Archive for 29 enero 2010

TELÉFONOS QUE NO SUENAN

enero 29, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el viernes 29 de enero en La Tercera)

Se había filtrado un rumor. El equipo de gobierno de Sebastián Piñera sería anunciado públicamente hoy. El mismo presidente electo salió a desmentirlo: será en la segunda semana de febrero. Para muchos, eso significa que la ansiedad se extiende por varios días más. Desvelos privados, conversaciones contenidas, sutiles indagaciones. Aun no reciben “ese” llamado telefónico.

“Son 1.300 cargos de exclusiva confianza. ¿Cómo no voy a ser uno de ellos?” se preguntan “¿Habrá bajado mi cotización?” se preocupan. “Seguramente saben que estoy muy bien donde estoy” se tranquilizan. Las aguas de la centroderecha se agitan. No están acostumbrados a tanta expectación. Al menos no haciendo cola para el sector público. Los medios apuestan por las figuras del gabinete con dedicación morbosa y se tejen teorías de todo tipo: De tanto nombrarlo lo van a quemar; si pone a fulano tiene que poner también a mengano; habrá más sorpresas de lo esperado.

Muchas de estas tesis son plausibles. Como aquella que anticipa un desembarco feroz de las huestes gremialistas. Los peores temores del mundo liberal haciéndose realidad. Éstos se organizan y parece que dan la pelea. Pero en lugar de sables, esgrimen currículos y argumentos políticos. Y tienen uno muy poderoso: Piñera ganó justamente por saber abrirse hacia el centro, no por recluirse en la derecha más dura. Lo peor que le podría pasar al flamante gobierno es su propio “Puntapeuco” valórico. Imaginemos la escena: ministro de Salud UDI renuncia por negarse a repartir la píldora, señalando que sus convicciones no son transables. Porque la pericia técnica de repartir eficientemente las cajitas en los consultorios y montar un sistema que evite larga espera es loable, pero hay decisiones políticas de profundo contenido normativo que no da lo mismo quien las tome. Pero la entusiasta armada liberal tiene pocos padrinos. Además han fallado en su labor formativa. Y son menos en la mesa donde hay que estar.

En el mundo de los independientes (vasto y rico en este lado del arco iris) también campea la inquietud. “No debí haberme hecho tantas ilusiones” se repetirán algunos, “si al final esto se llena con criterios político-partidistas”. Y claro, ellos no militan en ninguno. No cuentan con compañeros de equipo, no tienen deudas por cobrar, no han tejido lealtades en la interna y nadie se va a desangrar por ellos. Aun así, confían en que encajan con el “perfil” y en que Piñera “opera con una lógica distinta”. De hecho, es muy probable que estemos en presencia del presidente más independiente de los partidos que hayamos conocido después del retorno de la democracia. Los funcionarios de su gobierno serán sus funcionarios, fusibles de fácil recambio si no cumplen la expectativa. El margen de pataleo de los timoneles de la Coalición será escaso.

Y quedan finalmente los parlamentarios. Pero ellos necesitan algo más que un llamado. Necesitan de una operación sigilosa y precisa como ninguna. La ruidosa polémica de esta semana echó parte de esa posibilidad por la borda. De persistir, habría que abundar en justificaciones: Por qué criticaron el nombramiento de Tohá en su momento, por qué abandonarán a sus electores a medio camino, por qué transfieren más poder a las cúpulas (para designar al sustituto), o cómo no fueron capaces de encontrar otras personas idóneas entre tanto Tantauco y renovación generacional. El presidente electo, por lo demás, tiene claro que necesita de figuras emergentes dentro del gabinete, capaces de encarnar cambio dentro de la continuidad pensando en el 2013.

Muchos ya se hicieron la idea y dejaron de mirar el teléfono con cara de esperanza. La vida sigue igual. Otros tantos, más reticentes a la idea de quedar fuera, se resisten a planificar el 2010 como si nada hubiera pasado. Algunos habrán perdido la paciencia y marcado directamente el número de algún conocido dentro del comando, el partido, el centro de estudios. No es una cuestión de orgullos, sino de certidumbres. No vaya a ser cosa de partir de vacaciones justo cuando suene el teléfono.

