Archive for 30 abril 2010

Una tarde con Heather

abril 30, 2010

Transcribimos la mirada del periodista Rodrigo Frey:

“Vengo llegando de conversar con Heather Smith, la directora ejecutiva de Rock the Vote, una ONG de EEUU que busca movilizar a los jóvenes electores para que se registren y voten en las elecciones hablando su lenguaje, utilizando sus medios, y levantando sus issues.

Lo primero es confesar mi envidia en quizás la única experiencia que Heather y yo tenemos en común. Los dos reportamos a un directorio. La diferencia es que en el de ella está Michael Stipe y en el mío @eugeniotironi… Lo segundo es advertir que lo que anotaré a continuación será un puro borroneo de lo que apunté en la conversación, porque una de las razones por las que este blog está desfalleciendo es porque uno trata siempre de parecer más inteligente de lo que es.
-Heather says que si bien EE.UU. ha logrado en los últimos 5 años que proporcionalmente más jóvenes se presenten a las urnas, el desafío sigue: la proyección es que en 2015, los votantes de 18 a 29 años serán un tercio del electorado, y sumarán 85 millones. Aunque ella no lo dice así, porque es demasiado guapa y sofisticada, si la tasa de participación no mejora estarán hasta el copi. La pregunta: cómo re-vincular a toda una generación con la democracia.
-Trasladado a Chile, el panorama no será muy distinto. Al 2015 habrá más de 1.773.000 en ese mismo rango de edad en condiciones de votar. Los ilusos -que abundan- creen que gran parte del problema se resolverá con la inscripción automática y el voto voluntario, pero el ejemplo de EEUU indica lo contrario. Heather dice que registrar a los jóvenes -es decir, que se anoten para votar en un distrito- es el “desde” para Rock the Vote (RTV). Lo realmente difícil es que se presenten efectivamente a votar. Inscripción automática my ass.
-Eso lleva inevitablemente a preguntarse por qué habrían de ir a votar. Heather dice que lo que han descubierto -“hacemos encuestas todas las semanas”, dice, y tiene la gentileza de compartirlas online – es que los electores jóvenes se animan a votar si a) logran creer que la política puede provocar cambios reales y b) si hay issues, o tópicos, que los movilizan porque son relevantes para ellos.
-Ella mencionó un ejemplo que aplica perfectamente a Chile: el financiamiento de la Educación Superior. Con más de 876 mil matriculados al 2009, no es descabellado decir que uno de cada dos jóvenes electores cursa estudios en una universidad, instituto superior, UFT. En EEUU como en Chile, la inmensa mayoría de esos estudiantes debe financiar su carrera con el apoyo de sus familias o el caro endeudamiento bancario. ¿Qué hace Rock the Vote? Te dice: “Dile al Congreso que apoye a los estudiantes y no a los bancos”, y luego te ofrece alternativas para presionar a tu parlamentario, y a tu gobierno, a dedicarle tiempo y lucas a esos issues que te importan. ¿Alguien puede decirme quién habla en serio de estos temas en Chile, más allá de un par de desabridos compromisos de campaña?
-Heather cuenta que RTV tiene 5 millones de dólares de budget en un año electoral. Según sus cifras, la participación de jóvenes entre la presidencial del 2000 y la del 2008 subió de 2,1 a 4,9 millones de votantes. Es cierto que en la última estaba Obama, pero para qué vamos a cuestionar el mério de Heather, con lo guapa que es, si lo importante es que con muy poca plata por elector es posible cambiar la tendencia.
-Otra cosa que me gustó, y que al mismo tiempo me deprimió, fue saber cómo ocupan herramientas automatizadas para mejorar la inscripción, ahorrar plata y dedicarse a lo importante: que los jóvenes vayan a votar. RTV te recuerda, el mismo día que cumples 18, que te inscribas, te alerta cuando se acerca una elección en tu ciudad, y desarrolló una aplicación para registrarte en línea. ¿Qué tenemos por acá? Tenemos al Sr. García, el vejete del Servicio Electoral, que por la vía de defender un sistema de votación “confiable” como el nuestro -como si eso fuera una gran gracia- nos ofrece una plataforma que es, literalmente, del siglo pasado.
-Es cierto que García no tiene toda la culpa, y que la culpa es principalmente de los vejetes de la Concertación y de la UDI que vivieron 2o años jugando de winners con un padrón de electores tan vejetes como ellos. Pero anda a tratar de cambiar tu registro de distrito por Internet y me cuentas.
-De lo que menos habló Heather es de rock y se agradece, porque entendimos que lo realmente clave no está tanto en los músicos -que son, sin duda, muy importantes- sino en el mensaje y su delivery.
-Algunas cosas que ella hace y que aplican a cualquier causa que aspire a movilizar a los pendex (vean, amigos de @eligeeducar, como trabajo overnight para ustedes): habla en sus códigos con gente que ellos respeten; elige bien los medios (“no estamos ni en FOX News ni en CNN, sino en MTV y Comedy Central), habla de las cosas que realmente les importan y muestra resultados que alimenten la esperanza de que, cuando se trata de provocar cambios, cada uno de ellos importan.
-Lo pasé bien. Me entusiasmó la combinación de pasión y extremo profesionalismo con que Heather gestiona su causa, en contraste con esos líderes de ONG´s y movimientos locales que creen que sus buenas intenciones los eximen de hacer bien la pega. ¿Haré algo con todo esto? No se. No creo. Quizás. Me dan un poco de lata nuestros rockeros, tan indolentes, tan poser tan y auto referentes, y sospecho que tendríamos que estar sufriendo a Bush para que despertaran de su pose. Temo que no resultaría. Que al cabo de un rato cada uno trataría (mos) de llevar agua a su propio molino…
-Pero en una de esas, capaz que sí. No por los jóvenes que no votan, que me tienen sin cuidado, sino porque hacer que lo hagan es la forma más expedita de inyectarle aire fresco a la discusión pública en Chile. El riesgo de no hacerlo es que ahora que nos libramos de los vejetes que jubilaron con el cambio de ciclo político, nos rodeemos de viejos chicos.
-Finalmente, todos hemos hecho cosas realmente locas cuando se trata de rock and roll.
Este post fue posible gracias a la gentil invitación de Cristobal Bellolio, quien me invitó y al que no saludé. Muchas gracias y disculpas por la rotería.”
N. de la R.: Más que disculpado Rodrigo. Gracias por haber testimoniado el evento. Una sola apreciación: Rock the Vote sí aboga por la inscripción automática. Y por una razón muy sencilla: Les disminuye la tarea a la mitad. Como ella misma me señaló, “nos podríamos dedicar a incentivar el voto y no dispersar recursos en registrarlos y luego pedirles que voten”.
Link: http://unaciertaprensa.blogspot.com/2010/04/una-tarde-con-heather.html

