Archive for 30 junio 2010

CUANDO LA MONEDA ES EXCESIVA

junio 30, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el miércoles 30 de junio con el título de “El eterno cumpleañero” en El Mostrador)

Se supone que la era de los triunfos morales había terminado. Pero escasos minutos después del pitazo final que sellaba nuestra despedida mundialista, el Presidente Piñera ya extendía invitaciones para felicitar a la selección nacional en La Moneda. Osé criticar el anuncio vía Twitter y me llovieron las descalificaciones: amargado, chaquetero, resentido. Yo estaría “tirando para abajo el esfuerzo de nuestros muchachos”.

Lo que resulta paradójico es que el espíritu que inunda el trabajo de Marcelo Bielsa (el que todos dicen admirar y seguir como un faro en la oscuridad) es justamente el rechazo del conformismo y la autocomplacencia. Es renunciar al aplauso fácil y al delirio exitista, es ponerse la vara cada vez más alta. Y en comparación a los resultados de la selección que disputó el Mundial de Francia ’98, no hay superación alguna. En dicha ocasión nos fuimos eliminados en los mismos octavos de final después de una goleada igualmente contundente que la recibida este lunes. Es cierto, esta vez ganamos dos partidos y en aquella ocasión ninguno. Pero ahora marcamos apenas tres goles contra cinco de entonces. Ok, esta generación juega siempre al ataque y se para de igual a igual frente a cualquiera. Toda la razón, pero también es un grupo que por su inmadurez abunda en la torpeza y la ansiedad (en cantidad de tarjetas disputamos la final). ¿Organizaremos un apoteósico desfile de bienvenida por cumplir ese designio maldito del “jugamos como nunca y perdimos como siempre”? No nos olvidemos que todos nuestros vecinos latinoamericanos ganaron sus respectivos grupos y están instalados en cuartos de final.

Jean Beausejour, uno de los buenos elementos chilenos, declaró: “esperamos no estancarnos como ocurrió después de Francia ‘98”. Esa es justamente la actitud a adoptar, y para ello conviene alejar la tentación farandulesca, chabacana y chauvinista. Esa es la tentación que también debe alejar La Moneda en sus actuaciones públicas. Por las características de su personalidad, el Presidente siente un impulso visceral por participar de todas las fiestas y subirse a todos los carros de la victoria. Como alguien dijo por ahí, “quiere ser cumpleañero en todos los cumpleaños”. Esto ya le trajo problemas en su mal evaluada visita a Pinto Durán antes que la selección partiera rumbo a Sudáfrica. El riesgo de repetir una chambonada es alto, tomando en cuenta que probablemente el DT argentino quiera restarse de un jolgorio cuyos fundamentos no comparte

No sólo Marcelo Ríos número uno del planeta o la dupla de oro Massú-González después de Atenas han sido agasajados en La Moneda. No a todos los Presidentes les toca ser cómplices de la gloria deportiva, por eso se amplía el radio a resultados no tan brillosos. Lo que debe entender el gobierno es que no es una obligación dirigir el trencito. Mientras los jugadores italianos son recibidos con insultos en el aeropuerto de Roma y el primer mandatario galo pide explicaciones por el desastre del combinado francés, nosotros nos vamos de distinción de Estado por haber sorteado con éxito apenas una etapa más que ellos. Me dirán que las expectativas son distintas, pero ¿no pensaba un 25% de los encuestados que Chile podía ser campeón? Ahora bien, si estamos alineados con la estrategia Festival de Viña (esa que últimamente reparte antorchas y gaviotas de diversas aleaciones a cualquiera que pone un pié en el escenario), entonces después no nos quejemos si nunca se alcanza la “excelencia” que predica el gobierno.

Entiendo que la emoción y la pasión nublan la razón. Que ser aguafiestas es el peor papel que se puede desempeñar. Sin embargo, si somos fieles al libreto que decimos seguir en esta verdadera nueva fase de ambiciosa chilenidad, entonces corresponde hacer una evaluación sin lugar a dudas positiva, pero sin caer en la exuberancia acrítica, ¡al menos no desde la autoridad! El mejor homenaje y reconocimiento que puede hacer la actual administración a la “Roja de Todos” es seguir trabajando en serio por políticas públicas deportivas que continúen alejando, en lugar de alimentando, el fantasma de los triunfos morales.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/06/30/el-eterno-cumpleanero/

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Ex presidentes y la renovación concertacionista

junio 24, 2010

Patricio Navia analiza el difícil panorama de la oposición en esta clarísima columna publicada el sábado 19 de junio en La Tercera:

Nada es más contradictorio con el mensaje de renovación en la Concertación que la imagen de  sus ex presidentes impulsándola. A menos que se genere desde abajo y se evidencie en nuevos liderazgos, la oposición no volverá a seducir a una mayoría del electorado. Si es patrimonio de los poderes fácticos, el discurso de renovación seguirá centrado en defender el pasado, más que en convocar a soñar con el futuro.

En parte, la Concertación perdió por no saber combinar cambio con continuidad, y el símbolo de ese desbalance fue tener a un ex presidente de candidato.

