Archive for 29 septiembre 2009

¿Son tan malas las ideas de la derecha?

septiembre 29, 2009

Los dejamos con una columna aparecida el viernes pasado en El Mercurio, del rector de la UAI Andrés Benítez, que resume bastante acertadamente el problema ideológico que cruzó el primer debate presidencial:

“Ofertones, apuestas de más Estado y más impuestos marcan el primer debate presidencial”. El titular del diario “El Mercurio”, al día siguiente del encuentro televisivo de los candidatos, es el mejor reflejo de lo ocurrido en el set de TVN. La verdad es que durante las casi tres horas de debate, tanto las preguntas como las respuestas de los postulantes a Presidente fueron hostiles a cualquier cosa que tuviera olor al mercado, a sector privado. Paralelamente, el papel del Estado, grande y vigoroso, se convertía en la gran solución a todos nuestros problemas.

Por supuesto, quien más cómodo se sentía en este ambiente era Jorge Arrate. El candidato del Juntos Podemos se vio en un escenario impensado: dominando las ideas. Así las cosas, no dudó en arremeter contra todo tipo de iniciativas privadas, llámense colegios, bancos, farmacias, clínicas, isapres, etcétera, sin recibir ningún comentario en contra. Criticó casi todo lo que se ha hecho en los últimos 35 años en Chile, se declaró allendista, y nadie le dijo nada. Por el contrario, el resto de los candidatos, en vez de hacer valer sus ideas, trataron de imitarlo, con el resultado siempre predecible: las copias son malas y poco creíbles.

Pero lo más curioso de todo es que si miramos las encuestas, las ideas que defiende Arrate sólo le han conseguido el apoyo del uno por ciento de la población. En otras palabras, de casi nadie. Y, pese a ello, en términos del debate, sus principios lograron imponerse.

¿Por qué sucede esto? Bueno, indudablemente, el candidato que debió haber manejado los temas, colocado ideas, era Piñera. La derecha llegaba a un debate presidencial por primera vez liderando las encuestas, y con una alta probabilidad de ganar las elecciones. Sin embargo, Piñera nunca mostró sus cartas, ni defendió las ideas de la libertad, del mercado u otras. Así las cosas, la pauta se le fue de las manos.

¿Son tan malas las ideas de la derecha? Hay un cierto trauma en este sentido. La derecha cree en sus ideas, pero siente que es malo defenderlas en público. De alguna manera, piensan que el discurso de la Concertación o de la izquierda es mucho más correcto en una contienda política. Hablar del Estado, de subir impuestos, de regular, sería, en este esquema, mucho más rentable políticamente que defender la empresa privada, la libertad de emprender u otras cosas. Entonces, la derecha, y sus candidatos, tratan de inventar un discurso que suene más popular.

Aunque eso fuera cierto, el problema hoy es que esa estrategia no funciona con Piñera. Pudo ser adecuada con Lavín, pero no con Piñera, por la sencilla razón de que este último representa la encarnación misma del sistema privado. Piñera es un empresario, y muy exitoso. Por ende, el discurso más estatista o regulador no le queda. Porque nadie le cree.

En el debate, esto fue notorio cuando el conductor los emplazó a opinar sobre el sistema financiero, al que describió en pocas palabras como causante de todos los males de la sociedad y acusó a los bancos de tener tasas de interés de usura y utilidades desmedidas. Bueno, la pregunta-afirmación fue un festín para MEO y Arrate. Frei, menos convincente, dijo que la respuesta era más Estado. Y Piñera cedió el punto y no le quedó otra que criticar a los bancos. Las risas en el set fueron demasiadas. “¿Qué querías? Hubiera sido una locura salir a defender a los bancos”, me dijo un miembro del comando de Piñera. Y uno se pregunta… ¿por qué para un candidato de derecha, ex banquero, es una locura defender al sistema financiero? ¿Acaso los bancos no son los responsables de que millones de chilenos tengan casa, autos y educación? Que hay problemas en el sector, los hay. Pero también los hay, y mucho mayores, en el transporte público, en los hospitales públicos, en los servicios públicos. Pero claro, en el debate no se podía tocar al Estado. No era popular.