Acuerdos Fundamentales de “Red Liberal”

abril 27, 2010

Aprovechamos este sitio para publicar los tres principales acuerdo de la naciente “Red Liberal“, para aquellos que quieran revisar sus coincidencia con los postulados planteados y adherir al movimiento:

Primer Acuerdo: Encontramos nuestra idea fundamental de libertad en la tradición del liberalismo, esta es, aquella que concibe la autonomía de cada individuo para perseguir el proyecto de vida que estime conveniente como el principal objetivo de la organización política. Esta autonomía requiere, de manera esencial, de un espacio de acción o ámbito de la vida donde no exista interferencia por parte del poder organizado. El reconocimiento y la ampliación de dicho espacio de libertades individuales, dentro de un marco de convivencia diversa y pacífica, ha sido y sigue siendo la principal preocupación del pensamiento liberal. Lo es también para nosotros.

Segundo Acuerdo: Reconocemos que la libertad no es el valor supremo cuando se carecen de condiciones mínimas de vida, ya que en dicho contexto las necesidades de subsistencia reducen de manera aguda la autonomía de los individuos. La libertad como elección pierde su sentido cuando la pobreza y la marginación eliminan las opciones. Por esto estamos comprometidos con un proyecto liberal que reconoce como prioritaria la tarea de igualar niveles básicos para el ejercicio digno de la libertad. Más aun, es rol fundamental de la política el construir instituciones justas que nos lleven a lograr la igualdad de oportunidades y derechos para personas de diferente origen socioeconómico, cultural y étnico, o que tengan diferentes creencias o tendencias sexuales. Para ello, el rol redistributivo y equiparador del Estado es una herramienta esencial.

