“GORDISMO” A LA CHILENA

por Cristóbal Bellolio (publicada el viernes 30 de agosto en El Mostrador)

“El fanatismo en Argentina por Diego Maradona sobrepasa los límites del fútbol. Es una forma de vida. Y se llama, sencillamente, el gordismo”, escribió hace poco el periodista y poeta trasandino Fabián Casas. El ex técnico de la selección albiceleste retornó a Buenos Aires con pocas razones para celebrar, pero sus compatriotas lo recibieron en las calles con vítores y aclamaciones. Nos ha regalado tantas alegrías – como recordó la mismísima Señora K- que no queda más que declararse eternamente agradecido. Es que, como sabemos, a los ídolos se les perdona todo. La crítica queda relegada al rincón de las almas grises y mezquinas. En lenguaje político, respetar un ídolo es blindarlo.  

La idolatría se parece mucho a la popularidad, pero no es lo mismo. Mientras la primera no entiende razones, la segunda es susceptible de un par de vueltas. En Chile, recordemos, al ex presidente Ricardo Lagos se le auguraba una corta temporada fuera del poder. Sus cifras de aprobación al dejar La Moneda eran altísimas. Pero empezó a caer el día en que se transformó en un ciudadano corriente y su administración comenzó a escrutarse con rigor e intencionalidad. Entre EFE y Transantiago, los chilenos perdieron lealtad a la figura señorial de Lagos.

¿Podría ser la CASEN el Transantiago de Michelle Bachelet? ¿Podrían los chilenos cobrar su decepción en el gigantesco capital político de la ex presidenta? Muy difícil. La insólita popularidad que cosecha Bachelet, ratificada en la CEP conocida ayer, se acerca peligrosamente a los niveles del fanatismo. De ningún otro mandatario de los últimos lustros se ha dicho lo mismo. Por mucho que los empresarios hayan “amado” a Lagos, solo a Bachelet le cabe el apelativo de superstar. Al igual que a Maradona, a nuestra ídola también se le perdona todo. Atacar a Bachelet constituye casi un sacrilegio político. Quienes lo han intentado, reciben un alud de pullas y funas. Si a eso le sumamos su rol de madre y mujer, es doblemente impenetrable.

El “gordismo” chileno tiene parecido al argentino. La raíz común del gordismo es el fanatismo corporativo, desproporcionado y cómplice. Los resultados de Maradona podrán haber sido ser magros o deficientes, pero nada de esto parece ser decisivo para suplicarle que se quede. Lo importante pasa a ser su capacidad genuina de representar el alma escapista y la idiosincrasia exuberante de una nación. A este lado de la cordillera, algo similar ocurre con Bachelet: aunque las cifras nos entreguen el dato indesmentible de que bajo su mandato Chile creció menos que bajo sus antecesores concertacionistas, pocos la identifican como responsable de esa mala noticia; aunque nos enumeren un sinfín de entidades no gubernamentales de centroizquierda abiertamente beneficiadas por la discrecionalidad de su administración, decir algo al respecto es digno de vampiros; y aunque nos enteremos del triste aumento de los índices de pobreza y desigualdad durante su gestión, es poco probable que Bachelet pague la cuenta. La explicación tiene mucho que ver con la percepción ciudadana de que “ella no tiene la culpa” de las cosas nefastas que ocurren a su alrededor: la Concertación podrá ser un pozo séptico, pero Bachelet sigue siendo una flor perfumada. Tal como le sucede a Maradona, la gente separa la realidad de la figura que han idealizado. No se ha inventado en política un mejor antídoto contra el desgaste, la denuncia o la competencia.

A favor del gordismo chileno vayan algunas distinciones. Nuestro fanatismo es menos delirante, colorido y aparatoso que el argentino. El gordismo de estos parajes es un tanto opaco, más serio y con los pies en la tierra. Por eso la ex presidenta Bachelet no tiene asegurado su regreso al poder. Aunque sería el mejor negocio de la Concertación seguir usando su expectante posición para evitarse esas imperativas reflexiones y autocríticas que tantos heridos dejan y tanto coraje requieren, es también una sana posibilidad que los chilenos no la quieran de vuelta en La Moneda. Que la prefieran atesorar en estampitas o prenderle velitas, o consagrarla como reina madre de un país más humano como aquel que nos gustaría ser. El gordismo político requeriría dividir la institución presidencial en dos: ungir a Bachelet como Jefa de Estado, mientras otro hace la pega de Jefe de Gobierno y le pone el pecho a las balas cada vez que arrecie la crítica o la turba exija responsabilidades. Pero no a ella… a los ídolos no se les hace eso.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/07/30/el-gordismo-a-la-chilena/