Link: http://papeldigital.info/lt/2010/01/29/01/paginas/007.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/tel%C3%A9fonos_que_no_suenan

Gabinete de Sebastián Piñera: ¿Tecnócratas o Políticos?

enero 27, 2010

Los dejamos con la versión resumen del último debate de Política Stereo, dedicado a conversar sobre la conformación del nuevo gobierno. Cristóbal Bellolio, autor de este blog, defiende la importancia de los políticos, mientras Claudio Seebach, director de Políticas Públicas UC, la necesidad de perfiles técnico. El debate completo en http://www.politicastereo.cl:

EL “SÍ” DESPUÉS DEL “NO”

enero 25, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el lunes 25 de enero en La Tercera)

La Concertación nació a fines de los ochenta para decirle que No a la continuidad de Pinochet. Comunistas, socialistas old school y socialistas renovados, liberales, socialcristianos: Todos confluyeron en un solo gran movimiento cuyo factor aglutinador era la oposición al régimen militar. Luego, con algunas deserciones, gobernaron 20 años. Pero en su primera elección presidencial sin el dictador vivo, pierden el poder.

Podrán enumerarse decenas de tareas para la nueva Concertación: renovar las elites partidarias, mejorar las prácticas, ejecutar un digno rol opositor. Pero las generaciones herederas de la épica de 1988 tienen una misión todavía más trascendente: Encontrar un nuevo relato capaz de unir a la centroizquierda. Si antes fue decir que No, ahora tendrán que buscar un Sí, una narrativa positiva que justifique la alianza política más allá de los buenos recuerdos. Si antes fue la recuperación de la democracia, todavía no está clara la nueva bandera.

Ya no pueden arrogarse la chapa exclusiva de los demócratas: Acaban de ser derrotados en las urnas. Ya no pueden rasgar vestiduras contra la economía de mercado: Administraron el modelo con éxito. ¿No fue acaso Lagos “el presidente de los empresarios”? Para peor, la derecha de Piñera les empató el discurso de protección social y por primera vez se muestra abierta a la diversidad valórica. La promesa de un gobierno eficiente que no pierde ni un minuto contrastó con los signos de corrupción que afloraron en el seno del poder. Algunos viejos mitos, sobre los cuales se edificaba la superioridad concertacionista, han caído en el olvido.

En este escenario, sin cambios sustantivos en la oferta de centroizquierda, la centroderecha puede estar tranquila. Para los primeros, todo parte por reconocer el estancamiento, tal como lo hicieron los laboristas ingleses a comienzos de los ’90, cuando se dieron cuenta que ellos estaban siendo los verdaderos conservadores y eran las fuerzas del mercado las revolucionarias. En ese momento se activó un proceso de renovación que puso a Blair en el poder en 1997 y cuyo ciclo se extiende hasta nuestros días. Su oferta programática y estética fue tan atractiva que obligaron al rival a parecerse. ¿Estarán dispuestas las nuevas generaciones concertacionistas a asumir que los chilenos vieron en Piñera algo más que “el poder del dinero”? ¿Estarán dispuestos a parecerse al presidente electo en su desprejuiciado amor por los símbolos de la modernidad? ¿O todavía buscan líderes que, como alguna vez dijo Aylwin, “nunca pisarían un mall”?

Así como la centroderecha aprendió a regañadientes de la Concertación la importancia de ampliarse ideológicamente para aspirar a la mayoría, hoy la centroizquierda debe aprender de esta Coalición por el Cambio. Debe aprender a imitar lo bueno mientras innova en un discurso esencialmente de futuro. En las recientes elecciones, por primera vez, votaron aquellos nacidos en tiempos de Aylwin. A ellos hay que explicarles por qué deberían votar por la nueva Concertación, sin mirar por el espejo retrovisor. Por qué se merecen el “Sí”.

Link: http://latercera.papeldigital.info/?2010012501#09

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/el_s%C3%AD_despu%C3%A9s_del_no

Evitar conflictos

enero 21, 2010

Aunque fue publicada el domingo (Reportajes de La Tercera) antes de conocerse el resultado de la elección presidencial, la impecable pluma de Héctor Soto es lo mejor que hemos encontrado para resumir el escenario ideológico del próximo gobierno:

“Aunque el deseo más querido de la izquierda sería ver a la Coalición por el Cambio desgarrada por divergencias insalvables entre conservadores y liberales al día siguiente de la entrada de Piñera a La Moneda -toda vez, claro, que los resultados de esta noche lo favorezcan-, es improbable que eso suceda a corto plazo.