Tercer Acuerdo: Entendemos que la libertad contemporánea consiste principalmente en el disfrute de la independencia privada, pero no abandonamos el espacio de conversación y deliberación sobre los asuntos públicos. Aspiramos a un modelo de liberalismo republicano que incentive (no obligue) a las personas a participar de la construcción de lo colectivo, tanto en el proceso democrático como en sus expresiones ciudadanas. Para ello, se requiere construir un espacio público amplio y robusto, basado en la idea de la igualdad democrática de sus ciudadanos y en una valoración permanente del activo de la diversidad

Link: http://www.facebook.com/#!/redliberal?ref=search&sid=540109007.2830041579..1

La Iglesia disparatada

abril 21, 2010

Los dejamos con la última columna dominical de Carlos Peña en Reportajes del Mercurio, un día después de que la jerarquía católica chilena “pidiera perdón” por los abusos de sus sacerdotes:

“Para eludir la lenidad que ha mostrado frente a la pedofilia, la Iglesia Católica no ahorra disparates. Primero el Papa exhortó a lanzar la primera piedra a “quien estuviere libre de pecado” (olvidando así que una cosa es el pecado y otra el delito que cometen algunos de sus miembros); luego el predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, equiparó los reclamos contra la Iglesia al discurso antisemita (como si las quejas de las víctimas fueran tan ilegítimas como el discurso nazi y como si los que amparan la pedofilia fueran tan injustamente perseguidos como los judíos); más tarde el Cardenal Errázuriz dijo que, gracias a Dios, en Chile los casos “eran poquitos” (como si lo repudiable radicara en el número), y en fin el Cardenal Bertone sugirió que había una relación entre homosexualidad y pederastia (confundiendo así, bochornosamente, una simple correlación al interior de la Iglesia, con la causalidad).

Un desacierto tras otro. Ese conjunto de disparates muestra cuán desorientada está la Iglesia respecto de sus deberes públicos.

La Iglesia Católica -al igual que cualquier otra confesión- tiene todo el derecho a promover la forma de vida que juzga virtuosa y a divulgar las creencias que tiene por verdaderas. Y los ciudadanos, por su parte, tienen todo el derecho de adherir a ellas libremente. De eso no cabe duda.

Pero hay dos cosas que la Iglesia no tiene derecho alguno de hacer y que, sin embargo, mediante ese puñado de disparates, ha hecho: encubrir los actos de sus miembros que la ley civil tipifica como delitos y atribuir peligrosidad a una orientación de la vida sexual que la ley civil considera lícita.

Es cosa de recordar un par de incidentes. Por estos días la prensa internacional -que en esto, todo hay que decirlo, se muestra más ágil e interesada que la nuestra- ha divulgado un intercambio de cartas. En ellas el entonces Cardenal Ratzinger se muestra reticente a expulsar a un sacerdote implicado en un caso de pedofilia. Al ser urgido por el obispo de Oackland a desahuciar al pedófilo, Ratzinger manifiesta que esa decisión tomará un periodo largo debido a la necesidad de considerar el efecto que tendría en “el bien de la Iglesia Universal”.

Es decir, en opinión de Ratzinger, cuán rápido o lento deba reaccionar la Iglesia frente a un pedófilo, no depende de la maldad del acto, sino de las consecuencias que ello acarrearía a la Iglesia. Esa actitud es inaceptable.

Ninguna entidad -ni una Iglesia, ni una Universidad, ni un partido político- tiene derecho a poner su propio bienestar por sobre la protección de bienes que la ley civil -es decir todos: creyentes y no creyentes- consideran dignos de protección. Tratándose de esos bienes -es el caso de la integridad de los niños- no es lícito calcular qué tanto daño causaría a la propia institución cumplir con el deber de protegerlos ¿Qué pensaríamos del director de un colegio que pospone la expulsión de un profesor que abusa de los alumnos, con el pretexto que, primero, debe calcular las consecuencias que esa decisión provocaría al prestigio de la escuela?

Y así como la Iglesia no tiene derecho a encubrir o aligerar el castigo a conductas que la ley civil considera delictivas, tampoco tiene derecho a hacer lo que hizo Bertone: atribuir peligrosidad social a una condición -como la homosexualidad- que la ley civil considera lícita. Ser homosexual, heterosexual, negro, blanco, chino o mapuche, son condiciones que una sociedad abierta estima lícitas. Adscribir consecuencias peligrosas a una condición lícita -insinuar que alguien es peligroso no por lo que hace, sino por lo que es- constituye pura y simplemente un acto de discriminación que debiera causar el repudio de todos.

Lo que ese puñado de disparates -los de Bertone, Cantalamessa, Errázuriz o Ratzinger- muestra, es que el problema de la Iglesia no son sus creencias, sino la mala comprensión de sus deberes ante la ley civil.”

