Archive for 26 marzo 2010

Los conservadores no quieren esperar

marzo 26, 2010

Los dejamos con una provocativa columna de Andrés Hernando, profesor de la Escuela de Gobierno de la UAI, publicada el pasado 18 de marzo en The Clinic:

“En Chile, la Iglesia y el Estado fueron formalmente separados en 1925. Esta separación se mantuvo con casi las mismas palabras en la Constitución Política de 1980. El articulado en cuestión garantiza la libertad de culto y el libre ejercicio en Chile, en igualdad de condiciones, de todas las religiones que no ofendan los siempre informes conceptos de “la moral, buenas costumbres y orden público”. La Ley de Cultos (19.638) garantiza la no discriminación de las personas en virtud de sus creencias religiosas así como su facultad (pero no derecho) de recibir adiestramiento religioso en la fe elegida y, más importante, de no ser obligados a participar en actos de culto o a recibir asistencia religiosa contraria a sus convicciones. En principio, esto debería implicar que el Estado no actúe de forma alguna en materia religiosa pues, en cuánto se avala o protege una forma de religión la igualdad entre las creencias se ve vulnerada. Si el Estado decide la enseñanza del culto Jedi en las escuelas, ¿no vulnera eso el principio de no discriminación en contra de los católicos o los seguidores del Monstruo del Espagueti Volador? Al cabo, estos niños estarán directa o indirectamente expuestos en sus escuelas a una religión que no es la que han elegido o profesan.

El 12 de Marzo, luego de la Oración Ecuménica el nuevo ministro de Educación Joaquín Lavín declaró su interés en fortalecer la enseñanza de la religión en Chile en concordancia con lo expresado por el Arzobispo de Santiago en cuanto “…en Chile hay una nueva ley de Culto que establece que si un determinado número de niños pide que se hagan clases de una religión determinada, nosotros queremos hacerlo”. Debo confesar que no sé a qué ley se refiere Lavín ya que la que comúnmente se denomina Ley de Cultos no contempla esta posibilidad. Sí es curiosa la fraseología que, en rigor, no dice nada pero dice mucho. Si un determinado (¿determinado por quién?) número de niños solicita una clase de religión eso no tiene efecto alguno ya que la decisión corresponde, según ley, a los padres de los hijos no emancipados. Pero supongamos que Lavín desea aplicar el principio de Vox Populi y que una horda de Pingüinos aparece en su oficina solicitando clases de Brahmanismo. El quiere hacerlo… ¿hacer qué? Nada dice que haya obligación alguna de ofrecer clases de hinduismo, la ley establece la facultad pero no el derecho de recibir dicha formación. Las palabras de Lavín sólo lo obligan a querer ofrecer clases de hinduismo, no a ofrecerlas.

La ley chilena (D.S. 924) indica que la enseñanza de la religión en Chile debe ofrecerse en forma obligatoria en todos los colegios pero es opcional para los alumnos, la religión a enseñar puede ser cualquiera que no atente contra el mismo criterio informe anterior agregando un “sano humanismo” que supongo debe limitar un tanto a la cienciología dianética. En todo caso, la misma ley estipula que el Ministerio de Educación debe aprobar los programas de estudio lo que puede llevar a situaciones delirantes como que el ministerio apruebe simultáneamente un programa de ciencias que sostenga la validez de la teoría de la evolución y uno de religión que la niegue completamente. Un texto aprobado por el Ministerio puede sostener la divinidad de Jesús de Nazareth y otro texto también visado por el Ministerio sostener que se trata sólo de un profeta mayor.

Si lo anterior no le parece grave sí debería preocuparle que en un país en que la iglesia está separada del Estado se usen recursos públicos para la enseñanza de la religión. Lo mismo da si son todas las religiones sin distinciones ni preferencias (evento imposible de verificar) o una en particular y no dudemos de cual Lavín y su sector preferiría enseñar, partiendo por el llamado de Gonzalo Rojas en El Mercurio del 10 de Marzo a que el Ministerio de Educación ordene a los profesores “enseñar verdades y no dudas”.

En una discusión privada post terremoto alguien lanzó la idea que era mejor dar una tregua, que el liberalismo pasara a segundo plano mientras las necesidades básicas de muchos chilenos no estén satisfechas. En un acto paradojalmente profético, la conclusión fue articulada parafraseando a Juan Pablo II: “El liberalismo puede esperar”. La asonada de Lavín demuestra que la conclusión fue errada: el conservadurismo no está dispuesto a esperar.”