Si hoy mayoritariamente la gente está apoyando a Piñera y no a Arrate es porque las ideas de la derecha no deben ser tan malas. Piñera está donde está porque es empresario, porque es exitoso, porque cree en la libertad. Esconder al candidato detrás de una cortina de humo de izquierda lo daña en uno de sus aspectos más sensibles: la credibilidad. Porque, al final de cuentas, si la derecha quiere gobernar, necesariamente tiene que dejar de tenerles susto a sus propias ideas.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/09/25/son-tan-malas-las-ideas-de-la.asp

ES LO QUE HAY

septiembre 25, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada el viernes 25 de septiembre en El Mostrador)

Vergüenza ajena. Ese fue el sentimiento que me acompañó durante todo el debate presidencial del miércoles pasado. Estuve sentado en el auditorio de TVN en una posición privilegiada para olfatear de cerca la farándula política criolla. Pero parece que el cóctel de la entrada elevó la temperatura de la sangre de los conspicuos asistentes, comprometiendo seriamente sus estaturas intelectuales. Frente a cada candidato la respectiva barra brava vitoreaba al propio y pifiaba al rival, mostrando la hilacha de izquierda a derecha sin distinción alguna. No pude dejar de recordar esos debates universitarios donde los partidarios de cada lista perdían los estribos en aplausos rabiosos e insultos al viento. Daba lo mismo que el postulante llamara a comer caca o promoviera el sexo con tortugas, lo relevante era reventar la sala para acallar a la parcialidad adversaria. Pero es patético cuando son parlamentarios y aspirantes a serlo los protagonistas de tanta falta de respeto y mala educación. Qué queda para el resto. Ojalá que el próximo debate sea con un público distinto, o en su defecto a puertas cerradas. Pero dejando de lado el circo de nuestra elite política, concentraré esfuerzos en identificar los aspectos que a mi juicio fueron más llamativos en el primer choque presidencial.

Para comenzar, la obvia constatación de que en Chile no tenemos ningún Obama. Aunque Marco le robó descaradamente la frase (“esto no se trata de mí, sino de ustedes”), se hizo evidente que ninguna alternativa presidencial fue capaz de esbozar un proyecto político convocante y sustantivo. Quizás la culpa la tiene el formato, ya que el bombardeo de preguntas temáticas (“diga tres medidas concretas para…”) no es el mejor escenario para construir un sueño.

En segundo lugar, una observación sobre el fondo del discurso: Tenemos puros candidatos socialistas. Hasta Piñera criticó el abuso de los bancos y empresarios, lo que sonó poco creíble. El senador Frei dejó de ser democratacristiano y afirmó que quería mucho más Estado y menos mercado. Ni siquiera tuvo la sutileza de pedir mejor Estado o mejor mercado. El asunto dejó de ser cualitativo y pasó a ser estrictamente cuantitativo. Al menos Marco dejó claro que no estaba “contra la riqueza”. Menos mal.

En tercera línea tenemos el golpe bajo de Frei a Piñera a raíz del informe de Transparencia. Podemos tener discrepancias respecto a la calificación ética de la jugada, o respecto a cuán eficiente resulta la guerra sucia desde el punto de vista estratégico, pero no podemos ignorar que marcó a fuego la agenda periodística del día siguiente. Si tienes un mal candidato, al menos asegura que sea noticia. Y cumplió con creces la pega. Aun así no deja de resultar lastimoso observar un comando exultante por una movida de esa índole. Es tan penca como destapar champaña cuando una encuesta revela que Frei es un candidato “competitivo”. Más mérito tiene porque Piñera quedó descompuesto después del combo. Tocaron la campana y se fue masticando la rabia al camarín. Contestó mal a su regreso. Bajó al nivel de Frei, le sacó en cara a su hermano. La respuesta exigía una sofisticación mayor. Hoy, aunque parezca increíble, la mejor recomendación para Piñera es que no se someta a más debates si va a repetir la performance del miércoles.

Marco navegó con relativo éxito. Las expectativas sobre él eran altas pero a la vez disímiles: Los que querían ver al díscolo desafiando a los viejos próceres tuvieron su recompensa, los que querían ver el rol de autoridad también. Paradójicamente fue Marco el que intentó sacar al pizarrón a los candidatos grandes para que aplicaran realismo respecto del financiamiento de sus propuestas. Ganó en seriedad.

Finalmente, mención honrosa para Arrate. Era previsible que el debate le fuera propicio, como a todo candidato que no tiene nada que perder y mucho que ganar. No es esperable que su buena evaluación se traduzca en votos, por supuesto, pero genera un foco de interés que tiene un valor incierto para las semanas que vienen. Aun con proyecto trasnochado y altamente dogmático, el tipo se descubrió ante miles de chilenos como un caballero simpático, culto y educado. Lo que siempre se agradece. Y a Marco le dejó la tarea de definir el nicho ideológico a utilizar, porque la izquierda ya encontró su patrón.