Link: http://diario.elmercurio.com/2010/04/18/reportajes/opinion/noticias/0005F0F4-F3A9-4BA3-B97C-58C6821FA4DC.htm?id={0005F0F4-F3A9-4BA3-B97C-58C6821FA4DC}

LOS GANADORES Y LOS PERDEDORES TRAS EL ALZA TRIBUTARIA

abril 19, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en La Tercera el domingo 18 de abril)

 

El alza de impuestos no estaba en los planes pre-terremoto. Pero desde el viernes es una realidad. El gobierno de Piñera, el empresario, le cargará la mano justamente a las empresas. Es atendible la tesis que señala que en esta escaramuza el argumento político primó por sobre las aristas técnico-económicas del problema. Más allá de las necesidades estrictas de la reconstrucción, las medidas anunciadas demuestran una intencionalidad que desnuda ganadores y perdedores.

El más beneficiado es el propio Presidente. Se pone a la vanguardia de la agenda y marca la pauta para el resto de los actores. El gobierno pasa a la ofensiva y deja de defenderse de sus propios errores no forzados. El ministro del Interior, promotor desde un comienzo de la iniciativa, gana con él. Los sondeos que maneja Piñera arrojan un dato insoslayable: la opinión pública apoya el alza tributaria. El Ejecutivo se muestra pragmático y consciente de que más allá de las reformas estructurales que se sueñan en tiempos de campaña, gobernar también es navegar con éxito de acuerdo a las circunstancias. Parece que fue ayer cuando la mayoría de los diputados de la Alianza firmaba presentaciones para que el Tribunal Constitucional desechara más gravámenes a los cigarrillos. De pasadita, el paquete propuesto incorpora ideas del programa de Marco Enríquez, quien hábilmente salió a suscribir la jugada. Por el otro flanco, puede defenderse de la derecha dogmática recordando que se trata sólo de un recurso transitorio. Por si fuera poco, cuenta con un cartucho extra de razones: financiar la reconstrucción es una cosa; financiar el programa de gobierno es otra. Y a esto último no se ha renunciado.

La fidelidad de la UDI ha sido puesta a prueba. Es muy temprano para saber si ésta constituye una victoria pírrica para el senador Coloma. Es evidente que éste no era “su proyecto”, y por lo mismo ha sido clave su rol contenedor. Si logra acallar las críticas internas consolidará su liderazgo, dando por descontado que los votos de sus parlamentarios están comprometidos. Es interesante observar que para los propios dirigentes empresariales la situación resulta muy similar.

Los que no tienen razones para celebrar son los cuadros técnicos del gremialismo, particularmente Libertad y Desarrollo. Ni el influyente Büchi terciando en la disputa pudo volcar la balanza hacia su favor. Se han visto enfrentados a una lógica que les cuesta asimilar y se han encontrado en el curioso papel de seguir discrepando con el gobierno de turno, pero esta vez con el propio. Si antes fue el Centro de Estudios Públicos el que pareció mostrar su distancia, esta vez los afectados vienen del costado derecho del paraguas. Recomponer esas alianzas es para La Moneda una silenciosa tarea pendiente.

En la Concertación han acusado el golpe. Mientras algunos aplauden el plan, otros consideran que Piñera se quedó corto. Que le faltó audacia, osadía. Extraña crítica viniendo de quienes no pudieron o no quisieron hacerlo durante varios lustros en el poder. Las posiciones más duras probablemente sacarán la peor parte. Buscarán en la transitoriedad un espacio para apuntar con el dedo y tratarán de tensar a la coalición gobernante exigiendo más profundidad en las reformas redistributivas. Sin embargo, les será difícil: les arrebataron una bandera, los asociaron a una posición intransigente y los dividieron en sus lealtades. Mal que mal, la rentabilidad política de subirse al carro del Presidente debe ser seriamente evaluada.

Cuenta la historia política chilena que cuando los presidentes liberales de la segunda mitad del siglo XIX ejercieron el poder, no quisieron renunciar a las prerrogativas del patronato eclesiástico que tanto fustigaron desde la vereda de la oposición. Hoy es la centroderecha la que utiliza el arma tributaria que no habría apoyado un año atrás, como método de legitimación política, de afirmación del poder presidencial y de acorralamiento al adversario. Aunque no fue una promesa de campaña, esta ha sido hasta hoy su más acertada jugada.

Link: http://www.papeldigital.info/lt/2010/04/18/01/paginas/008.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/los_ganadores_y_perdedores_tras

Libertarian Viewpoints on Immigration, Gay Marriage and Abortion

abril 16, 2010

Los muchachos del Cato Institute recomendaron este video vía Twitter. Suena interesante para los liberales.Veamos de qué se trata:

MORTALMENTE PARECIDOS

abril 12, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el viernes 9 de abril en La Tercera)

En el transcurso de un mes desde que asumieron sus nuevos roles, la centroderecha ha dado señales de que no puede escapar a la lógica que utilizó la Concertación cuando ejerció el poder. Por su parte, la nueva oposición no se ha comportado de manera diferente a como lo hizo durante 20 años la Alianza.

