Archive for 31 diciembre 2009

¿Como sería un gobierno de Piñera?

diciembre 31, 2009

Como una manera de despedir el año, su blog amigo repostea esta aguda reflexión de Daniel Brieba originalmente publicada el 1 de Abril de 2009, pero que conserva plena validez ad portas del triunfo del candidato de la Coalición por el Cambio. Aprovechamos de agradecer su fiel lectoría, que nos hizo pasar de 20 mil visitas el año 2008 a casi 50 mil durante el 2009.

“A diferencia de la Concertación, que guarda pocos misterios para los chilenos después de 19 años a cargo del gobierno, hay dudas legítimas y sustanciales sobre cómo sería un gobierno de la Alianza comandado por Sebastián Piñera. Si bien conocemos las actuaciones aliancistas en el Parlamento, otra cosa es con guitarra: el Ejecutivo es el que marca la carta de navegación del país, define prioridades, implementa políticas y asume responsabilidades. La Alianza en el gobierno es una interrogante, y por ello me atrevo a sugerir algunos temas que sería bueno que ésta nos explicara con más detalle a todos los chilenos interesados por votar informadamente.

Un primer tema de duda es su manejo de la economía. Básicamente, ¿será la Alianza una segunda versión de los ‘Chicago Boys’, con una visión doctrinaria y puritana de la economía, o la marcará en cambio un manejo pragmático, mitad continuista y mitad innovador, de lo obrado por la Concertación en dos décadas? ¿Insistirán en el mantra de las rebajas tributarias como mecanismo para reactivar y hacer más competitiva la economía, o le pondrán esfuerzo serio a aquellos factores estructurales y de largo plazo que realmente nos limitan, como la calidad  de la educación y la modernización del Estado? ¿Intentarán llevarnos a un sistema de relaciones laborales moderno, en que la flexibilidad del empleo es acompañada con un seguro de desempleo robusto y una generosa inversión en capacitación (con los costos fiscales que ambos implican)? ¿O por el contrario, se dedicarán simplemente a fortalecer el poder negociador de las empresas respecto a sus trabajadores? ¿Se dedicarán a quitarle atribuciones y presupuesto a la Dirección del Trabajo, o a fortalecer el Tribunal de Libre Competencia? ¿Serán pro-empresa, tratando de satisfacer las peticiones de los dueños de éstas, o pro-mercado, velando por la competencia transparente, sin discriminaciones y sin privilegios para nadie? Las diferencias entre estas opciones son significativas, y marcarían dos sendas distintas de desarrollo: mientras una centroderecha progresista optaría por atacar las raíces de nuestro estancamiento relativo, una neoliberal no haría más que fortalecer la mano de los empresarios bajo el supuesto demasiado simplista de que lo que favorece a los empresarios favorece a la larga al país entero.

Una segunda duda es cuán activo sería un eventual gobierno de la Alianza en combatir la desigualdad de oportunidades. Esta palabra aun pone a muchos nerviosos en la derecha, lo cual es una lástima porque la desigualdad como desafío social y político será uno de los grandes e ineludibles temas de las próximas décadas en Chile. Claro, todos dicen que la desigualdad de oportunidades es injusta, pero la pregunta real es qué se haría para combatirla. Mejorar la calidad de la educación es una idea obvia (y urgente), ¿pero hay disposición de financiar la inversión que se requeriría para-por ejemplo- seguir las recomendaciones de Educación 2020, como aumentar el subsidio escolar, reformar y fortalecer la carrera docente y traer profesores de inglés extranjeros? Más globalmente, ¿Veremos una Alianza proactiva combatiendo las discriminaciones de género y socioeconómicas que ocurren en el mercado laboral, tan centrales en reproducir desigualdades de oportunidades? ¿Se tomará en cuenta la dimensión territorial de la desigualdad al momento de fortalecer la descentralización, o le daremos a los municipios más funciones pero dejando el financiamiento a sus dispares recursos? Nuevamente, una centroderecha progresista asumiría que los cambios socioeconómicos de Chile exigen tomarse en serio la igualdad de oportunidades en sus múltiples dimensiones, porque ésta está en la base de la ciudadanía y entrega la indispensable legitimidad a la economía de mercado. La ‘rebelión de las masas’ no tiene vuelta atrás, y el tiempo de los privilegios se está acabando a pasos agigantados. Un gobierno de Piñera, ¿asumiría esta realidad, o como la Alianza en el Congreso hasta ahora, más bien tendería a ignorarla?

Finalmente, ¿qué haría un gobierno aliancista para profundizar la calidad de la democracia? No esperemos que tal gobierno tratase de cambiar el sistema binominal, pero hay muchas otras áreas donde la democracia podría fortalecerse. Mi gran pregunta de fondo, sin embargo, es si es que existe por parte de la Alianza un reconocimiento de que el sistema político chileno, construido como un acuerdo de elites que tenía la estabilidad como casi único norte, debe cambiar con los nuevos tiempos y volverse más transparente, más participativo, más dialogante y más abierto a los cuestionamientos y desafíos que surgen desde la sociedad civil; en una palabra, si hay un reconocimiento de que debemos urgentemente construir un sistema político más inclusivo. La Alianza y Piñera deberán optar entre la pasividad que sus huestes parlamentarias han hasta aquí mostrado, o mostrarnos a todos que son capaces de reconectarse con lo mejor de la tradición republicana chilena y con sus propios talentos de modernizadores, y liderar el camino hacia una democracia más profunda y más robusta con la cual enfrentar los urgentes desafíos de este nuevo siglo.

LA GUERRA DE LOS CONSENSOS

diciembre 29, 2009

por Cristóbal Bellolio (versión extendida de la columna publicada en La Tercera el lunes 28 de diciembre)

guerra_opa_exclusion-1.jpg image by aarroyob

Primera escena: Paul Fontaine ficha en el comando de Sebastián Piñera. Segunda escena: Luis Eduardo Escobar se une al comando de Eduardo Frei. Con el cadáver de Marco Enríquez todavía tibio, los dos  “cerebros económicos” de su programa desembarcaron en las candidaturas sobrevivientes. Resulta esperable que posean una mirada común sobre los fenómenos económicos, tomando en cuenta que ambos estuvieron en primera vuelta alimentando exactamente el mismo programa presidencial. Aun aceptando que el electorado “marquista” era heterogéneo, acá estamos en presencia de dos protagonistas del proyecto.