Link: http://www.uai.cl/201003246272/columna-de-opinion/columnas-opinion/los-conservadores-no-quieren-esperar

Una vida en la oposición

marzo 24, 2010

Transcribimos columna de Roberto Méndez publicada en Revista del Sábado del Mercurio el pasado 20 de marzo. Creemos que representa a muchos:

“No tengo recuerdos de haber sido  muy partidario de ningún gobierno. Sospecho que pertenezco a un grupo y a una generación que, al menos en parte,  comparte esta extraña sensación. Conservo vagas reminiscencias de la presidencia de don Jorge Alessandri, a quien mi padre criticaba, en la mesa familiar, como un gran desastre para la economía y la política de nuestro país; entonces, claro, me influía su visión. Pero luego, por décadas, me sentí muy lejano  a los sucesivos experimentos de la revolución en libertad, los mil días de Allende, e incluso, por otros motivos, al posterior gobierno militar (he escrito, en esta misma columna, sobre mi particular relación con Pinochet). Los 20 años de la Concertación no hicieron más que afirmar mi vocación de opositor. Confieso que siempre me acomodó más el lugar de crítico, acorde quizás a un talante liberal, de por sí desconfiado del poder y de los gobiernos. Los gobiernos, he pensado siempre, deben ser vigilados  y controlados. Es casi un acto reflejo.

Ahora estoy en aprietos, lo digo francamente. El gobierno actual me identifica y, más que eso, a ratos me entusiasma. Son mis ideas, es el estilo de gobernar que siempre he soñado y el poder lo ejercen personas  en quienes creo y confío. Además, trabajé para que triunfara. Ganamos y ahora, técnicamente, soy oficialista. Un liberal, que desconfía de cualquier gobierno, ahora es oficialista. ¡Qué desastre! Escribir columnas se me hace difícil; hacer encuestas, también. Ser columnista para defender el statu quo, es algo que me repugna. Y las encuestas, tarde o temprano, ¡eso sí lo sé!, entran en conflicto con quienes ejercen el poder. Menudo problema.

Sospecho que no estoy solo en esta disyuntiva. Otros deben estar pasando por lo mismo. Periodistas,  algunos medios de comunicación, algunos analistas, que debemos aprender algo nuevo. ¿Cómo ser partidarios pero al mismo tiempo independientes? ¿No es esto en sí mismo una contradicción?

Porque si hay algo que he aprendido del nuevo Chile, el  mismo que eligió a Piñera, es que existe un extendido rechazo a las posiciones de trinchera, a las prácticas políticas de enfrentamiento, a las divisiones ideológicas rígidas. Los enfrentamientos son cosas de las elites. Más del 50% de quienes votaron por Piñera  en la última elección aprueban y sienten afecto por la ex Presidenta Bachelet. ¿Cómo se maneja eso para una clase política más bien educada en la lógica de la guerra fría?

Mi sesgo visceral me hace mirar ahora a la nueva oposición, si no con cercanía, al menos con cierta simpatía. Los veo desordenados, todavía golpeados, caídos y sin estructura. Pareciera que aún ni siquiera comienza la etapa del diagnóstico, de entender por qué la ciudadanía les dio la espalda. El gobierno, por otra parte, al ir tomando control de los medios de comunicación estatales, amenaza con una influencia comunicacional casi  sin contrapeso. Un espíritu liberal preferiría una oposición más sólida, con voz, con capacidad de fiscalización.

Son nuevos tiempos, qué duda cabe. Todos debemos adaptarnos, y sospecho que no va a ser fácil, para nadie. El guión de esta nueva etapa no está escrito, y nadie conoce muy bien su papel.  En la nueva  oposición, por décadas acostumbrada  a las comodidades y a los recursos del poder, el ajuste será quizás más doloroso; pero al final del día, el rol esperado para una oposición está claro, y la necesidad y el hambre, lo sabemos, suelen ser fuente de gran sabiduría. En el nuevo oficialismo, en cambio, o sea en mi lado de la cancha,  creo que las posibilidades de error son más grandes. El mareo de un poder sin contrapesos tiene muchos más riesgos que la pobreza y la carencia. La historia está llena de ejemplos dramáticos.

