UN PARTIDO PARA PIÑERA

por Cristóbal Bellolio (publicada el domingo 22 de agosto en La Tercera)

La contundente reelección de Coloma en la UDI puede leerse, al igual que la de su par Carlos Larraín en RN, como el atajo definitivo de la insurrección renovadora de la centroderecha. También puede leerse como la derrota de los extremos, ya que los retadores Monckeberg y Kast añadieron a su oferta generacional un énfasis ideológico diferenciador: más liberal en el primer caso, más conservador en el segundo, ambos fueron aplastados por el verdadero partido transversal del oficialismo, que queda por los próximos dos años en manos de larrainistas y coroneles gremialistas, respectivamente.

El gobierno debería mirar con muy buenos ojos la victoria del senador del Maule, que no sólo se la jugó por confirmar a Piñera como candidato de la UDI durante el 2009, sino que últimamente ha demostrado ser capaz de ordenar a sus parlamentarios en todas las batallas relevantes de La Moneda. Coloma representa más pragmatismo que ortodoxia, emulando el rol que durante tanto tiempo jugó Escalona en la Concertacion.

Kast, en cambio, pone las preguntas difíciles sobre la mesa y tensiona al partido en sus definiciones fundamentales, aquellas en las cuales la inspiración cristiana y la vocación popular rivalizan con el dogma libremercadista y el hambre de mayorías. En el poder, el Presidente Piñera necesita de todo, menos de eso.

Poco se puede adelantar, más allá del voluntarismo y los buenos deseos, respecto del mejor derecho que ostentaría la UDI a la hora de ungir al próximo candidato presidencial de la centroderecha. Básicamente, porque ese “mejor derecho” a la alternancia interna funciona hasta que la realidad dice otra cosa: la Concertación gobernó con dos DC y luego con dos PS sucesivamente. Si las encuestas no despejan con meridiana claridad el asunto (como ocurrió con Bachelet en 2005 o con el propio Piñera en 2009), una primaria amplia y legítima es el mecanismo idóneo para dirimirlo. Y en esa carrera suele pesar más la calidad del candidato que la ansiedad del partido. Al Ejecutivo le conviene prescindir de cualquier intervención en la esperanza de que la competencia funcione como incentivo eficaz para aceitar los rendimientos individuales de sus ministros y, por ende, del propio gobierno.

Link: http://www.papeldigital.info/lt/2010/08/22/01/paginas/007.pdf

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