En esta campaña de segunda vuelta pueden abundar las descalificaciones personales, pero no así las discrepancias programáticas o ideológicas. Piñera y Frei se parecen bastante en sus planteamientos. Probablemente se han visto obligados a asimilarse, a la caza de los mismos votos viudos. Ejemplos sobran. Fue nada menos que el jefe económico del candidato oficialista quien descartó el camino de la reforma tributaria para los próximos años, pero en vista de las circunstancias, Frei tuvo que sumarla a sus propuestas. A los pocos minutos Piñera se abrió a conversarla si las condiciones lo ameritaban. Y así como hace meses el candidato opositor anunció “bono marzo” para abrir su eventual gobierno (lo que en su momento fue tildado de populista por la Concertación), ahora es la DC quien pide a su abanderado exactamente lo mismo. No se puede ser/prometer menos que el rival.

La dinámica se ha hecho predecible. Ambos están jugando a la defensiva. Si el candidato A se compromete con la reforma X, el candidato B debe salir rápidamente a suscribirla. Este último podría además jugársela con la reforma Y, a lo que el primero deberá sin duda plegarse para no quedar en desventaja. Algo parecido a ese viejo comercial de manjar donde dos hermanos competían por el cariño de la mamá: “A mí me quiere todo esto”, “A mí me quiere todo esto y la luna”, “A mí me quiere todo estos, la luna y las estrellas”, y así sucesivamente. Creo haber visto el mismo sketch en el Club de la Comedia hace unos días, justamente imitando a dos candidatos.

Corresponde reconocer que las reglas fueron fijadas desde la derecha. En un acierto estratégico, el comando piñerista abandonó la tesis del desalojo. Entendió que los chilenos aprecian, en general, la obra de la Concertación. Captó que con el mismo histórico padrón adverso, no era razonable disparar al adversario. En síntesis, construyó un discurso desde y no contra el legado de los últimos 20 años. Es entendible que un socialista se agarre los pelos cuando Piñera habla de protección social, pero el hecho político es que la Coalición por el Cambio ha sido eficiente en construir la imagen de un candidato continuador del sello de Bachelet. Pero además, con caras nuevas, el factor que está desequilibrando la balanza.

Marco Enríquez ha tomado palco para observar cómo se pelean sus ideas y sus asesores, pero la sensación no debe ser del todo placentera. La rapidez de las movidas trasunta poca fe en el anunciado proyecto propio. Paul Fontaine y Luis Eduardo Escobar pueden pensar parecido, pero optaron finalmente por adherir a la tribu de origen. Tampoco ha ganado mucho en temas como Hidroaysén, Bolivia o la marihuana, ya que como en éstos Frei juega a la derecha, Piñera tiene pocos incentivos para colocarse a su izquierda. Lo importante, a final de cuentas, es que esta campaña siga pareciendo una ruda batalla del “todo o nada”, aunque verse sobre asuntos sobre los cuales ya existen básicos consensos.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/la_guerra_de_los_consensos

Adivinanzas Electorales

diciembre 27, 2009

Transcribimos comentada columna del escritor chileno Jorge Edwards publicada el viernes 18 de diciembre en La Segunda. También vale la pena para entender parte de la psicología de esta elección presidencial:

“José Antonio Viera-Gallo, que es una de las pocas personas razonables, equilibradas, ilustradas, que todavía quedan en la izquierda chilena tradicional, aconsejó a los dirigentes de la campaña de Eduardo Frei que no se dediquen a «satanizar» a la derecha. Es un buen consejo, pero me parece difícil que sea verdaderamente analizado y escuchado por sus pares. ¿Por qué? Porque lo esencial de la campaña de la Concertación ha consistido en eso: en dejar a un lado el verdadero debate de las ideas, de los contenidos, de los programas de gobierno, y sostener que si no gobiernan ellos, que si no se unen todos, llega al poder la derecha, es decir, el cuco, el malo de la película. Es un argumento simple, de aparente eficacia, y la Concertación ha caído de cabeza en la tentación de este simplismo. Pero ya lo he dicho en crónicas anteriores: en una democracia moderna, desarrollada, la posibilidad real de alternancia en el poder es decisiva. De lo contrario, la sociedad estaría formada por ciudadanos que pueden gobernar y por otros que no pueden, vale decir, ciudadanos de primera clase o de segunda. Algo parecido se planteó en los días de la elección de Jovino Novoa a la presidencia del Senado. Las cosas quedaron claras entonces, pero esta tendencia a creerse dueños del llamado progresismo, a arroparse, contentos y felices, en las banderas del pensamiento políticamente correcto, es un vicio ideológico, una tara del siglo XX que todavía, entre nosotros, no desaparece del todo.

Como podemos advertir, la palabra «izquierda» se ha transformado en una palabra mágica, una especie de escudo moral y mental. El uso de los nombres, en la Edad Media, condujo a una polémica que duró siglos: la de los nominalistas y los universales. Parece que nosotros, ahora, estamos en camino de resucitar el mismo y viejo dilema, pero sin darnos cuenta. Otra palabra que se ha vuelto complicada, ambivalente, peligrosa: la exclusión. Me alegro, personalmente, de que el PC chileno tenga una representación de dos o tres diputados en el Parlamento, pero no me alegro tanto de los pactos supuestamente instrumentales entre el centro y el comunismo que se han celebrado con el pretexto de combatir la exclusión. Hagamos algunas reflexiones que corren el serio peligro, en nuestro pequeño ambiente, de parecer perversas. Los socialismos reales del siglo XX, comenzando por la Unión Soviética, llevaron la práctica de la exclusión a extremos delirantes y criminales. Si usted estaba en desacuerdo con los regímenes imperantes, si usted era trotskista, social demócrata, zarista, corría el riesgo casi seguro de perder su trabajo, de ser encarcelado, de que sus obras científicas o literarias fueran censuradas, de verse internado en un hospital psiquiátrico. Era un fenómeno que alguien bautizó como «delirio lógico»: si usted no estaba de acuerdo con el paraíso ideológico impuesto por los bolcheviques, usted tenía que estar enfermo de la cabeza. Era la exclusión como sistema, producto, hay que reconocerlo, de siglos de exclusión practicada desde el otro extremo de la sociedad. El resultado social fue terrible, dramático, y todavía no deja de manifestarse. Pues bien, los comunistas chilenos tienen derecho a llegar al Parlamento con sus votos legítimos, pero tienen que decirnos algo sobre lo que sucedió, tienen que hacer alguna forma de autocrítica. Alguien declaró por ahí que aquellas cosas sucedieron hace muchos años, que ya no tienen auténtica vigencia. Y hasta nos aconsejaron, desde fuera, en un entremés internacional, que el gobierno próximo incorporara al gabinete ministros comunistas. Es una deriva, una inclinación más o menos inconsciente y francamente extraordinaria. Estuve hace poco en Rumania, con motivo de la publicación en Editura Art de mi última novela, y escuché anécdotas escalofriantes sobre el período de Nicolae Ceaucescu. Nadie pensaba que el tema no fuera vigente, urgente, de una presencia dolorosa y no del todo resuelta en la vida diaria. Después, en un gran diario español, leí una entrevista a Vaclav Havel, ex jefe del estado Checo, notable ensayista y autor de teatro, disidente del comunismo en los años que siguieron a la invasión de su país por los tanques soviéticos, y decía en forma serena, grave, con su enorme autoridad intelectual: “El comunismo, que arruinó la vida de millones de personas…” ¿Historias del pasado, fantasmas reaccionarios?