Link: http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/es-lo-que-hay/

No se inscribirán (Eugenio Tironi)

septiembre 21, 2009

La clase política parece escandalizada con esto de que los jóvenes chilenos no se inscriben en los registros electorales. El Gobierno ha lanzado una campaña publicitaria dirigida a convencerlos. Lo mismo ha hecho Sebastián Piñera, para capitalizar el respaldo que tendría entre estos jóvenes ariscos. Pero nada. Los jóvenes no se inscriben. Es más: las cifras revelan que la tasa de inscripción de hoy es aún menor que la previa a la elección de 2005.

¿Qué pasa? ¿Por qué los jóvenes no se inscriben?

Las explicaciones son múltiples. La más trivial, no hay duda, es aquella que imputa la no inscripción a las dificultades burocráticas. Bastaría, entonces, con hacer el trámite más expedito, o extender los plazos, para que los jóvenes se inscriban como conejos. O lo que surgió ahora como la panacea: ¡eliminar la inscripción y hacer del voto algo automático y a la vez voluntario, para que vote quien quiera! Me temo que todo aquello es un espejismo. Si hubiese interés, sin que importara cuán difícil fuera, los jóvenes se inscribirían. En su vida cotidiana hacen cosas muchísimo más complicadas. Y sortean las dificultades, porque hay una causa que los empuja. El problema es que aquí no la hay. Por ende, si votar es automático y voluntario, me temo que el efecto será exactamente el opuesto: menos jóvenes votarán, porque incluso los ya inscritos se sentirán liberados de la obligación.

Hay otra explicación, que hincha los pechos de algunos. Se trataría —dicen— de la apatía de los jóvenes hacia un sistema político decadente. Si éste cambiara, se inscribirían como rebaño. Pero esto es tautológico: ¿cómo podría el sistema político cambiar si los que desean ese cambio (los jóvenes, se supone) no participan en él? Los hay quienes agregan una variante: los “no-inscritos” representan algo así como una fuerza revolucionaria de nuevo tipo, que más temprano que tarde irrumpirá para acabar con el sistema. Habría que esperar, pero se ve difícil: no se conocen revoluciones que hayan nacido de la indolencia, sin ideología, sin organización, sin liderazgos.

Volvamos de nuevo a la pregunta: ¿Por qué los jóvenes no se inscriben? Creo que la explicación es más profunda, y no la queremos ver. Lo primero tiene que ver con la aversión de los jóvenes —y no sólo de los jóvenes, hay que decirlo— al compromiso por toda la vida, en particular si se trata de causas co-lectivas. Gilles Lipovetsky dice que estamos en una era en la cual se repudia la retórica del deber total, eterno, colectivo, y se exacerban, en cambio, los derechos al deseo, a la realización inmediata, a la autonomía. En este paisaje, ¿por qué inscribirse, por qué votar? A esto se suma el aborrecimiento de los jóvenes a la acción instrumental o estratégica —aquella que supone aceptar las intermediaciones y postergar la realización de algunos apetitos—. El acto electoral y la política en general son precisamente eso. Esto explica que despierten tanto rechazo. ¿Por qué, entonces, no se inscriben? La respuesta es simple: por las mismas razones que rechazan el matrimonio y prefieren la convivencia, o que se dispara entre ellos la tasa de divorcio, o que se marginan de las iglesias, o que practican una acelerada rotación laboral. Porque no quieren compromisos que los aten y les pongan cortapisas; y esto vale para la pareja, las iglesias, los empleadores, y con mucha más razón aún para la República. Si son así las cosas, no importa cuánto se los inste, o cuántos plazos y facilidades se les otorguen, o cuánto se trivialice el acto mismo: los jóvenes no se inscribirán. Vamos acostumbrándonos.

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/09/15/no-se-inscribiran.asp

Por qué voy a votar por MEO

septiembre 14, 2009

por Davor Mimica (publicada en su sitio www.todopolitica.cl)

Votaré por MEO en primera vuelta. Y si tengo la oportunidad, lo haré con gusto en segunda.

Cuando comparo las posibilidades que la Concertación y la Alianza ofrecen para Chile, no me impresiono. Dudo que mucha gente lo haga. El duopolio que caracteriza nuestra política se mantiene inamovible a pesar del enorme desgaste que ha asolado a ambas coaliciones. Principalmente a la Concertación.