El trabajo bien hecho, valor que el Presidente Piñera ha levantado como una de sus principales banderas, debe extenderse también a quienes desde fuera del gobierno realizamos nuestro aporte. El trabajo bien hecho, en muchos casos, significará la libertad y la independencia para señalar los peligros y también los errores.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/revistasabado/2010/03/20/una-vida-en-la-oposicion.asp

LA AGENDA QUE EL TSUNAMI SE LLEVÓ

marzo 22, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en La Tercera el domingo 21 de marzo)

Haga memoria: ¿Cuántas veces escuchó en la campaña el término “progresismo”? ¿Cuántas veces escuchó “renovación”? Seguramente centenares de veces. Ahora piense, ¿Cuántas veces ha escuchado esos conceptos después de la catástrofe del 27 de febrero? Prácticamente cero. El terremoto ha dejado damnificado al discurso que apelaba por apertura cultural y por nuevos rostros en política. Por un buen tiempo, serán desplazadas todas las escaramuzas que puedan parecer sofisticadas ante la imperiosa necesidad de proveer pan, techo y abrigo a la población azotada por la tragedia.

Así por ejemplo, en torno al denominado debate “valórico”, los elementos conservadores del gobierno de Piñera tienen remozadas razones para sostener que se trata de temas de elite. Es poco probable que las uniones homosexuales, el aborto terapéutico o la despenalización del autocultivo de cannabis estén atormentando a los habitantes de Iloca, Constitución o Pelluhue. En el actual clima político, estas cuestiones resultan excéntricas e incluso frívolas. Aquella fracción que no vio con buenos ojos la inclusión de una pareja gay en la franja respirará más tranquila. Gestión, eficiencia y terreno son sus mejores herramientas. Como las del ministro Lavín, que se dedicará a levantar infraestructura postergando los asuntos más profundos de la discusión educacional. Las cuestiones urgentes están antes que las importantes. Isaiah Berlin, insigne liberal, reconocía que existen circunstancias en las cuales la libertad “no es la primera necesidad de todo el mundo”, situaciones en las cuales “un par de botas son superiores a las obras de Shakespeare”. Se dice que son justamente las sociedades ricas, aquellas que han satisfecho las necesidades materiales de su población, las que comienzan a plantearse sus necesidades inmateriales. Lo admitió hasta Marco Enríquez parafraseando aquella cuña vaticana: “los pobres no pueden esperar”. Los liberales y progresistas, en cambio, pueden hacerlo. De hecho, es probable que los que pujan por la expansión de los derechos individuales hayan sido parte de la gran mayoría que aplaudió la firmeza de un toque de queda para frenar el saqueo y el pillaje.

Otro tanto ocurrió con la demanda por renovación política. El propio Marco Enríquez parece hoy una figura extemporánea. La sofisticación de un candidato que se reconocía “lleno de contradicciones” no entra en la lógica de las respuestas contundentes ante la emergencia. Más exquisita aun resulta la intención de montar nuevos partidos. Sea joven o viejo, nuevo o antiguo, al mundo político se le medirá con la misma vara. La edad de los ministros no incide en su evaluación post crisis. Pasada la moda de los rostros frescos, es previsible que las elecciones internas en las tiendas oficialistas y opositoras resulten nefastas para las generaciones retadoras. Quedaría en pausa la cosecha de liderazgos alternativos y veríamos a los mismos de siempre dirigiendo el espectáculo. En la Concertación, al menos, el seguro que significa el capital de la ex presidenta Bachelet sirve como disuasivo para emprender aventuras innovadoras.

A medida que la reconstrucción avance y la vida vuelva a la normalidad en las zonas golpeadas, los manoseados temas de campaña se sacudirán los escombros y solicitarán el reingreso en la agenda. Algunos actores políticos, desde el gobierno y la oposición, tendrán razones para postergar ese momento. Mientras más rápido transmita el gobierno esa sensación, más pronto volveremos a escuchar de progresismo y renovación.

Link: http://papeldigital.info/lt/2010/03/21/01/paginas/009.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/la_agenda_que_el_tsunami

Fondo de reconstrucción y empresas públicas

marzo 18, 2010

 

Transcribimos a continuación columna de Harald Beyer (CEP), publicada el 17 de marzo en El Mercurio, respecto de las virtudes de la propuesta de privatizar empresas públicas a causa del terremoto. Es una cuestión espinuda donde campea la ideología de lado y lado, pero acá hay algunos argumentos interesantes que, sin compromete la opinión de este blog, vale la pena revisar:

“Para recuperar el capital dañado por el terremoto, se habla de un fondo de reconstrucción conformado con recursos provenientes de diversas fuentes, entre las que se mencionan reasignaciones presupuestarias, el fondo de estabilización económico y social, endeudamiento público e impuestos. Todas estas alternativas presentan ventajas y desventajas, pero indudablemente forman parte de la caja de herramientas de toda autoridad interesada en financiar un programa de inversiones que responde a una coyuntura inesperada.

