CAFÉ CONCERT

por Cristóbal Bellolio (publicada el martes 10 de noviembre en www.latercera.com)

Debatir es un arte. O una ciencia, si prefieren. Es casi una disciplina. En un debate, más importante que lo que se dice, es cómo se dice. Es dominar el escenario, mirar a la cámara, manejar el dramatismo, capturar la atención, electrizar a la audiencia, jugar con el humor, interpelar a los contendores, salir con elegancia. Un debate no decide una elección. Generalmente sirve para aleonar a los partidarios que ya están convencidos. Y el juicio “objetivo” sobre quien “ganó el debate” no tiene relación con el cambio en la preferencia electoral. Por tanto, ya deberíamos estar de acuerdo en que los debates (así como las franjas televisivas) poseen una lógica propia e independiente.

En este plano de discusión casi estético, y tomando en cuenta que los debates van cambiando de formato, la mejor herramienta de un candidato es la versatilidad. En el caso del foro de TVN, el objetivo de de los postulantes a La Moneda era encarnar autoridad, evidenciar rasgos de estadista, garantizar gobernabilidad. Un modelo menos empaquetado, como el que vimos ayer en canal 13, incentiva a los competidores a cambiar la excesiva formalidad por un estilo tipo café concert, donde el diálogo permanente genera inevitablemente momentos más chispeantes. No era un número de humor, obviamente (el senador Frei casi pierde la compostura cuando se empezaron a mandar saludos a las señoras), pero otorgaba ventajas a los mejores conversadores de sobremesa.

En este terreno, hay que decirlo, el mejor es Piñera. Con facilidad pasó de la rabieta al festín, preguntándole incluso a los moderadores sobre sus propios defectos. Aunque se denuncie su falta de corazón, lo que le sobra es cancha. ¡Hasta se metió en la foto familiar de los Gumucio! Presidentes cancheros han existido muchos, desde Menem a Berlusconi, y eso no asegura buen gobierno ni respetabilidad internacional. Pero en un debate rápido y a ras de piso hace la diferencia.

Quien pierde con este formato no es el más anticuado, sino el más amargo. Arrate podrá ser de la vieja escuela, pero es de una afabilidad casi infinita, además de ser un gran conversador. Se le vio relajado y en líneas generales no “guateó”, salvo cuando dijo que Cuba tenía “un tipo de democracia distinto”, con “imperfecciones” como las nuestras. Sin comentarios.

Frei, en cambio, no calza con el ritmo de esta música. Asqueado de tanta “farándula”, pedía subir a los “grandes temas” (como si a alguien le importaran en un show de televisión), pero al hacer el reclamo se le vio incómodo, cascarrabias, despectivo. Y cuando trataba de apelar al humor (“gracias ministro” a Arrate, o “fijemos la fecha” respecto del debate de segunda vuelta), lo hacía como esos tíos insoportables de pecho inflado. Si quiere ganar en simpatía, Frei tiene que abandonar la típica arrogancia de quien ya fue presidente (no me quiero ni imaginar a Lagos en su lugar), donde sólo él hace planteamientos serios, donde sólo él sabe cómo se gobierna, donde sólo él pareciera considerar un trámite la elección de diciembre. En honor a la verdad, en todo caso, el egocentrismo que irradian estos cuatro candidatos es preocupante. Piñera al menos lo disimula mejor, y en uno de los grandes aciertos de su campaña, ha optado por no seguir apareciendo como el superhéroe que fue en la campaña de 2005.

Finalmente Marco, que tenía todo para ganar en este escenario, se desinfló. Tuvo momentos buenos, por supuesto, pero a estas alturas debería aferrarse mejor a sus ejes semánticos más poderosos, aquellos por los cuales ha ganado tanta adhesión: La renovación y la transversalidad. Ayer no era el día para enumerar proyectos de ley inentendibles en treinta segundos ni menos para sacar a Pinochet al baile. Se enredó denunciando lobistas (precisamente él, que “dice las cosas como son”), se tropezó con las concesiones de televisión venezolana. Piñera le paró el  carro un par de veces a nombre del resto del panel. Marco debió ser más encantador que nunca, sabiendo que maneja mejor que el resto los códigos de la televisión, pero la agresividad lo superó.

Cuando ya la paciencia flaqueaba tocaron la campana y cada púgil se retiró a su esquina. Seguramente a empinar el codo, porque la cosa fue intensa. Ojalá se hayan ido juntos, para seguir “resolviendo diferencias”. A continuar con el café concert, esta vez sin televisión.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/caf%C3%A9_concert

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3 comentarios to “CAFÉ CONCERT”

  1. Benjamin Says:

    Este es de lo peor que le hemos visto a Bellolio. Es bueno que juegue a ser sofista porque en ese terreno se mueve fenomenalmente, pero a la hora de defender al candidato conservador le faltan argumentos y los que timidamente esgrime solo son ideas abstractas vagas.

  2. Pablo Vidal Says:

    He leído hartos análisis “objetivos” del debate de anoche no tienen nada de objetivos, pero esta columna me gustó.

    Bien Cristobal, buena pluma.

  3. ivan Says:

    Frei sale al empate porque cree que esta clasificado…..no arriesga y se da el lujo de exigir mejores temas y preguntas.
    Piñera es un vendedor viajero que lleva una maleta con todo tipo de productos…lo que me pidan lo tengo……y a mejor precio.
    Marco es insolente, pasado pa’ la punta, patudo, al principio es entretenido como confronta a sus rivales y se burla de todos…….pero en Chile los patudos, a la larga caen mal.
    Arrate no tiene nada que perder y lo sabe…..y maneja ese capital con aplomo y sabiduria aunque conciente su negocio esta en la Concertacion y en la segunda vuelta.

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