El último invento retórico es que la campaña de Frei será una lucha contra «el poder del dinero». Es un recurso a la truculencia, pero no me convence nada. El gobierno de Ricardo Lagos, el más constructivo y creativo de la Concertación, gobernó a través de un buen entendimiento simultáneo, siempre conversado, negociado, con las fuerzas del trabajo y de la empresa. Michelle Bachelet puso el énfasis del gobierno suyo en la no exclusión de las mujeres y en la protección social, pero, a través de su ministro de Hacienda, mantuvo un trato prudente, inteligente, con los sectores empresariales y financieros. En las grandes democracias modernas, en Alemania, Francia, España, el poder del dinero existe en gloria y majestad, pero controlado, contrapesado, limitado por las leyes, la opinión pública, los sindicatos, los partidos de izquierda. Son democracias criticables, susceptibles de reformarse, de perfeccionarse, pero nadie pretende volver a los lentos, paquidérmicos, insensibles Ogros Filantrópicos (para citar al poeta Octavio Paz) del siglo pasado. ¿Más Estado? Mi respuesta es clara: mejor Estado, y lo menos burocrático, lo menos autoritario que sea posible.

Supongo que mis lectores ya habrán adivinado por quién voy a votar en las elecciones del 17 de enero próximo. Siempre en mi vida voté por la izquierda o por la centroizquierda, por el no a la Constitución de 1980, por el no a Pinochet, por la Concertación, pero ahora, por una vez, en la coyuntura chilena de hoy, me siento obligado a cambiar. Lo hago a conciencia, después de meditarlo bien, y sin la menor hipocresía. Siempre he tenido un sentimiento de izquierda, pero el rótulo de izquierdista, el letrero, la aureola santurrona, no me interesan para nada. Creo que el probable gobierno próximo de Sebastián Piñera podría darle un impulso a nuestro desarrollo económico, que en los últimos años ha languidecido algo, sin provocar un retroceso en las conquistas sociales que ha logrado la Concertación. Por su lado, la Concertación tendrá cuatro años para reinventarse, como se dice ahora, proceso que no se puede alcanzar en tres semanas, y la Democracia Cristiana podrá volver a leer los textos fundacionales e inspirarse en ellos. La idea que lanzó Piñera en plena campaña de buscar apoyos transversales dentro del mundo de la DC no me pareció mala, a pesar de que fue rápidamente rechazada y por razones obvias. Ahora, sin ser un experto, observo que los electores apoyaron a personas del centro de la DC, esto es, al centro del centro, y esa tendencia también me parece interesante.

Por otra parte, no tengo la intención de integrarme a ninguna campaña electoral. Hago una campaña diaria, dura, a veces implacable, por seguir leyendo y escribiendo, por mantenerme atento a la evolución del mundo de hoy, y les aseguro que la lucha no es en absoluto fácil. Estuve hace poco en Lima y se me acercaron jóvenes universitarios. ¡Qué vigente está usted!, me dijeron. Tuve la sensación curiosa de que había ganado mis elecciones personales, y me sentí contento y tranquilo, con la conciencia en calma.”

Link: http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2009/12/18/adivinanzas-electorales.asp

La historia no se escribe en un día

diciembre 26, 2009

El martes recién pasado el timonel del PRSD José Antonio Gómez se despachó esta cruda reflexión sobre el momento de la Concertación. Más allá de nuestro acuerdo o desacuerdo con su contenido, nos parece importante rescatar esta interesante perspectiva:

“Resulta patético ver hoy como muchos dirigentes de la Concertación suplican a MEO que los mire, que les regale una pequeña sonrisa, para sentirse protegidos bajo el manto de la “renovación”.

¿Cuál es la verdadera historia de estos conversos a la democracia interna de la Concertación? Es bueno recordar que hace menos de un año se produjo un evento en el que los candidatos fuertes decidieron no competir. En el camino quedaron Ricardo Lagos y José Miguel Insulza. Los dirigentes del conglomerado resolvieron que esto estaba decidido y, por lo tanto, había que nombrar a Eduardo Frei como candidato a la Presidencia. Las miradas se volcaron al Partido Radical, el más pequeño de la Concertación, y las presiones fueron fuertes para que no existiera una definición democrática del candidato. 

Nos opusimos. Estábamos convencidos de que Chile había cambiado y que la gente esperaba una definición en la que se les pidiera su opinión. Sin embargo, todos estos dirigentes -ninguno de los actuales, que exigen renuncias y renovación, levantó la voz en ese momento- se quedaron callados detrás de quienes decidieron ponerle camisa de fuerza a las elecciones primarias

El acuerdo inicial era que las elecciones serían en todas las regiones, con debates nacionales y participarían todos los ciudadanos con derecho a voto. Todo esto era posible siempre que estuvieran los candidatos “oficialistas” de los partidos. Como eso no sucedió con los más grandes, decidieron no hacer primarias y pusieron todo tipo de trabas.

Las elecciones inicialmente se harían en la Región del Biobío; al día siguiente las trasladaron al Maule y O’Higgins. En un comienzo, las elecciones serían abiertas; después sólo podían inscribir candidatos los partidos. El debate nacional dio paso a uno acotado y regional. Más aun, el umbral para pasar a la segunda fase era el 40% de los votos. No hicieron esfuerzos de campaña, hasta que se dieron cuenta de que estaban perdiendo. El resultado final: en las ciudades grandes sacamos más del 45% de los votos.

El proceso de llegar a las primarias fue difícil y lleno de problemas. A pesar de esto, el PRSD realizó un acto de decencia y consecuencia política exigiendo que se realizaran las primarias.

