Archive for 28 octubre 2010

UN PADRE PARA CHILE

octubre 28, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el miércoles 27 de octubre en El Mostrador)

A mis treinta y tantos años, aún no he experimentado la alegría de la paternidad. Tampoco la satisfacción de haber ocupado un cargo público, menos aún la primera magistratura (para la cual tampoco tengo edad). Pero aunque no he estado en los zapatos de un padre ni de un Presidente de la República, creo poder distinguir que se trata roles completamente distintos y que operan bajo lógicas no homologables. Cuando los chilenos elegimos a nuestro Presidente, no estamos escogiendo un padre putativo. Tengo serias dudas de la comprensión de esta diferencia en el discurso político de la centroderecha.

Hace algunos años, el entonces candidato Joaquín Lavín fue consultado por ciertas cuestiones “valóricas” de su programa, a lo que respondió que sólo quería para Chile lo que un buen padre querría para sus hijos. Pasó colado, a pesar de que constituía una reformulación de la vieja premisa tomista de que el soberano actúa como pastor para su rebaño. Tanto los hijos como las ovejas carecen de la racionalidad suficiente para decidir por sí mismos, por lo que requieren de un padre o un pastor, respectivamente, para ser conducidos por el buen camino. De Kant en adelante, todos los liberales han repugnado esta concepción paternalista del gobierno.

Quizás porque creía que Sebastián Piñera era harina de otro costal, me llama tanto la atención que venga, desde hace varios días, utilizando la misma fórmula para referirse a los 33 mineros. “Tomamos la decisión de rescatarlos – dijo- como si fueran nuestros hijos”. Me asaltan múltiples dudas: ¿por qué no como ciudadanos y trabajadores, dignos de respeto y derechos? ¿O sólo porque accedieron (extraordinariamente) a la categoría de “hijos propios” del Presidente tuvieron el fenomenal despliegue que posibilitó su rescate? ¿Todos los accidentados de Chile serán considerados, de ahora en adelante, como sus hijos adoptivos, o sólo los célebres 33? ¿Se da cuenta el Presidente que, sin quererlo, establece una condición discriminatoria para el actuar público en aras del melodrama discursivo?

Lo más probable es que en La Moneda a nadie se le haya pasado por la cabeza este quisquilloso razonamiento. Ojalá se haya tratado de un irreflexivo recurso florido de la siempre generosa prosa del primer mandatario. La otra alternativa es que el Presidente Piñera, al igual que Joaquín Lavín, crea que el gobernante se asimila al buen padre de familia. Ese que reparte premios y sanciones de acuerdo a sus criterios particulares del bien (como bono de bodas de oro en un caso y multa a las parodias televisivas en el otro). Ha pasado mucha agua bajo el puente desde que en Chile un puñado de poderosos decidía qué tan maduros estaban sus compatriotas para ver una determinada película o para elegir a sus representantes en el parlamento. Para bien o para mal, los chilenos ya alcanzamos la mayoría de edad y con ella la emancipación paterna.   

No cabe duda que aquellas palabras de Lavín y las actuales de Piñera están cargadas de buena intención. Lo natural, normal o común es asumir que los padres quieren cosas buenas para sus hijos. También lo es añorar los mimos del hogar paterno. Cuando cunde la desorientación nos gustaría escuchar la orden perentoria (al estilo Lagos) o el consejo maternal (al estilo Bachelet). Pero no nos confundamos. Cada cuatro años elegimos Presidente para conducir los asuntos públicos y no para ser tratados como hijos. Los chilenos ya tenemos bastante que lidiar con nuestros padres biológicos como para sumarles a ellos uno con banda tricolor.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/27/un-padre-para-chile/

MATAR AL PADRE (Y AL HERMANO)

octubre 26, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en la sección Calling from London de Revista Capital, edición N°287 del 22 de octubre)

Ed Miliband, con apenas 40 años, asume el liderazgo del partido laborista británico. David Cameron, actual primer ministro, tomó el control del partido conservador hace un lustro con 39 a cuestas. Nick Clegg hizo lo propio dentro de los Liberal Demócratas con exactos 40. A mediados de los noventa, Tony Blair ganó las internas con 41 años. A simple vista, la renovación generacional se convirtió en un imperativo de la política inglesa. La capacidad de cada sector para jubilar a los viejos cuadros se ha vuelto un factor que incide en el éxito electoral.