Ahora, los poderes fácticos centroizquierdistas parecen creer que la derrota fue sólo por responsabilidad de un mal candidato. Pero Eduardo Frei era mejor candidato en 2009 que en 1993, cuando arrasó. Sólo que en a comienzos de la transición era sinónimo de futuro y  esta vez simbolizó el pasado. Además, la Concertación también perdió votación en las parlamentarias y en las municipales de 2008.

El debate intelectual entre las bondades y debilidades del Estado y el mercado no resuena en una población que quiere oportunidades y protección. Pero además de afinar el mensaje para ajustarlo a la realidad de los chilenos, la oposición debe trabajar en el mensajero. Es improbable que un ex mandatario modifique su discurso sin perder credibilidad. Peor aún, aunque su mensaje se centre en el cambio, la fuerza de su presencia sólo comunicará continuidad.

Por cierto que los ex gobernantes pueden contribuir a la renovación, pero participar no equivale a liderar. Tampoco corresponde hacer un llamado al retiro y simultáneamente, intentar imponer nuevos liderazgos. Es cierto que la responsabilidad no sólo cabe en los ex mandatarios. Los príncipes DC deben demostrar real voluntad de ser reyes y la izquierda debe resistir la tentación de protegerse al amparo de una popular madre.

Los nuevos líderes deben ser capaces de pasar a retiro a sus padres y madres. Pero es más difícil lograrlo cuando los ex presidentes insisten en seguir liderando.
 
Las imágenes valen más que mil palabras. Por más exitosos que hayan sido los gobiernos de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, hoy son sinónimo de pasado.

La renovación concertacionista no será una realidad mientras la voz cantante la lleven ellos. En la medida que los nuevos líderes reemplacen a los ex presidentes y sean capaces de convertirlos en sabios consejeros privados, el mensaje de renovación en un contexto de continuidad y cambio se escuchará y verá fuerte y claro.”

Link: http://blog.latercera.com/blog/pnavia/entry/ex_presidentes_y_la_renovaci%C3%B3n

DESAHUCIANDO A LA DERECHA LIBERAL

junio 22, 2010

por Cristóbal Bellolio B. (publicada en The Clinic el jueves 17 de junio)

Hace 13 años, cuando Allamand salió cuarto en la última elección competitiva en la que participó, el mundo político sentenció “la derecha liberal no existe”. En aquel entonces la figura de Lavín subía como la espuma y una especie de neopopulismo “cosista” y conservador emergía desde la gestión municipal. Era el tiempo del proyecto de la UDI. Se supone que con la victoria de Sebastián Piñera el orden de las cosas se invertía: una nueva derecha, pluralista y desvinculada del pinochetismo, llegaba al poder. Pero la reciente reelección de Carlos Larraín en RN, el partido del presidente, hace pertinente repetir la pregunta: ¿existe la derecha liberal en Chile?

Si le creemos a los números, la respuesta debiera ser negativa: la “facción” supuestamente liberal es minoría dentro de su propio partido (obtuvo el 35% contra el 65% de los larrainistas), y su partido es minoría dentro de la coalición (en las últimas elecciones de diputados obtuvo un 16% contra un 21% del gremialismo). El piñerismo, si tal cosa existe y puede ser llamada “derecha liberal”, vive en la frontera izquierda de su sector. La mayoría seguiría siendo la misma vieja derecha cartucha y confesional.

Pero en honor a la verdad, ha pasado mucha agua bajo el puente. Aunque costó un parto, parte de la derecha concurrió con sus votos a posibilitar el divorcio. Luego participaron en bloque en las reformas constitucionales que eliminaron gran parte de los enclaves autoritarios de la Constitución (entre ellos senadores designados e inamovilidad de Comandantes en Jefe). Hace poco los parlamentarios de RN flexibilizaron su postura en torno a la píldora del día después, lo que permitirá en definitiva su repartición en consultorios, y es actualmente uno de sus senadores el que puja por la incorporación de las uniones homosexuales a la legislación. No llueve, pero gotea: aun a contrapelo, tenemos hoy en día una derecha más liberal.

Los grupos conservadores tienen por misión defender el statu quo, en materia de orden público, tradiciones patrias o modelo de familia. Es saludable que exista una derecha que dialogue con las posiciones más progresistas o radicales. En ese tira y afloja se maduran los problemas y se alcanzan consensos. El desafío de la UDI y de los larrainistas es tratar de minimizar los efectos “nocivos” de la modernidad, contener en la medida de lo posible las “desviaciones” de la diversidad. En cambio, no queda muy claro qué hacen los amantes de la libertad individual en esa derecha.

Las opciones para esta sensibilidad liberal son básicamente tres: (1) mimetizarse para evitar conflictos y aprovechar la temporada en el poder; (2) insistir en la diferenciación y seguir dando la batalla interna en RN; (3) explorar la alternativa del camino propio.