En contra de esto estaban muchos de los que hoy rasgan vestiduras; todos los que hoy piden renovación y renuncias, todos se callaron, porque creían que el camino al poder era fácil y seguro. No leyeron lo que las urnas dijeron en esa oportunidad.

Por eso, hoy miramos con distancia, pena y un sabor amargo lo que está pasando. No hay autocrítica de nadie. Todos creen que la solución es asociarse a MEO y si él pide cabezas y sangre, así debe ser. Esa no es la manera de construir un nuevo referente progresista; eso se debe hacer con ideas, propuestas, coraje y dignidad, sin perjuicio que quienes se sientan responsables lo asuman

Hay que sumar a todos los que piensan que Chile merece cambiar, preocuparse de la educación, de la salud, de las instituciones políticas, pero no para capturarlas, sino para construir lo nuevo. Si eso pasa por perder las elecciones, que así sea. Nada será un desastre, porque seremos una oposición digna y constructiva. Si ganamos, entonces hay que construir una nueva mayoría.

Los cambios son duros, cuestan, pero, a la larga, son fructíferos. Marco hizo un tremendo esfuerzo que nosotros no pudimos hacer; optamos por la disciplina, por la Concertación. Pero hoy no estamos dispuestos a ver este espectáculo y quedarnos callados. A todos los concertacionistas de corazón, los que creen en proyectos, les decimos que la historia no se escribe en un día.”

Link: http://www.latercera.com/contenido/895_211141_9.shtml

EL DÍA DESPUÉS

diciembre 23, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en Reportajes de La Tercera el domingo 20 de diciembre)

Marco Enríquez-Ominami tiene chance para convertirse en un líder de oposición al gobierno de Sebastián Piñera. Una victoria de Eduardo Frei, en cambio, complica sus proyecciones. Una vez liberados sus votantes de cualquier tipo de recomendación respecto del balotaje, el díscolo tiene la difícil tarea de controlar la ansiedad de sus cercanos. En lo inmediato, la paciencia es su aliada.

En el escenario de una derrota concertacionista, las “cúpulas” tienen los días contados. Los partidos del arco iris se enfrentarían a un inédito paisaje: mirar a Chile sin el poder en las manos. Si es hábil en recomponer afectos, podría reclamar la dirección de la nueva Concertación. Después que otros hayan enfrentado a los responsables del fracaso, el hijo pródigo podría retornar a las filas socialistas.

Tiene otra opción, por supuesto, y ha amenazado con ella: la conformación de un referente que desafíe el duopolio político chileno. Pero dejando de lado lo atractivo que suena, Enríquez y su entorno deberán preguntarse cuán oneroso resulta este proyecto en relación al objetivo final. ¿Tiene sentido disputar un nicho que ya tiene marcas instaladas en lugar de batallar por el control de aquéllas? Además, sin parlamentarios propios auspiciando el fin del binominal, no serán sus beneficiados quienes empujen por modificar los incentivos del sistema. Y todos sabemos como terminan las terceras fuerzas en este juego. La sola idea de un nuevo referente, sin embargo, tiene plena justificación en estos días: es la manera de evitar que su capital se evapore.

En 1989, Piñera ingresaba a RN a pesar de pertenecer a una familia de tradición DC. Pero en la falange sus ambiciones se verían truncadas por una extensa lista de espera donde figuraba Aylwin, Valdés, Zaldívar y el mismo Frei. RN, en cambio, era similar a un descampado con una promisoria patrulla juvenil crítica del régimen que culminaba. La perseverancia de Piñera rindió frutos en el largo plazo: hoy está a un paso de llegar a la presidencia. Invertir en empresas deficitarias puede transformarse en un gran negocio político si prima audacia y pragmatismo. Piñera contaba entonces con menos de 40 años. Enríquez llegará a esa cifra el 2013.  

Pero así como Piñera tardó 20 años en sacar la tarea, Enríquez tampoco la tendrá fácil. Aunque es esperable que la popularidad de Bachelet empiece a caer cuando abandone La Moneda, la Presidenta seguirá siendo por un tiempo el bastión moral de la centroizquierda sin siquiera mencionar a las triunfantes figuras parlamentarias que también esperan su turno para conducir la nave. Otros tantos querrán pasarle la cuenta si asciende la derecha. Necesitará puentes, escudos e infiltrados. Después de la paciencia, requerirá de espaldas anchas y talento para sobrevivir al destierro y retornar en majestad.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/el_d%C3%ADa_despu%C3%A9s

VIEJO, MI QUERIDO VIEJO

diciembre 18, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic, edición del jueves 17 de diciembre)

Después de veinte buenos años, la Concertación se apresta a perder el poder. Si las coaliciones envejecen como los perros, entonces el oficialismo está llegando a los 140 años. Y como todos los ancianos, se ha puesto mañoso, le cuesta escuchar y definitivamente siente que ya no tiene nada que aprender. Como dice el clásico del tema de Piero, nuestra querida Concertación “ya camina lerdo, como perdonando al tiempo”.

No puedo sacarme esa canción de la cabeza cuando escucho a sus dirigentes. Sobretodo porque han tejido en torno a sus partidos una corteza de soberbia que les impide la autocrítica sincera y el posterior aprendizaje. Su capacidad de adaptación está seriamente resentida. Por eso era tan acertado el sketch de la franja de MEO: “Marco aprende”. Porque para estar dispuesto a aprender hay que abrirse a abandonar supuestos y prejuicios. Ni haciendo un esfuerzo sobrehumano veo esa cualidad en Escalona, Latorre o el propio Frei. Ellos nunca se equivocan.

En esta segunda vuelta van a poner en marcha lo mejor de su mitológico repertorio: Todos contra la derecha. Obvio: La derecha es facha, autoritaria, millonaria, explotadora y mala leche. ¿Estarán realmente convencidos de esto o forma parte de un guión que se interpreta sin cuestionamientos? ¿Habrán reevaluado sus traumas atávicos? Es legítimo subrayar los aspectos negativos que acarrea un gobierno de Piñera, pero sólo después de haber enfatizado los aspectos positivos de la opción propia. Revivir ante todo la lógica del plebiscito del ’88 (los buenos y los malos, los blancos y los negros, los tuyos y los míos) puede tener sentido si tomamos en cuenta que el padrón electoral no ha sufrido grandes variaciones. Sin embargo, si le cobramos la palabra a MEO, Chile cambió, y ya no se compra el panfleto con tanta facilidad. Es más digno seducir al electorado que ahuyentarlo del otro porque supuestamente apesta. Es más digno que tu mina se quiera casar contigo por amor y no porque otro no le haya dado bola. Es más digno ganar un partido de fútbol en cancha y no aprovechando que el rival todavía no está completo para pasarle W.O. La Moneda, la mina y los tres puntos podrán ser tuyos, pero puta que es penca ganar así.