En el contexto chileno, varios próceres ligados al régimen militar, a la recuperación de la democracia o a la transición siguen siendo activos protagonistas. Pensar que la generación que sobrepasa la cincuentena debe recluirse en los cuarteles de invierno es inverosímil. El flamante presidente de la DC, senador de la república, ex ministro y dos veces diputado, sostiene representar la “renovación” de su partido con 54 años. Esta conversación se ha vuelto inevitablemente un lugar común, pero sin perder su vigencia y relevancia: ¿Deben las nuevas generaciones tomar el control de las estructuras políticas tradicionales para operar el cambio que demandan los nuevos tiempos? ¿El retiro de la vieja guardia se produce voluntariamente o sólo cristaliza a través de su derrota democrática? ¿Están dispuestos los hijos a desafiar a los padres?

La particularidad del caso inglés radica en que Ed Miliband no sólo representa con su ascenso el fin de la hegemonía del New Labour de Tony Blair y Gordon Brown (sus padres políticos), sino que además se permite desbancar a su propio hermano mayor David Miliband, hasta hace poco el favorito para quedarse con el puesto. El pequeño Ed mata al padre, al sostener en su primera aparición pública que durante sus años de gobierno (1997-2010) el laborismo se había equivocado en una serie de cuestiones y había que reconocerlo públicamente (desde la guerra de Irak hasta ciertas políticas económicas). Pero además mata al hermano,  confinándolo al autoexilio político: hace pocos días, David Miliband anunció que daba un paso al costado, decidiéndose a no integrar el “gabinete en las sombras” de la oposición.

¿Podemos decir que con 45 años David Miliband fue jubilado de la política? Improbable. La vocación no se esconde fácilmente. Las cualidades del liderazgo no se replican artificialmente. Pero aunque improbable, posible. El hermano mayor ha dicho en privado que no quiere alimentar los mismos dañinos rumores que acompañaron la relación Blair – Brown durante tanto tiempo. Pero también hay una cuestión de honor en juego. Algo similar a lo que los militares hacen cuando un compañero de menor antigüedad asciende antes que ellos. Lo pueden dejar pasar una que otra vez, pero generalmente entienden que les ha llegado la hora. Entonces presentan la renuncia.

En Chile, el escenario político apenas da para “matar al padre”, tomando en cuenta que las cartas renovadoras de la Concertación son descendientes literales y no metafóricos de los fundadores de la coalición o de los partidos. Piense un segundo en Claudio Orrego, Ricardo Lagos Weber o Carolina Tohá. En estos casos, los costos de sacrificar al padre no son meramente políticos. Además, el discurso de este trío adolece de los elementos autoflagelantes que saca a relucir “Red Ed”, como es conocido el menor de los Miliband por su inclinación a la izquierda. Girardi, Vidal y Ominami están más cerca de esa posición crítica respecto de la “obra” de la Concertación, pero ninguno de ellos porta las virtudes de una imagen fresca y lozana. En el otro lado del espectro, lo que hizo la patrulla de Piñera, Allamand, Espina, Matthei y compañía respecto de Jarpa, Diez y las otras eminencias de la antigua derecha, durante los noventa, amenaza prontamente con sucederles a ellos. No es nada personal. Es el ciclo de la vida. Y en política, los británicos han demostrado que funciona de manera implacable. Con los padres… y los hermanos mayores.

DERROCHE DE OPTIMISMO

octubre 24, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en Reportajes de La Tercera el domingo 24 de octubre)

En el auditorio del London School of Economics no cabía un alfiler. Las entradas al evento se transformaron en recursos escasos y altamente valorados. La asistencia fue tan masiva que muchos se quedaron afuera y debieron contentarse con presenciar el discurso a través de pantallas en las salas aledañas.

Llegué adelantado y me ubiqué en cuarta fila. El rostro del Presidente figuraba grandioso y sonriente impreso en la portada del folleto oficial de la visita, bajo el rótulo “Chile: new leadership”. No pude evitar un pinchazo de pudor, pero varió en orgullo al escuchar un grupo de estudiantes mexicanos conversando maravillas de nuestro país.

Antes que el Presidente, llegó la comitiva. Ordenados como en paseo de curso, los parlamentarios se ubicaron en tercera fila. En el ambiente, tangible expectación. El país del momento, el hombre del momento, el tema del momento. Inmejorables ingredientes. El Presidente hizo su aparición con media hora de retraso en medio de un estruendoso aplauso de pié, de moros y cristianos.  