Aunque es la más difícil, esta última posibilidad es la más interesante para la política chilena. Durante demasiados años el clivaje del plebiscito ha impuesto su peso. Vale la pena a estas alturas preguntarse por qué estamos donde estamos. Si la respuesta trae más regresiones pasadas que proyecciones futuras, entonces algo debería cambiar en las filiaciones partidistas. Una expresión liberal químicamente pura (esto es, liberal en lo político, lo económico y lo moral-cultural) tendría adeptos en ambos lados del espectro, más aun tomando en cuenta las potencialidades del nuevo padrón electoral, ligado a una expectativa de generaciones más celosas de su autonomía. Liberales que votan Alianza y liberales que votan Concertación tienen más en común entre ellos, que lo que respectivamente tienen con conservadores y socialistas. Esto significaría no sólo desafiar el binominalismo, sino romper con lealtades, redes y vínculos creados: el espíritu de tribu puede ser más indestructible que el factor institucional.

Mientras tanto, el triunfo de don Carlos transforma al pipiolaje, como el mismo lo llamó despectivamente, en persona non grata dentro de la derecha. Otero se sumó a la mayoría, argumentando que no tenía sentido “renovar por renovar”. Con ese equipo, dan ganas de desahuciar definitivamente la idea de una “derecha liberal”…

Link: http://www.theclinic.cl/2010/06/19/desahuciando-a-la-derecha-liberal/

Quién puso más

junio 20, 2010

Nuestro amigo Juan Manuel Astorga, conocido periodista y conductor de Radio Duna, se despacha esta buenísima reflexión en el Publimetro del viernes 18 de junio:

“Tan inspirado como valiente para la época, el cantante español Víctor Manuel labró su exitoso destino musical, en la más dura época fran­quista, a punta de compo­si­ciones provocadoras. Escribió un puña­do de canciones sobre política contra el régimen y otras muchas colmadas de cuestionamientos al cercenador sistema político y social. Llegada la democracia se creyó que el joven cantautor dedicaría sus estrofas y acordes a temáticas menos combativas, porque ya no había por qué pelear. Pero para él, quedaban batallas por dar. En 1980 lanzó el tema “Quién puso más”, basada en una historia de amor real. Dos hombres que terminan una relación amorosa después de 30 años. Fue, se lo imaginarán, un escándalo. La naciente democracia española daba recién sus primeros pasos, pe­ro faltaba harto todavía para el famoso destape. Por lo mismo Víctor Manuel sintió que podía contribuir a uno de los debates que según él faltaban y lo hizo desde la independencia de la música
Con mucho olfato artístico pero me­nos visión social, 20 años más tarde el puertorriqueño Chayanne grabó la mis­ma canción, pero adaptando la letra. Ya no eran dos hombres sino una pareja de “ella y él”. Le preguntaron por qué no la dejó tal cual y dijo que Latinoamérica no estaba preparada para tanto.
Han pasado 10 años desde esa respuesta y América Latina da muestras evidentes de estar lista. México, Uruguay, Colombia y Brasil tienen leyes que legitiman la unión civil entre personas del mismo sexo. Argentina ha debatido profundamente el tema y a me­diados del próximo mes, el Senado de ese país votará un proyecto que modifica la ley de matrimonio, lo que permitiría los casamientos homosexuales.
En Chile la discusión, que apareció por primera vez de manera más o me­nos seria durante la última campaña presidencial, la está encabezando un parlamentario de centro derecha y no, como cualquiera hubiese imaginado, algún liberal de izquierda. Colgándose de una promesa de campaña del actual Presidente Sebastián Piñera, un aliado de partido, el senador de Renovación Nacional Andrés Allamand anunció la presentación de un proyecto que, en lo medular, regula derechos patrimoniales de las uniones de hecho y establece fórmulas que reconocen la relación en sí mediante un convenio notarial. Para decirlo en simple, una vuelta engorrosa pero legal que terminaría por establecer, en la práctica, una institución equivalente al matrimonio civil aunque con derechos acotados. Por ejemplo, no podrían acceder a la adopción.
Los conservadores, algunos con más cuidado en sus palabras que otros, han manifestado su rechazo porque consideran que la iniciativa es precisamente eso, un matrimonio gay encubierto. Su argumento, plagado de fundamentos valóricos, es que la actual reglamentación jurídica apunta a garantizar la función social del matrimonio y dos pe­r­so­nas del mismo sexo no cumplen ese rol. La frase “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”, pronunciada incluso por el Mandatario, se escucha con frecuencia como argumento. 
Para salir del paso, el Gobierno de Piñera anunció su propio proyecto al respecto pero postergando su discusión hasta fin de año. Con fundada opinión, hay quienes piensan que tal anuncio busca anular la propuesta de Allamand. En varios meses más, serán otros los temas en discusión y quien sabe si alguien se acuerda del tema. 
Chile es una de las naciones del continente más atrasadas en materia de igualdad jurídica entre heterosexuales y gays y ni hablar de políticas de no discriminación. Dependerá ahora de Piñera que la sociedad evolucione al respecto. Si a menor escala, Allamand fue a este debate lo que Víctor Manuel a la discusión en España, que el Presidente no se convierta en el Chayanne cuando de respuestas se trate. Preparados estamos. Eso está claro.”