Pareciera como si el sistema pudiera sobrevivirse a sí mismo independiente de cuántos liderazgos importantes vayan quedando en el camino. Hoy la Concertación es sólo un penoso reflejo de lo que fue. Habiéndose jubilado sus principales líderes políticos y éticos, hoy está protagonizado por la estructura que antes transaba en las sombras cargos públicos y poder, junto a los escasos dirigentes que se mantienen vía un exagerado sentido de la ética de la responsabilidad y que son relegados a cargos de menor poder. Hoy estos protagonistas, al no tener real contrapeso político interno, ya no trabajan en las sombras: la transaca de los lotes y facciones es ya a la luz del día, cada día.

Además de lo anterior, pareciera que la alianza DC-PS está llegando a su límite: las políticas en las que ambos bloques estaban de acuerdo parecen haberse agotado. Es cada día más difícil encontrar visiones comunes, lo que redunda en una trágica disminución de la oferta de ideas y políticas públicas por parte del oficialismo.

La Alianza ha mejorado en todos sus órdenes. Se ha disciplinado y está detrás de un liderazgo relativamente claro. Pero no deja de ser prisionera de la ultraconservadora UDI y esquemas que son más parte del pasado que del futuro. Si bien hoy promete una mayor gobernabilidad en términos internos, lo hará con una minoría parlamentaria (en cualquier escenario menor a la que también sufrirá la Concertación) y con grupos sociales que estarán mucho mas presentes creando inestabilidad y dificultando los proyectos.

Los cuadros con los que llegaría a gobernar la Alianza son un símil a los actuales: personas de historia partidaria con los mismos vicios que la Concertación. Es cierto, el tiempo en el poder acrecienta los malos manejos y la corrupción, pero no podemos esperar un gobierno de Piñera libre de ellos. Habrá menos, pero habrá.

Lo que une a las candidaturas lideradas por Piñera y Frei es el incentivo a mantener la puerta de la política cerrada por dentro. Ambas coaliciones están tan bien acomodadas que un cambio de una a otra será poco más que cosmético. El interés por el sistema binominal, el interés por mantener un estricto control central de las regiones, el interés de no incentivar demasiado la participación juvenil. Cuando son pocos controlando el Estado, éstos harán todo lo posible por mantenerse. Cualquier cambio, cualquier aumento en esos controladores, forzosamente implica perder poder. Y nadie en sus cabales está dispuesto a hacerlo a voluntad: a la gente con poder se la echa a patadas, no con suaves interpelaciones a la buena voluntad.

Quizás lo más grave es la calidad de la renovación interna de las coaliciones. Tanto en la Concertación como en la Alianza, nuevos cuadros comienzan a reemplazar los espacios que van dejando la jubilación de los viejos líderes y la cooptación de esos espacios por quienes antes ocupaban una segunda línea en el poder. El problema es que éstas “juventudes” (a veces de alrededor de 40 años) están demostrando ser -salvo puntuales excepciones- de una calidad que no se condice con los desafíos de sus coaliciones ni del país. Son el resultado de los magros procesos de reclutamiento de juventudes partidarias a las que no llega exactamente la crema y nata de cada generación. E incluso dentro de ellas sólo existe espacio para quienes suelen ser más serviles a los intereses de corto plazo de las directivas partidarias o lotes relevantes de turno. Hoy estamos viendo cómo comienza a ser cada vez más usual encontrar a estos supuestos adalides de la renovación, envueltos en escándalos, corruptelas o demostraciones de bajeza moral y política que hacen enrojecernos a todos.

Tal vez este último punto es el que más me preocupa. Porque indica cuál es el futuro de los actuales coaliciones y partidos. La renovación de protagonismos es un mal chiste: los estilos son iguales o peores y los contenidos son los aceptados y consensuados con sus “mayores”.

Y en esto sale este chascón.

A diferencia de Frei o Piñera, los incentivos de MEO están alineados con la renovación y apertura política. Tanto por interés valórico (en el cual no tengo porqué confiar) como en interés personal (en el cual sí puedo creer): Como no tiene equipos formados, está forzado a abrir las puertas. Como no tiene partido, está obligado a bajar las barreras y promover la entrada de nuevos actores. Como sus escasos cuadros no han estado enfrascados en el Estado, no tienen intereses creados y tienen las manos mas limpias y libres.

El “pero” es claro: le falta experiencia y no tiene con quién gobernar.

