Una vida en la oposición

Transcribimos columna de Roberto Méndez publicada en Revista del Sábado del Mercurio el pasado 20 de marzo. Creemos que representa a muchos:

“No tengo recuerdos de haber sido  muy partidario de ningún gobierno. Sospecho que pertenezco a un grupo y a una generación que, al menos en parte,  comparte esta extraña sensación. Conservo vagas reminiscencias de la presidencia de don Jorge Alessandri, a quien mi padre criticaba, en la mesa familiar, como un gran desastre para la economía y la política de nuestro país; entonces, claro, me influía su visión. Pero luego, por décadas, me sentí muy lejano  a los sucesivos experimentos de la revolución en libertad, los mil días de Allende, e incluso, por otros motivos, al posterior gobierno militar (he escrito, en esta misma columna, sobre mi particular relación con Pinochet). Los 20 años de la Concertación no hicieron más que afirmar mi vocación de opositor. Confieso que siempre me acomodó más el lugar de crítico, acorde quizás a un talante liberal, de por sí desconfiado del poder y de los gobiernos. Los gobiernos, he pensado siempre, deben ser vigilados  y controlados. Es casi un acto reflejo.

Ahora estoy en aprietos, lo digo francamente. El gobierno actual me identifica y, más que eso, a ratos me entusiasma. Son mis ideas, es el estilo de gobernar que siempre he soñado y el poder lo ejercen personas  en quienes creo y confío. Además, trabajé para que triunfara. Ganamos y ahora, técnicamente, soy oficialista. Un liberal, que desconfía de cualquier gobierno, ahora es oficialista. ¡Qué desastre! Escribir columnas se me hace difícil; hacer encuestas, también. Ser columnista para defender el statu quo, es algo que me repugna. Y las encuestas, tarde o temprano, ¡eso sí lo sé!, entran en conflicto con quienes ejercen el poder. Menudo problema.

Sospecho que no estoy solo en esta disyuntiva. Otros deben estar pasando por lo mismo. Periodistas,  algunos medios de comunicación, algunos analistas, que debemos aprender algo nuevo. ¿Cómo ser partidarios pero al mismo tiempo independientes? ¿No es esto en sí mismo una contradicción?

Porque si hay algo que he aprendido del nuevo Chile, el  mismo que eligió a Piñera, es que existe un extendido rechazo a las posiciones de trinchera, a las prácticas políticas de enfrentamiento, a las divisiones ideológicas rígidas. Los enfrentamientos son cosas de las elites. Más del 50% de quienes votaron por Piñera  en la última elección aprueban y sienten afecto por la ex Presidenta Bachelet. ¿Cómo se maneja eso para una clase política más bien educada en la lógica de la guerra fría?

Mi sesgo visceral me hace mirar ahora a la nueva oposición, si no con cercanía, al menos con cierta simpatía. Los veo desordenados, todavía golpeados, caídos y sin estructura. Pareciera que aún ni siquiera comienza la etapa del diagnóstico, de entender por qué la ciudadanía les dio la espalda. El gobierno, por otra parte, al ir tomando control de los medios de comunicación estatales, amenaza con una influencia comunicacional casi  sin contrapeso. Un espíritu liberal preferiría una oposición más sólida, con voz, con capacidad de fiscalización.

Son nuevos tiempos, qué duda cabe. Todos debemos adaptarnos, y sospecho que no va a ser fácil, para nadie. El guión de esta nueva etapa no está escrito, y nadie conoce muy bien su papel.  En la nueva  oposición, por décadas acostumbrada  a las comodidades y a los recursos del poder, el ajuste será quizás más doloroso; pero al final del día, el rol esperado para una oposición está claro, y la necesidad y el hambre, lo sabemos, suelen ser fuente de gran sabiduría. En el nuevo oficialismo, en cambio, o sea en mi lado de la cancha,  creo que las posibilidades de error son más grandes. El mareo de un poder sin contrapesos tiene muchos más riesgos que la pobreza y la carencia. La historia está llena de ejemplos dramáticos.

El trabajo bien hecho, valor que el Presidente Piñera ha levantado como una de sus principales banderas, debe extenderse también a quienes desde fuera del gobierno realizamos nuestro aporte. El trabajo bien hecho, en muchos casos, significará la libertad y la independencia para señalar los peligros y también los errores.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/revistasabado/2010/03/20/una-vida-en-la-oposicion.asp

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2 comentarios to “Una vida en la oposición”

  1. Alvaro Says:

    La flamante bandera del trabajo bien hecho. Esta demas decir que esa es una de las grandes razones de elegir a Piñera presidente, se esperaba de él un trabajo bien hecho, lamentablemente por lo poco que hemos visto un trabajo bien hecho no es lo que esta presentando el gobierno de Piñera.
    Incumplimiento de vender LAN, evacion de impuesto de la operacion, eleccion de un colaborador de Colonia Dignidad para intendente, tener un logo (mal hecho y feo) transitorio de $100 millones, etc
    Al parecer un trabajo bien hecho no sera la bandera de este gobierno, sino mas bien un trabajo improvisado.

  2. federico garcia Says:

    Ahora todos los de derecha eran opositores a Pinochet, yaaaa. Me imagino a Mendez tocando cacerolas y arrancando de los pacos.

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