En campaña, Sebastián Piñera anunció a los cuatro vientos que gobernaría con los mejores. No podemos desconocer que en muchas designaciones los escogidos poseen currículum de sobra. Pero en el diseño general, el cuoteo ha sido una constante. El mismo criterio de selección que fustigaron hasta hace poco, constituye hoy la norma y no la excepción. Basta con revisar el caso de los gobernadores. Las posteriores reclamaciones partidarias por “lo poco que me tocó” son el síntoma más evidente. La promesa de no usar embajadas para pagar favores políticos también estaba en el credo de “la nueva forma de gobernar”. Pero ante los últimos nombramientos es legítimo abrigar dudas sobre su cumplimiento.

Es temprano para juzgar al gobierno en su capacidad de ordenar a sus parlamentarios, pero todo indica que la proliferación del discolaje es cuestión de tiempo. No por falta de liderazgo de La Moneda, sino porque los incentivos políticos de nuestro sistema no alientan la disciplina. Mal que mal, en cuatro años se reelegirán todas las autoridades y no sabemos qué tan rentable sea la foto con Piñera. La crítica de desorden interno que recibió el antiguo oficialismo en sus últimos años puede rebotar en la cara del nuevo oficialismo.  

En la vereda opuesta, la Concertación aparece tan desorientada como lo estuvo la centroderecha en el exilio del poder. Como si quisiera montar el mismo guión, comienza a adoptar esa actitud mezquina que encuentra todo malo, la misma que condenó a la Alianza en todas las encuestas. Tras una corta tregua, no resistieron y cayeron en la tentación. De otra manera no se explican los vehementes cuestionamientos a figuras promovidas por sus propios gobiernos, como es el caso del director de Gendarmería. Un gobierno victimizado por amenazas desde la izquierda es un pésimo escenario para la oposición. Nadie entendió mejor que el candidato Piñera la necesidad de virar desde una coalición beligerante hacia una dispuesta a reconocer los aciertos del rival. Esa fue una de las claves del éxito de su campaña.

Pero pedirle a la Concertación que transite por esa reflexión política es ilusorio. Su cónclave ni siquiera se hará cargo de las razones que precipitaron su derrota. Y por lo visto, no será precisamente la fiesta de los abrazos. Ese robusto bloque que potenciaba sus múltiples liderazgos ahora es objeto de sospechas fratricidas: diputados falangistas prefieren restarse porque no cuentan con púgil propio para medir fuerzas con los ex presidentes progresistas, se rompen acuerdos de palabra en el seno del socialismo y un ex ministro recorre la prensa repartiendo sonoras culpas. El sombrío espíritu autodestructivo que azotó a la derecha  tanto tiempo (ese que animó espionajes telefónicos, rebeliones senatoriales, denuncias pedofílicas, descabezamientos e irrupciones presidenciales) parece haberse trasladado a campo enemigo.

Parece que desempeñar el rol de oficialismo y el rol de oposición obedece a marcos de comportamiento político que trascienden los buenos deseos de campaña y brechas ideológicas. Con el poder en las manos es difícil resistirse a sus vicios. Y sin el poder cuesta encontrar la brújula.

Link: http://www.papeldigital.info/lt/2010/04/09/01/paginas/007.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/mortalmente_parecidos

Una Centroderecha post Jaime Guzmán

abril 8, 2010

Los dejamos con una interesante columna de Gonzalo Bustamante, profesor de filosofía política de la UAI, publicada en los blogs de La Tercera:

“La semana pasada se recordaron los 19 años del brutal asesinato del ex senador Jaime Guzmán. Su figura posee varias dimensiones: el ingeniero de una dictadura militar, el gran arquitecto de la Constitución del 80, el profesor universitario carismático, el inspirador del gremialismo, el constructor del que es al día de hoy el principal partido político del país (UDI)  y  uno de los pensadores conservadores más importantes de Chile en el siglo XX.

Qué duda cabe, no se podría hablar de la historia de la derecha chilena sin hacer referencia a él. Además como todo gran polemista, era polémico: su figura es inseparable  de  un gobierno que no respetó nuestras tradiciones republicanas, lo cual tuvo su mayor manifestación en las violaciones  a los DDHH pero a la vez es el principal responsable de haberlo dotado de un marco institucional, no común, a ese mismo gobierno. Por eso es pertinente, sobre todo si nos encontramos en el primer gobierno de centro-derecha en más de 50 años, analizar hasta dónde su pensamiento puede informar el contenido político de una derecha moderna, dinámica y democrática.

