El Último Post

Los dejamos con estas líneas de nuestro amigo Davor Mimica, actualmente Gerente General del Movimiento Ciudadano Educación 2020, que repasa algunas aventuras políticas al cerrar un ciclo bastante simbólico, que coincide con la bajada de telón de su blog personal:

“Acabo de cumplir 30 años. Según la Organización Mundial de la Salud, dejé de ser joven. Y para hacer algo concreto con esta arbitraria ocasión, dejaré de postear en este blog. Por falta de tiempo y por la evidente decadencia del formato “Blog”, abandonaré (al menos por ahora) este espacio.

Davorloft nació en Blogspot en mayo de 2005. Luego pasó a Blogspirit en noviembre del mismo año, para finalmente quedar en esta versión desde agosto de 2006, con dominio propio. Tal como se cierra esta etapa “bloguera”, se me cierra una etapa generacional donde, si bien no espero que signifique un cambio personal, sí he cambiado de categoría. Ya no soy joven. Y en las siguientes líneas pretendo resumir desde mi experiencia política lo que el ser joven implicó: los logros, fracasos y desafíos para las próximas generaciones. Aprovecho plasmar estas ideas en la coyuntura de la inminente elección presidencial que, por sus novedosas características, marcarán un nuevo inicio para la política chilena.

Parto por decir que me siento privilegiado. Soy parte -sin merecerlo demasiado- de una generación que intentó decididamente cambiar la política a nivel nacional. Desde y para los pasillos de la UC logramos bastante: Opción Independiente, FEUC de 2006 y la formación poco intencionada de una escuela de liderazgo por donde pasaron parte importante de los líderes juveniles que hoy tienen hoy entre 23 a 33 años.

Este proyecto nació como un intento revolucionario: reunir bajo una misma bandera a personas que provenían de veredas opuestas en la grieta ideológica que ha definido al Chile de las últimas décadas, basada en la posición personal -y familiar- en la disyuntiva Si/No de 1988. Y aquí, donde tuvimos nuestro mayor éxito, también demostramos tener el mayor fracaso.

En la UC esta alianza, construcción y trabajo se dio en forma natural, demostrando que en la práctica esta división izquierda-derecha que se nos impone y alrededor de la cual se supone nos definimos políticamente, no es necesaria. Pero fuera de las aulas universitarias, no fuimos capaces de mantener el puente en pié. Duramos sólo un par de años y un par de tímidos intentos: la corta idea de un “partido por la juventud” y luego el algo mas exitoso movimiento político juvenil “A Tomarse Chile”. Luego, nada.

De este grupo y salvo contadas excepciones, todos quienes continuaron con alguna participación política, volvieron a la vereda a la que pertenecían -personal o familiarmente- antes de entrar a la universidad. Y esto es brutal. El poder de atracción cultural, económico y de ambición política de las estructuras que tanto criticamos, fue mayor que la energía puesta en la mantención del nuevo espacio que habíamos construido.

Este poder de atracción se dio de varias maneras. Algunos -válidamente- siempre vieron la aventura universitaria como una pausa en sus proyectos personales-ideológicos de largo plazo, siempre reconociéndose como pertenecientes a una de las alternativas políticas tradicionales. Otros aprovecharon la experiencia y visibilidad ganada para alimentar sus ambiciones más personales que colectivas. Otros simplemente recibieron ofertas económicas que no quisieron rechazar. Para otros -como suele pasar- las confianzas personales terminaron. Pero absolutmente todos (me incluyo) carecimos de la combinación de convicción y voluntad para seguir adelante.

Algunos intentaron crear/potenciar/tomarse un nuevo referente (Independientes en Red) que, desde la derecha, deseaba renovar la política. Si bien hablan de traspasar las fronteras ideológicas, el grupo por ellos formado no tiene la disposición de cruzarlas. Hablaron de ser transversales, pero nunca se atrevieron institucionalmente a serlo. Es más, la indecisión demostrada ante la coyuntura presidencial terminó por provocar que la misma derecha que intentaban reformar, terminara por expulsarlos de su seno. Sin recursos y con escasos apoyos, la supervivencia del referente hoy yace en la duda.

