondo, sin embargo, es si es que existe por parte de la Alianza un reconocimiento de que el sistema político chileno, construido como un acuerdo de elites que tenía la estabilidad como casi único norte, debe cambiar con los nuevos tiempos y volverse más transparente, más participativo, más dialogante y más abierto a los cuestionamientos y desafíos que surgen desde la sociedad civil; en una palabra, si hay un reconocimiento de que debemos urgentemente construir un sistema político más inclusivo. La Alianza y Piñera deberán optar entre la pasividad que sus huestes parlamentarias han hasta aquí mostrado, o mostrarnos a todos que son capaces de reconectarse con lo mejor de la tradición republicana chilena y con sus propios talentos de modernizadores, y liderar el camino hacia una democracia más profunda y más robusta con la cual enfrentar los urgentes desafíos de este nuevo siglo.

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Una respuesta to “¿CÓMO SERÍA UN GOBIERNO DE PIÑERA?”

  1. Cristóbal Hahn Says:

    Como siempre, notable viejo. Gracias.
    Ojala alguien en la Alianza lo lea con una pretensión mayor que la de realizar lindas promesas de campaña. Ganen o pierdan, este camino a la larga sería un gran progreso para toda la política chilena, a los dos lados de nuestro patético muro de Berlín.

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