No puedo decir que un gobierno de MEO sería espectacular, ya que los problemas mencionados son reales. Pero sí puedo analizar cuáles problemas serán más soportables. Un gobierno gastado y cansado, lleno de corrupción y malas prácticas. Un gobierno con las fuerzas sociales en su contra y atrapado por el extremo conservador. O un gobierno que mientras trabaje para abrir la política, cometerá grandes errores y se caerá varias veces.

En una perspectiva en la cual no veo una coalición que realmente le ofrezca reformas viables y relevantes para el futuro de Chile, me quedo con el tercero. Al menos, con suerte, algo quedará.

Todo lo anterior, es además de mi convencimiento que tanto la UDI como la DC son barreras casi impenetrable que usan y seguirán usando su poder de veto para impedir cambios relevantes que lleven a Chile hacia adelante.

Por todo esto, votaré con gusto por MEO en primera vuelta, convencido que mi voto es una señal para potenciar los valores y el mensaje en el que creo: la política necesita una apertura y necesitamos un recambio de ideas, estilos y liderazgo. Y urge una mirada tanto liberal como progresista para enfrentarse a los desafíos del presente y futuro.

Votaré por MEO independiente de si puede pasar a una eventual segunda vuelta. Y si lo hace, votaré con la misma convicción.

Si no lo hace, deberé escoger entre los dos primeros gobiernos que describí. Y la elección no es nada fácil.

CEP: CUIDADO, SEBASTIÁN

septiembre 8, 2009

por Daniel Brieba

Es cierto, la encuesta CEP de la semana pasada dio varios motivos para celebrar a Piñera y su comando: detuvo la caída en intención de voto, revirtió la baja que había tenido en varios atributos claves, alargó su diferencia en primera y segunda vuelta respecto a Frei (aun si en ambos casos el cambio no alcanza a ser estadísticamente significativo) y, por último, su primer lugar es simbólico pues nunca un candidato presidencial que a 100 días de la elección lideraba en la CEP ha perdido la elección. No obstante todo esto, hay buenas razones para dudar de que Piñera pueda mirar el futuro con la calma usualmente asociada a posiciones de liderato. A pesar de los infinitos problemas del comando de Frei, de los mixtos recuerdos de él como Presidente y de su propia falta de carisma, sigue siendo un candidato sumamente competitivo que sigue respirándole en el cuello a Piñera y que, crucialmente y a pesar de lo que las encuestas han mostrado hasta aquí, puede aun superarlo. Veamos por qué.

En primer lugar, la suma de Frei más Marco Enríquez-Ominami (ME-O) suma 45%, contra el 37% de Piñera; si sumamos el 2% de Arrate y Navarro a ‘la izquierda’ y el 1% de Zaldívar a ‘la derecha’, quedarían 47% contra 38%- es decir, una diferencia de 9 puntos en primera vuelta a favor de la izquierda. Por ende, por primera vez desde 1990, el candidato que ganaría la primera vuelta no cuenta con la tranquilidad que los votos de su sector, sumados, son más que los del bando contrario. Esto sugiere una segunda vuelta de alto riesgo para Piñera.

Sin embargo, la CEP muestra que los votos de Marco no se pueden sumar automáticamente a Frei: a diferencia del dúo Piñera-Lavín el 2005, que compitió bajo el alero común de la Alianza, la lucha entre Frei y ME-O se da bajo el signo de un quiebre explícito en las relaciones y sin el manto unificador de la Concertación en el trasfondo. Concordantemente, la CEP muestra que los votos de ME-O se irían en un 45% a Frei, en un 20% a Piñera y en un 35% a los blancos, nulos o indecisos, y es esto lo que permite a Piñera ganar la 2ª vuelta por 3 puntos. Parece un argumento contundente, pero hagamos un poco de historia: en septiembre del 2005, confrontados en la CEP de entonces con una eventual definición entre Bachelet y Piñera, un 54% de los votantes de Lavín decía que votaría por Piñera, un 28% por Bachelet y un 18% estaba indeciso. Si bien ahora hay más indecisos, el reparto de votos en ambas ocasiones- gruesamente, de 2 a 1 a favor del candidato del mismo sector ideológico- es muy similar. Y sin embargo, sabemos lo que pasó en diciembre del 2005: aproximadamente ¡el 90%! de los votos de Lavín fueron a dar a Piñera. Una vez recibido el apoyo explícito de Lavín, y confrontados una vez más a las demandas de las lealtades afectivas y tradicionales por la Alianza y la Concertación, los votantes del candidato de la UDI en su enorme mayoría se cuadraron con su propio sector. ¿Por qué no podría pasar lo mismo en esta pasada, una vez que Marco- como parece más probable- quede en el camino? ¿No es acaso muy posible que, en el momento de la verdad, ‘cruzar la vereda’ sea una experiencia demasiado difícil, y el grueso de los ‘marquistas’ acepte- resignadamente quizás- votar por Frei?