Para eso habría que establecer un marco comparativo.  Richard Posner, una de las mentes más lucidas de la derecha americana, puede ser  de utilidad.  Indicará que una fortaleza del conservadurismo americano (dentro del cual ubica a la “derecha en general”: conservadores-conservadores, libertarianistas y liberal-conservadores) fue que supo generar un movimiento intelectual en economía, ciencias sociales y filosofía, que le permitió articular una visión de mundo dominante que tendría su culminación en el gobierno de Clinton: un demócrata aplicando políticas conservadoras.

El valor  de la individualidad, el escepticismo a la ingeniería social, la valoración del emprendimiento, un pragmatismo cultural, una ética del trabajo, serían alguno de sus  contenidos.

Para Posner, su decadencia aparece cuando comienza la derecha a despreciar el valor de los intelectuales, predomina una interpretación ideologizada y unívoca de la realidad, se introducen los grupos religiosos en el Partido Republicano dominando su estructura, se pierde la rigurosidad fiscal por favorecer carreras armamentistas, se rechaza los derechos civiles considerándolos peligrosos y se llega al extrema de acusar a la izquierda de inventar el calentamiento global. Habrían perdido conexión con la sociedad y su sensibilidad. En suma, se transformó en un movimiento mono-pensante y ramplón.

El pensamiento conservador debe recuperar una mirada pragmática y desideologizada. Para Posner, así como la izquierda debe aprender, por ejemplo, que los sindicatos no favorecen a los más necesitados, la derecha debe entender que con la  abstinencia sexual no se pueden desarrollar  políticas públicas en salud.

Guzmán defendió, hay que decirlo que con brillantes, mucho de los elementos que Posner adjudica a la decadencia del movimiento conservador: una visión única de la sociedad fundada en la idea de la posesión exclusiva de la verdad valórica en temas de dimensión pública, una idea originalista de la Constitución, cierto provincianismo que no comprendía el mundo exterior, resumiendo: no distinguió entre preconcepciones racionales pero abiertas a ser sometidas al cambio si la evidencia lo indica, con emociones, convicciones y sentimientos que se resisten a someterse a la falibilidad de la propia realidad.

Esto último lo hacía exponiendo sus ideas con una pulcritud y orden, envidiable. Para Posner, al igual que el conservadurismo americano de la última década, Guzmán representaría un pensamiento rígido, no compatible con la flexibilidad que requiere una sociedad cambiante y crecientemente heterogénea producto, no de un complot gramsciano, sino de las fuerzas de una sociedad estructurada por el libre mercado.

Si se quiere conservar algo de Guzmán, es el rescatar de él lo  que  Posner considera una cualidad perdida por la derecha: el mundo de las ideas importa, ahí parte la capacidad de generar determinadas políticas. El resto de su pensamiento, no lo fue ni lo es, compatible con una sociedad democrática.

La derecha tradicional, representada por Renovación Nacional, nunca estuvo bajo su influencia, él mismo la despreciaba. Esa derecha no supo aprovechar el esfuerzo de Allamand y su “patrulla juvenil” por articular un contenido político distinto para el sector.

Hoy, la UDI transita entre el realismo de la tentación del poder y la nostalgia del líder desaparecido. Por eso, uno de los aspectos más interesantes del nuevo gobierno, es que asistimos a la construcción de una centro-derecha post Jaime Guzmán. Habrá que ver, qué resulta.”

Link: http://blog.latercera.com/blog/gbustamante/entry/una_centro_derecha_post_jaime

Un problema de desconfianza

abril 6, 2010

Transcribimos reflexión del rector de la UAI Andrés Benítez publicada en la Revista Qué Pasa del 2 de abril:

“El “cuatrito” que le puso Arturo Fontaine a los primeros quince días de Sebastián Piñera cayó como una bomba en La Moneda. Claro, nadie esperaba que el director del CEP, centro de estudios vinculado al empresariado chileno, fuera el más lapidario evaluador del actual gobierno. Nadie esperaba que el hermano del ministro de Economía sacara la voz para criticar la gestión del presidente y de su gabinete. La molestia quedó clara en la fuerte respuesta del titular del Interior, Rodrigo Hinzpeter, quien no sólo aludió en tono irónico a la veta de escritor y poeta de Fontaine, sino que además descalificó a quienes critican desde sus “cómodas oficinas”.