La roja de Bachelet: Justicia divina

junio 17, 2010

Es cierto que, como él mismo reconoce, nuestro amigo Francisco Javier Díaz trabajó estrechamente con la ex presidenta, y que no escribe desde una posición “imparcial”. Pero su última columna, publicada en El Mostrador, contiene tantas verdades que merece nuestra humilde promoción:

“Chile ha ganado su primer partido en un Mundial después de 48 años. Su primera victoria fuera de casa después de 60 años. ¡Justicia divina! Dijo alguna vez Julio Martínez, cuando Leonel Sánchez clavó un certero zurdazo en Arica contra la Unión Soviética, “entre palo y arquero” como él recordaría.

Pero en este caso particular, con la selección de Bielsa, no se trata de justicia divina. Con el respeto de los creyentes, Dios no tiene nada que ver en esto -por lo demás, en el fútbol se dice que Dios mete la mano por Argentina. Lo que aquí ocurre es fruto del trabajo planificado. Es fruto del esfuerzo metódico. Es fruto de una dirigencia sensata y mesurada, que supo invertir en lo que había que invertir y dejarse de payasadas. No hay justicia divina en el triunfo de Chile, señoras y señores, hinchas del deporte rey. Aquí ganó la razón pura y dura, que de un equipo de figuras promedio, logró armar un equipo que escapa a la media del fútbol chileno. ¡Grande Chile! ¡Grande Bielsa! ¡Grande Mayne-Nicholls!

Pero no todo es razón, también hay emoción en este día. Y la emoción en este caso tiene cara de mujer. Porque en una familia las penas se lloran juntos, pero las alegrías se celebran en patota. Y ahí está Michelle Bachelet en Sudáfrica, acompañando al equipo, motivando a los chilenos, recordando a los que sufrieron con el terremoto. Más allá del juicio que se tenga de ella y de su gobierno, hay que reconocer lo sano que es para una democracia que sus líderes sean queridos y respetados.

Sé que la comparación puede resultar odiosa. El Presidente Piñera hasta se compró un club para parecer más cercano. Pero le falta la emoción. Hizo algo que un futbolero jamás haría, como es cambiarse de equipo. Se puede cambiar de partido político, de religión, hasta de mujer, pero no de equipo. Eso jamás. Y Piñera lo hizo. Trató de acercarse a la selección y subirse al carro de la victoria. Tampoco le resultó. Sus bromas eran forzadas. Sus chistes eran fomes. Su mano era estrecha. El discurso en Pinto Durán donde citó los apodos de jugadores y cuerpo técnico quedará en la memoria como una de las piezas más ridículas y contraproducentes de la historia político-deportiva. Tocó la pierna de Chupete Suazo con la prepotencia del patrón de fundo que revisa la pierna de su potranca. Así, en pocos minutos logró que se empañara el mismísimo 21 de mayo (algo ayudó después Otero, Chilevisión y compañía). Si hasta un chiquillo de 22 años, como Mauricio Isla, lo mandó elegantemente a la punta del cerro. Recuerdo cuando Bachelet le dijo coqueta y respetuosa a Humberto Cruz “¿me permite decirle don Chita?”.

¿Se puede utilizar el fútbol con fines políticos? Sencillamente no se puede. No se puede utilizar la emoción para fines de la razón. Así de claro y directo. En el fútbol, como en el amor o la familia, o te creen o no te creen. Si transpiras emoción y preocupación genuina, te querrán y punto. Si vas con el cálculo, el estadio se dará cuenta.

Es lo que pasó con Piñera y Bachelet en este episodio. Justicia divina. El lector a estas alturas lo estará pensando, así que me adelanto a decirlo de manera transparente como disclaimer: trabajé con Bachelet por varios años, es cierto, aunque mi lealtad en este día está con el fútbol. Pero por ese trabajo, sé de primera fuente que virtudes que uno generalmente asocia a la decencia o la moralidad –como la bondad, la sensibilidad, la compasión, la honestidad o la empatía—pueden terminar siendo, también, poderosos recursos en el difícil y rudo arte de la política.”

Link: http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2010/06/16/la-roja-de-bachelet-justicia-divina/

QUÉ SE JUEGA EN LA ELECCIÓN DE RN

junio 11, 2010

por Cristóbal Bellolio B. (publicada el viernes 11 de julio en El Mostrador)

Mañana sábado, los militantes de Renovación Nacional, con la democrática fórmula de “una persona, un voto”, concurrirán a las urnas para elegir a sus nuevas autoridades 2010-2012. Los ojos, evidentemente, están puestos en la elección de su Directiva Nacional. ¿Qué se juega realmente en las internas RN?

El actual timonel, Carlos Larraín, defiende el centro. A su favor tiene una conducción histórica: de sus filas salió el actual Presidente de la República. No es un dato menor. Ni Jorge Alessandri, el último mandatario de derecha electo en Chile, militaba en un partido de su sector. Sería excesivo extenderse más allá: todos sabemos que Piñera estaba en carrera desde antes y probablemente habría conseguido sus objetivos con o sin Carlos Larraín. Pero la capacidad de entendimiento que logró este último con sus aliados de la UDI es sin duda meritoria. Con él, podemos hablar de un antes y un después en las relaciones entre los partidos de la Alianza. Finalmente, hay que reconocer que su empecinamiento en fortalecer algunos pingos en las municipales y en las últimas parlamentarios dio fruto. El caso de Chahuán es el más sonoro. Don Carlos apostó (y fuerte) en la Quinta Costa. RN le debe ese y varios otros golpes. Si a eso se le suma una especie de agradecimiento transversal por haber “ordenado el partido”, es indesmentible que su gestión estrictamente partidaria cosecha más goles convertidos que recibidos.