Pero esa caja no debería descartar, como hasta ahora se ha hecho, la privatización de empresas públicas.

El cuestionamiento más común a esta alternativa es que se financia gasto corriente con un activo que produce una renta permanente. Esto último es discutible, como lo demuestra una larga historia de empresas públicas deficitarias en diversas latitudes, pero aceptemos esa mirada, más todavía cuando ha habido cambios en los gobiernos corporativos de una gran mayoría de las empresas públicas en los últimos años que son promisorios y que varias han exhibido excedentes en el pasado reciente.

Aun así, ese cuestionamiento es débil. Por una parte, una deuda, por ejemplo, genera amortizaciones y pago de intereses que supone desembolsos por muchos años para el Estado que no se pueden gastar en otras partidas. Es, si se quiere, la contrapartida de los menores ingresos generados por la privatización de empresas públicas. Por cierto, hay una diferencia en plazos (la deuda en algún momento se extingue), pero un futuro muy alejado es, desde el punto de vista de la decisión presente, poco relevante. Por otra, y más importante, es poco probable que las empresas públicas estén cerca de su valor potencial al menos por dos razones. No son particularmente eficientes al no estar sometidas a ninguna prueba de mercado: al respecto, el precio de la acción es insuperable.

En segundo lugar, el Estado reinvierte poco en ellas. Frente a múltiples necesidades termina aportando a su expansión menos de lo que puede ser conveniente, más aún cuando no se sabe realmente si la empresa está siendo bien gestionada y si los fondos invertidos producirán retornos promedio razonables. Por eso, la privatización, aunque sea parcial, de las empresas públicas en la mayoría de las ocasiones debería aumentar su valor. Ello es lo que ha ocurrido, salvo contadas excepciones, en las privatizaciones de los últimos 15 años ocurridas en diversas latitudes. Los ejemplos de Petrobras y Vale son particularmente relevantes para nosotros.

En esta discusión, además, hay que tener en cuenta que una aspiración transversalmente compartida en el país consiste en elevar el crecimiento potencial de la economía chilena, existiendo acuerdo que en esto es clave el crecimiento de la productividad total de factores. A pesar de un debate legítimo respecto de cuánto de ese mayor crecimiento se puede obtener a través de ganancias de eficiencia y cuánto a través de innovación tecnológica, no está en duda que ambas dimensiones pueden contribuir a ese propósito.

Si las empresas públicas, a través de una privatización parcial, ganan en eficiencia, no sólo se estará aportando otra fuente para el fondo de reconstrucción, sino que también, dado el peso de las empresas públicas en la economía chilena, se elevará en el margen nuestra tasa de crecimiento potencial. Ahora bien, como ese aumento en el valor de las empresas —consecuencia de las ganancias de eficiencia y de una política de inversiones más apropiada— se respalda con mayores flujos a los que el Estado tiene derecho en la proporción de capital accionario que mantiene en la empresa, es posible destinar una parte de los recursos obtenidos en la venta parcial de las empresas públicas al fondo de reconstrucción sin sacrificar otros objetivos. La creación de riqueza subyacente es la que posibilita este “milagro”. La proporción a destinar depende de las ganancias de eficiencia esperadas. Para ser coherentes, el remanente debería sumarse a la parte del fondo de estabilización económica y social no utilizado en la reconstrucción.

En este sentido, si las empresas públicas, a pesar de los cambios que han ocurrido en sus gobiernos corporativos, son poco eficientes, es evidente que su privatización parcial es una fuente de fondos para la reconstrucción superior a las otras alternativas que se han planteado. Por cierto, como una privatización bien hecha toma tiempo y ello puede ocurrir después de que se necesiten desembolsar los recursos para la reconstrucción, el Estado podría tener que recurrir a un endeudamiento transitorio pagado luego con parte de los ingresos obtenidos por privatizaciones.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/03/17/fondo-de-reconstruccion-y-empr.asp

EL VASO MEDIO LLENO

marzo 15, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en Revista Capital edición del 12 al 25 de marzo)

Mis amigos sociólogos me relataron que Eugenio Tironi cuenta en su cátedra de comunicación estratégica que en chino la palabra “crisis” es sinónimo de “oportunidad”. Entonces deberíamos recibirlas con entusiasmo. Pero cuesta una enormidad imaginar qué cosa buena puede salir de la tremenda catástrofe que ha asolado a Chile. Propongo que al menos hagamos el esfuerzo y tratemos de ver el vaso medio lleno.