Primero, el liderazgo de Piñera nunca ha estado muy disponible para impartir lecciones de convicción; ni siquiera lo ha hecho en el terreno económico, donde mejor se maneja; si el candidato ha llegado donde está, es porque se ha abierto al pragmatismo demostrando, tal vez más que cualquier otro dirigente de la centroderecha, gran capacidad para sumar -no para purgar- a gente que piensa distinto. La segunda razón es que tal como Piñera no está dispuesto a ir un solo metro por delante de lo que vaya el conjunto de la sociedad chilena en los temas valóricos (píldora, familia, minorías sexuales), tampoco quiere correr el riesgo de quedarse atrás.

En una sociedad donde los individuos quieren pensar por sí mismos y donde las instancias de control social tienden a debilitarse cada día más -llámense partidos, iglesias o magisterios- ni los políticos ni los gobiernos están llamados a brindar testimonios muy duros acerca de cómo hay que vivir o comportarse. Esto es ya una cuestión de cada cual. En términos de estricto comportamiento, nada más distinto de un país que un cuartel; en términos de creencias, nada más alejado que un convento. Son los dos grandes vértigos del pensamiento simétrico. Así las cosas, lo que debe procurar el gobierno en una sociedad democrática es resolver los conflictos por la parte baja de la convivencia -no por la parte alta de las verdades absolutas- para que nadie deje de ejercer sus libertades y nadie  se sienta menoscabado o herido por lo que haga o deje de hacer el del lado.

Es verdad que puesto así el asunto parece simple. Pero, claro, no lo es. El problema que plantea gran parte del pensamiento de matriz conservadora es que asume sus verdades como convicción propia -lo cual está muy bien-, pero también como norma de conducta para el resto, lo cual ya es más complicado. En sociedades abiertas a la liberalización, como es el caso de la chilena, esa pretensión ultramontana de gobernar la vida de los otros no puede sino estar expuesta a continuas frustraciones y fracasos.

Así como lo que es bueno para un individuo no necesariamente tiene que serlo también para el grupo o el país, hoy el desafío de gobernar, más que con saber imponer, también tiene que ver con saber dónde parar. El liberalismo es mucho más inspirado cuando habla de los límites de la acción pública que de sus potencialidades.

Un gobierno de centroderecha no va a resolver los desencuentros entre liberales y conservadores. Pero sí debiera canalizarlos a su respectivo ámbito: las familias, las escuelas, las agrupaciones intermedias, los medios… Y si no quiere desgastarse mucho o arruinarlo todo, a los gobiernos más vale tomar palco.”

Link: http://blog.latercera.com/blog/hsoto/entry/evitar_conflictos

CRUZANDO EL RÍO

enero 18, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada con el título “La Era de los Cambios de Camiseta” el sábado16 de enero en La Tercera)

Uno de los hitos más relevantes de la carrera presidencial que hoy culmina es la despenalización del cambio de preferencia electoral. En público o en privado, muchísimos ciudadanos abandonaban la tribu de origen para tomar partido por opciones hasta antes descartadas. Traidores o visionarios, dependiendo del punto de vista, animaron la contienda. La evidencia más contundente es que la centroderecha podría llegar en marzo al poder sin que el padrón electoral del plebiscito de 1988 haya sufrido grandes variaciones. Para que eso llegue a ocurrir, votantes históricos de la Concertación tienen que haber cruzado el río. Después de 21 años de reinado del clivaje democracia versus autoritarismo, la política chilena se reacomoda en otros ejes.

Lo anterior no significa que la Coalición por el Cambio represente de la noche a la mañana lo que podríamos llamar “mayoría social y cultural”. Lograr que un porcentaje importante de votantes cambie de preferencia en una elección particular no les otorga ese galardón. Sí puede significar que los vínculos históricos con una determinada familia política no son tan indestructibles como se pensaba. La consigna ya no basta. La apelación al pasado común pierde su efecto hechizante. Se debilitan las incondicionalidades. No sólo Eduardo Frei lo sufrió en primera vuelta; Sebastián Piñera también echó de menos algunos puntos que le arrebató Marco Enríquez.