El retador es el diputado Cristián Monckeberg. Su bandera es la renovación de los cuadros dirigentes, subiéndose al carro del eje semántico de la campaña presidencial. Lo acompaña justamente una nueva patrulla juvenil (Godoy, Rubilar), que acaba de recibir el apoyo explícito de la vieja patrulla juvenil de Allamand y Espina. A eso le suma un cierto tinte liberal que contrasta con el proverbial conservadurismo de Don Carlos. Cada vez que éste desatina con opiniones políticamente incorrectas (como las últimas respecto a la homosexualidad), Monckeberg y compañía aprovechan de diferenciarse. En lo sustantivo, representan una corriente que aspira a moverse más hacia el centro y a marcar las diferencias con el gremialismo. La idea es satisfacer la demanda más “progresista” de la centroderecha. Si no lo hacen ellos, están conscientes, otros lo harán. Desde La Moneda son vistos con buenos ojos: tienen una agenda funcional al piñerismo y sin muchos nombres para hacerle sombra.

Si gana Larraín se estará premiando un período vistoso, se estarán pagando los favores y las lealtades de muchos, y se estará invirtiendo en una sana convivencia al interior de la coalición oficialista (lo que no es poco para tiempos tan erráticos). Si gana Monckeberg el desafío es otro: reconfigurar políticamente el partido abordando el centro liberal y abandonando los lastres autoritarios y conservadores que aún subsisten en RN (lo que es bastante ambicioso pero a la vez más visionario). Para ambos, en todo caso, la tarea pendiente es la formativa: haciendo una analogía futbolística, la UDI sigue la filosofía del Barcelona y RN se comporta como el Real Madrid. Mientras los primeros se alimentan permanentemente de su cantera con excelentes resultados electorales, los segundos esperan reclutar nombres ya consolidados confiando en las redes de su dirigencia.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/06/11/que-se-juega-en-la-eleccion-de-rn/

RENOVACIÓN O REEMPLAZO

junio 7, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicado en Revista Capital edición del 4 de junio de 2010)

En 1938, los inquietos jóvenes del Partido Conservador chileno se niegan a apoyar al candidato presidencial Gustavo Ross, y en consecuencia son “invitados a retirarse” de la colectividad. Eduardo Frei Montalva, Bernardo Leighton y compañía forman la Falange Nacional, que posteriormente se transforma en el Partido Demócrata Cristiano. La historia es conocida. Y se repite a través del tiempo: ruptura de estructuras tradicionales a fuerza de rebeldía y convicción. ¿Qué habría pasado si estos entusiastas de la doctrina social de la Iglesia se hubiesen inhibido de “matar al padre”? ¿Cómo se habría escrito la trayectoria política del siglo XX en Chile si Frei hubiese preferido “cambiar las cosas por dentro”?

Al 2010, es evidente que nuestro andamiaje político partidista exhibe notorias grietas. El clivaje autoritarismo / democracia ha perdido casi toda su vigencia. La transición ha terminado en todas sus expresiones: del primer presidente socialista en La Moneda después de Allende al primer presidente de centroderecha en La Moneda después de Pinochet. Los partidos son las instituciones públicas más desprestigiadas, mientras se convierte en lugar común clamar por la renovación de la dirigencia política. En las recientes elecciones presidenciales, un candidato independiente amenazó seriamente el duopolio de las grandes coaliciones. Y en relación a los ciudadanos habilitados para votar, nunca habían votado tan pocos. En resumen, o el sistema aprende a oxigenarse a sí mismo para conservar legitimidad social, o se abre la posibilidad del reemplazo de los actores.

Iniciativas renovadoras o que aspiran derechamente a sustituir los actuales partidos hay muchas. Seleccioné cuatro de ellas, sabiendo que la elección puede ser arbitraria cuando no interesada. Pero las cuatro han tenido cierta visibilidad (y por ende, una presunción de peso específico) y comparten un ADN determinante: Todas valorizan en alto grado la actividad política y ninguna de ellas desconoce que los partidos son esenciales para la democracia. Su acuerdo radica en que los actuales partidos políticos no son divinos ni inmutables. En que no tienen un derecho natural a permanecer en la papeleta ni gozan de una concesión eterna. Esto hace que los cuatro estén lejos de ser anti sistémicos. Han dejado claro que no son grupos de presión ni think tanks; que pretenden competir (ahora o más adelante) por ejercer el poder sin contentarse con influir en él. Y aunque sus estrategias, como veremos, son divergentes, hoy están cruzados por una misma agenda: renovación o reemplazo.