Acompañado de su fiel power point (que requiere un urgente upgrade), el primer mandatario abrió los fuegos con una ambiciosa tesis: Chile será un país desarrollado antes de terminar la década. Explicó su conocida metáfora bíblica sobre las vacas gordas y las vacas flacas, y en sencillo dio a entender que la Concertación había terminado echando a perder todo lo realizado en los buenos tiempos. Los números de crecimiento económico no mienten. No hubo espacio para sutilezas interpretativas en la presentación del Presidente, menos cuando graficó la curva descendente con imágenes de cada uno de los ex mandatarios concertacionistas. Al aparecer Bachelet al final de la cadena con un magro 2,8% de crecimiento el auditorio estalló en una risotada, amplificada al aparecer el propio Piñera con un hipotético 6% a conseguirse durante su mandato. En su estilo, mira a su asesor y le dice “para la próxima ponme 7%”. Otra risa generalizada.

La comunidad académica de Londres se quedó con una idea bastante clara respecto de la devoción del Presidente por los números (aunque varios chilenos consideraron poco riguroso compararse con datos de apenas meses de gobierno), de su antagonismo a las anteriores administraciones (habituales del LSE se acordaron que Mandela hizo lo opuesto en el mismo escenario), y del desbordante optimismo que transmite (“¿quiénes son los agrandados ahora?” bromeó un estudiante argentino).  

La segunda parte de su intervención estuvo dedicada, como no, a los 33. A falta de relato político consistente y no meramente anecdotario, un video del rescate (artesanal y desordenado) fue puesto en escena para sensibilizar a la intelectualidad. En la delgada línea que separa el entusiasmo del chauvinismo, el Presidente nos recordó -entre otras cosas- que la cápsula fénix se había hecho con materiales chilenos por ingenieros chilenos. De un minuto a otro, me encontré viviendo en un mundo en el cual lo chileno es garantía de éxito y calidad.

Las preguntas del público cambiaron el tono. Como era previsible, no todos vinieron a aplaudir. Se sucedieron cuestionamientos sobre la píldora de emergencia, el voto de los chilenos en el exterior, la causa mapuche y las precarias condiciones laborales que trae la globalización. En esta última, el Presidente responde: “no estoy de acuerdo, tú tienes derecho a tener tu opinión… y también tienes derecho a estar equivocado”. Con esa frase se cierra el telón, retratando de cuerpo entero sus ángeles y demonios. Mientras muchos lo celebraron como una salida genial (colombianos y mexicanos se destornillaron de la risa), otros tantos –particularmente ingleses y norteamericanos- hicieron una mueca de mal gusto.

Afuera del recinto, un pequeño grupo desplegaba lienzos alusivos a los pueblos originarios, pero apenas se distinguía cuando gritaban algo relacionado con Pinochet. Pero son muy pocos los que siguen en esa frecuencia. Los mineros sepultaron su recuerdo, y Piñera viaja por el mundo comunicando la buena nueva.

Link: http://papeldigital.info/ltrep/

LA LIBERTAD DEL DIPUTADO Y LA LIBERTAD DEL PERIODISTA

octubre 21, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el jueves 21 de octubre en El Mostrador)

El diputado Gonzalo Arenas, en este mismo espacio, señalaba que la parodia de Jesús en el Club de la Comedia era un atentado a la libertad religiosa. Ante el inminente cierre de La Nación (en versión papel), el presidente del Colegio de Periodistas Marcelo Castillo sostuvo recientemente que se trata de una afrenta a la libertad de expresión. Aunque probablemente se encuentren en las antípodas ideológicas, el honorable UDI y el avezado dirigente gremial tienen en común la notable extensión que le atribuyen a la idea de libertad.

En la tradición liberal, que supuestamente inspira la idea de las garantías individuales del constitucionalismo moderno, el concepto de libertad tiene márgenes más estrechos. Se trata, básicamente, del reconocimiento de un ámbito u esfera de la vida humana en la cual ni el Estado ni los otros individuos pueden ingresar sin mi consentimiento. Es la vieja idea de la libertad negativa o libertad como “no interferencia”.

Desde este punto de vista, no hay absolutamente ninguna ofensa a la libertad en ninguno de los casos mencionados.