El perfil electoral de los chilenos no variará drásticamente en el futuro. Seguramente la historia personal de preferencias y la pertenencia a un determinado grupo familiar seguirán siendo los mejores predictores del voto. A ambos lados del espectro ideológico encontraremos siempre numerosas tropas de fieles, aquellos que celosos de sus principios prefieren votar por un llavero antes que por el candidato de la tropa rival, esos que consideran inmoral pasarse al bando contrario, esos que están convencidos de que ven el mundo de manera radicalmente distinta de los que marcan por el adversario. Sin embargo, en el medio crecerá el grupo electores sin domicilio político fácilmente conocido. Son los que optarán por candidatos atractivos, decidirán según cada coyuntura, premiarán y castigarán gestiones, apostarán según temas que les resulten relevantes. Operando la inscripción automática y el voto voluntario, ellos decidirán las elecciones venideras. El cambio de preferencia electoral constituirá entonces una señal de normalidad democrática. La alternancia se hará previsible.

Quizás el mayor error de la Concertación (en una campaña plagada de errores desde el mecanismo de selección del candidato hasta asumir sin matices la bandera ideológica de más Estado) sea haber confiado ciegamente en que bastaba con los propios para derrotar a la derecha. La autosuficiencia los volvió soberbios y olvidaron pedir el voto de la gente. Lo dieron por descontado. Más tarde apelaron a “la unidad de Frei más la unidad de Arrate más la unidad de Marco Enríquez”, pero este último ya había servido de catalizador para el cambio. Con él, para bien o para mal, muchos ya habían aprendido a cruzar el río.

Link: http://latercera.papeldigital.info/?2010011601#15

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/la_era_de_los_cambios#comments

El Valor de la Alternancia

enero 16, 2010

Daniel Loewe, profesor de filosofía política de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, nos deleita con esta reflexión clara y aguda. 100% original para nuestros lectores:

“De más está decir que la posibilidad de la alternancia está en el núcleo de cualquier sistema político democrático. La posibilidad de competir por el poder marca la diferencia con cualquier dictadura. Pero ¿qué pasa con el valor de la alternancia en cuanto tal?  Sin duda, la alternancia política es un valor. Entre otras cosas, ayuda a evitar la formación y anquilosamiento de maquinarias  de autoservicio, y ayuda a introducir ideas y energías nuevas en el juego político (más allá de cualquier alternancia generacional). Es por eso que apelar al valor de la alternancia para votar por el candidato de la Coalición sí tiene sentido.

Sin embargo, este valor no es absoluto. Una tía mía ya fallecida, con una posición abiertamente nihilista en lo relativo a la política (“la mierda es la misma, sólo cambian las moscas”), sostenía el valor absoluto de la alternancia: en cada elección sistemáticamente votaba por el partido que no estaba en el gobierno. El que, ya que ella vivía en Alemania, esta estrategia la haya tornado prácticamente en una votante de los Socialdemócratas, es sólo un accidente de la historia. Si sostenemos una posición tan negativa de la política, esta estrategia es correcta: al menos ayudamos a evitar la generación de todavía más daño. Pero si nuestra posición es menos extrema, y consideramos por consiguiente que la política no sólo produce males, sino que puede ser motor de algún resultado positivo, el valor de la alternancia se relativiza: al dar mediante el voto nuestro apoyo a una agenda política particular hay que sopesar en cada caso si los males que aspiramos a evitar o los bienes que esperamos producir pesan más o menos que los bienes que trae consigo la alternancia o los males que ésta ayuda a evitar. Dicho de otro modo, si consideramos que el gobierno de turno lo está haciendo suficientemente bien, el valor de la alternancia difícilmente llegaría al punto de hacernos votar por el contendor. Inversamente, si consideramos que el gobierno de turno no lo está haciendo bien, entonces el valor de la alternancia se suma a las razones que pudiésemos tener para dar nuestro apoyo al contendor, pudiendo inclinar la balanza, eventualmente, en la otra dirección.