EL CASO PRO: EL NACIMIENTO DE UN PARTIDO

Corresponde partir por el ejemplo más sobresaliente: el nuevo Partido Progresista de Marco Enríquez-Ominami (36). Nace al alero de un carisma, es innegable. De un carisma y de una aventura, que estuvo a poco de ser épica. No hay mejor pegamento que subir juntos una montaña. Y el grueso de la flamante militancia progresista (esta vez al menos es un nombre y no sólo un difuso concepto) proviene de esa aventura. Evidentemente el siguiente paso es alimentar nuevos rostros, de lo contrario se queda estancada en el personalismo; Carlos Ominami agrega tonelaje, pero no basta ni agrega una pizca de renovación.

En lo que el ex senador sí tiene un rol expectante en el desafío federativo del “progresismo” (esta vez sumando al tradicional “mundo PS-PPD”). No es ningún misterio que el plan de Marco Enríquez involucra más actores. El PRO por sí solo podría estar siendo legítimamente instrumental. Sin las evidentes limitaciones del binominal, las próximas elecciones municipales constituyen una ocasión para actualizar el peso específico del marquismo. El desafío es doble: desde la perspectiva electoral, competir contra la propia sombra del 20% obtenido en la presidencial; desde el punto de vista ideológico, repartirse entre tres un electorado que antes abastecía a dos. Esto último podría salvarse apenas ampliando la convocatoria más allá de la frontera izquierda de la vieja Concertación. En este caso, todo parece indicar que se trata de un juego sin la DC. Y sin el centro liberal que ME-O cautivó en primera vuelta y que luego optó por Piñera en segunda.

¿Y por qué no exigirles cambiar los actuales partidos por dentro? Primero, porque las lealtades quedaron en muchos casos devastadas. Segundo, porque han demostrado acumular más poder corriendo por la libre. Y tercero, porque los acompaña la frescura de lo que recién comienza. En último término, porque el destino de esta cruzada es presidencial, y dentro de los partidos de la Concertación nadie querrá despejarle la pista a L’enfant terrible: la claudicación del girardismo en el PPD y la eventual derrota de Marcelo Díaz en el PS acortan su margen de negociación.

EL CASO FRECUENCIA PÚBLICA: BAJANDO LOS COSTOS DE ENTRADA

Para la mayoría de los medios, es “el grupo de Bowen”. Pero Frecuencia Pública es bastante más que eso. La reciente campaña de Frei Ruiz-Tagle sirvió para activar un movimiento que lleva un buen tiempo germinando. El propio Sebastián Bowen (28) no entró a la política de una día para otro. Durante su estadía en el Techo, y mucho antes de eso, ya rumiaba junto a otros la necesidad de proyectos alternativos. Frecuencia Pública es la auténtica patrulla juvenil (no la de Orrego, Tohá y Lagos Weber) que desembarca en una empresa electoral con cara de oportunidad.

Pero a diferencia de los citados Orrego, Tohá y Lagos Weber (aparte de unos 15 años menos), pocos de ellos sienten la carga de romper la lealtad filial. No asumirán esa culpa, en un mundo donde las culpas pesan. No hay, por lo tanto, imperativo moral para enchular la DC. Si no hay problema moral, no hay problema político. La impecable lógica jesuita. Además, dato empírico, ni los príncipes (especialmente los príncipes) se han demostrado muy duchos en abrirse paso.

Aun la reseña es mezquina. Frecuencia Pública es hija de la Concertación, no de alguno de sus partidos individualmente considerado. Conviven socialcristianos y socialdemócratas sin percibir mayores diferencias. Por eso no fue Eduardo Frei sino Ricardo Lagos Escobar (el más concertacionista de los Presidentes que tuvo la Concertación) el escogido para acompañarlos en su lanzamiento, transformándose automáticamente en su “padrino político”.

¿Cuál es el porvenir de Frecuencia Pública? No hay una voluntad clara de querer constituirse en partido. Quizás no sea necesario. Quizás la función que asuman esté más vinculada a bajar los costos de entrada de cientos de jóvenes a la política partidista. Un escalón previo a la realpolitik, a esa realidad que terminó con Bowen con escalofríos. Pero en lo que se llama política, ya están adentro. Queda por ver como subsiste la Concertación junior (autodefinida de centroizquierda) mientras la de arriba siga batallando entre la decadente conservación y la incierta renovación. Si esta última fracasa, paradojalmente, el horizonte de Bowen y compañía se ve más promisorio.

EL CASO RED LIBERAL: EXPLORANDO UN ESPACIO POLÍTICO

Antes de comenzar, el respectivo disclosure: el suscrito (30) es el activista más visible de Red Liberal. Un análisis pretendidamente distanciado me es imposible.

Liberalismo es un concepto disputado. Para algunos significa endiosar al mercado mientras para otros la flexibilidad suprema en materias del ombligo hacia abajo. Tiene algo de ambas, pero son partes fragmentarias de un rompecabezas más grande. Para la sensibilidad liberal el derecho a elegir (no sólo en el supermercado, sino en la vida) es justamente un derecho y no un lujo, y debe ser lo más extendido posible. En Chile, como en casi toda Latinoamérica, no poseen una expresión política químicamente pura. Los liberales chilenos conviven con conservadores a la derecha y con socialistas a la izquierda. La binominalización los divide. Necesitan retornar a una nueva era de tres tercios.