Nada relacionado a la pérdida de vidas humanas, desde luego. Padres, hijos, parejas, hermanos o amigos, todos son irremplazables. Y la cifra se está acercando al millar. Luego tenemos la enorme, y todavía incalculable, pérdida material. Ciudades y poblados completos, con sus edificios, casas, hospitales, escuelas y caminos. Sin embargo, los especialistas dicen que el crecimiento no se vería tan afectado, y que podemos prever un alza en la inversión. Aun muy poco para hablar del lado amable del terremoto.

Busquemos otra perspectiva. Imaginemos que estamos sentados frente al teclado finalizando un importante informe de varias páginas, o un sesudo artículo académico para ser publicado, o una novela que ha consumido nuestros últimos meses. De pronto, la pantalla se vuelve oscura; se quema el disco duro y no hemos respaldado la información. Digamos que perdemos todo el trabajo realizado. Vamos a maldecir al fabricante y experimentaremos una secuencia de emociones que pasarán del pánico a la incredulidad, luego a la rabia, luego a la desazón. En ese último estadio anímico se ve la luz al final del túnel. Nos sobreponemos a punta de voluntad y decimos: lo vamos a hacer nuevo, y esta vez va a quedar mejor. Mientras recopilamos las notitas dispersas escritas en servilletas, al margen de algún libro y en los recordatorios amarillos, pensamos en los errores que esta vez no cometeremos. Tendremos la oportunidad de partir de cero, con más experiencia y conciencia de lo que somos capaces. 

El recién asumido gobierno de Sebastián Piñera se aprestaba a celebrar el bicentenario, semanas después de ver a la selección chilena en el Mundial de Sudáfrica. Conociendo al personaje, no escatimaría en fuegos artificiales. El panorama cambió dramáticamente. Y la narrativa del poder debe cambiar con él. El bicentenario es ahora una oportunidad para empezar de nuevo, una oportunidad para fundar. Como diría la Arendt, no existe nada más propio al ser humano que su capacidad, simple y radical a la vez, de comenzar algo nuevo. Los asentamientos arrasados al interior y en la costa no pueden volver a ser como antes. Ese sería el peor error. Debemos transformar las nuevas ciudades en modelos urbanos sustentables que nos ubiquen a la cabeza de la innovación. Edificios verdes, trazados inteligentes, espacios más humanos. Es también la ocasión de ponerse serios respecto de los derechos del consumidor frente a empresas constructoras e inmobiliarias, de mejorar nuestros sistemas de comunicación terrestre, de terminar con las negligencias en la coordinación de emergencias, y en general de montar una estructura de respuesta de primer nivel para un territorio enclavado entre dos placas tectónicas caprichosas. Todo esto requiere coraje político y seguramente de cuantiosos recursos. Pero ya hemos aprendido que lo barato cuesto caro. El 2010 puede transformarse, para gran parte del centro sur de Chile, en el año del bicentenario al mismo tiempo que en el punto de partida de una nueva etapa. En esa épica está el vaso medio lleno.

“Los hombres no deciden qué tiempo habitarán la tierra, sólo está en sus manos decidir qué hacer con el tiempo que les ha sido dado” le decía Galdalf el Gris a Frodo mientras atravesaban las Minas de Moria. Fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando pensé en Piñera y su flamante gabinete reunidos después de terremotos y tsunamis. Algún ciudadano que gusta ver la mano de Dios en los acontecimientos terrenales pensará que Piñera ganó porque tenía reservada una misión: encabezar con energía la reconstrucción nacional. Yo soy menos supersticioso. Prefiero pensar, como los chinos, que en esta crisis late subterránea una oportunidad.

Link: http://www.capital.cl/coffee-break/mirada-capital-el-vaso-medio-lleno.html

LA TREGUA INEVITABLE

marzo 11, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el jueves 11 de marzo en La Tercera)

Como era previsible, la Concertación ofreció a Sebastián Piñera una tregua política motivada por la catástrofe. Si ya iba a resultar difícil ser oposición antes del terremoto, ahora se les pone cuesta arriba. El gobierno que hoy asume tendrá un margen amplio para desenvolverse en los primeros meses. Su mejor aliada será la propia ciudadanía que no tolerará que las “peleas políticas” se interpongan en el camino de una reconstrucción que requiere celeridad y decisión.