En nuestro país la reelección de los presidentes no es posible. En ese sentido restringido estamos condenados al cambio. Pero ya que nuestra política se estructura todavía en base a coaliciones relativamente estables (al menos en la segunda vuelta), la alternancia no refiere al gobierno, que como cada día tiene una existencia finita y definida, sino que a la coalición. Alternancia entre coaliciones. Y bien: ¿qué valor le cabe a la alternancia? La respuesta depende, evidentemente, de nuestra evaluación del trabajo de la coalición en el poder así como de nuestras expectativas acerca del rendimiento de los dos competidores. La Concertación ha sido, sin duda, un experimento sumamente exitoso. No sólo en el aspecto económico, sino también en el aspecto político, habiendo podido otorgar estabilidad en los turbulentos mares de la transición. Sin embargo, los signos de declive son evidentes. Económicos, políticos y, en un cierto sentido, morales: el autoservicio y las prácticas antidemocráticas internas que hoy por hoy le pasan la cuenta a su candidato (Frei es Frei, no hay nada que hacer. Pero Frei con primarias competitivas habría sido otro Frei, uno más legítimo). No hay razones para esperar algo distinto de continuar en el poder (a pesar de los mea culpa de última hora –de hecho, como los oportunismos de último minuto, éstos son poco creíbles). Para colmo, el candidato es asombrosamente débil –al punto de hacer dudar incluso a los votantes más doctrinarios (“es lo que hay” es la frase que –tratando de buscar consuelo– posiblemente más se escucha en estos círculos). Por otra parte, el candidato de la Coalición por el Cambio parece ofrecer un producto más atractivo. A pesar de los dolores estomacales que puedan provocar en muchos de nosotros el que una parte de esta Coalición cobije a figuras recalcitrantes y conservadoras, el candidato es sin duda, en la forma y el fondo, la cristalización de una nueva derecha, democrática, más preocupada por las oportunidades (materiales y no sólo formales) y quizás más liberal (no en sentido económico, área en la que en este país los conservadores de derecha están ya a la vanguardia, sino que en sentido político). La pregunta abierta es si esta nueva derecha se impondrá en un eventual gobierno o si –lo que no es improbable– cederá paso a los connotados talibanes y medievalistas de siempre. Si somos honestos, a pesar de que el candidato “escucha”, no hay razones para esperar cambios en el statu quo de las libertades individuales, ni avances ni retrocesos.

Las elecciones presidenciales son un tipo de barómetro del alma nacional (si es que algo así existe). Y –gane o no Piñera– es evidente que ésta ha cambiado. Aunque muchos sacudan la cabeza tratando de entender que pasó, es claro que este cambio tiene mucho que ver con las malas prácticas en la concertación (que más evidente que primarias truchas, una especie de auto negación) y con que el cheque en blanco de la distinción Sí/No está siendo protestado: su capital es finito y no se reproduce en el tiempo, a pesar de los intentos de aumentar los intereses mediante estrategias anamnésicas. Las brújulas se vuelven erráticas después de 20 años. Por referencia a las opiniones de mis amigos y conocidos (ciertamente ningún muestreo representativo), mi impresión es que ni siquiera muchos de los que se oponen a un gobierno de Piñera dudan que él lo vaya a hacer bien. Y son todavía menos los que dudan que lo vaya a hacer al menos tan bien como Frei. Si el análisis propio de la situación política es un empate (igual de buenos, igual de malos), el valor de la alternancia tendría que dar el pequeño impulso necesario para inclinar la balanza de nuestras preferencias políticas en la otra dirección.”

