LA VUELTA AL ESTADO DE NATURALEZA

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic el jueves 4 de marzo)

Se asocia a Hobbes la idea de que “el hombre es el lobo del hombre”. En un mundo sin autoridad, la incertidumbre y el miedo llevarían al ser humano a atentar inexorablemente contra sus semejantes. El francés Rousseau, por el contrario, sostendría tiempo después que la sociedad política moderna es la culpable de corromper a un hombre que nace libre y bueno. ¿Cuál de los dos estaba en lo cierto respecto de la humanidad en estado de naturaleza?

Me hago esta pregunta mientras veo los programas dedicados al terremoto. Se debaten entre los informes de saqueos y los llamados a cooperar. Los primeros son casi aterradores. Turbas arrasando con supermercados e incluso casas de sus propios vecinos. No sólo se están llevando alimentos o insumos básicos, sino también computadores, televisores plasma y litros de alcohol. ¿De verdad necesitan eso para sobrellevar la catástrofe? La cosa se pone color de hormiga cuando los legítimos dueños se defienden a punta de pistola. Hasta nuestro sofisticado liberalismo aplaude el toque de queda y la voz de la calle clama por mano dura: ¡Que los milicos corran bala! Una imagen “dantesca” (la palabra preferida por el periodismo criollo) muestra un local comercial de Concepción ardiendo entre las llamas. Minutos antes había sido asaltado por un lote que seguramente se sentía con el derecho a la piromanía en medio de la anarquía. Contrastando con el proverbial discurso de la solidaridad chilena ante la adversidad, forjado entre los matinales y los lugares comunes del chauvinismo, veo que sale a la luz lo peor de muchos compatriotas. Hay de todo menos solidaridad en el pillaje. Es la expresión pura de la regresión.

Podrán encontrarse atenuantes: hay quienes lo perdieron todo y están buscando una compensación a como dé lugar. La desesperación por proveer a la propia familia es un móvil tan comprensible como poderoso. La figura del hurto famélico, sin ir más lejos, no está penada por la ley. Este se aplica en caso de hambre insuperable cuando se apropia de un bien ajeno siempre que sea comestible, no se aplique violencia ni se lleve más de lo necesario, entre otras condiciones. Casi ninguna de ellas se verifica en los reportes televisivos. Una señora con un microondas en la mano respondió muy campante: “¿y qué? Si todos lo hacen”.

También merecen análisis crítico aquellos que se aprovechan de la desgracia ajena para lucrar desproporcionadamente. El mercado no tiene por qué someterse a consideraciones éticas ni religiosas, eso lo sabemos. La ley de oferta y demanda enseña que los bienes que comienzan a ser más requeridos suben su cotización. Por eso salir a la calle a vender agua a precios exorbitantes hace del oferente un excelente comerciante pero un mal ciudadano. Sabe que no se encuentran sustitutos para su producto y que los más pobres, generalmente los más golpeados por la destrucción, no tendrán como pagarlo. Otro tanto, que suele producirse en el otro lado de la escala social, sucede con el acaparamiento de bienes. La compra excesiva de bienes básicos es perfectamente legal, pero nuevamente recae una nota de reproche ético en el sobreabastecimiento a sabiendas que implica que otras familias se quedarán con las manos vacías. Ambas situaciones se parecen porque en ellas desaparece la verdadera conciencia social. Esta no consiste en campañas de acción social o de responsabilidad empresarial, sino en comprender que vivimos en un sistema integrado con más personas iguales en dignidad. Ni siquiera exige de nosotros un esfuerzo adicional de generosidad, sino un trato justo, tal como aquel que nos gustaría recibir a nosotros, particularmente en el mismo estado menesteroso.

Mientras veo como las tanquetas del ejército recorren el centro penquista para asegurar el orden vuelvo a preguntarme por los motivos de orgullo nacional. Las colectas parroquiales ayudan. Los teletones faranduleros ayudan. Las cuentas especiales en los bancos ayudan. Una pega bien hecha por parte del gobierno ayuda enormemente. Pero si falla el elemento humano en la base, ufanarse de nuestro buen corazón suena a sensiblería hipócrita. En territorio chileno, Hobbes le está ganando la batalla a Rousseau.

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5 comentarios to “LA VUELTA AL ESTADO DE NATURALEZA”

  1. cristobal c. Says:

    Cristóbal,

    Yo era algunas generaciones más chico que tu cuando eras presidente del centro de alumnos del CVD. Me acuerdo de una polémica (publica!) que tuviste con el Rector, y aunque no recuerdo de que trataba, quedé con la impresión de que tenías un afán de protagonismo insano y un entusiasmo que rayaban en la falta de criterio.
    Pero eras enano, y en 4° medio uno se jura el rey del mundo. Ahora leo este blog, y me alegro por la frescura de tus comentarios, su calidad y bueno, porque los años que siguieron a esa polémica de misa te han hecho mucho bien.

    saludos!

  2. vozyvoto Says:

    Jajaja, ok, gracias.

  3. Lucas Blaset Says:

    Cristonal Difiero de resultado Pro Hobbes, me inclinaria hacia un Russeau victorioso, dando vuelta la balanza. Tuve la oportunidad de compartir con la famosa generación del voluntariado y todos sus militantes pro-jesuitas, la solidaridad entre vecinos, personas de afuera, especialmente entes privados, superaba las expectativas con creces, hablándolo con gente de la municipalidad, bueno esta realidad la vi en provincia, de los alrededores de Concepción.
    Lo interesante de todo esto fueron las Redes de ayuda, con iniciativa privada, de forma individual, todos se unieron con propósitos colectivos republicanos, sin estado ni sotana (nesesariamente) a ayudar lo mas posible
    Esto obviamente sin desmedro de que hubieron un sub-grupo de homini lupus, de tipos que no dimensionaron las perdidas de sus vecinos, ya que no contaban con medios de comunicación o la otra alternativa es que estos sub-hombres tengan una falla genética, en la corteza cerebral que les impida sentir empatia, pero a pesar de ellos yo inclinaría la balanza hacia russeau

  4. Alvaro Says:

    hoy en una conversacion con amigos, uno comentaba que hace poco vio un programa donde Darwin visitaba Chile y en post de observador se dedico a “encontrar” un terremoto, tiempo le costo, pero finalmente logro vivir y observar el fenomeno, lo curioso de esto es que Darwin relata 2 cosas con respecto a lo humano, primero que le asombro la ayuda prestada entre compatriotas y la 2da al otro lado le impresionaron los saqueos producidos.

    ¿Sera acaso que los saqueos son parte de la ideosincrasia nacional? Podria alguien buscar en archivos historicos y ver cuantes veces mas se han registrados saqueos y terremotos juntos.

  5. maria Says:

    Para mi el mas cercano a todo lo que pasó fue Saramago en “Ensayo sobre la ceguera”.

    Saludos

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