Aquí aparece una segunda objeción: se dice que el voto de MEO es joven y transversal, y no responde al perfil ideológico tradicional que divide a los chilenos entre izquierda, centro y derecha. La suya sería una voz generacional y renovadora antes que ideológica y partidista. Puede ser cierto- no cabe duda que su voto es mucho más joven que el de Frei, el único candidato cuya intención de voto crece con la edad del encuestado- pero la misma CEP muestra que los electores ven a ambos como ideológicamente similares: marcan 4,2 y 4,3 en la pregunta de posicionamiento ideológico, con 1 siendo la izquierda y 10 la derecha, mientras Piñera marca 8,3. Más importante aun, el perfil ideológico de los votantes de cada cual es sorprendentemente parecido: como se observa en la tabla de abajo, la composición del electorado de ambos candidatos es casi idéntica en términos de su proporción de gente de izquierda, centro, derecha e independientes. En cambio, se observa que el electorado de Piñera tiene una composición muy distinta, mucho más sesgada hacia la derecha. Claramente, entonces, ME-O y Frei se están disputando tanto el mismo espacio ideológico como el mismo electorado, lo cual debiera dificultar que en un eventual escenario de 2ª vuelta entre Frei y Piñera, el segundo logre capturar una gran cantidad de votos de ME-O.

Composición de los votos de Piñera, Frei y Enríquez-Ominami según procedencia ideológica

 

Derecha (25% del electorado)

Centro (14%)

Izquierda (25%)

Independientes y No Contesta (36%)

Total

Piñera

45.4%

13.5%

5.6%

35.6%

100%

Frei

9.1%

14.5%

39.6%

36.8%

100%

ME-O

8.6%

15.1%

35.9%

40.5%

100%

Fuente: Elaboración propia a partir de encuesta CEP Septiembre 2009 (lámina 102). Nota: Sólo se consideran los votantes que manifiestan intención de voto por algún candidato.

En suma, porque la suma de candidatos ‘de izquierda’ aventajan por los mismos 8 o 9 puntos que en septiembre de 2005 a los candidatos ‘de derecha’ en un escenario de primera vuelta; porque la encuesta puede estar sobreestimando, al igual que a estas alturas en 2005, la cantidad de gente que en el día de la elección efectivamente ‘se cruzará de bando’; y porque el perfil ideológico de Frei y Enríquez-Ominami y aun más de sus respectivos votantes es marcadamente similar, Frei está aun muy lejos de haber perdido esta elección. Este análisis sugiere que la estrategia obvia para él es hacer lo posible por no antagonizar el electorado de ME-O en primera vuelta, idealmente conseguir su apoyo explícito después de ello y luego polarizar lo más posible la elección en segunda para traer a flor de piel la guerra de afectos y lealtades entre Concertación y derecha que este padrón envejecido trae aun consigo, aumentando así los costos psicológicos para los votantes de ME-O de apoyar a Piñera. La estrategia de este último, de ser así, es clara: lejos de apernarse en su nicho actual, Piñera en segunda vuelta deberá evitar a toda costa caer en esa polarización y deberá apelar al voto comparativamente joven y educado de ME-O con un mensaje propositivo, alegre y de futuro. Si en cambio se confía o antagoniza a dicho electorado, el quinto gobierno consecutivo de la Concertación perfectamente podría ser la consecuencia.

PROMISCUIDAD CONCERTACIONISTA

septiembre 6, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el viernes 4 de septiembre)

En esta misma fecha, pero el año 2005, el CEP dio a conocer su encuesta presidencial. Michelle Bachelet marcaba 45 puntos, y la suma de Lavín y Piñera alcanzaba los 37 puntos. En cualquier escenario de segunda vuelta la actual Presidenta superaba la mitad más uno. Cuatro años después, la última encuesta CEP arroja una interesante similitud: Los votos de Frei y Enríquez-Ominami suman el 45% de las preferencias mientras Piñera sigue concentrando el 37% que tenía entonces su sector. Si nos quedáramos con este dato, podríamos proyectar que el caudal electoral de la Concertación sigue incólume y que su victoria en segunda vuelta es predecible, independiente del candidato. Pero esta vez es el candidato de centroderecha quien lidera cualquier enfrentamiento en el ballotage (supera por 10 puntos a Enríquez-Ominami y por 3 a Frei). Si la elección fuera este domingo, considerando sufragios válidamente emitidos, Sebastián Piñera sería el presidente electo.