Para que eso sucediera, el ejercicio del culto religioso del diputado Arenas debería haber sido interrumpido u impedido por agentes del Estado o bien por los actores del programa de Chilevisión. La lucha por la libertad religiosa se generó para proteger a las minorías de la persecución de las  mayorías. Pero que un creyente de la religión mayoritaria alegue que está siendo afectado en su libertad religiosa porque un tercero consideró que la historia de su divinidad es graciosa, no es parte de aquella lucha. El derecho afectado puede ser el respeto a las tradiciones cristianas, pero no la libertad de los cristianos. Nadie le impide al diputado Arenas seguir practicando su fe pública o privadamente.

En el caso de La Nación, la libertad de prensa estaría siendo violada si el Estado de Chile hubiera cerrado arbitrariamente un medio de comunicación de propiedad privada. La batalla por la libertad de expresión cobró vida para proteger justamente a las personas frente al poder institucionalizado y su hambre de controlar la información. En este caso, es el propio gobierno quien decide estratégicamente prescindir de un formato de un medio de comunicación que le pertenece para optar por la versión online. El bien afectado puede ser la reducción del mercado de la información o la estabilidad de los miembros del gremio, pero no la libertad de prensa de los periodistas. Nadie le impide al señor Castillo seguir dando a conocer su enfoque profesional en medios creados por él o por otros.

Por supuesto, esta no es la única manera de entender la libertad. Para algunos, libertad es sinónimo de emancipación, para otros es autonomía, para otros tantos es no-dominación. Reconozcamos también el derecho de creer que el respeto que otros le deben a su religión forma parte de su “libertad religiosa”, o que el aseguramiento del pluralismo por parte del Estado es un componente de la “libertad de expresión”. Pero a fuerza de extender el término se corre el riesgo de vaciarlo de sentido. Quien mucho abarca, poco aprieta, reza la sabiduría popular. Cada cosa es lo que es, decía Isaiah Berlin: Libertad es libertad, no igualdad, ni justicia, ni cultura, ni felicidad ni una conciencia tranquila. A todos nos gusta cómo suena la palabra libertad, pero no por eso decimos que la ley de gravedad atenta contra nuestra libertad de volar.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/21/la-libertad-del-diputado-y-la-del-periodista/

EXULTANTE

octubre 19, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el martes 19 de octubre en La Tercera)

Exultante. Así se paseaba el Presidente Piñera por Londres. Cargado con su arma secreta (el papelito de los mineros en una bolsa plástica), presto a utilizarla apenas se presentara la ocasión, regalaba a quien lo solicitara un pormenorizado relato de la epopeya copiapina.

Ayer, frente a un auditorio repleto de estudiantes de la prestigiosa London School of Economics, repasó una vez más el guión: la decisión de jugársela por el rescate, la importancia de estar presente, la unidad de un pueblo, y la nueva “forma chilena de hacer las cosas”. Un video con la música apropiada añadió el toque emocional que a veces le cuesta transmitir al Presidente.

Lo que no tuvo problemas para transmitir es la enorme confianza que tiene en las transformaciones que auspiciará su gobierno. Los espectadores se llevaron una convincente exposición acerca del progresivo deterioro de la economía chilena, particularmente desde fines de los noventa. Del mismo modo, se permitió una serie de lapidarias comparaciones entre las cifras del último año de reinado de la Concertación y los pocos meses que lleva su equipo en La Moneda. El mensaje sonó claro: aun con terremoto y desgracias como la de los mineros, ya se nota el “cambio de mano”.

Este entusiasmo desbordante inyecta un espíritu similar en su entorno y genera una dinámica que, al menos desde el punto de vista de la inversión extranjera, es beneficiosa para Chile. Pero por otro lado rompe un código no escrito en la tradición republicana: aquel de no jactarse superior a los gobiernos anteriores. No sólo porque afecta la bien evaluada continuidad de las políticas públicas chilenas, sino porque resta credibilidad a cualquier llamado a la unidad de los actores políticos. Es cierto que “el milagro chileno” dio paso a lo que algunos medios llamaron “la siesta de Chile”. Pero de ahí a hablar de un “renacimiento”, como lo hizo el Presidente, hay un trecho largo. La Concertación no fue la Edad Media y lo más probable es que quede en la retina de los chilenos como un muy buen período de nuestra historia.

