Fondo de reconstrucción y empresas públicas

 

Transcribimos a continuación columna de Harald Beyer (CEP), publicada el 17 de marzo en El Mercurio, respecto de las virtudes de la propuesta de privatizar empresas públicas a causa del terremoto. Es una cuestión espinuda donde campea la ideología de lado y lado, pero acá hay algunos argumentos interesantes que, sin compromete la opinión de este blog, vale la pena revisar:

“Para recuperar el capital dañado por el terremoto, se habla de un fondo de reconstrucción conformado con recursos provenientes de diversas fuentes, entre las que se mencionan reasignaciones presupuestarias, el fondo de estabilización económico y social, endeudamiento público e impuestos. Todas estas alternativas presentan ventajas y desventajas, pero indudablemente forman parte de la caja de herramientas de toda autoridad interesada en financiar un programa de inversiones que responde a una coyuntura inesperada.

Pero esa caja no debería descartar, como hasta ahora se ha hecho, la privatización de empresas públicas.

El cuestionamiento más común a esta alternativa es que se financia gasto corriente con un activo que produce una renta permanente. Esto último es discutible, como lo demuestra una larga historia de empresas públicas deficitarias en diversas latitudes, pero aceptemos esa mirada, más todavía cuando ha habido cambios en los gobiernos corporativos de una gran mayoría de las empresas públicas en los últimos años que son promisorios y que varias han exhibido excedentes en el pasado reciente.

Aun así, ese cuestionamiento es débil. Por una parte, una deuda, por ejemplo, genera amortizaciones y pago de intereses que supone desembolsos por muchos años para el Estado que no se pueden gastar en otras partidas. Es, si se quiere, la contrapartida de los menores ingresos generados por la privatización de empresas públicas. Por cierto, hay una diferencia en plazos (la deuda en algún momento se extingue), pero un futuro muy alejado es, desde el punto de vista de la decisión presente, poco relevante. Por otra, y más importante, es poco probable que las empresas públicas estén cerca de su valor potencial al menos por dos razones. No son particularmente eficientes al no estar sometidas a ninguna prueba de mercado: al respecto, el precio de la acción es insuperable.

En segundo lugar, el Estado reinvierte poco en ellas. Frente a múltiples necesidades termina aportando a su expansión menos de lo que puede ser conveniente, más aún cuando no se sabe realmente si la empresa está siendo bien gestionada y si los fondos invertidos producirán retornos promedio razonables. Por eso, la privatización, aunque sea parcial, de las empresas públicas en la mayoría de las ocasiones debería aumentar su valor. Ello es lo que ha ocurrido, salvo contadas excepciones, en las privatizaciones de los últimos 15 años ocurridas en diversas latitudes. Los ejemplos de Petrobras y Vale son particularmente relevantes para nosotros.

En esta discusión, además, hay que tener en cuenta que una aspiración transversalmente compartida en el país consiste en elevar el crecimiento potencial de la economía chilena, existiendo acuerdo que en esto es clave el crecimiento de la productividad total de factores. A pesar de un debate legítimo respecto de cuánto de ese mayor crecimiento se puede obtener a través de ganancias de eficiencia y cuánto a través de innovación tecnológica, no está en duda que ambas dimensiones pueden contribuir a ese propósito.

Si las empresas públicas, a través de una privatización parcial, ganan en eficiencia, no sólo se estará aportando otra fuente para el fondo de reconstrucción, sino que también, dado el peso de las empresas públicas en la economía chilena, se elevará en el margen nuestra tasa de crecimiento potencial. Ahora bien, como ese aumento en el valor de las empresas —consecuencia de las ganancias de eficiencia y de una política de inversiones más apropiada— se respalda con mayores flujos a los que el Estado tiene derecho en la proporción de capital accionario que mantiene en la empresa, es posible destinar una parte de los recursos obtenidos en la venta parcial de las empresas públicas al fondo de reconstrucción sin sacrificar otros objetivos. La creación de riqueza subyacente es la que posibilita este “milagro”. La proporción a destinar depende de las ganancias de eficiencia esperadas. Para ser coherentes, el remanente debería sumarse a la parte del fondo de estabilización económica y social no utilizado en la reconstrucción.