La desilusión del Marquismo

enero 14, 2010
Yo fui de los ingenuos, debo reconocerlo, que creyó que Marco Enríquez no haría ningún endorsement en segunda vuelta. Pero no lo juzgo. Creo que su decisión de apoyar a Frei es legítima y tan válida como la mía de apoyar a Piñera. No me siento estafado ni mucho menos. Marco Enríquez es coherente con su identidad de centroizquierda, con su “domicilio ideológico”, pero es inconsecuente con su discurso de campaña, ese que desafiaba estructuralmente el “duopolio”. No tengo mucho más que decir al respecto. Mejor es leer las líneas que escribió Jorge González, profesor de la Escuela de Gobierno de la UAI y cercano colaborador del proyecto marquista, que revelan su profunda decepción:
“Esta elección presidencial dio a muchos la esperanza de que la democracia chilena fuese mejorada. Se plantearon temas hasta entonces fuera de la agenda, y con genuina convicción también algunos otros sobre los cuales la ciudadanía ya ha escuchado promesas, tan solo para llevarse la desilusión de que no se cumplieran ni siquiera “en la medida de lo posible”.
La causa de esta peculiaridad fue la aparición de la candidatura de Marco Enríquez-Ominami, que postuló, por ejemplo, la participación de privados en la propiedad de Codelco, el fin de la discriminación para minorías de género y las reformas políticas necesarias para llevar nuestra institucionalidad a los niveles de los países OCDE.
 
Lo que hizo diferente la candidatura de ME-O de todas las otras, fue la convicción para plantearse respecto a los problemas más graves de nuestra democracia. Eso le atrajo apoyos transversales nunca antes vistos en Chile. En la Comisión Político Estratégica de la campaña de ME-O compartimos esfuerzos Ecologistas, Humanistas, Socialistas, Radicales, Miristas y un sinnúmero de independientes de las más variadas sensibilidades (genero, ambientalistas, partidarios de legalizar la marihuana), y, muy importante, personas hasta entonces ligada a la Alianza: gente que vio en esta campaña, y es mi caso, una oportunidad para llevar Chile a consolidarse como una verdadera democracia, abierta, libertaria, liberal, lo único que por lo demás puede abrir paso al desarrollo material del país.
 
En esto ME-O fue inequívoco: su propuesta era adoptar las características esenciales de las prácticas observadas en las democracias más desarrolladas, como transparencia, rendición de cuentas y democracia interna. Por eso fue que durante la campaña, al interior de la Comisión Político Estratégica, observé que posiciones muy distantes se podían ir conciliando con debate, participación y espíritu democrático. Ello fue posible porque el candidato, con un ideario refrescante y actualizador de evidente necesidad para un criterio supra ideológico y transversal, era factor aglutinante.
Con ME-O se acabaría la ambigüedad, la falta de democracia al interior de los partidos, los acuerdos cupulares, el actuar de espaldas a los electores; sin embargo, ese ideal está destruido. En forma y fondo, el apoyo brindado a Frei contradice la esencia de su propia candidatura. Tras meses del mayor esfuerzo para diferenciarse de las malas prácticas de la Concertación, en particular las que culminaron con la candidatura de Frei conseguida en primarias “truchas”, con presidentes de partidos que amañan la voluntad en contubernios a puertas cerradas, donde candidatos son seleccionados mas por su habilidad verbal para parecer que se están comprometiendo con posiciones que después olvidan, anuncia que  votará por el abanderado de todo eso.
 
Pero lamentablemente, la verdad es que ya desde que ME-O declaró que los presidentes de los partidos debían renunciar, se comenzaron a producir sospechas de que la tan anunciada convicción por el “cambio” podía estar siendo “repensada”. Y del rechazo a renunciar de justamente los dos más conspicuos representantes de las malas prácticas políticas (Escalona y Latorre), surgieron mensajes respecto a posibles coincidencias y avances en tres propuestas de la campaña de ME-O: las sospechas crecían. Y particularmente sospechoso fue que desapareciera de la agenda el tema de los Intendentes electos y se convergiera en tres temas donde cabe hacer gestiones en el Congreso.
 
La desilusión es completa, en muchos. Estamos viendo que el pretexto de haber encontrado una buena respuesta de la Concertación para el trámite de esas tres materias, sirve para justificar la entrega del voto al mismo candidato que por meses fue acusado de provenir de un proceso de primarias amañado, con un mensaje que contradecía frontalmente su trayectoria, y otras aniquilaciones por el estilo.
Este anuncio no tendrá efectos electorales el próximo domingo, y parece muy poco presentable desde el punto de vista ético, toda vez que se hace con obvios fines electorales, a sólo cuatro días de la elección, un mes después de anunciarse autonomía, neutralidad e independencia, en lo que se llamó la decisión de “Marco en primera, segunda y tercera vuelta”. Es decir, esto adolece exactamente de los males que se querían cambiar y que fueron la razón de que muchos, como yo, se sumaran a esta campaña.
 