Otros participan en la campaña de Eduardo Frei a través de la plataforma de Océanos Azules. Convocados con la promesa de hacer el cambio “por dentro” (la misma promesa cuyo rechazo permitió el nacimiento de la OI en la UC), han sido cada día más relegados a un segundo plano, mientras ven que la renovación generacional, las nuevas caras y los espacios que supuestamente estaban abiertos, se convierten rápidamente más en un recuerdo de promesas quebradas que en el brillante futuro que anhlelaban. Para todo efecto práctico, también fueron expulsados de la centro-izquierda que esperaban reformar.

Lo que estos dos últimos grupos tienen en común, es que decidieron cambiar las estructuras políticas por dentro, escogiendo uno de los caminos preconstruídos en la dicotomía del ‘88. Y ambos grupos terminaron siendo exiliados de las estructuras de poder y de los espacios de cambio. Hoy, yacen en la propia disyuntiva de seguir en ese camino (quizás asumiendo que ya quemaron sus naves) arriesgándose a la irrelevancia política permanente, o de salir antes que sea demasiado tarde y partir nuevamente desde cero.

La pregunta es: ¿qué habría pasado si hubiéramos sido -todos- capaces de mantenernos al mismo tiempo unidos y alejados de la división política tradicional de izquierda-derecha?

Sin sobreestimar nuestras propias capacidades, no me cabe duda que un importante grupo de jóvenes convencidos y con experiencia de años trabajo colectivo, habrían sido una diferencia en potenciar -por ejemplo- una alternativa presidencial. No tengo muchas dudas cuál habría sido esa candidatura: que rechaza la división del 88, que trae caras eminentemente nuevas y que trata los temas tabúes de la vieja política. Habríamos podido entregar la fuerza necesaria para que esta alternativa escogiera decididamente el camino en su gran disyuntiva: ser una nueva concertación en torno a una nueva izquierda, o ser una nueva coalición en un nuevo espacio político en torno a nuevos temas.

Lo claro, es que esta nueva realidad política nos da la meridiana razón en el argumento que creó el referente en la UC. Opciones transversales son posibles y reales. Hay un hambre arrolladora por nuevos estilos, nuevos temas y nuevas caras. El espacio político que veíamos como oportunidad para cosechar, existe y es más real que nunca.

Pero la mayoría de nosotros hoy están en otras veredas. Y quienes hemos terminado apoyando esta candidatura, lo hemos hecho con las limitaciones naturales de las parcelas desde las cuales manejamos nuestra participación.

Y así es como perdimos una (la?) oportunidad. De influir colectivamente e incluso de entregarle cuotas de elegibilidad a un proyecto político relevante. De llevar una generación de rostros nuevos -casi todos sub 30- con experiencia política independiente al servicio público. El modelo “Expansiva”, seguido por IR u Océanos Azules, que habla de buscar referentes externos a través de los cuales tomarse Chile por asalto, habría sido innecesario. La llegada habría sido directa. Inmediata. Sin intermediarios y sin concesiones. Éramos nosotros. Desde los pasillos de la UC al gobierno. Y así cumplir la promesa con la que nosotros mismos vestimos a nuestra generación.

Escribo sin remordimiento. Este escenario no es el fin del camino, sino puede ser el inicio de algo mayor. Pero el arrojarnos -como generación- la representatividad de la juventud en la política, ya es un camino cerrado. Estamos viejos, añejos, antiguos. Es tarde para iniciar un camino político-colectivo-institucional que le entregue -desde la juventud- nuevos bríos al país. Esa es tarea para quienes nos siguen. Y para ellos es nuestra breve historia.

La lección con las que me quedo al finalizar mi aventura política juvenil (no mi aventura política) es que nada puede anteponerse a un grupo decidido de jóvenes convencidos. No existen límites fuera de los que ellos mismos crean en sus mentes. Ni restricciones fuera de las que ellos mismos marcan en sus caminos. Sólo los propios titubeos y la caída en las propias tentaciones son los enemigos de un camino político colectivo. Lo demás es música.

La principal lección queda en la pregunta que alguna vez le hicieron a un viejo estandarte del Mapu:

– “La clase política tiene tomado el poder y no parece dispuesto a entregarlo a nuevas generaciones. ¿Cómo lo hicieron en los años 60’s para sacar del protagonismo a una generación tan o casi tan enquistada como la actual?”

La respuesta fue simple y brutal:

– “Los sacamos a patadas. Nadie va a entregar ninguna cuota de poder. Hay que arrancárselas de las manos”.

Link: http://davorloft.cl/?p=221

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