Archive for 16 febrero 2010

El dilema de los liberales

febrero 16, 2010

Ya que febrero es mes difícil para escribir a la distancia, los dejamos con esta columna de Patricio Arrau reciclada de los días pre eleccionarios, particularmente del 8 de enero. Creemos que la reflexión que hace es altamente valiosa para entender el presente político de los liberales chilenos, contribuyendo así a proyectar su futuro:

“El próximo 17 de enero el país se apronta a elegir un nuevo Presidente, el quinto desde que se recuperó la democracia en 1990. Es difícil comprender la expectante posibilidad que tiene la centroderecha de llegar al poder democráticamente por primera vez desde Jorge Alessandri si no nos detenemos a analizar lo que ha ocurrido a un importante número de chilenos, entre los cuales me incluyo, que se declara políticamente liberal.

En el sistema electoral binominal que impera en el país, el cual estimula la preponderancia de dos boques políticos, los liberales han estado tradicionalmente repartidos entre esos dos bandos. Claramente, el liberalismo económico se encuentra mejor representado en la Alianza y el liberalismo valórico en la Concertación. Por ello, quienes se sienten verdaderamente liberales, al optar por un bloque político han tenido que cargar con la carencia de liberalismo que dicho bloque lleva consigo.

Por ejemplo, los liberales de la Concertación siempre nos hemos sentido incómodos con el estatismo e intervencionismo económico de muchos concertacionistas, es decir, con su resistencia a desprenderse de empresas públicas que no se justifica mantener, al exceso de fiscalización en algunos mercados y al enfoque asistencialista que impera en la política sociales de parte de muchos en el oficialismo, junto con su resistencia a reducir los impuestos distorsionadores de la inversión y el ahorro.

Por su parte, los liberales de la Alianza han debido soportar la postura conservadora de muchos de sus correligionarios en materia de divorcio, píldora del día después, orientación sexual, etc.

En esta elección presidencial es evidente que el mundo liberal se ha inclinado en una mayor proporción hacia la Alianza y Sebastián Piñera, que hacia la Concertación. Ello se explica por dos razones. En primer lugar, la campaña del ex presidente Frei se ha estatizado considerablemente relativo a lo que fue su realizador gobierno en materia de reformas económicas liberalizadoras. Se ha escuchado en su campaña muy poco acerca del extraordinario conjunto de reformas de infraestructura, puertos y sanitarias de aquellos años, que se encuentran entre las reformas más importantes de su anterior gobierno.  En lugar de ello, se ha escuchado demasiado que lo que la gente quiere es más Estado.

Aparentemente muy mal aconsejado por algunos asesores, interpretó la crisis global de septiembre de 2008 como un evento que conduciría a una economía muy intervenida y fiscalizada por el Estado. Esos despistados asesores se equivocaron, puesto que el capitalismo ha tenido una enorme capacidad histórica para reinventarse y la economía mundial está reemergiendo en lo fundamental muy parecida a lo que era en agosto de 2008. Esta supuesta demanda por más Estado no ha sido un foco adecuado de la campaña de Eduardo Frei y es inevitable que haya perdido votos liberales que antes votaban Concertación.

En segundo lugar, para sorpresa de muchos, la campaña de Sebastián Piñera ha sido capaz de imponer entre sus más conservadores aliados varios temas liberales. Quienes siempre hemos creído que el conservadurismo valórico de la derecha se entromete demasiado en nuestras vidas privadas, no podemos sino reconocer que en esta ocasión la campaña de la Alianza nos ha sorprendido.    

El dilema de los liberales seguirá presente mientras exista el sistema binominal, que impide que nos encontremos en el centro, pero esta vez Piñera se ha llevado a su redil una mayor proporción del mundo liberal, algunos abierta y públicamente, otros en el secreto de la urna.”

