LIBERALES Y NEOLIBERALES

por Daniel Brieba

En Chile, llamar a alguien ‘liberal’ es, a menos que estemos hablando de temas morales, casi idéntico a llamarlo ‘neoliberal’. En el imaginario nacional ambos términos tienden a confundirse, en tanto ambos parecen apuntar a una preferencia económica por los mercados, por la propiedad privada, por la oposición al socialismo, al Estado y a la redistribución; en suma, ‘liberal’ y ‘neoliberal’ suenan ‘de derecha’, aun si tampoco solemos tener muy claro qué significa esto último. Quiero argumentar aquí que esta identificación entre liberales y neoliberales es un profundo error.

Para hacerlo, debemos primero aclarar qué es el neoliberalismo, una palabra conceptualmente jabonosa y políticamente contenciosa como pocas. Lo que hace difícil la definición es que los neoliberales no existen ni como partido político ni como movimiento ideológico bajo ese nombre. En vez de ello, existen organizacionalmente como una red (predominantemente estadounidense) de ONGs y círculos académicos, de mucho peso político y usualmente dotados de espectacular financiamiento privado; e ideológicamente, se autodenominan simplemente como ‘liberales clásicos’, según ellos siguiendo la huella de (principalmente) Adam Smith, pero inspirándose más directamente en los trabajos filosóficos de Hayek, económicos de Friedman y políticos de Nozick (autores por cierto con diferencias entre sí). Para ellos, neoliberalismo no es sino una mala palabra inventada por la izquierda mundial para desprestigiarlos.

Si bien es cierto que en algunos sectores de izquierda se cae en el absurdo de llamar ‘neoliberal’ a cualquier filosofía política que acepte el uso de mercados como principal asignador de recursos de una sociedad (lo cual incluye a las socialdemocracias), ¿Es razonable conceder que los ‘neoliberales’ no son más que lo que profesan ser, simples continuadores y propagadores del liberalismo clásico à la Smith? Me parece que no lo es, por al menos dos razones. La primera es, si se quiere, intelectual: el liberalismo clásico- el de Locke, de Smith, de Mill- es una tradición de pensamiento que bien puede inspirar corrientes ideológicas actuales, pero difícilmente estas corrientes pueden arrogarse el manto exclusivo de la tradición. El liberalismo, por decirlo así, es un río de muchos brazos, cada uno de los cuales selecciona algunos aspectos de la rica tradición liberal clásica para resaltarlos y adaptarlos a los problemas actuales. Ni el neoliberalismo ni otras corrientes como el liberalismo igualitario, aun con todas las diferencias que tienen entre sí, pueden arrogarse exclusividad sobre la tradición liberal clásica que heredaron.

Por otra parte, el neoliberalismo no es una simple reencarnación de Smith en el mundo contemporáneo. De hecho, cabe dudar si Smith habría estado de acuerdo con varias de las doctrinas que se han defendido en su nombre. En efecto, si bien hay evidentes líneas de conexión entre la obra de Smith y el neoliberalismo actual, creo que éste es una radicalización y una rigidización de sus ideas. Es una radicalización, pues los autores neoliberales han exhibido un nivel de hostilidad hacia el Estado que no se encuentra en los escritos de éste, y buena parte de su trabajo académico se ha orientado a contrastar las fallas del Estado y de los procesos colectivos de toma de decisiones (léase democracia) con las virtudes de los mercados y su agregación de decisiones individuales. Reconocen, por cierto, que los mercados pueden tener fallas y los Estados son necesarios para algunas funciones puntuales, pero este lado de la argumentación no es precisamente donde se pone el foco de atención- como lo dice la Sociedad Mont Pelerin (fundada por Hayek) en su declaración de intenciones, dicha Sociedad está compuesta por gente que ve ‘un peligro en la expansión del Estado, no menos del Estado de Bienestar’. El que la ausencia de un Estado mínimamente eficaz sea un problema mayor en muchos países en desarrollo nunca les ha interesado de igual manera. La percepción del Estado como una amenaza permanente e inminente sobre la libertad humana, en una lógica de suma cero entre la libertad individual y el poder estatal, no es enteramente fiel al espíritu de Smith, que entendía ambos en un forma más complementaria. Por otra parte, el neoliberalismo es también una rigidización del pensamiento de Smith, pues la obsesión de los neoliberales con achicar el Estado y sustituirlo por el mercado a todo evento dista bastante del pragmatismo de Smith, que era amigo pero no esclavo de las soluciones de mercado a problemas sociales y que no tenía complejos en volverse ‘estatista’ si el problema lo requería. De hecho, Smith notó sin complicarse que eran precisamente las sociedades más ricas las que tenían Estados más grandes, pues el crecimiento conllevaba lo que hoy llamaríamos una complejización de la sociedad y por ende un aumento de la demanda por diversos bienes públicos que no son necesarios en sociedades primitivas.