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7 comentarios to ““GORDISMO” A LA CHILENA”

  1. vozyvoto Says:

    Hago inmediatamente las aclaraciones respectivas, ya que o bien no me di a entender, o algunos furibundos lectores sencillamente no entendieron:

    1. No hay ninguna relación intencional que busque aludir a las características físicas de ninguna persona. La expresión “gordismo” existe en Argentina, en alusión a Maradona, pero sus características son independientes del personaje. Pensé que no sería necesario aclararlo por evidente, pero veo que muchos se detienen en mi supuesta falta de respeto a la ex Presidenta. Mis sinceras disculpas a quienes se hayan ofendido por aquello; insisto en que el término va asociado a prácticas y conductas aplicables a personas de cualquier apariencia o contextura.

    2. Tampoco hay “machismo” alguno, como erróneamente han querido ver algunos. Al igual que lo expuesto en el punto anterior, el “gordismo” como expresión de fanatismo no pertenece a hombres o mujeres. Maradona es hombre, Bachelet es mujer. El hecho que atacar a una mujer sea mal visto en la sociedad, no es invención mía. Supone una cierta vulnerabilidad de género que requeriría ciertas consideraciones en el trato. Esto no tiene ninguna relación con ser más o menos capaz para desempeñar una determinada funcion pública o privada.

    3. Haciéndome cargo de las críticas agudas, diferenciar entre las causas y los efectos de la popularidad de MB es clave. En la columna no me refiero a las primeras, por tanto en ninguna parte atribuyo sólo a su “simpatía” o “cercanía” su extraordinaria adhesión. Sólo me refiero a sus consecuencias, las que tienden a impedir el debate crítico en torno a su gestión. Mi percepción es que su respaldo supera con creces el juicio sensato respecto de las politicas implementadas por su gobierno, y en esa diferencia entra a jugar su excepcional calidad personal. Si fuera sólo por aprobar las políticas públicas de su administración, ¿por qué entonces el continuador expreso de ellas obtuvo un pobre 29% en diciembre? ¿por qué Lagos, para muchos el mejor presidente de la Concertación, no llegó ni siquiera a las primarias?
    3.

  2. Rodrigo Llanos Says:

    Me siento orgulloso de ser de la inmensa minoría que siempre se ha opuesto al Gobierno poco eficiente y populista de Bachelet.
    Argentina tiene un referente mucho más tenebroso que Maradona, que aparte de ser un extraordinario futbolista y pésimo entrenador no afecta a su pueblo; ese referente es Juan Domingo Perón, seguro inspirador de la forma de gobernar al estilo Bachelet.
    Perón con su clara influencia Fasista, pregonó un populismo (vestido de nacionalismo) fundacional que luego se derramó por América y le ha significado a este continente ya siglos de subdesarrollo y hoy tiene rebrotes en Venezuela, Bolivia Paraguay y Uruguay.
    Los Gobiernos de la Concertación se mantuvieron alejados de esa línea y gabernaron con el modelo de economía y sociedad que establecieron los civiles dentro del Gobierno Militar.
    Vale señalar que sin duda el Gobierno Militar pudo convertirse en otro Gobierno nacionalista y porteccionista, pero por obra y gracia de un grupo de civiles que llegan primero al área económica y luego a las áreas más sociales del Estado, consiguen un modelo de economía social de mercado. Destacan en este grupo sin duda el iniciador, Sergio de Castro al que se sumaron los verdaderos revolucionarios como Pablo Baraona, José Piñera, Hernán Buchi, Álaro Bardón, etc.
    Pues el Gobierno de Bachelet vuelve por el camino de Perón y se aleja del de reconstrucción nacional y con la plata de todos los chilenos, interesante columna de Max Colodro al respecto http://bit.ly/aXblh9, se compra una popularidad de RockStar que afortunadamente nuestra fortalecida democracia permite corregir, al menos en parte, con la elección de Sebastián Piñera.
    Se renuevan las esperanzas al ver un Chile volviendo por su “ruta del éxito” y saliendo del camino de Perón-Bachelet y evitando una nueva quiebra del estado Chileno (la última fue la del 73 Allende) para no llegar a la calamitosa situación de España, Grecia, Hungría, Portugal, Italia, etc.
    sólo un dato, Argentina a fines del siglo XIX era el 7° país más rico del mundo, a fines del Siglo XX ni siquiera podía pagar su deuda y se ve una pobreza desatada con personas muriendo de hambre en Tucumán.
    Que Bachelet mantenga la popularidad no es tema, que el modelo de Gobierno tipo Bachelet tiente a los nuevos gobernantes es el peligro. La popularidad no es el fin de los gobernantes, sino su obra. Lamentablemente el “mal ejemplo” del populismo reportando figuración es un riesgo cierto.
    Por ahora, los índices de medición tipo Casem, CEP, etc. dicen que Bachelet mantiene la popularidad pero el país manejado al revés de lo que ella quisiera, también sube en resultados. ¿Paradojal? sin duda, pero es lo que tenemos.