Link: http://blog.latercera.com/blog/parrau/entry/el_dilema_de_los_liberales

Carta al Presidente Electo

febrero 8, 2010

La estábamos debiendo. A continuación la potente carta de Educación 2020, uno de los movimientos ciudadanos más resonantes del país, al presidente electo Sebastián Piñera:

“Como recordará, tuvimos una interesante conversación con usted y su equipo programático hace algunos meses. Hoy, lo felicitamos por su triunfo electoral y le deseamos la mejor suerte en la enorme y complicada tarea que tiene por delante, con un gobierno de 4 años, elecciones municipales de por medio, Congreso pareado, parlamentarios díscolos y una elección estrecha.

Por ello, es posible que usted tenga que focalizarse en pocos temas en los cuales arriesgar su capital político y los nunca sobrantes recursos fiscales. Por favor, escoja la educación, y pase con ello a la historia como el presidente que cambió el rumbo del desarrollo y la equidad de Chile.

Lo pedimos a nombre de los 150 mil escolares que egresan cada año sin entender lo que leen, que no tienen voz, y que -si se atrevieran todos a rendir la PSU- obtendrían menos de 450 puntos, lo que equivale a un 1 o menos en una escala comprensible de 1 a 7. De acuerdo al último test del PISA, aunque estamos entre los mejores promedios de América Latina (sin ser el mejor), tenemos el sistema educativo más segregado, si se mide por la dispersión de resultados interescuelas. Triste récord.

Le pedimos esto también por prosaicas razones. Según estudios del National Bureau of Economic Research de USA, la explicación más nítida del rezago en el crecimiento de América Latina es el componente cognitivo. Además, según un reporte reciente del BID, “la calidad es un indicador más fiable de las contribuciones de la educación que los años de escolaridad, al punto que la importancia de la cantidad como factor explicativo desaparece una vez que se consideran las mediciones de calidad”.

Es terrible lo que se esconde detrás de esta técnica frase: Chile se equivocó rotundamente por medio siglo, apostando a que el aumento de cobertura era previo al aumento de calidad. Desde los profesores marmicoc hasta hoy. Dicho de otro modo, el país ha sacado y sacará poco teniendo jóvenes sentados 8, 12 ó 17 años calentando asientos en un aula, si no entienden bien lo que leen. Suena de perogrullo, pero es sano reafirmarlo.

Por otro lado, la correlación -a nivel mundial – entre inequidad de ingresos e inequidad educativa es altísima. Por cierto, la falta de educación no es la única causa de la inequidad de ingresos, el problema es más complejo. Pero se puede afirmar taxativamente la proposición opuesta: sin equidad educativa no habrá mayor equidad de ingresos. Tal vez se puedan regalar peces o dinero, pero si no enseñamos a pescar… ya conoce el dicho.

Vea usted lo extraño que le pedimos: que priorice un tema sin resultados de corto plazo. Casi le podríamos garantizar que el Simce y la PSU no variarán significativamente en su período presidencial, por lo cual algún asesor, comprensiblemente, le va a sugerir que se vaya por la ruta cosmética, que no compre peleas, que gaste plata fácil, y que arriesgue por otro lado. Se pueden comprar muchos computadores, o cometer en educación parvularia los mismos errores que cometimos en básica y media: aumentar cobertura y cortar muchas cintas descuidando la calidad. No caiga en esa tentación. Hay formas para demostrar resultados. Usted puede dejar instalada la reforma educativa y nuestro movimiento -con integrantes que votaron por Frei, usted o nulo- lo aplaudirá a rabiar.

Antes de tres meses, puede echar a andar sin problemas varios de los 16 temas de la Agenda Inmediata de Educación 2020: por ejemplo, una de las llaves maestras, sin las cuales no hay mejora posible, es un programa ambicioso de formación, remuneración, certificación y concursabilidad mucho más seria de directivos escolares. Lo mismo se puede decir respecto a las dos puntas de la carrera docente: mejores incentivos para buenos estudiantes de pedagogía, y a la vez, mejores remuneraciones inmediatas a los maestros que hayan demostrado efectivamente su excelencia. Nada sustituye a los buenos profesores y a los buenos directores. También es urgente una evaluación del impacto real del actual sistema de subvención preferencial, para no andar tirando plata al caño.