Fueron los propios dirigentes concertacionistas los que en su momento desestimaron la idea de un gobierno de unidad nacional. Éstos, argumentaron, sólo se justifican en medio de graves crisis. En Chile, dijeron, la situación es perfectamente normal. El sábado 27 de febrero dejó de serlo. La naturaleza fue macabramente receptiva y le regaló al Presidente Piñera el pretexto perfecto para iniciar su mandato en medio de un palpable espíritu de unidad nacional. La convocatoria a los funcionarios de la administración saliente a quedarse en sus puestos después del 11 de marzo retrata la compleja situación que vive el mundo concertacionista. Resulta odioso decir que no, porque se lee como una actitud ajena a la cooperación (y porque en muchos casos también hay que alimentar una familia), pero es delicado decir que sí, porque pone en pausa la crítica de su propio sector y enreda las lealtades políticas.

Las dificultades no terminan aquí. El anuncio de que el Senado estará presidido por Jorge Pizarro (DC), Guido Girardi (PPD) y Camilo Escalona (PS) respectivamente en los próximos tres años, confirma que en la estratósfera donde parecen habitar nuestros dirigentes las contundentes demandas de renovación política no se escuchan. No cabe duda que se trata de políticos de fuste, con experiencia y soporte interno, pero no desconozcamos que son también los más cuestionados. Son los que condujeron con soberbia la campaña de Frei, los que no se someten a la autoridad de los carabineros en la ruta, los que pegan combitos por la espalda cuando sacan la foto. Doblemente peligroso, si pensamos que el Congreso será el hábitat obligado de la oposición, desde el cual se podría articular la “nueva Concertación”. Pero con esta legítima selección de líderes, de “nueva” tiene poco. El Ejecutivo de Piñera, en cambio, echará a andar con muchos rostros frescos y en terreno. La Concertación parece haberse sometido voluntariamente a una contienda desigual.

Más que los aciertos de la oposición, serán los propios errores del gobierno los que emparejen la cancha. La demora en designar seremis, gobernadores y jefes de servicio resulta incongruente con la promesa de gobernar con “sentido de urgencia”, y el nuevo aplazamiento de la venta de acciones de Lan tampoco resulta decoroso en circunstancias de que mediaba una promesa. Pero todos estos desaciertos son casi artificiales en comparación a la tarea de levantar las regiones afectadas por el terremoto. Si hasta las organizaciones sindicales y gremiales han moderado su preliminar ánimo combativo. La Concertación se habría dado un buen festín sacando a relucir conflictos de interés de ministros e intendentes. Hoy tiene las manos atadas. El emotivo y aplaudido abrazo entre Bachelet y Piñera en la Teletón rayó la cancha a sus partidos: si quieren beber del maná del 84% están condenados a imitarla. Su oportunidad radica en actuar como oposición literalmente “constructiva”, subiendo la apuesta en los proyectos de ley relativos a la emergencia y gestionando con lucimiento su poder municipal. Es lo que permite la tregua.

Link: http://www.papeldigital.info/lt/2010/03/11/01/paginas/020.pdf

LA VUELTA AL ESTADO DE NATURALEZA

marzo 5, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic el jueves 4 de marzo)

Se asocia a Hobbes la idea de que “el hombre es el lobo del hombre”. En un mundo sin autoridad, la incertidumbre y el miedo llevarían al ser humano a atentar inexorablemente contra sus semejantes. El francés Rousseau, por el contrario, sostendría tiempo después que la sociedad política moderna es la culpable de corromper a un hombre que nace libre y bueno. ¿Cuál de los dos estaba en lo cierto respecto de la humanidad en estado de naturaleza?

Me hago esta pregunta mientras veo los programas dedicados al terremoto. Se debaten entre los informes de saqueos y los llamados a cooperar. Los primeros son casi aterradores. Turbas arrasando con supermercados e incluso casas de sus propios vecinos. No sólo se están llevando alimentos o insumos básicos, sino también computadores, televisores plasma y litros de alcohol. ¿De verdad necesitan eso para sobrellevar la catástrofe? La cosa se pone color de hormiga cuando los legítimos dueños se defienden a punta de pistola. Hasta nuestro sofisticado liberalismo aplaude el toque de queda y la voz de la calle clama por mano dura: ¡Que los milicos corran bala! Una imagen “dantesca” (la palabra preferida por el periodismo criollo) muestra un local comercial de Concepción ardiendo entre las llamas. Minutos antes había sido asaltado por un lote que seguramente se sentía con el derecho a la piromanía en medio de la anarquía. Contrastando con el proverbial discurso de la solidaridad chilena ante la adversidad, forjado entre los matinales y los lugares comunes del chauvinismo, veo que sale a la luz lo peor de muchos compatriotas. Hay de todo menos solidaridad en el pillaje. Es la expresión pura de la regresión.