¿Qué es, pues, el neoliberalismo? No puede ser una simple comodidad con la lógica de los mercados, la propiedad privada o los equilibrios fiscales, que son comunes a todo pensamiento liberal y han sido asumidos hace más de medio siglo por las socialdemocracias europeas. Sí es, en cambio, una radicalización del rol que se asigna al mercado dentro de la sociedad y una rigidización intelectual de su defensa. A esto habría que agregar una dimensión fundamental hasta aquí omitida: políticamente, el neoliberalismo se ha caracterizado por su indiferencia hacia las libertades civiles y políticas, o como mínimo la subordinación de éstas a la consecución primera de las libertades económicas. Su comprensión de la libertad como un bien prácticamente divorciado de las condiciones en que se genera y distribuye el poder político- en tanto ese poder nos deje tranquilos para consumir, trabajar e invertir- la distingue por lo demás del verdadero liberalismo clásico, que siempre entendió que las libertades civiles y políticas son una parte tan irrenunciable de la libertad humana como el derecho a la propiedad. Llegamos, así, a la diferencia entre liberales y neoliberales: mientras para los primeros el compromiso con la libertad individual no impide reconocer que la frontera entre el Estado y el mercado es una cuestión pragmática y maleable, inscrita en contextos institucionales específicos, para los neoliberales esta cuestión es una guerra santa en pos del segundo; mientras para los neoliberales la libertad económica es la fuente de toda libertad, para los liberales la libertad humana es un todo irrenunciable; y por ello, la defensa de libertades económicas como el derecho a la propiedad es sin duda legítima y necesaria, pero se inscribe y subordina a aquella más grande conquista histórica del liberalismo: la defensa activa, irrestricta e incondicional de todos los derechos humanos, sin excepción.

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2 comentarios to “LIBERALES Y NEOLIBERALES”

  1. Franz Fanon Says:

    Excelente divulgación del pensamiento económico-politico de donde es fácil deducir ejemplos locales y sacar conclusiones sugeridas por el acontecer pre-electoral actual en Chile, tierra bendita desde hace unos 30 años de los economistas y tierra prometida de los politicos desde hace al menos un siglo..
    La primera sería que la indiferenciación conceptual de la economía y de la política es fuente de complicaciones inevitables y, a breve plazo, poco enriquecedoras (en todo el sentido de la palabra). Más vale no interpretar la una por la otra y la otra por la una. Esto vale en la extrema derecha (UDI, RN)y en la extrema izquierda (JP). En otros rincones, hay matices y compromisos interesantes.
    La segunda seria que hay diversas formas de dinamica social. La hay politica (es lo que Castro, Allende y Chavez han suscitado). pero también la hay economica (es loq ue Den Tsiao Ping introdujo con tanto éxito en China y que Friedmann indirectamente promovía). Es evidente que sin dinamica social las sociedades tienen las mayores dificultades para avanzar o cambiar. Nadie cree hoy por ejemplo que una revolucion cultural podria movilizar el pais.

  2. Daniela Agouborde Says:

    Ácida, liviana pero interezante crítica oie.

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