A usted le tocará este año amarrar legislativamente la reestructuración de la institucionalidad y el financiamiento de los sostenedores de la educación pública. Sin sobresimplificaciones, con fórmulas flexibles y pruebas piloto. El apuro nos podría dejar con una solución peor que la actual. Esa negociación no será fácil, y puede ser campo fácil para demagogias. En cualquier escenario Chile necesita detener la caída de la educación pública, porque así lo piden muchos compatriotas, para ofrecer una oportunidad amplia de diálogo social en el mejor lugar posible: la escuela. Así solía ser.

Usted deberá enfrentar también, ojalá a la brevedad, la madre de todas las negociaciones: la legislación de la carrera y Estatuto Docente. No se trata sólo de ver cuánto gana un profesor municipal de tal nivel ni cómo se le evalúa. El paquete es más complejo, incluyendo atribuciones de los directivos, ingreso a la carrera, eliminación de flagrancias, negociándolo simultáneamente con bonos de retiro y jubilación digna para profesores. Gran desafío político y financiero: negociarlo en pedacitos puede ser fatal.

Ojalá durante el primer trimestre le ponga al país seis metas verificables para el 2014, honradas pero no tan pobres, que indicarán claramente si la reforma está en marcha. Algo así como: 1) 75 % de los alumnos ingresando a carreras acreditadas de pedagogía provenientes del quintil superior de resultados de la secundaria, como se quiera medir; 2) Dos estudiantes ingresando a carreras técnicas debidamente acreditadas por cada universitario; 3) Tres mil directores de alto liderazgo ya trabajando en escuelas vulnerables, con mejores remuneraciones y atribuciones; 4) 50% de los profesores, los de mejor desempeño, bajo cualquier criterio, con una remuneración total al menos 50% superior a la actual; 5) Al menos 70% de aumento en una revisada subvención preferencial, extendida a enseñanza media; 6) Un sistema de acreditación de la educación superior riguroso.

Vea que no le pedimos resultados Simce, PSU o PISA. Si logra estos indicadores intermedios, la reforma estará en marcha y Educación 2020 posiblemente estará buscando otros horizontes. Mientras tanto, le colaboraremos en lo que podamos, y lo molestaremos harto, con mucho respeto pero con una gran independencia.

Por este conducto, le solicitamos atentamente una cita para poder conversar sobre estos candentes temas. Un saludo cordial en nombre de nuestros 63.045 adherentes.”

Mario Waissbluth, Coordinador nacional Educación 2020.

Link: http://www.educacion2020.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=629&catid=15&Itemid=37

EL DESAFÍO DE PIÑERA

febrero 1, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en Revista Capital, edición del 29 de enero al 25 de febrero)

En los próximos años, el verdadero desafío de la Coalición por el Cambio estará en convertir una mayoría electoral circunstancial en una verdadera mayoría social y política. Sólo así podrán despejarse los fantasmas que le atribuyen el triunfo de Piñera exclusivamente al castigo puntual que habría recibido la Concertación. Esta última podría dejar de ser la fuerza culturalmente hegemónica que ha sido por más de veinte años. La centroderecha no sería sólo un paréntesis, sino un ciclo político. Para que esto ocurra, a mi juicio, son 4 las grandes tareas que debe acometer el gobierno de Sebastián Piñera:

1. Renovar la elite política. La demanda por refrescar la dirigencia se introdujo subterráneamente en la campaña presidencial justo cuando los estrategas concertacionistas preparaban la catedral del discurso pro Estado. La buena conducción económica que tanto benefició a la popularidad de Bachelet sirvió al mismo tiempo para atenuar la emergencia ideológica. Una vez alcanzados los consensos básicos, los chilenos exigieron algo bastante menos sustantivo: Caras nuevas. Marco Enríquez fue el catalizador perfecto. El gobierno de la Coalición por el Cambio no puede soslayar esta exigencia. Hasta la polémica en torno a potenciales ministros vinculados al régimen de Pinochet pudo resolverse con serenidad apelando a la necesidad de incorporar a las nuevas generaciones al sector público. Piñera deberá contener la ansiedad de sus contemporáneos (que llevan dos décadas esperando este momento) y apostar por figuras de recambio. Toda osadía en esta materia es bienvenida.