¿Hay agua en la piscina? Red Liberal cree que llega en buen momento: así como en 2005 la vedette de la segunda vuelta fue el humanismo cristiano, en 2009 fue el liberalismo progresista. Marco Enríquez tiene que ver con ello. El propio Piñera oscila entre el liberalismo pragmático y el conservadurismo compasivo. El “padrón del cambo” que empezaría a correr en 2012 genera una ventana: las nuevas generaciones son más celosas de su libertad individual. El principal problema del proyecto es institucional, pero también le juega en contra el prevalente espíritu de tribu (ese que hace muy difícil cruzar el río): los vínculos tejidos en el seno de una u otra familia política, la concertacionista o la aliancista.

Pero Red Liberal es apenas un experimento virtual: su convocatoria emerge básicamente de aplicaciones sociales de la web como Facebook y Twitter. Los liberales estaban ahí desde mucho antes; repartidos por todas partes (especialmente en la Fundación Balmaceda), esperando reagruparse, atesorando la expectativa de conmemorar el bicentenario resucitando al extinto Partido Liberal, de larga tradición republicana. En todo caso, no hay acuerdos monolíticos respecto de la estrategia partidaria. Una política de alianzas no es descartable si no hay fuerza suficiente para intentar el camino propio.

EL CASO PAIZ: RECONSTRUYENDO LA IZQUIERDA

Como en ninguna otra cultura política chilena, la izquierda (ex extraparlamentaria) está plagada de conversaciones intelectuales y estratégicas que suelen dar origen a una multitud de grupos, células y grupúsculos con identidades paralelas. Al año 2010, ya no se trata puramente de facciones trotskistas, leninistas, anarquistas o neo marxistas. Ahora el factor generacional toma cierta relevancia. No podría ser de otra forma: la nostalgia allendista y la sufrida vivencia bajo la dictadura han eternizado un relato que cuesta conectar con el nuevo Chile. Las últimas parlamentarias le dieron al Partido Comunista sus primeros tres diputados, lo que podría llamar a engaño: son todos de viejo cuño, ninguna apuesta al futuro. La dinámica interna del PC, su ritualidad y paso cansino, son generalmente rechazados por los jóvenes que se autodefinen de izquierda. “Cambiarlo por dentro” no es una perspectiva alentadora.

De la mano de Salvador Muñoz (24), ex coordinador de la campaña de Jorge Arrate, el PAIZ (“Partido de Izquierda”) busca hoy su oportunidad. El lenguaje no cambiado mucho, la crítica al sistema tampoco. Pero estéticamente ya es una opción renovadora. Su principal desafío es ofrecer un camino programático alternativo al modelo que sea tan sustentable intelectualmente como viable empíricamente. Luego, no es menor, hacerlo  atractivo para la competencia electoral. ¿Podrá serlo si la principal bandera es una asamblea constituyente? Difícil, muy difícil.

En todo caso, cargan con menos prejuicios que sus antecesores. El mismo Muñoz colabora con el think tank freísta Océanos Azules. Absorben ese aroma de “izquierda razonable” que repartía Arrate en cada foro y debate. Si se potencian con los cuadros emergidos del largo proceso de rebeldía que ha vivido el movimiento estudiantil (particularmente a través del liderazgo de los ex FECH, autodenominados “Nueva Izquierda”), se trata de una fuerza política que merece ser mirada con atención.

UNA MIRADA DESDE EL BALCÓN

La política no es una carrera de velocidad. Más bien parece una maratón. Que los grupos precedentemente reseñados no alcancen sus objetivos en el corto plazo no descalifica sus esfuerzos. La Falange de Frei Montalva demoró más de 20 años en transformarse en una fuerza política electoralmente respetable. La habilidad de éstas y otras iniciativas radica en su capacidad de abrirse camino, entendiendo que esto puede ocurrir por dentro o por fuera de las actuales estructuras partidarias. Persistir en la identidad propia es loable, pero cada cierto tiempo conviene preguntarse si el voluntarismo no choca con un muro de realidad. Los casos del PRI y ChilePrimero son paradigmáticos. Ambos partidos, al igual que la Falange Nacional, nacen a partir de sonados destierros. La diferencia es que aun cuesta identificar un eje político (como lo fue el discurso socialcristiano en su época) que trascienda las batallas personales de sus fundadores (Adolfo Zaldívar por una parte, Flores & Schaulsohn por la otra).