El dramón es que ni siquiera con este plan el panorama se despeja. Por más que La Nación siga rebajando al gremio periodístico, por más que cambien al vocero a cada rato, por más que empujen a la Presidenta y sus ministros al límite de lo republicanamente indecoroso, parece que el asunto no tiene vuelta. Esto ya dejó de ser una cuestión técnica: La Concertación requiere cirugía mayor y para ello la mejor receta es alejarse del poder. Ya volverán a él sus nuevas generaciones con una épica que no tengan que pedir prestada a sus papás. Porque hasta entonces, la renovación del arco iris ha sido bien bluffera. Yo fui uno de los ingenuos que aplaudió a rabiar la entrada de Bowen y compañía. Pero mientras éstos perdían orgullosamente la virginidad (según columna del propio Sebastián en el número especial elecciones de The Clinic), se volvieron impotentes: no fueron capaces de “parar” ni una sola idea en la campaña. Al rato los condenaron a la intrascendencia. El ascenso de Jorge Pizarro fue el insulto final a cualquier tentativa de nuevo estilo.

En lo que respecta a Piñera, no lo han podido bajar ni con misiles. Aunque lo dieron por muerto después de la multa que le aplicó la SVS y luego con el episodio Banco de Talca el hombre ha demostrado una impermeabilidad sorprendente. Los estrategas de la virulencia ya deberían haber captado la inutilidad de las armas convencionales. Podrían meterle una prostituta muerta en la maleta del auto y aun así no le rayarían la pintura. Que Piñera no sea un modelo de virtud es un costo hundido y asumido por sus votantes.

Uno de los primeros en desdramatizar la victoria de la oposición fue el mismísimo MEO, con tolerancia y espíritu democrático. Sabe que nada va a cambiar sustantivamente en cuatro años, menos cuando el discurso de la derecha construye desde y no contra el legado de la Concertación. En lugar de operadores guatones buenos para el recorte y la sacada de vuelta tendremos un ejército de nerds del barrio alto. Éstos también merecen la oportunidad de empujar Chile hacia adelante. Puede que hasta lo hagan mejor por un rato.

Para la Concertación sólo me quedan palabras de agradecimiento. A veces pienso que si hubiera ganado el Sí los milicos me habrían corrido bala en mis primeros desórdenes a mediados de los noventa. Pero la musiquita de “los que recuperaron la democracia” ya da pena. Como esos abuelos que dan la lata y te cuentan 600 veces la misma historia. Como diría Piero, “yo lo miro desde lejos, pero somos tan distintos, es que creció con el siglo, con tranvía y vino tinto… viejo mi querido viejo”.

CAMBIO HAY UNO SOLO

diciembre 15, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada en La Tercera el lunes 14 de diciembre)

Marco Enríquez- Ominami ha quedado en el camino. Su campaña alcanzó a ilusionar a más de un millón de chilenos, más allá de las trincheras ideológicas. Básicamente porque el mensaje que mejor transmitió fue la imperiosa necesidad de renovar la elite política, damnificando en el camino la pétrea división que heredamos del plebiscito de 1988. Entendió mejor que sus contendores que la disputa no estaba en más Estado o más mercado, sino en la capacidad de empoderar a las generaciones a las cuales les llegó la hora de asumir protagonismo.

En esta cancha, pensando en la segunda vuelta, ¿juega mejor Frei o Piñera?

Aunque fue el senador DC quien primero trató de maquillar su comando con caras nuevas, el peso de los viejos cracks se hizo sentir a poco andar. Una quinta oportunidad en el gobierno choca contra las aspiraciones de renovación cifradas originalmente en Marco. El candidato de la Coalición por el Cambio no es precisamente el presidente joven del que canta Leon Giecco, pero es más probable que con su gobierno se refresquen las ideas y los estilos. Piñera debería ser aun más explícito en esta convocatoria, sacrificando todos los elementos vinculados con la dictadura. Mal que mal, fue Marco quien mejor transmitió el deterioro político y moral de la actual Concertación, que se manifiesta entre otras cosas en la extensión de sus redes clientelistas.

La presencia de grupos tradicionalmente vinculados a la Concertación dentro del buque piñerista da cierta sensación de apertura. Marco, por su parte, fue capaz de encarnar la transversalidad como ningún otro. Frei, en cambio, parece necesitar sólo a los amigos de siempre. En él no hay invitaciones a cruzar el río o cambiar de mirada. Da la sensación de que basta con los mismos.

Para que el votante de Marco se sienta cómodo marcando por Piñera en enero, el empresario debería reafirmar el compromiso de su proyecto con el reconocimiento y respeto a la diversidad de opciones de vida. El eje “valórico” debería quedar finalmente instalado en el ala liberal de la derecha.

Es esperable que los dirigentes de la Concertación y el Juntos Podemos suban el tono de la confrontación: Todos los colores contra el gris. Pero si Marco nos recordó algo en esta competencia fue la importancia de votar “sin miedo, sin odio, sin violencia”. La retórica de la exclusión y el prejuicio no son coherentes con el espíritu de la aventura marquista. Piñera está más cerca de ese espíritu.

Pero, por sobretodo, es el concepto del cambio el que busca destinatario final. Con uno “vamos a vivir mejor”, con el otro “así queremos Chile”, con Marco “sigue el Cambio”. Si el votante del díscolo diputado está comprometido con ese concepto, más allá de la protesta o la rebeldía contingente, entonces debería verse inclinado a votar por quien mejor representa dicha idea entre los candidatos en carrera. A mi juicio, es ahora Piñera quien está mejor habilitado para reclamar la bandera del cambio, cuya propuesta crece cualitativamente, y no suma votos, si es capaz de incorporar parte de la aspiración que satisface Marco.

 Link: http://latercera.papeldigital.info/?2009121401#23

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/cambio_hay_uno_solo

DELITO CONSUMADO

diciembre 13, 2009

por Cristóbal Bellolio (publicada el domingo 13 de diciembre en La Tercera Online)

En unas pocas horas, acudiré a mi local de votación y en la papeleta presidencial trazaré una raya frente al nombre de Marco Enríquez-Ominami. Habré consumado el delito de cambio de preferencia electoral. Será apenas un voto en un mar de votos. Pero después de haber apoyado a Lavín en 1999 y a Piñera en 2005, este domingo 13 de diciembre de 2009 constituye un hito personal.