2. Mostrar resultados a la brevedad. El eslogan de “una nueva forma de gobernar” va asociado a la promesa de mayor eficiencia en la gestión de los recursos, mayor transparencia en su asignación, y mejores resultados en la aplicación de las políticas públicas. Nadie espera en cuatro años reformas estructurales revolucionarias que impliquen batallas desgastantes en el Parlamento. Lo que la ciudadanía quiere es que los números empiecen a moverse rápido. La Concertación rompió cierto mito respecto a la incapacidad de la izquierda de administrar exitosamente la economía de un país. La pobreza fue reducida contundentemente, la inflación y el desempleo mantenido en índices bajos, el establecimiento de lazos comerciales con el mundo aplaudido desde todos los sectores. La centroderecha no puede ser menos. No podrá escudarse en la dificultad de los procedimientos. Y no tiene todo el tiempo del mundo. El “sentido de urgencia” del discurso tiene que pasar a la calle y traducirse en mejoras concretas en variados índices, particularmente en empleo, seguridad y crecimiento, para empezar. En educación, la prioridad número uno de un país en serio, habrá que esperar un poco más.

3. Encarnar una nueva derecha. Sebastián Piñera tiene la ventaja de exhibir incuestionables credenciales democráticas y la desventaja de ser excéntricamente millonario en un país fuertemente desigual. La UDI, en cambio, tiene las ventajas de haber penetrado en el mundo popular mientras presenta la desventaja de estar asociada a un régimen que violó sistemáticamente los derechos humanos. El gobierno que se instale a partir de marzo debe combinar colectivamente los activos políticos de sus integrantes y minimizar sus pasivos. Además, la reciente campaña dibujó una Coalición pluralista capaz de hacer convivir a liberales y conservadores bajo un mismo paraguas. Piñera y sus ministros no pueden “mostrar la hilacha” con reminiscencias autoritarias, desplantes de poca sensibilidad social y guerras santas. Por el contrario, deberán trabajar todos los días para despejar cualquier duda respecto a sus nuevas características: democrática, tolerante, republicana, incluyente y meritocrática.

4. Proyectarse. Toda Coalición en el poder busca reelegirse. Pero por evidente que resulte, no siempre los esfuerzos se orientan correctamente en ese sentido. La presidenta del 81% de aprobación no fue capaz de dejar instalado a un sucesor de su propia tribu. La selección del ex presidente Frei como competidor oficialista fue señal clara del escaso tiraje a la chimenea que promovió La Moneda. En 2005, la propia Bachelet fue capaz de representar el cambio dentro de la continuidad. En contraste, Frei no trajo novedad alguna. RN y la UDI estarán tentados de ir a buscar sus cartas al Senado. Algunos se sentirán con todo el derecho de reclamar su nominación después de tanto tiempo en la fila. Pero después de 4 años de Piñera, en este tipo de figuras habrá tan poco cambio como el que encarnaba Frei en esta pasada. El presidente deberá tener en cuenta que los ministros no solamente deben cumplir metas y plazos: su perfilamiento permite la proyección de su sector en el poder. Las encuestas han demostrado ser más efectivas que los arreglos cupulares. Puede que el delfín de Piñera tampoco esté en nuestros pronósticos hoy día, como no lo estaba Bachelet antes de destacar en el gabinete de Lagos. Lo importante es que ese nombre se imponga con el mismo realismo que primó en la centroderecha a favor del presidente electo.

Ganar una elección presidencial es ganarse el derecho a gobernar. Después de años de preparación y una campaña exitosa, corresponde volcar todos los esfuerzos en el desafío de trascender al 2014 y llegar al 2018 con la promesa cumplida: Ser el primer país desarrollado de la región. La Concertación ya cumplió la suya. Recuperó la convivencia pacífica de los chilenos y nos entregó un país completamente distinto al que recibió. Ahora es el turno de la centroderecha.

Link: http://www.capital.cl/saca-la-voz/el-desaf-o-de-pi-era-2.html