He tenido la oportunidad de fundar un par de proyectos políticos y sociales en mi corta experiencia. Cuando empiezan a flaquear, me cuesta aceptar que llegó el tiempo de cerrar la cortina. Me cuesta aceptar que otros estén intentando fundar sus propios movimientos porque los “nuestros” han mostrado ser insuficientes. Mi primera reacción es pedir que “los cambien por dentro”. Me imagino que lo mismo debe pasarle al viejo Ricardo Lagos Escobar. Hace pocos días le escuché decir que “la Concertación debe seguir tal cual es y ha sido siempre”. Lo entiendo: él contribuyó a fundarla. Sus huellas digitales están en todas partes, no sólo en el PPD (que también fundó). Debe ser tremendamente difícil aceptar el derecho a la emancipación institucional que el propio Lagos gozó hace casi tres décadas. Pero el ser humano avanza rompiendo con el pasado, dialogando entre el statu quo y el incierto progreso, fundando nuevas ciudades. Renovando… o reemplazando.

Link: http://www.capital.cl/reportajes-y-entrevistas/renovacion-o-reemplazo-2.html

EL TONGO DE LA SOCIEDAD DE VALORES

junio 3, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en The Clinic el jueves 3 de junio)

Si la “sociedad de oportunidades” que promueve el Presidente Piñera llega a convertirse en una realidad, entonces la “sociedad de valores” que también predica comienza al mismo tiempo a resquebrajarse. La razón es sencilla: las sociedades que incrementan sustantiva e igualitariamente su capital cultural tienden a alejarse de los denominados “valores tradicionales” tan caros al discurso conservador. Si Chile se transforma en un país desarrollado (lo que sigue midiéndose fundamentalmente en términos de ingreso per cápita y no de matrimonios celebrados), entonces la derecha deberá hacerse cargo de la cuota de modernidad que acarrea por sí misma la modernización.

El problema es conceptual: ¿qué entendemos por valores? Los estudios comparativos demuestran dos ejes para entender el asunto: uno de ellos divide a las naciones entre aquellas que se aferran a valores tradicionales versus aquellas que promueven valores racional / seculares. Entre las primeras están aquellas que fomentan la religiosidad, el apego al modelo clásico de familia, la exaltación del patriotismo y la obediencia a la autoridad. Entre las segundas, las que respetan igualmente las diferentes opciones de vida, la participación crítica, el empoderamiento ciudadano y la confianza interpersonal. ¿De cuál sociedad de valores habla La Moneda?

El otro eje relevante es aquel que distingue entre países con economías de supervivencia y aquellas que ya dejaron atrás esa etapa para adentrarse en economías de autorrealización. Evidentemente, temas que en estas últimas se caen de maduros en las primeras pueden considerarse un lujo (o “de elite”, como insiste la UDI). Claro, hay que satisfacer otras demandas más urgentes, como dicen algunos gobernantes para evadir la promoción de libertades individuales o derechos políticos. Lo interesante es que los países pobres no sólo se sitúan en la parte baja de este eje relativo al desarrollo económico, sino que suelen además identificarse con los “valores tradicionales” anteriormente descritos, salvo excepciones. Y viceversa, los países que despegan económicamente tienden a volverse más liberales (como ya lo son hoy las clases más educadas de nuestro país, aunque se piense lo contrario).

El sueño de un Chile desarrollado, con igualdad de oportunidades y vocación democrática, lleva necesariamente a un Chile que cuestiona sus valores tradicionales. De hecho, ya está ocurriendo en las nuevas generaciones, lo que aun no tiene correlato en el discurso político. Ya no hay un solo tipo de familia ni una sola opción sexual respetable ni una sola forma de control de natalidad. El derecho a elegir, como manifestación de la dignidad del hombre libre, no se limita a sus compras de supermercado; se extiende a sus aspiraciones de autonomía personal. Tal como la economía de mercado empujó ciertos procesos democráticos (ambos fundados en la libertad), la extensión de las capacidades personales a partir del desarrollo económico empuja también una mayor pluralidad de life choices.

 En su discurso del 21 de mayo, Piñera sostuvo que su agenda valórica representaba el verdadero “progresismo”. Aunque estemos de acuerdo en que éste es un concepto cacofónico, la cuerda no puede estirarse tanto. Fue un mensaje muy cercano a lo que los norteamericanos llamaron conservadurismo compasivo, que esencialmente consistía en gobernar con la Biblia en una mano y las herramientas del Estado en la otra. Bill Clinton se quejaba amargamente de que George W. Bush le arrebataba las banderas al mundo demócrata al validar el rol del Estado. Pero Bush, además, era un prolífico evangelizador. Dicen que no hubo otro Presidente de EEUU que mencionara tantas veces a Dios. Piñera lo hizo varias veces en el Congreso Pleno. No tiene nada de malo, por supuesto, pero uno esperaría que la investidura republicana hiciera efecto. De la misma manera como justificó la ausencia de los partidos de derecha en su discurso (“porque soy Presidente de todos los chilenos”), se le podría exigir que tampoco saque a relucir su credo particular en estas instancias.

El mandamás de RN Carlos Larraín acaba de demostrar con sus declaraciones que en parte importante de la derecha apenas se tolera la diversidad. Ni hablar de apreciarla como fuente de posibilidades y potencialidades. El problema es que el Presidente ha lanzado un desafío que, de ser exitoso, cambiará los códigos culturales de los chilenos: la “sociedad de las oportunidades” puede ser el fin de la “sociedad de valores” tal como tradicionalmente la entendemos… ¿Sabrá lo que está haciendo?