CRÓNICAS BOLIVARIANAS

por Cristóbal Bellolio (publicado el 27 de agosto en Revista Capital N°283)

Quise entender la experiencia bolivariana en terreno. Con ese objetivo, sumado al disfrute de unas descaradas vacaciones, estuve casi un mes recorriendo Venezuela. Encontré conversaciones y recogí testimonios dispersos a lo largo de la costa, donde mueren los Andes y en la interminable llanura. Divididas en siete claves, éstas son mis impresiones.

1. EL PRESIDENTE DE (CASI) TODOS LOS VENEZOLANOS

Unas pocas horas en Caracas bastan para comprender que su esplendor pertenece al pasado. Es una mole ruidosa, hostil y de escaso encanto. Mientras desayunaba mis primeras arepas leí los diarios de tiraje nacional: chavistas y antichavistas. Difícil separarlos con otro criterio, ya que ambos son igualmente virulentos y odiosos respecto del bando contrario. La polarización en Venezuela ahoga todo vínculo de amistad cívica entre los sectores políticos. Suele ser un diálogo de sordos, donde la sensatez y la honestidad intelectual naufragan en un mar de fanatismo y pancarta. Luego pude ver los programas de debate político. En el canal estatal los panelistas sólo son aduladores del régimen. No caben las miradas alternativas o las perspectivas complejas. Nuestros “Estado Nacional” o “Tolerancia Cero” serían inadmisibles: La idea es copar todos los espacios de difusión sin cuartel. Los medios de comunicación son armas disponibles. Y el gobierno de Chávez toma al pié de letra la recomendación de Allende: “La objetividad no debería existir en el periodismo… el deber supremo del periodista de izquierda no es servir a la verdad, sino a la revolución”. Es el propio presidente quien anima lamentablemente la dinámica con una permanente actitud de exclusión. Ni siquiera hace el amague de representar a todos los venezolanos, ya que cada vez que puede se toma el tiempo de hacer pebre a todos sus opositores. Su lenguaje hace gala de un resentimiento temible: hace poco se refirió al amplio movimiento estudiantil que se empieza a ver en las calles como “burguesitos hijos de papá”. Se me vino a la mente el contraejemplo de Patricio Aylwin en su discurso del 11 de marzo de 1990 en el coliseo de Ñuñoa: cuando habló de construir una nueva convivencia entre “civiles y militares” resonó una gigantesca pifiadera, a la que el flamante presidente enfrentó valientemente insistiendo “¡sí señores, civiles y militares, Chile es uno solo!”. Nada menos y nada más que la política entendida como el arte de sumar. Similar a lo que hizo Sebastián Piñera en campaña, apelando permanentemente a la unidad. Chávez, en el extremo opuesto, juega con las reglas de la división. Se retuerce de gozo cuando sus feligreses celebran las groserías al rival. Tuve la sensación de que existían dos países irreconciliables compartiendo el mismo terruño.  Leyendo a John Carlin comprobé que entre el presidente venezolano y el Mandela que se ganó a sus enemigos en Sudáfrica había un océano de diferencia.

2. PROPAGANDA KITSCH

En efecto, el infatigable motor espiritual del chavismo es la rabia acumulada contra una elite política que durante décadas se mostró insensible, negligente y corrupta. En 1998, Chávez ascendió como el ícono de la anti política en una nación cansada de la abusiva oferta política tradicional. Fue, y sigue siendo, el catalizador perfecto del voto de castigo. Sus consecutivas victorias no implican que la mayoría de los venezolanos se declare socialista ni mucho menos marxista. De manera impropia, el presidente Chávez ha embetunado toda su administración con una retórica cubanesca que resulta francamente kitsch en los tiempos que corren. Pude leer el folclórico “Patria, socialismo o muerte” en las calles de Maracay, Mérida y Barinas. En los últimos 11 años en Venezuela, a todo le cabe el mote de “revolucionario”, aunque a fuerza de repetición el adjetivo se haya hecho vacío e insubstancial. En las carreteras se pueden observar grandes letreros con sendas leyendas alusivas a los éxitos del socialismo. Recuerdo uno en que aparecía la imagen de un exultante Chávez bajo el entusiasta título “bienvenidos a la revolución energética” (celebración paradójica en tiempos de racionamiento eléctrico en el territorio llanero). Es curioso que mientras el capitalismo se extiende y echa raíces sin necesidad de propaganda en su nombre (nunca he visto pancartas que digan “El capitalismo es libertad” o “Gracias al capitalismo seguimos avanzando”) el socialismo necesite recordarnos permanentemente que existe y que puede conseguir algo.