La respuesta a esta curiosidad es sencilla: No se produce un trasvasije directo entre los votos del candidato oficial de la Concertación y los del candidato díscolo proveniente de ella. La fuga es enorme, mucho mayor que la que sufrió Piñera en 2006 respecto de los votos de Lavín. Casi un tercio de la votación del senador DC, si llegara a quedar en el camino, pasaría al empresario RN en una eventual segunda vuelta frente a Marco. Y si fuera éste quien llegara tercero en diciembre, poco menos de la mitad de sus votos beneficiarían a Piñera en desmedro de Frei. La tesis de la mayoría de la Concertación está en jaque. Severo, serio, casi definitivo. Su electorado se ha vuelto promiscuo. Ha perdido la fidelidad. Si ya se estaba evidenciando imposible traspasar la popularidad de la Presidenta al candidato oficialista, estos nuevos datos revelan que el problema es bastante más complejo. Ya no es tan obvio tomar una calculadora y sumarle a Frei los votos de Enríquez-Ominami. El “nuevo chile” que respalda a Marco no es objeto de endoso unilateral ni ideológico, básicamente porque parte importante de él cree que en esta pasada Piñera está más cerca de lo que aspiran. Ni las señales de Lagos sirven en esta encrucijada. Ese es la bendición de la transversalidad y la maldición de la diversidad que representa la candidatura de Enríquez-Ominami.

Lo que viene ahora complica más las cosas. El fenómeno MEO es el único que se anota un alza significativa en esta medición. Le roba 2 puntos a Frei (que baja la frontera de los 30 puntos) y rescata 2 de los indecisos. A medida que se acerca la elección este último grupo debería achicarse más (hoy llega al 14%), y me atrevería a apostar lo hará robusteciendo la opción no tradicional, es decir, la de Marco. Esto lo pone a las puertas de los 20 puntos, superando con creces el honroso tercer lugar de Francisco Javier Errázuriz allá por 1989 y constituyéndose, aun sin pasar a segunda vuelta, en la anomalía política más relevante desde el retorno de la democracia. Las expectativas, eso sí, cambian sobre ese umbral. La pregunta “¿Y con quien va a gobernar?” se repetirá en miles de conversaciones. Para ella todavía no existe una respuesta aceitada y consistente.

Piñera, en cambio, puede navegar con relativa calma. Son sus socios de la UDI los que deberían a estas alturas, honestidad intelectual obliga, reconocer el tremendo error político que significó trabar una y otra vez la inscripción automática para ventilar el padrón. El candidato de la Coalición por el Cambio sigue arrasando en la juventud (especialmente no inscritos), donde incluso Enríquez-Ominami relega a Frei al tercer puesto. Quizás puedan pagar el daño liberando a Piñera para hacer gestos decididos hacia el electorado de Marco con miras a una probable segunda vuelta, porque sin esa porción de voluntades no llega a La Moneda.  

Link: http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/promiscuidad-concertacionista/

Astuta Michelle: La cadena nacional más mula de la historia

septiembre 4, 2009

Los dejamos con estas breves líneas de un tal Pepe Lempira, aparecidas en el sitio web de The Clinic, que con una pluma de fino sarcasmo desmenuza la intención de la aparición de la Presidenta el martes recién pasado:

“Acabo de ver el video de la cadena nacional solicitada anoche por la presidenta Michelle Bachelet a los canales de la televisión chilena. Esta mujer es muy zorra (en el sentido de astuta, por favor). Debe haber sido un problema explicar a las estaciones televisivas de qué se trataba el mensaje, porque efectivamente se trataba de nada. Pero nadie (ni Chilevisión) se atrevió a romper la tradición de obediencia televisiva y contradecir a la mandataria, que -hay que decirlo- se veía adorable y calma como un monje shaolín ahumado en cannabis. Sí. Tuve que refrenar mis impulsos de pellizcar sus mejillas rubicundas a través de la pantalla de cristal. Pero tras reponerme de este ataque de ternura logré prestar atención a sus cantarinas palabras.