  3. Cristóbal Hernández Says:

    Me parece que el fenómeno es similar, pero vale la pena recalcar ciertos matices distintos:

    1-El rol de los medios. En Argentina, los periodistas disidentes han sido muy duros con Maradona, mientras que en Chile cuesta, creo, distinguir en aquellos críticos en medios una postura pública fuerte en contra de Bachelet, que sea sostenida (no me refiero a hacer campaña en su contra, si no a que cuando sale el tema, se mantenga firme)..
    Me da la impresión que acá la crítica de los medios se desliza principalente mediante el contenido y traspasando la voz a terceros, pero no a través del mensaje directo a título personal.

    2-¿Hay alguna cifra respecto a los niveles de popularidad de Maradona en Arg?
    Yo soy bien futbolero y leo harto blog de fútbol argentino, y en ese mundo al menos, me da la sensación de una popularidad a la baja del Diego, pese a este recibimiento majestuoso que tuvo de los más fanáticos. Fueron miles a recibir, pero quizás cuantos miles sintieron rechazo hacia esa actitud, ergo, pienso no podemos asegurar que Diego es intocable hoy en Arg.

    Saludos

  4. vozyvoto Says:

    Gracias Rodrigo y Cristóbal por los comentarios.
    Respecto del punto de la popularidad de “Diego” en Argentina, me llegó este mail del gran Héctor Vega Onesime que, si bien me estropea la tesis, nobleza obliga a publicar:

    “La gente que fue a recibir a la selección argentina (unos ocho (8) mil) fueron “arriados” por algunos sindicatos afines al gobierno en vehículos que según su tamaño cobraron entre mil y tres mil pesos. Esa delegación mundialista debía regresar el lunes a Buenos Aires después de recibir la acreditación por el quinto puesto logrado en el Mundial. Por orden gubernamental adelantaron el viaje sin recibir dicho testimonio para estar en Buenos Aires el domingo cosa que facilitaba el show preparado. Maradona ha hipotecado mucho del consenso que tenía en 1986 con sus posiciones políticas, religiosas y deportivas. Su último nicho fuerte -la hinchada de Boca- lo perdió cuando entró en conflicto con Riquelme pues los hinchas tomaron partido por éste quien le dio más satisfacciones a los hinchas de Boca que Maradona. Por último las encuestas por Mundial dieron lo siguiente: según la Nación un 87 por ciento no quería que siguiera y según Clarín un 65 por ciento. El gobierno que erroneamente pensaba que Maradona podía acercar votos se dio cuenta que era (como se dice en Argentina) un “pianta votos”. Por eso la AFA muy atada al gobierno por razones largas de explicar primero dijo que Maradona seguía pero después de las encuestas y la aparición de Maradona junto a Chaves cuando éste rompía relaciones con Colombia les hizo ver la realidad. No olvidar que Kischner es secretario general de la UNASUR. Daba para más el tema respecto a la mafia descubierta que cobijaba Maradona en la selección y que este ultimo escándalo dejó al descubierto. El apoyo a Maradona en Argentina es mínimo pero muy ruidoso y apoyado por medios que siempre ven en Maradona hechos vendedores.”

  5. Cristóbal Hernández Says:

    Bueno, queda bien claro. Supongo que las fuentes de don Héctor serán infalibles. Cobrarían sentido muchas cosas.

    Saludos Cristóbal.

  6. Eduardo Erlandsen Says:

    Cuanto miedo le tienen a Michelle Bachelet
    O mejor dicho:
    Cuanto miedo le tienen al cariño que Chile le tiene a Michelle Bachelet.

    ¿Como poder desacreditarla?
    PIENSEN
    ¡PIENSEN!

