Evitar conflictos

Aunque fue publicada el domingo (Reportajes de La Tercera) antes de conocerse el resultado de la elección presidencial, la impecable pluma de Héctor Soto es lo mejor que hemos encontrado para resumir el escenario ideológico del próximo gobierno:

“Aunque el deseo más querido de la izquierda sería ver a la Coalición por el Cambio desgarrada por divergencias insalvables entre conservadores y liberales al día siguiente de la entrada de Piñera a La Moneda -toda vez, claro, que los resultados de esta noche lo favorezcan-, es improbable que eso suceda a corto plazo.

Primero, el liderazgo de Piñera nunca ha estado muy disponible para impartir lecciones de convicción; ni siquiera lo ha hecho en el terreno económico, donde mejor se maneja; si el candidato ha llegado donde está, es porque se ha abierto al pragmatismo demostrando, tal vez más que cualquier otro dirigente de la centroderecha, gran capacidad para sumar -no para purgar- a gente que piensa distinto. La segunda razón es que tal como Piñera no está dispuesto a ir un solo metro por delante de lo que vaya el conjunto de la sociedad chilena en los temas valóricos (píldora, familia, minorías sexuales), tampoco quiere correr el riesgo de quedarse atrás.

En una sociedad donde los individuos quieren pensar por sí mismos y donde las instancias de control social tienden a debilitarse cada día más -llámense partidos, iglesias o magisterios- ni los políticos ni los gobiernos están llamados a brindar testimonios muy duros acerca de cómo hay que vivir o comportarse. Esto es ya una cuestión de cada cual. En términos de estricto comportamiento, nada más distinto de un país que un cuartel; en términos de creencias, nada más alejado que un convento. Son los dos grandes vértigos del pensamiento simétrico. Así las cosas, lo que debe procurar el gobierno en una sociedad democrática es resolver los conflictos por la parte baja de la convivencia -no por la parte alta de las verdades absolutas- para que nadie deje de ejercer sus libertades y nadie  se sienta menoscabado o herido por lo que haga o deje de hacer el del lado.

Es verdad que puesto así el asunto parece simple. Pero, claro, no lo es. El problema que plantea gran parte del pensamiento de matriz conservadora es que asume sus verdades como convicción propia -lo cual está muy bien-, pero también como norma de conducta para el resto, lo cual ya es más complicado. En sociedades abiertas a la liberalización, como es el caso de la chilena, esa pretensión ultramontana de gobernar la vida de los otros no puede sino estar expuesta a continuas frustraciones y fracasos.

Así como lo que es bueno para un individuo no necesariamente tiene que serlo también para el grupo o el país, hoy el desafío de gobernar, más que con saber imponer, también tiene que ver con saber dónde parar. El liberalismo es mucho más inspirado cuando habla de los límites de la acción pública que de sus potencialidades.

Un gobierno de centroderecha no va a resolver los desencuentros entre liberales y conservadores. Pero sí debiera canalizarlos a su respectivo ámbito: las familias, las escuelas, las agrupaciones intermedias, los medios… Y si no quiere desgastarse mucho o arruinarlo todo, a los gobiernos más vale tomar palco.”

Link: http://blog.latercera.com/blog/hsoto/entry/evitar_conflictos

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