3. LA PATRIA TIENE MEMORIA

El principal activo político de Chávez no está en su filiación ideológica sino en su afirmación nacionalista. Como otros tantos pueblos, el venezolano fantasea con un presidente capaz de enfrentar al usurpador extranjero y devolver la dignidad perdida a una nación abusada. Por eso nada ha sido más rentable que barrer el piso con el nombre de Estados Unidos. Algo hipócrita, pero efectivo a fin de cuentas. Lo hizo Fidel en los primeros años de la revolución cubana antes de rendir pleitesía a la Unión Soviética, lo hizo magistralmente Ho Chi Minh para expulsar franceses y norteamericanos de suelo vietnamita, lo hace Chávez en la actualidad. Un enemigo imperialista basta para unir voluntades internas, un antihéroe, una némesis. Y George W. Bush en el papel del malo de la película le cayó al comandante Chávez como anillo al dedo. A lo anterior suma el rescate de la figura de Bolívar, libertador de América y orgullo venezolano. Así, se adueñó del más preciado tesoro de la memoria nacional. Incansable, lo trae al baile sin importar la música que esté sonando: en Venezuela, todo es ahora “bolivariano”. ¡Hasta el nombre del país, que pasó a llamarse constitucionalmente República Bolivariana de Venezuela! En Chile resultaría poco verosímil que la actualidad política verse sobre la vigencia del ideario de a O´Higgins o del pensamiento de Carrera (aunque dicen que la Junta Militar resucitó conscientemente a Portales a partir de 1973). A lo mejor Neruda tenía razón, pues es justamente Bolívar quien “despierta cada cien años, cuando despierta el pueblo”.

4. CHAVISMO JUSTICIERO

La identificación con ese “pueblo” es el otro gran activo político de Chávez. Los oprimidos y los marginados son el fuerte del chavismo. En un país que históricamente ha tenido a la mayoría de su población viviendo bajo la línea de la pobreza, el discurso de Chávez contra la oligarquía y los poderosos suena como una campanada de esperanza con visos vindicativos. Pudiendo ser un país rico para todos, sólo lo fue para unos pocos. El exuberante gobernante significa para millones el remedio más inmediato a siglos de injusticia. Un defensor del chavismo me dijo una frase que me recordó aquella que se escuchaba en tiempos de la UP chilena: “será una mierda de gobierno, pero es nuestra mierda”. Al presidente se le perdona todo con tal que se mantenga fiel a su promesa originaria de gobernar para los más pobres. Esa credibilidad, más que cualquier otra cosa, le ha garantizado supervivencia política en los rituales eleccionarios. Coincidentemente, según cifras oficiales del gobierno, la pobreza ha descendido de un 43% en 1999 a un 26% en 2009. Organismos internacionales miden entre un 30% (CEPAL) y un 38% (Bloomberg) de la población en situación de pobreza. Discrepan en la oposición, donde hablan de estancamiento e incluso de aumento sobre el 50% (UCAB). Pero como buen socialista, Chávez no aspira necesariamente a que sus compatriotas en situación de pobreza tengan más poder de consumo o amplitud de alternativas dentro del mercado, sino a la valoración de la dignidad de los menos afortunados, aquello que Isaiah Berlin denominaba “la búsqueda de status” como una conceptualización desviada de la idea de libertad, aquella en que “…quizá prefiera ser atropellado y mal gobernado por alguien que pertenezca a mi propia raza o a mi propia clase social, por el que, sin embargo, soy reconocido como hombre y como rival —es decir, como un igual—, a ser tratado bien y de manera tolerante por alguien de algún grupo más elevado y remoto, que no me reconoce lo que yo quiero sentir que soy”. El discurso de Chávez es anti aspiracional, lo que resulta complejo en un país donde salir de shopping es un extendido deporte.