Podrán encontrarse atenuantes: hay quienes lo perdieron todo y están buscando una compensación a como dé lugar. La desesperación por proveer a la propia familia es un móvil tan comprensible como poderoso. La figura del hurto famélico, sin ir más lejos, no está penada por la ley. Este se aplica en caso de hambre insuperable cuando se apropia de un bien ajeno siempre que sea comestible, no se aplique violencia ni se lleve más de lo necesario, entre otras condiciones. Casi ninguna de ellas se verifica en los reportes televisivos. Una señora con un microondas en la mano respondió muy campante: “¿y qué? Si todos lo hacen”.

También merecen análisis crítico aquellos que se aprovechan de la desgracia ajena para lucrar desproporcionadamente. El mercado no tiene por qué someterse a consideraciones éticas ni religiosas, eso lo sabemos. La ley de oferta y demanda enseña que los bienes que comienzan a ser más requeridos suben su cotización. Por eso salir a la calle a vender agua a precios exorbitantes hace del oferente un excelente comerciante pero un mal ciudadano. Sabe que no se encuentran sustitutos para su producto y que los más pobres, generalmente los más golpeados por la destrucción, no tendrán como pagarlo. Otro tanto, que suele producirse en el otro lado de la escala social, sucede con el acaparamiento de bienes. La compra excesiva de bienes básicos es perfectamente legal, pero nuevamente recae una nota de reproche ético en el sobreabastecimiento a sabiendas que implica que otras familias se quedarán con las manos vacías. Ambas situaciones se parecen porque en ellas desaparece la verdadera conciencia social. Esta no consiste en campañas de acción social o de responsabilidad empresarial, sino en comprender que vivimos en un sistema integrado con más personas iguales en dignidad. Ni siquiera exige de nosotros un esfuerzo adicional de generosidad, sino un trato justo, tal como aquel que nos gustaría recibir a nosotros, particularmente en el mismo estado menesteroso.

Mientras veo como las tanquetas del ejército recorren el centro penquista para asegurar el orden vuelvo a preguntarme por los motivos de orgullo nacional. Las colectas parroquiales ayudan. Los teletones faranduleros ayudan. Las cuentas especiales en los bancos ayudan. Una pega bien hecha por parte del gobierno ayuda enormemente. Pero si falla el elemento humano en la base, ufanarse de nuestro buen corazón suena a sensiblería hipócrita. En territorio chileno, Hobbes le está ganando la batalla a Rousseau.

GENERACION SP

marzo 3, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en Reportajes de La Tercera el domingo 28 de febrero)

Sebastián Piñera incluyó en su gabinete varias figuras sub 40 que están llamadas a satisfacer la demanda ciudadana por renovación política. Las nuevas generaciones de la centroderecha entran a primera división con Ena Von Baer en la vocería y Felipe Kast en Mideplan, dos ministerios claves. Sus desafíos son múltiples. Deben estar a la altura de la exigencia de sus carteras, aprender rápidamente a manejarse en las redes del poder y contribuir lealmente al éxito del gobierno. Ambos descendientes alemanes y doctorados en prestigiosas universidades extranjeras, no hicieron vida de partido pero formaron parte del proyecto Independientes en Red (que pudo transformarse en el Expansiva de Piñera) para luego integrarse al think tank Libertad y Desarrollo. Pero no estamos hablando de gremialistas tradicionales. Tanto Von Baer como Kast cultivan estrechos vínculos con otros miembros del futuro gobierno forjados por pertenencia generacional antes que por filiación partidaria. Y éstos no se inclinan precisamente hacia el conservadurismo.

En Interior y especialmente en el nuevo segundo piso de La Moneda, los jóvenes liberales marcan presencia. Serán Ignacio Rivadeneira, José Miguel Izquierdo, Hernán Larraín Matte y Juan Carlos Jobet, por mencionar sólo algunos, los que estarán en el día a día del gobierno de Piñera. Juntos constituyen una fuerza política que tiene una interesante ventana de oportunidad para influir y eventualmente, construir una agenda común. Piñera pudo haber usufructuado de estas caras nuevas para montar una plataforma de campaña atractiva en medio del hastío de la ciudadanía frente a los mismos de siempre, pero aquellos tienen claro que del desempeño de la próxima administración depende su futuro político a corto plazo. En la disputa por la predominancia y luego por la sucesión no se conformarán con mirar. El mundo liberal de la derecha podría respirar más  tranquilo: el numeroso desembarco de las huestes formadas en la Fundación Jaime Guzmán encuentra cualitativo equilibrio en las altas esferas del Ejecutivo. Por afinidad política, su caudillo podría ser el mismísimo Ministro del Interior.