Primero pudimos enterarnos, gracias a su intervención, de que la crisis económica había terminado. Más bien ella la clausuraba, como si fuera un campeonato de atletismo o una copa de fútbol femenino, con sus añuñucos de tía favorita. Luego anunció que aumentaba en un 5% la cobertura de las pensiones asistenciales (rutina informativa), que había aguinaldo de fiestas patrias (menos mal) y que se regalarán ajuares para los recién nacidos (parece que ya se lo había escuchado antes el 21 de mayo). Todo esto condimentado con incoherencias sobre la gripe humana, el bicentenario y otras abstracciones semejantes.

¿Fue aburrido? Para nada. Porque no es cuestión de todos los días ver a una amable señora cagarse a un peligroso magnate el mismo día de su apoteosis pública. Es como que entrara la señora del almacén de la esquina en un banquete organizado por la maffia italiana, que de pronto sacara una ametralladora Thompson y dejara a todos los matones como colador. Ayer Bachelet, con su inocentona cadena nacional, orinó en el asado que era la proclamación gringa de Sebastián Piñera, que era la noticia de apertura de los noticieros. ¿Querías intervención, manilargo? Ahí tienes. Y aclaremos que Bachelet, por mucho que se parezca a Barney el dinosaurio, es una ruda que poco tiene que envidiar a Harry El Sucio.”

Link: http://www.theclinic.cl/2009/09/02/astuta-michelle-la-cadena-nacional-mas-mula-de-la-historia/

Marihuana al otro lado de la cordillera

septiembre 2, 2009

Para no ser monotemáticos, cerramos este asunto por ahora con una columna de los publicistas argentinos Victoria Massarelli y Martín Vinacur, aparecida en la sección Posteos de la nueva Revista Qué Pasa, que refleja bastante bien el fondo del asunto:

“Recogemos el guante del análisis del fallo de la Corte Suprema argentina sobre la despenalización de la tenencia de marihuana porque nos fue propuesto como una perspectiva desde nuestra idiosincrasia. Y es desde allí, y también como comunicadores sensibles a las éticas, que nos proponemos aportar.

Asumimos que conocen el fallo, entonces vamos a lo medular.

Su esencia se basa en reconocer que la tenencia de pequeñas cantidades de marihuana (no comprende otras sustancias) no supone una anormalidad cultural sino una realidad que tiende a ser una constante, y que su penalización vulnera principios constitucionales relacionados con las libertades individuales. El fallo defiende el respeto por las acciones privadas de las personas, siempre y cuando esas acciones no perjudiquen a terceros.

Al mismo tiempo, la medida pone el acento en perseguir y condenar a los narcotraficantes y en usar los recursos para combatir drogas más duras y peligrosas.

Separa la paja del trigo: discrimina para poder enfrentar efectivamente la problemática más grave.

Muchos pensarán en el argumento del “escalón”: la marihuana como paso previo a las drogas duras. Sabiendo que estadísticamente hay probabilidades, no es necesariamente vinculante ni extensivo a todos, ya que también dentro de las estadísticas están los consumidores de marihuana que no avanzan jamás hacia otras drogas.

Lo fundamental del dictamen es que cambia el paradigma de la cultura de la represión por el de la tolerancia: ¿por qué castigar al consumidor?

Y en el terreno de la comunicación, ¿cuán efectivo es invertir en campañas de “prevención” focalizadas en los efectos del consumo vs. invertir, por ejemplo, en políticas públicas cuyos fines sean contener a las comunidades de riesgo, fomentar las habilidades personales, los vínculos familiares y los vínculos comunitarios?

El fortalecimiento de la autoestima y de los lazos afectivos son comprobados salvoconductos preventivos y sanadores, mientras que el discurso del terror sólo sirve para confirmar entre los adictos que han elegido el camino correcto de la autodestrucción buscada.

Los dispositivos que determinan el ingreso a las adicciones son más complejos que la dinámica de estímulo-respuesta. El discurso del miedo no sirve ni a unos ni a otros.

Siendo los argentinos el producto de una compleja combinación inmigratoria, nuestra identidad se reconoce mejor en una sociedad que tiende a ser tolerante cuando de libertades personales se trata, y que, si bien estructuralmente está cruzada por un paternalismo sempiterno, suele no sentirse cómoda con feligresías obligatorias. Aunque muchas veces las leyes no nos acompañen en la liquidez de nuestros cambios sociales y culturales. El debate está abierto.”

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