El sueño llegó a su fin. A pesar de haber obtenido en la primera vuelta la votación más alta de una candidatura no perteneciente a las coaliciones dominantes (Concertación y Alianza), el anuncio hecho por M-EO, que hizo posible todo ello, de que votará por este domingo votará por Frei, nos ha retrotraído a fojas cero.
Anuncio que según previos anuncios, nunca se anunciaría… ¿Qué queda entonces de esa promisoria alternativa al “más de lo mismo” que era la postulación de ME-O, que queda del consenso logrado entre partes provenientes de tantas partes…, qué queda del proyecto riguroso, serio, de democratizar la democracia al nivel que el país requiere para detonar su despegue económico, qué queda de…?
 
No queda nada. Simplemente cada uno de vuelta para su casa: aquel al socialismo, el otro a la DC, y los que veníamos del otro lado, los de “derecha”, según la arcaica nomenclatura que con ME-O íbamos a superar, de vuelta a donde no hay duda que se ostentan honestamente principios liberales, esos a los que ME-O parecía estar más cerca que Frei, quien por el contrario representa, justamente, más de lo mismo. No seremos los únicos en descartar el ejemplo de ME-O, pues no hay duda que muchos adherentes suyos provenientes de la Concertación, ya no volverán a ella.”
 
Jorge González
Encargado de Reformas Políticas Comando Marco Enríquez-Ominami
Miembro de la Comisión Político Estratégica 

MI ABUELO, EL GENERAL

enero 12, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en La Tercera el lunes 11 de enero)

Una de las pocas personas  que admiro profundamente por su calidad humana es mi abuelo. Su nombre es Sergio Badiola, edecán del presidente Allende en 1973 y luego ministro y activo colaborador del Régimen Militar. El “General armonía”, como lo bautizó alguna vez una periodista.

Me he acordado mucho de él a raíz de las condiciones que un connotado columnista ha puesto para inclinar su voto hacia Sebastián Piñera: En su gobierno no debieran participar figuras vinculadas al régimen de Pinochet. El candidato habría respondido que efectivamente no tiene contemplado hacerlo, al menos en primera línea. La UDI, donde sobrevive la mayor cantidad de ellos, habría manifestado su evidente malestar ante esta especie de veto anticipado. A pesar de mi cercanía familiar con el Régimen Militar, creo que dicho columnista está en lo cierto.

La pertinencia del veto es estrictamente política y no moral. La primera obedece a consideraciones legítimamente estratégicas y simbólicas, la segunda nos retrotrae a la odiosa pretensión de superioridad ética de unos sobre otros.

Piñera tiene buenas razones para prescindir de este controversial elenco. La principal es la fuerte demanda ciudadana por renovación política. La necesidad de recambio no radica en la edad de la dirigencia, sino en la carga afectiva que marcó justamente a la generación que hoy nos conduce. Más que con la fecha de nacimiento, la renovación en Chile tiene que ver con la intensidad de las experiencias políticas. Si el objetivo de Piñera es liderar un gobierno joven de unidad nacional, es fundamental que sus protagonistas no dividan entre los tuyos y los nuestros, los del Sí y los del No, por muy procedente que haya sido ese clivaje en el pasado.

El contraargumento es válido: Durante los gobiernos de la Concertación nadie ha osado vetar a ex funcionarios de la UP, los que también habrían contribuido a la violencia política. Sin embargo, el juicio histórico sobre los días de Pinochet es indudablemente más lapidario. Aun racionalizando sus múltiples logros, el período está cubierto del viscoso lodo dictatorial. La derecha en España lo entendió bien, cuando al nacer el Partido Popular a comienzos de los noventa, separó deliberadamente a los elementos vinculados al franquismo. A los pocos años ya estaban en el poder. Si la derecha chilena pretende consolidar sus credenciales democráticas y de pleno respeto a los derechos de las personas, tiene que asumir de una buena vez los costos que ello implica.

Existen, por supuesto, otras variables. El grado de responsabilidad política que haya tenido un determinado funcionario dentro del régimen tiene evidente importancia. Otros han hablado de la utilidad de contar con colaboradores de Pinochet altamente calificados, tomando en cuenta la inexperiencia del sector en la administración del Estado. Pero ninguna es determinante. En 20 años se han formado suficientes profesionales aptos para estar a la altura de las necesidades y al mismo tiempo dar la señal en el sentido correcto.