Marco entró en esta pelea representando una bravata de juventud, pero estuvo cerca de convertirse en un cataclismo político. Aunque es probable que su aventura culmine esta noche (según la mayoría de los sondeos sería Frei el contendor de Piñera en enero), la quijotada de los díscolos no dejará indemne a nuestro congelado modelo binominal. Marco y compañía le han enseñado a las nuevas generaciones que la única manera de saber si hay agua en la piscina es lanzándose a ella, que en la cancha se ven los gallos, que las vacas sagradas tienen los días contados. Pero sobretodo, que la pasión política brota en la épica y no en el conformismo. Por eso, pase lo que pase cuando se abran las urnas y se sepa con quiénes continúa la batalla, Chile debería estar agradecido de este diputado de dicción imperfecta y rebeldía endógena, que habiendo sacrificado lo único que tenía asegurado (su reelección en Quillota), nos ha ayudado a despertar del letargo en que nos tenían sumidos momios de izquierda y derecha.

Claro que le falta una coalición o un partido robusto con presencia parlamentaria. Por supuesto que no tiene la experiencia de sus contendores. Probablemente no se codea de tantas lumbreras como encontraremos en la nómina de los Tantauco u Océanos Azules. Y bueno, carga en su mochila de adeptos no pocas contradicciones. Pero ninguna de estas carencias, que sin duda son importantes, opaca la tenacidad de su presentación. Maquiavelo hablaba del talento y la oportunidad. Creo que Marco ha tenido ambas en lo que va del año. Su efectividad en términos de crecimiento electoral no sólo debería avergonzar a quienes gustan de las campañas eternas y gastan galaxias en ellas, sino que evidencia una notable capacidad para leer el momento político chileno. El mío, al menos, lo interpretó a cabalidad.

Explicar esto último no resulta fácil en la tribu de origen. Muecas de desaprobación, movimientos en la silla, dolores de guata. Pero sin tensión no nos movilizamos. Marco quien mejor ha transmitido la podredumbre de la actual Concertación. Sería un error pensar que el fenómeno obedece solamente a la personalidad del candidato independiente. Puede ser el síntoma, pero la causa es más profunda.

Esta noche será caliente. Si los números no se dan para el “marquismo”, todos sus soldados se merecen unas buenas vacaciones. Marco saldría en una inédita gira para agradecer a sus compatriotas. Como diría Redolés, puede ir con su camisa abierta y su pecho chileno mostrando al sol. Luego, a pensar en el futuro, copihues rojos, verdes o amarillos. Por mi parte esquivaré algunas miradas ingratas antes de entrar a la cámara secreta. Una vez adentro, consumaré con premeditación y alevosía, el dulce delito de la rebeldía.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/delito_consumado

ENDORSEMENT PRESIDENCIAL: POR QUÉ MARCO POR MARCO

diciembre 11, 2009

por Daniel Brieba

A menos de 48 horas de la elección, quiero aprovechar mi última oportunidad para explicar por qué votaré por Marco Enríquez-Ominami el domingo 13. Creo que es un sano ejercicio democrático el exponer preferencias y razones en el espacio público, donde quedan expuestas a la crítica y al debate. Por lo demás, si los diarios y medios de comunicación aun rehúyen su responsabilidad de explicitar sus apoyos y las razones para ellos, los ciudadanos debemos predicar con el ejemplo.

Tengo cinco razones para votar por ME-O, las cuales comparto en lo que considero es su orden aproximado de importancia. La primera razón es que ME-O ha propuesto, con más entusiasmo y nitidez que ningún otro candidato,  una profundización de nuestra democracia. Yo soy un convencido de que una parte importante del malestar que se palpa en el aire con nuestros políticos es consecuencia directa de una democracia que, si bien ha sido eficaz para producir buenas políticas públicas, adolece de déficits serios en cuanto a sus niveles de deliberación, representatividad y participación. Si bien revertir este déficit es un desafío enorme que ningún candidato aborda en su integridad, Marco ha sido por lejos el más enfático y creíble en su propuesta de desconcentrar el poder político- de Santiago hacia regiones, de la Presidencia al parlamento, de las cúpulas partidistas a sus bases, de la clase política a la ciudadanía. Por lo demás, Marco no sólo ha puesto los temas sobre la mesa sino que él mismo encarna -por la manera en que surgió su candidatura y por su previa condición de ‘díscolo’ en el Congreso- un quiebre con la política vertical, jerárquica y cerrada de toma de decisiones que, si bien fue útil para darle gobernabilidad a una democracia joven y frágil en los ’90, ha quedado cada vez más desfasada respecto a las necesidades del país.

Mi segunda razón para votar por Marco es su liberalismo valórico: para los que creemos en la despenalización y legalización de algunas formas de aborto, para los que creemos en la legalización regulada de la marihuana y para los que en general ponemos el acento en la autonomía y derechos individuales por sobre definiciones colectivas de lo que constituye el Bien, ME-O es una opción evidente.

Paso por ende a la tercera razón: qué duda cabe que Marco es la primera candidatura relevante desde 1990 que se sale explícitamente del eje Sí/No que ha ordenado hasta aquí nuestra política y desafía, con su transversalidad, a aquellos que insisten en clasificarnos respecto a sucesos en que los chilenos menores de 40 no tuvimos rol alguno. Romper con esta clasificación es vital para volver más auténtico y fluido el eje izquierda-derecha, y con ello reordenar el mapa político chileno de acuerdo a coincidencias y diferencias ideológicas legítimas y no al eje democracia/dictadura, que en una democracia consolidada como la nuestra poco tiene que aportar.

Esta transversalidad está muy relacionada a uno de los grandes aportes que ha hecho Marco a esta campaña, a saber la renovación de contenidos y estilos. Es importante aclarar que ME-O no es ‘la’ renovación, sino ‘una’ renovación entre las tantas posibles; pero sin duda su presencia y su propuesta han ayudado a otorgarle visos de renovación a una política estática donde desde las dos grandes coaliciones sólo hemos visto algunas caras nuevas repitiendo dócilmente los mensajes, contenidos y estilos de sus mayores. Marco ha mostrado que es posible y necesario emprender proyectos políticos que desafíen el status quo aun en los tiempos que corren, ha ensanchado la agenda pública trayendo temas nuevos e importantes a la mesa, y nos ha invitado a imaginar- aunque sea a ratos- un Chile más horizontal e inclusivo, más desprejuiciado y más tolerante, más debatiente y con sus afectos más ligados al presente que al pasado. Esta refrescante propuesta de renovación es mi cuarta razón para votar por él.