5. LA GUERRA DE HUGO

El talón de Aquiles de la experiencia bolivariana es su inconsistencia. Se alega a favor de la soberanía de las naciones latinoamericanas pero no encuentra problema en inmiscuirse en asuntos externos. Lleva las banderas de los más pobres pero permite que en torno al poder vaya tejiéndose una red de cortesanos enriquecidos a costa del gobierno. Hugo Chávez Frías conspiró desde mediados de los ochenta para perpetrar el golpe de Estado del 4 de febrero 1992. Diez años más tarde, ya como presidente, sería víctima de otra infructuosa intentona golpista. Ambas rebeliones militares, la que promovió y la que sufrió, fueron igualmente fallidas e igualmente antidemocráticas, pero mientras la primera se celebra provocativamente año tras año con el porfiado rótulo de “día de la dignidad nacional”, la segunda funciona como excusa incombustible para denostar adversarios (sirvió además como pretexto para no renovar la señal abierta de RCTV). El episodio que lo enfrentó a comienzos de año con la Corte Interamericana de Derechos Humanos retrata de cuerpo entero su filosofía: Si no están conmigo, están en mi contra. Chávez, como Pinochet, demuestra poca tolerancia a la disidencia: está convencido de que su misión histórica es demasiado importante como para detenerse en minucias, como reclamos por la libertad de expresión o dictámenes de organismos internacionales. En marzo de 2010 el presidente venezolano amenazó con dejar la OEA después de haber insultado a los miembros de la comisión. Es cierto que ningún gobernante recibe de buena gana críticas tan severas, pero abandonar el juego porque no le gusta el resultado es la antítesis del comportamiento democrático que se espera de un Estado serio. Para Chávez no hay políticas de Estado más importantes que sus batallas personales. Basta presenciar sus alocuciones públicas para quedar asombrado del abuso de la institucionalidad. Como cuando se deja llevar por el entusiasmo y obliga a los canales de TV a conectarse a cadena nacional para transmitir cualquier acto, por más intrascendente que sea (durante el 2009 fueron 140, una de las cuales se extendió 7 horas). Demás está decir que el referéndum que perdió respecto de su reelección indefinida fue rápidamente bypasseado por una enmienda que le posibilita, como él mismo ha anunciado hace algunos meses, seguir hasta el 2021. En Venezuela, me cuentan, creen que a veces está bromeando por la excentricidad de sus anuncios, pero que luego se dan cuenta que habla muy, pero muy en serio. Pareciera, a veces, que vive una mágica realidad paralela. Y su hambre de omnipotencia no es un asunto para tomar a la ligera. 

6. EL DESAFÍO DE LA OPOSICIÓN

Hugo Chávez, a diferencia de lo que piensa la derecha latinoamericana, no es un payaso. Esa tendencia a menospreciarlo ha sido fatal. En un aniversario de Libertad y Desarrollo recuerdo haber escuchado al ex presidente de Bolivia Jorge Quiroga repartir pestes del mandatario venezolano. Sin embargo, en ningún momento escuché una crítica a la clase política cuyo rotundo fracaso originó un Chávez, o una reflexión sobre la propia derecha que ha vivido cómoda con la explotación histórica de millones de latinoamericanos en manos de algunas empresas nacionales y extranjeras. Capítulo aparte es la triste oposición venezolana. Parece no comprender que para derrotar a Chávez en buena ley no basta con encontrarlo todo malo. Con ese tranco les será imposible destrabar el empate descalificatorio. Requieren con urgencia un discurso político que reconozca explícitamente las virtudes del presidente (orgullo nacional y compromiso con los más pobres) y proponga mejorar sus puntos flacos (diálogo pacífico, tolerancia a la diversidad y vocación democrática). Por decirlo de forma profética, Chávez estaba destinado a ejercer el poder para remecer algunas conciencias. La tarea de la oposición, sobre la cual recae el peso de la prueba, es ahora ofrecer un producto político alternativo que sea más atractivo. En lenguaje hegeliano, no le sirve una mera antítesis, necesita con urgencia una buena síntesis.