    ¿Muy difícil? 😀

  7. Diego Garcia Says:

    Hola Cristóbal

    Acabo de leer tu artículo “Gordismo en el banquillo” y me pregunto si la mayoría que no entiende lo que lee te incluye. Agradeces a Roberto Castillo su columna, estableciendo una diferencia entre su opinión y una “histérica reacción en cadena” de otros comentaristas. Leo el artículo de Castillo y me encuentro con los siguientes calificativos aludiendo a tu escrito “Gordismo a la chilena”: “Maniobrilla retórica”, “nociones de folleto turístico”, “tesis … febril”, “algunos analistas apenan disfrazan su hostilidad contra la ex presidenta”, “Atribuirle al fanatismo la raigambre de Bachelet subraya la desesperación (!) de los adversarios de la ex Presidenta y la exasperación (!!!) de los analistas que no hallan por dónde explicarla”, etcétera. Me pregunto entonces: Si las opiniones de Castillo se agradecen porque no se quedan en lo superficial, ¿qué cosas peores que éstas han dicho de tu artículo que merezcan la calificación de “histéricas” y no sean motivo de tu consiguiente agradecimiento? ¿Sólo que Castillo tiene post grado y enseña en el extranjero, lo que lo convierte en un “colega”?

    Me imagino que formo parte del grupo de fanáticos (falacia ad hominem), histéricos (falacia ad hominem) y analfabetos funcionales (falacia ad hominem) que cada tanto nos damos el trabajo de leer tus columnas, intentando hacerlo desprejuiciadamente y de buena fe. Al leer “Gordismo a la chilena”, y releer el énfasis que hiciste en distinguir entre idolatría y fanatismo, de una parte, y popularidad de otra, me pregunté varias veces: ¿En dónde sustenta la afirmación que la alta aprobación obtenida por Bachelet señalada en la última CEP es señal de idolatría y fanatismo? Una pregunta que se formula en estos términos “¿Usted aprueba o desaprueba…?”, si es el caso que yo entiendo lo que leo (podría no ser el caso, tú sabrás), no veo cómo permite afirmar a continuación que la aprobación que expresa es fanática o idolátrica. ¿Los que desaprueban a Bachelet, son minoria entre los fanaticos, o son la reserva de gente sensata de este pais? ¿Significa acaso que la pregunta sobre la aprobación al desempeño de Piñera, o aquella otra sobre el manejo de la economía por el actual gobierno, formuladas de manera idéntica (“Usted aprueba o desaprueba…”) implican que la respuesta de 45% y 39% de aprobación respectivamente, corresponden a un 45% y a un 39% de fanáticos? Finalmente, mi pregunta es epistemológica: ¿Cuál es el sustento –metodológico, empírico, teórico, etc.- de tus columnas? ¿Cómo te consta lo que afirmas para a continuación intentar persuadir a tus lectores acerca de, si no la veracidad, al menos la plausibilidad de lo que expones?

    Pongo un solo ejemplo: Aludes al pasar a la encuesta CASEN e insinúas que ese sería el Transantiago de Bachelet. A mi juicio, ese es un ejemplo colosal de superficialidad en el uso de un dato. El solo aumento de la pobreza en los términos señalados por la CASEN no permite inferir NADA acerca de las causas de ese incremento, de modo que aún no estamos en condiciones de determinar si las políticas sociales son las causantes del mismo, o si por el contrario, ellas impidieron que la pobreza se incrementara aún más en el escenario de crisis económica que todos conocemos. Si como tú insinúas (porque me imagino que eso es lo que querías insinuar, ¿o sigo sin entender los implícitos de tu columna?), finalmente el aumento de la pobreza llegara a ser señal del fracaso de la política social, en el mejor de los casos tu acierto sería “al achunte”, pues en tu artículo tal inferencia carece de todo respaldo, y tal cual está formulada es puramente ideológica. Y puesto que la buena fe se presume, tu falta de rigor intelectual en este caso esta a salvo de la sospecha de estar argumentado de forma deshonesta, gracias a Dios (quien quiera que sea, donde quiera que se encuentre, para dejar abierto este punto y no herir susceptibilidades).

    Pues bien, al cabo de le lectura de una cantidad no menor de columnas de varias personas que firman invocando su condición de “analistas políticos”, me surge una creo que muy razonable duda acerca de las habilidades que implica tal condición. ¿Qué es un “análisis político”, luego de leer a Bellolio, Mansuy, Brunet, Carrozzi, Navia, y quizás cuantos más? Un conjunto de prejuicios que procuran exponerse persuasivamente, algunos más perspicaces que otros, pero en muchas ocasiones, apenas opiniones de sobremesa cuyo sustrato epistémico constituye un secreto celosamente guardado por sus corifeos.

    Saludos,

    Diego García
    Vizcaya, 4 de agosto de 2010

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