Las palabras de Fontaine, más allá de las motivaciones personales, vienen a reflejar un estilo que puede convertirse en una constante en el actual gobierno. Y éste se traduce en una especie de desconfianza que existe entre la elite de derecha y el actual presidente. Una lectura superficial puede llevar a pensar que Piñera es una suerte de representante de los empresarios en La Moneda. Sin embargo, la realidad dista mucho de ello. Por de pronto, en el círculo más duro de los hombres de negocios, Sebastián Piñera nunca fue visto como un empresario. Lo consideran un trader. Un hombre con una habilidad extraordinaria para aprovechar oportunidades, pero que no responde a la visión clásica de la persona que ha formado empresas y las ha desarrollado.

Tampoco les gusta su carácter, su forma de ser. Le critican su falta de carisma para formar equipos y su afán de estar en todas partes. En esto, la película negativa que describe Fontaine es clara: “El estilo de mando, contra todas las predicciones, no resulta eficaz. Los ministros y altos funcionarios de Estado no son empleados, sino más bien colaboradores… Veo ministros cautelosos a la hora de tomar decisiones por temor a ser desautorizados… Veo a ministros tratando de contentar al presidente, en lugar de decirle la verdad cruda”.

Esta visión del estilo Piñera está muy arraigada en la elite de la derecha chilena. Y no les gusta dicho estilo. Si bien en esto puede haber mucho de verdad, al menos hay que decir dos cosas. Primero, no sería el único presidente al que le gusta mandar. ¿O no se acuerdan de Lagos? Segundo, que pese a ello, Piñera logró convocar a un grupo extraordinario de colaboradores, personas todas inteligentes, que conociendo las virtudes y defectos del presidente, se integraron a su equipo. Por ello sería muy extraño que se conviertan de la noche a la mañana en títeres. Por el contrario, lo que cabría esperar es que fueran verdaderos colaboradores, con opiniones sólidas y dispuestos a jugarse por ellas. Conociendo personalmente a varios ministros de la actual administración, no me imagino un escenario distinto, sobre todo porque muchos de ellos no necesitan estar en el gobierno para vivir ni para tener poder, tal como sucedía con bastantes funcionarios de la Concertación.

Por otra parte, Piñera, pese a lo que se cree, ha generado una mística extraordinaria en muchos jóvenes profesionales, que han abandonado sus promisorias carreras para incorporarse a la actual administración. En este sentido, recorrer hoy los pasillos de La Moneda es gratificante. En todas partes aparecen jóvenes, con una energía propia de la edad, muchos de ellos sin cargo alguno, pero que están convencidos y felices de trabajar para el gobierno. En cierta forma recuerda a Odeplan de Miguel Kast, con toda la mística que tenía en esos días. Es cierto, son funcionarios que trabajan 24 por 7, y algunas veces se les ve cansados, pero no están “ansiosos, incómodos, ni mal dormidos”, como dice Fontaine. Tienen, por el contrario, el entusiasmo de todo aquel que posee la convicción de que está haciendo algo importante.

Este escenario, sin duda, es infinitamente superior al de los últimos gobiernos de la Concertación, donde las mismas personas, ya gastadas y sin energía, se repartían los cargos de gobierno. Piñera, prometió un cambio, y lo ha logrado.

Pero conformar un equipo de colaboradores de lujo no significa para Piñera ganarse a la elite de la derecha. Estos grupos siguen mirando al gobierno desde la distancia. Aquí la pregunta de fondo es hasta dónde la derecha se va a jugar por el gobierno de Piñera. Éste es un punto no menor, porque significa en parte asegurarse el poder por más tiempo que sólo cuatro años. En esto la Concertación dio una clase magistral. Cuando alguien de sus filas salía a criticar era castigado con las penas del infierno. Así gobernaron 20 años y cuando la mística se perdió y las peleas se hicieron públicas e incontrolables, simplemente perdieron el poder.

Pero antes de eso, partiendo por Patricio Aylwin, había un sentido de épica en el gobierno. Uno que hacía que todas las diferencias y errores quedaran bajo tierra. Si la derecha quiere hacer lo mismo, debe, por ende, darle un sentido superior al gobierno actual. Lo anterior no quiere decir que no se pueda criticar y disentir. Pero, una vieja regla en política dice que la ropa sucia se lava en casa. No frente a las cámaras. Pero también significa salir a defender al gobierno y actuar como escuderos frente a las críticas de la oposición. Significa, en definitiva, jugarse por Piñera.”

Link: http://www.quepasa.cl/articulo/19_2359_9.html

The Grasping Hand: The modern democratic state pillages its productive citizens.

abril 1, 2010

Mucha pega nos ha impedido actualizar el blog como quisiéramos. Pero ahora lo hacemos con puro filete. Esta es una contundente reflexión del filósofo alemán Peter Sloterdijk (en la imagen). La original fue publicada a mediados de 2009, la traducción al inglés es reciente. Agradecemos a Gonzalo Bustamante el pase.