Llegamos así a la última razón: considero que votar por ME-O es una manera constructiva de expresar mi protesta frente al deterioro político y moral de la Concertación, la pobreza intelectual y democrática de la Alianza, y el acomodaticio duopolio que ambas mantienen sobre nuestra política. Todos sabemos que, más allá de los méritos puntuales de Marco, su candidatura tuvo la resonancia que ha tenido porque la Concertación perdió su anclaje en el corazón de una gran proporción de la ciudadanía, mientras que la Alianza- aun si logra ganar esta elección presidencial- no ha sido capaz en 20 años de sacudirse de manera definitiva la larga sombra de la dictadura ni, por lo mismo, construir un relato y un proyecto alternativos que le propongan al país un nuevo horizonte hacia el cual caminar. Y sin embargo, ambas coaliciones se ha repartido todos los cargos de poder- desde el Banco Central a TVN- con una creciente sensación de derecho de propiedad sobre ellos. A esta impresentable desidia política, protegida por un sistema electoral que inhibe la competencia, sólo se le puede combatir desde un desafío presidencial, pues el binominal hace muy difícil desafiar a las coaliciones ‘desde abajo’. Por ello, votar por Marco es, aparte de todas las otras razones más importantes, también un voto legítimo y constructivo de protesta contra las coaliciones- y no tanto sobre Piñera o Frei en lo personal- que no han hecho su pega.

Porque representa una profundización de la democracia, porque encarna sin complejos un liberalismo valórico tan necesario en nuestra política, porque nos desafía con su transversalidad y nos invita a una renovación, y porque de pasada nos permite protestar desde dentro del sistema democrático, creo que votar por Marco es la mejor opción. Sin duda hay muchas preguntas abiertas en torno a él y sus equipos. Para gobernar Chile se requiere bastante más que buenas ideas. Pero entiendo que en un sistema de dos vueltas, en la primera tenemos derecho a expresar nuestra afinidad a aquellos proyectos que más se asemejan a nuestras aspiraciones para el país. Es obvio que la gobernabilidad que pueda ofrecer Marco en caso de ganarle a Frei dependerá de si es que y cómo los equipos de la Concertación se suman a su proyecto. Pero eso es un problema para el 14. Aquí y ahora, ME-O representa un cambio en la manera de concebir y practicar la democracia, que ensancha la agenda pública y asume de frente el cambio cultural de la sociedad chilena. Por eso, marco por él.

Quienes son los MEO-Piñeristas

diciembre 8, 2009

Transcribimos reportaje de Michelle Chapochnick y Ana María Sanhueza publicado en Revista Qué Pasa del 21 de noviembre, por la sencilla razón de que los dos autores de este blog fueron contactados en su elaboración:

“Lo cuentan en el comando de Sebastián Piñera: aunque el empresario Paul Fontaine votará por Marco Enríquez-Ominami en las elecciones presidenciales del próximo 13 de diciembre, al día siguiente el encargado económico de la candidatura del diputado está citado a Apoquindo 2921 para integrarse a las filas del empresario. “Si Marco no pasa, me inclinaría por Sebastián Piñera”, adelantó Fontaine en una entrevista en La Nación el 16 de agosto, convirtiéndose en el primero de los partidarios de ME-O en adherir públicamente al candidato de la derecha.

Tres meses después de esa confesión, la última encuesta CEP -entregada la semana pasada- puso nuevamente el tema en el debate: el número de simpatizantes del abanderado independiente que está dispuesto a votar por el empresario en el balotaje suma un 29%, mientras que un 39% dice que apoyaría a Eduardo Frei. Ambas cifras revelan la transversalidad que cruza la candidatura del diputado, en la cual convergen figuras emblemáticas del MIR, ex concertacionistas, independientes y liberales, además de un grupo que votó históricamente por la derecha hasta que apareció Enríquez-Ominami.

Un ejemplo de esa transversalidad -y que los críticos del cineasta llaman hibridez- lo vivió hace poco el abogado UC y miembro de Independientes en Red, Cristóbal Bellolio (30), quien es nieto de un ex ministro de Pinochet: le tocó el turno de grabar para la franja de Enríquez-Ominami, se cruzó con una de las figuras clave del MIR, Andrés Pascal Allende, quien acababa de ser filmado para el spot. “El mensaje que él dio fue ‘la izquierda allendista está con Marco’. ¿Qué sentí yo en ese minuto? Tengo dos alternativas: o creer que Andrés Pascal Allende se come a las guaguas o pensar que quizás este personaje ha sido demonizado por mi familia y mi sector. ¿Acaso habrá llegado el momento de desechar esos supuestos y enterarme de quiénes son estas personas?”, dice el profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Bellolio, como Fontaine -consultado por Qué Pasa declinó pronunciarse sobre la segunda vuelta hasta el 13 de diciembre-, es parte de los llamados MEO-piñeristas. Es decir, los adherentes del diputado que, de no pasar su candidato a segunda vuelta, votarán por el dueño de Lan. A esta tendencia -de la que en el comando del diputado evitan hablar- se suman personajes como Manuel Francisco Urzúa, empresario que trajo el “after office” a Chile; Jorge González, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez y ex miembro del grupo Tantauco; y el miembro de Independientes en Red Daniel Brieba.

Hoy, según coinciden varios analistas, el apoyo que ese 29% daría al ex senador RN puede ser clave en enero en lo que se prevé como una elección reñida. “Si Piñera pasa a segunda vuelta sin un 45%, es esencial que haga un gesto decidido hacia ese electorado que es mayoritariamente joven, liberal y que tiene menos traumas con la transversalidad. También es importante que gente de ese mundo (de los MEO-piñeristas) haga señales explícitas a favor de la candidatura de Piñera”, dice Bellolio.

El perfil

De acuerdo con un estudio sobre segmentación y comportamiento electoral de la campaña presidencial del 2009, realizado por Cristóbal Aninat y Gregory Elacqua, de Expansiva UDP, mientras hoy los MEO-piñeristas son un 29%, en la CEP de junio eran 28%. Septiembre fue su peak: alcanzaron 34%.