Cuando se cumplieron 30 años del golpe, le escribí a mi abuelo una carta con un juicio crítico sobre el régimen en el cual participó. Pero esa evaluación política no afecta la generosidad con la cual se entregó, como tantos otros civiles y militares, por hacer de Chile un mejor país.

Link: http://latercera.papeldigital.info/?2010011101#09

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/mi_abuelo_el_general

Endorsement Segunda Vuelta

enero 10, 2010

Con Marco Enríquez-Ominami fuera de competencia, uno de los autores de Politica Para Principiantes entrega públicamente su apoyo a Sebastián Piñera para la segunda vuelta del 17 de enero:

¿UNA NUEVA DERECHA?

enero 8, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el jueves 7 de enero en La Tercera)

Han transcurrido 52 años desde que la derecha no accede democráticamente al poder político en Chile. En marzo próximo esta larga sequía podría llegar a su fin, si el candidato de la Coalición por el Cambio ratifica el 17 de enero su favoritismo en las encuestas. Y aunque es evidente que el desgaste de la Concertación propicia el cambio de signo, no podemos dejar de observar las particularidades de un proyecto de centroderecha que se distinguen de sus antecesores.

Durante varios años sus ideólogos (si cabe la denominación en un mundo reacio a la reflexión teórica) discutieron a través de conversaciones, columnas y documentos sobre la necesidad de articular un relato o narrativa capaz de seducir electoralmente a los chilenos y servir como eje central de su gestión. Para muchos, esta búsqueda era meramente esotérica: La promesa de una administración honesta y eficiente sería suficiente para la victoria. Sólo para ganar, decían otros, pero no para construir una real mayoría política y cultural en el país, lo necesario para llevar adelante reformas que requieren más de un período presidencial.

¿Encontró un relato distintivo la derecha chilena en esta campaña? No necesariamente. En parte porque han preferido empatarle al rival planteando que lo suyo no sería radicalmente distinto de lo que los chilenos han vivido los últimos 20 años. Con el mismo modelo, pero con mejores ejecutores, ideas frescas y menos tolerancia a la corrupción. Que ahora Piñera sepa “escuchar” o “trabajar en equipo” no alcanza para hablar de un nuevo relato. Su campaña ha optado por portar las banderas de un nuevo paradigma de administración del Estado antes que invocar los pesados valores del orden, la libertad o la responsabilidad individual. Han estado más cerca del modelo inglés de David Cameron que del francés de Nicolás Sarkozy. En síntesis, la forma ha sido el fondo.

Sin embargo, hay que reconocer ciertos avances sustantivos. La vocación popular de la UDI, inédita en la derecha clásica, ha contribuido a dibujar un sector más sensible ante la desigualdad social. El alejamiento parcial (por edad antes que por voluntad) de figuras ligadas al régimen de Pinochet ha contribuido a consolidar la imagen de un proyecto genuinamente democrático. La reciente victoria de sectores liberales respecto de la inclusión de temas históricamente vedados por el conservadurismo también da cuenta de un escenario distinto. Este último factor permite también anticipar tensiones internas. Las críticas a las “dos almas” del oficialismo han sido recurrentes, pero si Piñera pretende abrir su gobierno hacia el centro y más allá, especialmente en controversias morales, deberá lidiar con un robusto elenco de autoflagelantes gremialistas mientras es azuzado por los autocomplacientes de su entorno más cercano. Es dudoso que este énfasis liberal trascienda las declaraciones testimoniales y tome forma de iniciativas legislativas.

Quedan otras tantas interrogantes sin respuesta, pero sumando y restando, la derecha chilena efectivamente se ha moderado y modernizado. Si el comando de Frei se obsesiona ruidosamente con el “progresismo”, la campaña piñerista ha reclamando silenciosamente el “pluralismo”, descubriendo que la diversidad constituye un activo político. Después de tanto tiempo fuera del poder, ya venía siendo la hora.

Link: http://latercera.papeldigital.info/?2010010701#8

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/una_nueva_derecha