Por supuesto que la coyuntura debe aprovecharse para orientar nuestros esfuerzos colectivos hacia el desarrollo. Pero se trata mucho más de un “segundo aire” (ese que tienen los futbolistas cuando recuperan los bríos después de una entrega total al comenzar el partido) que del paso de una era oscura a una luminosa.

Este es un momento inmejorable para vender la remozada imagen de Chile en el exterior. Pero que nuestra ansiedad no termine perjudicando nuestras intenciones.

Link: http://www.papeldigital.info/lt/2010/10/19/01/paginas/002.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/visita_a_londres_exultante

UNA BUENA COSECHA DE APLAUSOS

octubre 17, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el domingo 17 de octubre en La Tercera)

El Mandatario inicia sus actividades oficiales en Londres este domingo. Foto: Presidencia

Son días especiales para ser chileno fuera de Chile. La sola mención de nuestro país genera inéditos sentimientos de admiración, respeto y especial simpatía. En Londres, al menos, la noticia del rescate de los mineros copó la agenda varios días, explotando el jueves pasado con portada en todos los diarios. La cobertura del “milagro de San José” ha sido tan extensa e intensa que, entre otras cosas, le significará a la prestigiosa cadena BBC recortar su presupuesto para la cumbre del G20 y la entrega de los premios Oscar.

Tampoco se deja pasar el especial momento que vive el Presidente Piñera. En la delegación tienen claro que vienen a cosechar aplausos y felicitaciones a granel. Más allá de las legítimas explicaciones a la hora de declinar la invitación, los representantes de la Concertación habrían tenido que participar incómodamente en la caravana de elogios al gobierno.

Dos cuestiones son relevantes desde el punto de vista de la opinión pública internacional, especialmente en Gran Bretaña.

La primera es la oportunidad de derribar la asociación Piñera – Berlusconi, con la cual se dio a conocer su triunfo en el exterior. El involucramiento personal del Jefe de Estado chileno en la operación de salvataje lo aleja del estereotipo del millonario frívolo. Aunque referirse a los 33 mineros como “si fueran nuestros hijos” es un tanto excesivo, la calidez del mensaje inevitablemente cala hondo en contextos políticos menos emocionales. Piñera, más aun, regresa al viejo continente como el alumno aventajado de una derecha moderada y civilizada, a reencontrarse con aquellos que lo aconsejaron en la etapa de campaña. David Cameron, en particular, enfrenta días difíciles después de anunciar el plan con el cual pretende paliar el enorme déficit fiscal británico, que incluye impopulares cortes del gasto público en varias áreas sensibles. Fotografiarse recibiendo souvenirs de las entrañas de la tierra resulta una idea más que atractiva, símbolo de que la derecha en el poder tiene las herramientas para conseguir lo que se propone.

La segunda se vincula a la necesidad de reconfigurar la llamada “imagen – país”. Chile, querámoslo o no, ya no es el país de moda en Latinoamérica como lo fue a mediados de los noventa. Aunque entre el público informado no hay dudas respecto de nuestra seriedad política y macroeconómica, lo cierto es que habíamos salido de las conversaciones hace un buen tiempo. Si la detención de Pinochet en Londres nos puso en boca de todos por razones que habríamos preferido evitar, la historia que podemos contar respecto de la epopeya copiapina tiene todos los ingredientes de un best-seller. Todos quieren saber un poco más, como si la sola mención del tema los vinculara a la esperanza de que el mundo no está tan torcido como parece. Chile estará asociado, por un buen tiempo, a un relato de mística, fraternidad y trabajo bien hecho.

Algunos actores políticos han advertido del riesgo de “minerizar” la gira. El problema es que a estas alturas no hay posibilidad de evitarlo. Y tampoco que alguien quiera evitarlo. Hace un par de días, el célebre tabloide sensacionalista The Sun publicó en primera página la foto de los 33 mineros luciendo sus lentes oscuros especiales, con el Presidente al centro. ¿El titular? “The Rock Stars”. Piñera viene a promocionar su nuevo disco, y todos quieren escuchar ese repertorio.

Link: http://papeldigital.info/lt/2010/10/17/01/paginas/019.pdf

http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/una_buena_cosecha_de_aplausos

HOMBRES DE FE, HOMBRES DE CIENCIA

octubre 15, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada el 15 de octubre en El Post)

Un amigo me preguntaba hace un tiempo qué clase de hombre era yo, según la categorización que había aprendido en la serie “Lost”. Tenía que elegir entre dos alternativas: hombre de fe, u hombre de ciencia. Él se contaba orgulloso entre los primeros, los que ante lo desconocido asumen que hay poderes superiores a nosotros operando sabiamente en alguna dimensión paralela. Yo, le decía, me anotaba en el segundo lote, los que ante la misma incertidumbre buscamos incesantes las respuestas dentro de los confines de nuestras posibilidades racionales. Lo que venía después era un largo debate que sólo terminaba cuando el alcohol nos hacía perder el hilo de los argumentos.

En la epopeya de San José pudimos ver ambos bandos llevando agua a su molino.

Los hombres de fe no escatimaron tribuna para señalar que Dios estaba detrás de la hazaña y que fuimos testigos de un milagro. Al Presidente de Chile, devoto in extremis, se sumó Barack Obama, que también trajo a colación al creador. Las alusiones a la presencia divina se multiplicaron en cartas y redes sociales. Uno de los mineros comentó que Dios y el Diablo se lo habían peleado, pero el primero se lo había quedado. La imagen de Mario Gómez rezando al salir a la superficie dio la vuelta al mundo.

Los hombres de ciencia, por su parte, explicaron todo en términos terrenales. Los esfuerzos para encontrar y luego rescatar con vida a los mineros, señalaron, pertenecen a mortales de carne y hueso. Las víctimas habrían sobrevivido por su terquedad, fortaleza y determinación. El gobierno desplegó sus mejores herramientas para cumplir las expectativas y anotarse una victoria. Asimismo, el trabajo ingenieril y tecnológico –que poco sabe de evangelios- se ganó los respetos del mundo entero: no fue la mano de Dios sino una cápsula de fierro pagada en dólares la que extrajo de las profundidades a cada uno de los 33.

Hoy, particularmente hoy, saber quiénes tienen la razón (o la verdad) no tiene mayor relevancia. Los hombres de fe pueden creer que Dios quiso que las cosas resultaran como resultaron. Los hombres de ciencia pueden congratularse por los avances de la humanidad. Ambos tuvieron un final feliz. Ambos tienen motivos para celebrar. Y lo mejor es que pueden celebrarlo juntos, sin miedo a perder el hilo de los argumentos.

EL MOMENTO MÁS FELIZ

octubre 13, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el miércoles 13 de octubre)

Esta columna trata de dos cosas. La primera la llamaremos metodológica y la segunda más bien política. Están asociadas porque nacieron juntas en un tweet que escribí el día que todo Chile estaba pendiente del rescate de los 33 mineros. Decía “Hitler tuvo el momento más feliz de su mandato al entrar a París; Piñera lo tendrá en pocas horas más…”

Mi intención no era particularmente provocativa. Pero emergieron reacciones virulentas. Algunos utilizaron la elegante fórmula “desafortunado comentario”, mientras otros tantos ejercitaron el clásico deporte de disparar al mensajero con toda clase de epítetos. Una chica se mostró ofendida por mi poca sensibilidad ante el holocausto judío. Del desconcierto absoluto pasé a la comprensión: había abusado de la prudencia nombrando al innombrable, que no consideramos digno de comparación de ninguna especie. ¿Es esto aceptable? ¿No estaremos en presencia, como escribió otro tuitero, de una forma de “fascismo conversacional”?

Si usted es un amante de los animales, mientras yo soy sádico y perverso con las mascotas, ¿significa este factor que nos diferencia (y seguramente nos pone en categorías morales más generales como “bueno” y “malo”) que no podemos compararnos en ningún otro plano? En el caso propuesto, si nuestra relación con el reino animal constituye un elemento tan determinante entonces el ejercicio de buscar cualquier otra variable de comparación se hace insulsa, inútil, irritante e incluso insultante. Si nos acogemos a esta teoría, entonces estaremos coartando la posibilidad de seguir tejiendo conocimiento a través de la investigación y reflexión a través de la discusión abierta.

Hitler pudo ser un genocida y un lunático egocéntrico, pero ninguna de esas dos características (que, es cierto, configuran su cara más conocida) obsta a que estudiemos las formas en que accedió al poder, el tipo de leyes que promovió o las tácticas de guerra que utilizó. O que, por ejemplo, discutamos acerca del momento en el cual parecía estar seguro de su victoria sobre los aliados; yo opino que es cuando entra triunfalmente en París y se fotografía con la Torre Eiffel de telón de fondo. Y me resisto a que no se pueda decir palabra sobre eso.