Si estos esfuerzos se coordinan con la tentativa de Cristián Monckeberg y compañía por asumir el control de Renovación Nacional, el panorama toma más cuerpo. Para enfrentar al poderío del actual timonel necesitarán mucha enjundia. Al consabido discurso generacional deberán agregar una definición más sustantiva a favor de una alternativa política más abierta hacia el centro, y en consecuencia, más liberal que la seguida por Carlos Larraín. El ejército de diputados retadores puede encontrar buenos aliados en La Moneda. El ministro de Justicia entrante Felipe Bulnes, joven liberal y militante RN, puede jugar un rol en este diálogo. 

Los nombres más llamativos del segundo piso de Lagos eran contemporáneos del presidente, hombres maduros que superaban los sesenta años. El segundo piso de Piñera que comandaría María Luisa Brahm (otra conocida liberal) ronda los 35. Con sólo 44, el propio Hinzpeter es con largueza el jefe del gabinete más joven desde la recuperación de la democracia. Los tres ministros de Interior de Bachelet promediaron setenta al momento de asumir el cargo. Y aunque la política como el fútbol no se juega con carné de identidad, un presidente energético como Piñera parece requerir colaboradores frescos y activos. Von Baer y Kast llevan el estandarte de una generación que dentro de la centroderecha deja de llorar por espacios. Ahora la cosa es con guitarra. 

Nota: La columna fue escrita antes del terremoto. Por las características del cierre del cuerpo de Reportajes (viernes por la noche), éste no incluyó noticias respecto de la catástrofe.

TESTIMONIO EN MOVIMIENTO

marzo 1, 2010

por Cristóbal Bellolio (testimonio solicitado y enviado a La Tercera en la mañana del sábado 27 de febrero, horas después del terremoto)

La tierra se movió bajo nuestros pies despertándome violentamente. En los temblores uno tiende a darle al destino unos segundos de gracia, para ver si efectivamente se trata de algo serio. Casi nunca lo es. Esta vez fue distinto. Tuve que ponerme en pié e increíblemente noté que no podía caminar normalmente. No era siquiera capaz de llegar al umbral de la pieza. Nunca había sido tan pertinente esa siutiquería de “párenme el mundo que me quiero bajar”. El ruido estridente de la vajilla estrellándose contra el piso fue la señal que estaba esperando para confirmar la gravedad del asunto. Fuera de la cabaña, a las orillas del lago Villarrica, la conmoción. La gente saliendo a la playa en shock. Llantos aislados, preguntas agolpadas, relatos dispersos. “¿Se sigue moviendo el maldito suelo o estoy completamente mareado?” fue lo primero que alcancé a balbucear. Luego bromeé con la seguridad que nos producía estar bajo las estrellas, añadiendo que el único riesgo sería que la tierra se abriera para tragarnos. Tuve que contener la impresión cuando me apuntaron una grieta enorme que surcaba los pastos del jardín. Luego me fijé en la playa, hundida varios metros, el muelle bajo el agua y los transportes náuticos a la deriva. Pensé automáticamente en el volcán. En Villarrica no hay riesgo de tsunami, pero un trastorno volcánico sería el colmo de las pesadillas. Pero me dicen que la humareda que sale del cono es perfectamente normal. Las mujeres velaron armas hasta el amanecer al calor de un café y una acontecida conversación salpicada de réplicas menores pero igualmente amenazantes. Alcancé a transmitir algo de información por twitter antes de perder la señal y quedar digitalmente a oscuras.

Escribo estas líneas desde la Municipalidad de Pucón, que funciona frenética pero gentil tratando de entregar respuestas. Es una ciudad desorientada. Es mediodía del sábado y no hay noticias seguras del resto del país. Las versiones son contradictorias. Los turistas aun no saben si podrán regresar de sus vacaciones. No es una mala excusa para alargarlas, pienso mirando el vaso medio lleno. Pero escuché que había muchos muertos. Una empingorotada familia se queja airada en el mesón por el mal servicio que recibieron en un canopy. Una vez más, me imagino, esto le pegará duro a los que tienen menos. Para el resto no pasará de ser una macabra anécdota.

Se siente otro remezón. El pánico se dibuja en las expresiones de la gente. Afuera se rematan los helados porque sin luz no pueden mantenerse congelados. Me propongo ir por uno de ellos, antes de que sea tarde y la naturaleza nos tenga reservada otra sorpresa.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/testimonio_en_movimiento