En este sentido, si las empresas públicas, a pesar de los cambios que han ocurrido en sus gobiernos corporativos, son poco eficientes, es evidente que su privatización parcial es una fuente de fondos para la reconstrucción superior a las otras alternativas que se han planteado. Por cierto, como una privatización bien hecha toma tiempo y ello puede ocurrir después de que se necesiten desembolsar los recursos para la reconstrucción, el Estado podría tener que recurrir a un endeudamiento transitorio pagado luego con parte de los ingresos obtenidos por privatizaciones.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2010/03/17/fondo-de-reconstruccion-y-empr.asp

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3 comentarios to “Fondo de reconstrucción y empresas públicas”

  1. Ubaldo Taladriz Says:

    ¿Qué sentido tiene transcribir un artículo que además propone tema ampliamente discutidos y donde los argumentos a favor y en contra son bastante conocidos?
    Como lo mencioné en twitter, a esta cazuela le falta carne. La carne de esta cazuela es identiticar cuales son las empresas estatales privatizables, para inciar el debate al respecto.

  2. Compatriota Says:

    Vozyvoto,

    Hay que abonar a Harald Beyer que hace un analisis ponderado y serio. Sin embargo, utiliza un nivel de abstraccion tal que pasa por alto singularidades relevantes de ese sitio llamado planeta tierra.

    Un ejemplo: CODELCO. En el quinquenio 2004-2008 aporto US$30 mil millones de dolares al Estado (mas que lo que cuesta la reconstruccion). Es decir, ha sido una fuente de recursos significativa. Que hubiera pasado si Codelco se hubiera privatizado justo antes, en 2000-03, por ejemplo?. Bueno, el Estado hubiera recibido el valor de mercado mas impuestos. Como referencia, en 2000 su valor se estimaba en US$9 mil millones, en 2006 en US$25 mil millones (esta ultima cifra estimada por la consultora Goldman Sacks). Es decir, a estas alturas con suerte habiamos recogido US$20 mil millones y no tendriamos CODELCO. Y los futuros impuestos? Sabemos que las mineras pagan muy pocos impuestos y pocos royalties. Tambien sabemos que sus utilidades se van al extranjero.

    Se que este analisis no es muy elaborado y se basa en numeros de un periodo de bonanza y podriamos ir en un eterno debate de escenarios posibles. Pero para un observador con sentido comun esto es mucho mas valido que la discusion al vacio que propone H. Beyer, sustentado en una cadena de hechos condicionales y frases como “un futuro muy alejado es, desde el punto de vista de la decisión presente, poco relevante” (espero que el columnista no se dedique a nada que tenga que ver con desarrollo de largo plazo).

    Y las otras empresas? No hablare ahora de ellas. Por la magnitud de los costos de reconstruccion no creo que sean fuente suficiente de recursos. Por otro lado, prefiero equivocarme generalizando las bondades de CODELCO para defender la propiedad publica de empresas que podrian ser privadas, que aceptar que se generalicen las fallas en eficiencia de empresas publicas (como EFE en tu foto) para terminar privatizando CODELCO.

    De todas las formas de financiamiento, la privatizacion es la unica que presenta riesgos catastroficos. Vayamos por otro camino.

  3. Alvaro Says:

    Me sumo a la mocion planteada por Compatriota, ya que generalmete se toman empresas como EFE para argumentar y al momento de “incar” el diente se ve otra empresa como CODELCO. En fin habria que ver que bien supone privatizar, en este momento por ejemplo tengo en mente una empresa de telecomunicaciones, fundada a eso del año 1960 para proveer comunicacion en casos de catastrofe, se viene a memoria el año 1986 donde dicha empresa deja de ser estatal y luego se me viene el 2010, donde el pais nuevamente necesito comunicaciones para superar una catastrofe.
    Supongo que podemos culpar al estado por no haber generado en 20 años una nueva ENTEL.
    De todas maneras el tema se ve caso a caso, y ojala con una proyeccion adecuada de cada empresa.

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