Hasta agosto, este grupo está formado -según la CEP- por hombres y mujeres en proporción casi idéntica (49% y 51%, respectivamente), jóvenes y adultos jóvenes (el 64,4% tiene entre 35 y 54 años), de procedencia urbana (el 94,4% vive en ciudades) y educados (más del 40% contaba con más de 13 años de estudios). La última encuesta del Centro de Estudios Públicos, de acuerdo al análisis de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, reforzó los datos: si bien hoy son más mujeres que hombres (58,3% versus 41,7%) , se mantiene una mayoría de jóvenes y adultos jóvenes (el 59,3% tiene entre 35 y 54 años), urbanos (el 96,7% vive en ciudades) y de clase media (allí se concentra el 53,5% de ellos). Además, incluye personas de todos los niveles educacionales. De ellos, el 37,5% posee 13 años de estudios o más.

Aunque políticamente muchos especialistas los catalogan como sin ideología, Gonzalo Müller, director de la Facultad de Ciencias Políticas y Políticas Públicas  de la UDD, sospecha que en los últimos años los MEO-piñeristas sólo han votado por los candidatos de la derecha.  “En el análisis electoral de largo plazo, en las elecciones anteriores la Alianza logró el 48% entre Lavín y Piñera. En 1999, sacó  48% en primera vuelta sólo con Lavín. Y hoy, según la CEP, en primera vuelta Piñera debiera sacar 42%. Entonces, es Marco el que le ha quitado a Piñera esa diferencia”.

En ello coincide Juan Pardo, director de estudios de Feedback, quien dice que el diputado interpreta mejor el eslogan del cambio que tradicionalmente ha pertenecido a la derecha. Müller agrega: “Por eso vemos a Enríquez-Ominami en  la franja hablando de cambio y más cambio”.

ME-O, además, ha tomado dos posiciones paralelas para atraer a sectores distintos del electorado, según explica Cristóbal Aninat: por una parte, a votantes liberales; y por otra, a los llamados aspiracionales -para los cuales también Piñera es su segunda opción-. “En muchos casos, este grupo lo conforman personas separadas, menos ideológicas que la media y que no se identifican como católicos, sino de otras religiones o no creyentes”, dice.

Piñeristas y anti-Frei

“No me gustan todas las propuestas de Marco, pero tengo una cercanía personal con él”, señala Urzúa. El empresario es parte de un grupo de la elite económica que se ha sumado a las filas del cineasta por amistad, simpatía, deseos de un cambio de gobierno y por la vanguardia que él representa. Aunque no dejan de lado ciertas contradicciones y diferencias en temas económicos y de visión histórica con su candidatura.

Muchos de los MEO-piñeristas están con las posturas liberales del abanderado en lo valórico, pero no están dispuestos a aceptar algunas de sus propuestas económicas, como la reforma tributaria -que busca subir los impuestos a las grandes empresas de un 17% a un 30%, entre otras medidas-. En general, el apoyo de este grupo a Enríquez-Ominami se debe a la distancia que hay  entre un candidato nuevo y los rostros conocidos de Frei, Piñera y Arrate.

Bellolio, por ejemplo, quien trabajó con el ex senador RN, decidió apoyar al diputado por tres razones: renovación, por ser liberal y por su transversalidad: “Todo el mundo esperaba que esta elección se decidiera entre quien hablara de más mercado y de más Estado, pero la clave estaba en hacer protagonista a una nueva generación. Siempre abogué por ello, y por eso quien más me representa generacionalmente es Marco”.

Pero el traspaso de los votos de Enríquez-Ominami a Piñera también tiene otro componente: un voto anti-Frei, y con diferentes matices. “El voto por ME-O lleva implícito un mensaje: rechazo a la Concertación y a Frei. Su adhesión en segunda vuelta a Piñera es un voto por el ‘mal menor'”, asegura el director Adimark, Roberto Méndez.

Ése es el caso de Francisco Urzúa, quien explica que “en segunda vuelta votaría por Piñera, porque lo prefiero antes que a Eduardo Frei”. En la misma situación está Sebastián Díaz (39), empresario e ingeniero comercial, quien el 2005 votó por el ex presidente de RN y en diciembre lo hará por el candidato independiente: “La razón principal por la que voto por ME-O es porque no quiero que salga Frei. Quiero que salga gente nueva, lo que más me interesa es que haya cambio”.

Y eso no es todo. Existe un votante MEO-piñerista que se presenta con menor frecuencia y que escapa a los cánones clásicos de la política chilena. Se trata de personas que históricamente han votado por la Concertación y ahora no votarían ni en segunda vuelta por el senador DC. “Algunos de ellos han votado por el oficialismo, pero sólo porque admiraban a figuras como Ricardo Lagos o Bachelet”, asegura un cercano a Frei. En esa situación está el sociólogo y economista Daniel Brieba, miembro de Independientes en Red y estudiante de doctorado de Oxford: en 1999 votó por Lagos.

Sin complicaciones

Hay personas, como Brieba, para quienes virar hacia la derecha, después de apoyar al diputado, no representa problema: “Nunca ha pertenecido al ‘mundo piñerista'”, explica. Y agrega: “Ambos candidatos tienen virtudes y defectos, y en toda elección hay que aceptar que no existe el candidato ideal que lo represente a uno perfectamente. Y segundo, porque la distancia ideológica entre ambos, si bien existe, no es sideral“.

Bellolio tampoco se complica. Asegura que su generación aprendió “a no ver el mundo entre los buenos y los malos. Desde el punto de vista político, no lo veo como volver al redil, porque tampoco me he movido tanto. Mi tribu familiar y social es de derecha, pero en mi corta trayectoria siempre me he distinguido por estar a la izquierda de la derecha tradicional y ser un poco díscolo”.

Y agrega: “Las tres cosas que ME-O representa en un 100% -renovación, liberalidad y transversalidad-, Piñera las representa en un 50%. Pero en otros puntos de ME-O, como la justificación de Venezuela o la negociación interempresas, yo estoy más cerca de Piñera. Por lo tanto, para mí la segunda vuelta no va a ser una cuestión desastrosa, donde yo voy a tener que ir a votar con un nudo en la guata o tapándome la nariz”.

Pero no para todos los MEO-piñeristas es así de fácil. Otros miembros de este grupo “transversal”, que prefirieron no dar sus nombres, reconocen las dificultades de regresar al sector al que pertenecieron -ya sea al mundo de la derecha o de la Concertación-, donde en muchos casos fueron tildados de “traidores”. “Seguramente nos aceptarán de buena gana -explican-, porque necesitan nuestros votos. Sabemos que seremos mirados como personas acomodaticias, que se mueven de acuerdo a la corriente”.

Link: http://www.quepasa.cl/articulo/19_1467_9.html