7. LA VIDA SIGUE IGUAL

Por mientras, Venezuela no cambiará demasiado. No se comprará tan barata la verborrea de los valores “socialistas”. El chavismo no construirá el “hombre nuevo” que no construyeron soviéticos ni cubanos. Pude ver, en el metro de Caracas, parte de una campaña auspiciada por el “Consejo Moral Republicano” (temblaron mis sensores liberales recordando el Comité de Salud Pública de Robespierre); en ella se enseñaba al ciudadano a ser solidario, tolerante y amante de la libertad. Pero omitían la más importante de las condiciones: que Chávez siga a la cabeza, que se considera a sí mismo imprescindible. Lo dramático es que fomentando la dependencia y el endiosamiento al personaje, el pueblo venezolano no generará por sí mismo ningún proceso de aprendizaje. Estarán buscando siempre las respuestas de la autoridad y no cambiarán su capacidad de responder en forma independiente. Me acuerdo de un furibundo académico chavista que en televisión denunciaba una gigantesca conspiración imperialista para adueñarse del territorio, los recursos naturales y el capital humano de Venezuela. No pude ocultar una malévola sonrisa. ¿Capital humano? La mitad de los servicios que vi operando lo hacían relativamente mal, y un tanto peor los públicos. La cultura del trabajo bien hecho se ve poco en las ciudades que visité. Verlos manejar en las calles basta para dudar de los avances de su civilización. Sus habitantes son personas generalmente felices que representan el consabido modo de vivir la vida de los latinos, que sin embargo se ven arrastradas a la irracionalidad de las diferenciaciones dogmáticas. En el largo plazo, el personaje al mando será un paréntesis anecdótico del cual podremos rescatar elementos y execrar otros. Chávez no es el origen del problema como creen algunos, pero está muy lejos de ser la solución como creen otros tantos.

Anuncios

4 comentarios to “CRÓNICAS BOLIVARIANAS”

  1. Millares Reyes Says:

    Un artìculo excelente tanto por su enfoque como por su redacción. Comparativamente nos vislumbra un esquemka latinoamricano en disputa y en pugna. Un camino de la “democracia” a la dictadura.

    El escritor tiene una fuerza descriptiva y teleológica fuerte y me ha gustado mucho el enfoque de la realidad con los pasos de las corrientes del pasado que pretendieron fincar en el mundo el “socialoismo” o el comunismo, como quieran.

    Por lo demás el ejemplo de Cuba aislada por sí misma y envuelta en el atraso -retroceso- nos conduce a decir que ese modelo no se quere -no se debe querer- para los países latinoamericanos que, lamentablemente no saben de la democracia con tolerancia. Los ataques -achaques- al pasado ominoso conlleva en los actuales gobernantes -algunos- una saña envenedada contra una historia que ya fue que dejó9 cosas malas pero también buenas. Nos falta el equilibrio sustancial en vez del pecado juzgador superficial.
    Edgar Millares Reyes

  2. Ignacio Llanos Says:

    Buenisimo reporte!

  3. R. Gómez Says:

    Pues a mí no me pareció tan bueno, la verdad. Si bien el artículo tiene uno o dos aciertos, en otras partes es francamente ridículo. Como la aseveración que reza ‘nunca he visto pancartas que digan “El capitalismo es libertad” o “Gracias al capitalismo seguimos avanzando”’. Me parece que el autor debiera abrir un poco más los ojos y reparar en la amplísima publicidad que nos bombardea, o en una proyección cultural, por ejemplo, del cine de Hollywood que nos vende el “sueño americano” – más allá de que ese sueño sea o no efectivo, que es lo de menos, sostener que la propaganda chavista es la única propaganda que existe es simplemente una falacia.

    Mención aparte para el reconocimiento a las falencias de la oposición venezolana, que sí me parece muy acertado. Me hubiera gustado que el autor hondeara un poco más en este punto, pero como el propósito del artículo era claramente criticar al gobierno chavista, no me sorprende que se quede corto en este ámbito. Aún así, no le resta mérito a las observaciones hechas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: