LAS DIFICULTADES EN LA CANDIDATURA DE FREI

por Nicolás Chadud, polítólogo

Para nadie es un misterio que la candidatura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle no ha despegado como se esperaba, incluso para los propios líderes de la Concertación de Partidos por la Democracia[1]. Dicho diagnóstico político no se desprende del mero dato cuantitativo medido en diversas encuestas, de que pierde en primera y en segunda vuelta con Sebastián Piñera, sino porque su candidatura no ha sido ni siquiera capaz de captar la adhesión mayoritaria de los denominados “votos duros” de la Concertación, votos que actualmente tampoco alcanzan para obtener la mayoría absoluta como la que obtuvo el mismo Eduardo Frei durante la primera vuelta en 1993.  A lo que se debe agregar que la “Alianza por Chile” por primera vez desde la elección de 1999, presenta un candidato único, aparentemente atractivo para los sectores medios y empresariales.

Existen diversas razones causales que explican el insuficiente apoyo de la ciudadanía hacia el candidato concertacionista. Por de pronto, no es responsabilidad exclusiva y directa del candidato oficialista, que ha levantado su candidatura con un voluntarismo y empeño impresionante, dejando atrás nada menos que a Soledad Alvear, José Miguel Insulza y  a  Ricardo Lagos Escobar, entre otros. A su vez, estuvo dispuesto, retóricamente hablando, a someterse a cualquier tipo de mecanismo para dirimir el candidato oficialista, que en este caso se trató de una “primaria protegida”, puesto que carecía de las cualidades propias de un proceso político abierto, convocante y se acotó a la participación ciudadana de sólo dos regiones en el país (Maule y O´Higgins). De esta forma, la Concertación perdió la oportunidad de “re-legitimarse” ante la ciudadanía y de paso diferenciarse de la derecha, que ostenta un candidato poco novedoso y con un alto nivel de rechazo en los sectores populares, variable que no ha sido medida de manera rigurosa y sistemática por las últimas encuestas.

El problema central de la candidatura de Frei es que refleja a ésa Concertación que fue capaz de someterse a las “reglas del juego” diseñadas por el régimen militar y de derrotar a Pinochet en el plebiscito de 1988, para luego dar paso a una democracia limitada que ha obtenido logros socioeconómicos de importancia. Pero, simultáneamente, representa también a una Concertación desgastada, “golosa” y anquilosada en el poder. Es cierto que el ex presidente DC hace referencia al futuro y realiza propuestas para enfrentar los desafíos que debería asumir el país en la próxima década, por ejemplo, en materia energética, tecnológica o educacional. Pero su rostro y estampa personal no ha hecho posible un necesario desplazamiento radical de dicho pasado. Por otro lado, se suma su condición de “empresario progresista”, que tampoco le ayuda a diferenciarse de Piñera, que también votó por el NO.

Si bien el candidato oficialista tiene el apoyo oficial de los partidos[2] de la Concertación y se declaran trabajando en favor de su candidatura, hasta el momento no han sido eficaces en aglutinar a sus militantes y adherentes para captar y transmitir la alta adhesión de la Presidenta Bachelet hacia la candidatura de Frei. Los factores que explican la alta aprobación de la Jefa de Estado, podrían darnos algunas pistas adicionales sobre las dificultades de Frei y la consecuente encrucijada que enfrenta la Concertación.

La alta adhesión ciudadana de Bachelet ha ido en aumento desde fines de 2008 cuando comenzó a tener un protagonismo sobresaliente como presidenta interina de UNASUR y en general en materia internacional[3], de paso el sistema de transporte público capitalino ha mejorado substancialmente su servicio[4]. Por su parte, la crisis económica internacional se ha convertido efectivamente en una oportunidad para demostrar autenticidad, liderazgo, coherencia y consistencia en la política económica emprendida por su gobierno, política que en su momento fue bastante impopular, siendo a menudo criticada y cuestionada por la derecha y también por sectores oficialistas durante casi todo el mandato[5].

A lo anterior se debe sumar la implementación de una “red de protección social” desde la infancia hasta la vejez, con bonos de dinero incluidos, para los sectores más vulnerables. Si bien el Senador Frei ha tenido una actitud de lealtad hacia la Presidenta Bachelet, sus intervenciones públicas previas a la carrera presidencial, no se caracterizaron precisamente por un gran entusiasmo en relación a la Política de Hacienda y, más concretamente, tomó distancia de la forma en que el gobierno pretendía resolver el cuestionado Transantiago. En todo caso, a la candidatura oficialista se le debe reconocer su capacidad de convocar a liderazgos jóvenes no partidistas[6], para que tomen un rol protagónico en la campaña y la utilización de un discurso en favor de la continuidad de los avances en materia social obtenidos por el actual gobierno.

Sin embargo, dichas decisiones no han sido suficientes para neutralizar el liderazgo electoral de Marco Enríquez- Ominami, que se desenvuelve como un desafiante, desde dentro, al “establishment político”, encarnando propiamente la visión crítica de gran parte del electorado “progresista y/o liberal”, que se encuentra descontento e incluso decepcionado de la forma en que toma decisiones la “casta partidista y burocrática”. Cabe destacar, que la superación del clivage autoritarismo-democracia estimula un electorado con mayores niveles de volatilidad, a pesar del envejecido padrón electoral, lo que refuerza a candidaturas transversales y no propias de las élites clásicas, como la del diputado socialista.

La Concertación si aspira a ganar las próximas elecciones presidenciales no debe descartar de plano suprimir la carrera de Frei en caso de que no supere un umbral electoral del 35% en la próxima encuesta nacional de CEP en junio. Una alternativa sería proponer a un candidato de consenso, con reales posibilidades de ganar y que al parecer, se encuentra al interior de La Moneda. Para ello, la coalición oficialista debe generar una reflexión racional y autocrítica, para emprender una nueva candidatura que posea la credibilidad suficiente para asumir plenamente como propios, los temas y las políticas que ha implementado el Gobierno de Bachelet, incorporando una cuota de audacia e innovación que sea capaz de seducir y convocar a la mayoría de los electores.


[1] Coalición política más duradera de la historia democrática de Chile.

[2] Instituciones fundamentales para el buen desenvolvimiento de una democracia representativa, pero con una escasa valoración pública actualmente.

[3] Sacando provecho de sus cualidades personales como la prudencia, empatía y carisma, que le permiten ser escuchada y respetada a nivel internacional.

[4] Recuérdese la brecha que existía entre el apoyo hacia la Presidenta en regiones V/S al de la capital.

[5]Algunos de éstos sectores se desprendieron de la Concertación, lo que tuvo como efecto político la pérdida de las mayorías en ambas cámaras.    

[6] El objetivo pareciera ser entusiasmar al electorado del mundo independiente con compromiso social y/o público.

Una respuesta to “LAS DIFICULTADES EN LA CANDIDATURA DE FREI”

  1. EMG Says:

    Me he estado preguntando hace un tiempo si ciertos partidos de la concertación quieren ganar la siguiente elección presidencial. Conociendo a quieres dirigen los partidos, llegué a la conclusión que su análisis fue el siguiente: No encontraron a un candidato que pudiera competirle a Piñera, por lo que dieron por perdida la carrera presidencial anticipadamente (Velasco apareció demasiado tarde e igualmente en principio perdería contra Piñera y Marco Enríquez nunca esperaron que despegara de esa forma, menos piensan que se mantendrá y no hace mucho caso a quienes manejan la concertación). Una gran diferencia del caso Lavín – Bachelet, es que ésta sí despertaba interés de la ciudadanía. Entonces qué deben haber pensado las cúpulas del PPD y el PS, simplemente que al estar perdida la carrera por falta de candidato, lo mejor era pasarle la pelota a la DC para que presentara a quien quisiera y de esta forma poder transarle senadores y diputados. Resultado final, después de esta elección que aparentemente ganará Piñera el escenario quedará con que la derecha se convirtió en gobierno (tal como lo predijeron las cúpulas nombradas) y la DC quedó más debilitada que nunca, quedando la concertación con dos partidos fuertes, el PPD y el PS. Con el nivel de aprobación de la presidenta actualmente, no sería tan raro que la estén preparando para el 2014, o bien, en cuatro años pueden buscar un nuevo candidato y vuelvan con “energías renovadas” a ser gobierno.
    Conclusión: La DC cayó en la trampa de Escalona y compañía y pagará caro ese error.

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