To assess the unprecedented scale that the modern democratic state has attained in Europe, it is useful to recall the historical kinship between two movements that emerged at its birth: classical liberalism and anarchism. Both were motivated by the mistaken hypothesis that the world was heading toward an era of the weakening of the state. While liberalism wanted a minimal state that would guide citizens almost imperceptibly, leaving them to go about their business in peace, anarchism called for the total death of the state. Behind these two movements was a hope typical of the European nineteenth century: that man’s plunder of man would soon come to an end. In the first case, this would result from the elimination of exploitation by unproductive classes, that is, the nobility and the clergy. In the second case, the key was to reorganize traditional social classes into little groups that would consume what they produced. But the political history of the twentieth century, and not just in its totalitarian extremes, proved unkind to both classical liberalism and anarchism. The modern democratic state gradually transformed into the debtor state, within the space of a century metastasizing into a colossal monster—one that breathes and spits out money.

This metamorphosis has resulted, above all, from a prodigious enlargement of the tax base—most notably, with the introduction of the progressive income tax. This tax is the functional equivalent of socialist expropriation. It offers the remarkable advantage of being annually renewable—at least, in the case of those it has not bled dry the previous year. (To appreciate the current tolerance of well-off citizens, recall that when the very first income tax was levied in England, at the rate of 5 percent, Queen Victoria worried that it might have exceeded acceptable limits. Since that day, we have become accustomed to the fact that a handful of productive citizens provide more than half of national income-tax revenues.)

When this levy is combined with a long list of other fees and taxes, which target consumers most of all, this is the surprising result: each year, modern states claim half the economic proceeds of their productive classes and pass them on to tax collectors, and yet these productive classes do not attempt to remedy their situation with the most obvious reaction: an antitax civil rebellion. This submissiveness is a political tour de force that would have made a king’s finance minister swoon.

With these considerations in mind, we can see that the question that many European observers are asking during the current economic crisis—“Does capitalism have a future?”—is the wrong one. In fact, we do not live in a capitalist system but under a form of semi-socialism that Europeans tactfully refer to as a “social market economy.” The grasping hand of government releases its takings mainly for the ostensible public interest, funding Sisyphean tasks in the name of “social justice.”

Thus, the direct and selfish exploitation of a feudal era has been transformed in the modern age into a juridically constrained and almost disinterested state kleptocracy. Today, a finance minister is a Robin Hood who has sworn a constitutional oath. The capacity that characterizes the Treasury, to seize with a perfectly clear conscience, is justified in theory as well as in practice by the state’s undeniable utility in maintaining social peace—not to mention all the other benefits it hands out. (In all this, corruption remains a limited factor. To test this statement, it suffices to think of the situation in post-Communist Russia, where an ordinary party man like Vladimir Putin has been able, in just a few years as head of state, to amass a personal fortune of more than $20 billion.) Free-market observers of this kleptocratic monster do well to call attention to its dangers: overregulation, which impedes entrepreneurial energy; overtaxation, which punishes success; and excessive debt, the result of budgetary rigor giving way to speculative frivolity.

Free-market authors have also shown how the current situation turns the traditional meaning of exploitation upside down. In an earlier day, the rich lived at the expense of the poor, directly and unequivocally; in a modern economy, unproductive citizens increasingly live at the expense of productive ones—though in an equivocal way, since they are told, and believe, that they are disadvantaged and deserve more still. Today, in fact, a good half of the population of every modern nation is made up of people with little or no income, who are exempt from taxes and live, to a large extent, off the other half of the population, which pays taxes. If such a situation were to be radicalized, it could give rise to massive social conflict. The eminently plausible free-market thesis of exploitation by the unproductive would then have prevailed over the much less promising socialist thesis of the exploitation of labor by capital. This reversal would imply the coming of a post-democratic age.

At present, the main danger to the future of the system involves the growing indebtedness of states intoxicated by Keynesianism. Discreetly and ineluctably, we are heading toward a situation in which debtors will once again dispossess their creditors—as has so often happened in the history of taxation, from the era of the pharaohs to the monetary reforms of the twentieth century. What is new is the gargantuan scale of public debt. Mortgaging, insolvency, monetary reform, or inflation—no matter, the next great expropriations are under way. Today, the state’s grasping hand even reaches into the pockets of generations unborn. We have already written the title of the next chapter of our history: “The pillage of the future by the present.”