Esto abre la segunda discusión, acerca de cuál es el momento más feliz en el mandato de cada gobernante. La comparación que trajo a colación a Hitler bien pudo haberlo hecho con Mandela, quien ha señalado que ganar el Mundial de Rugby de 1995 es la postal que resume todas sus alegrías. Pero seamos honestos: si hubiera comparado a Piñera con Mandela también me habrían tildado de momio fanático, ridículo o desproporcionado. Quizás deberíamos haber elegido el minuto feliz de la Thatcher, al recibir a sus soldados victoriosos después de la victoria de las Malvinas. Para qué hablar de Pinochet (¿se puede?), quien debe haber sentido el pecho a punto de romper los botones dorados después del resultado del plebiscito de 1980. O del propio Lagos, quien pudo sentir que la historia le sonreía (al menos de manera más efusiva que todas las otras mañanas) cuando puso la rúbrica a una remozada Constitución desterrando al propio Pinochet del texto. Las razones que tuvo cada uno de ellos para sentirse plenamente feliz pueden ser de diversa índole; el sueño hecho realidad de Hitler nos recuerda la ocupación de París, y con ello las penurias del pueblo galo y otros tantos europeos, pero eso no cambia el hecho de que Hitler efectivamente se sentía el hombre más dichoso del planeta en esos instantes, que es lo cual estamos conversando (por absurda que sea la conversación).

Que todos los nombrados representen para usted modelos completamente disímiles de moralidad política, no obsta a que, como ciudadano racional, sea capaz de compararlos en distintas esferas comparables (la duración de sus mandatos, la relación con los partidos, sus preferencias musicales o el color de sus ojos).

Dicho todo esto, vamos a lo importante… ¿es el rescate de los 33 mineros el momento más feliz del Presidente Piñera?

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/13/el-momento-mas-feliz/

Nota 1: Como me llamó la atención Paola Berlin, mi tesis radica en la presunción que todas las felicidades son comparables. La de quien es padre por primera vez y la del sádico que disfruta del dolor de su víctima. Si ambos dicen experimentar el máximo de felicidad por hechos diametralmente opuestos, y no se nos permite calificación moral de los hechos, entonces tendríamos que aceptar su comparación. Esta idea es consistente sólo si descansa sobre una ética utilitarista individual, donde el objetivo es maximizar el bienestar, aumentando el placer y evitando el sufrimiento. Lo que produce placer o sufrimiento no es apto de medición objetiva o absoluta. Ahora bien, la consistencia de la idea no asegura necesariamente su aceptación.

Nota 2: Un noticiario francés acaba de abrir un debate sobre “el día de gloria del Presidente Piñera”, lo que me recordó esa vieja distinción maquiaveliana entre el poder y la gloria. Si queremos continuar por ese camino, podríamos sostener que en el caso de Hitler, Pinochet u otros tantos gobernantes que han sido repudiados por la historia, estamos frente a la búsqueda de poder desnudo, el cual incluso se puede conseguir mediante el delito, según Maquiavelo; en cambio, Mandela, Lagos y Piñera  estarían persiguiendo la gloria, y con este horizonte sus acciones no pueden traspasar ciertos umbrales manifiestamente reprochables.

PARODIANDO LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

octubre 7, 2010

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el jueves 7 de octubre)

En septiembre de 2005 un periódico de Dinamarca publicó 12 caricaturas del profeta Mahoma, las que indignaron al mundo islámico. En medio de crecientes protestas, el gobierno danés respaldó la libertad de prensa dentro de su territorio. La misma actitud tomaron varios estados y medios de comunicación europeos (particularmente noruegos, alemanes y franceses, que publicaron las polémicas imágenes en señal de solidaridad). En marzo de 2007, los tribunales franceses absolvieron a un diario parisino que fue acusado de “injurias con base religiosa” por replicar las caricaturas. El viejo continente, receptor masivo de inmigrantes musulmanes, se encontró frente a un potente dilema: elegir entre la libertad de expresión y el respeto a una determinada cultura. Entonces, consistentemente, optó por la primera.

Nos acabamos de enterar que el Estado de Chile, en cambio, opta por la segunda. A través de uno de sus órganos autónomos (el Consejo Nacional de Televisión) presenta cargos contra un programa de televisión por parodiar la figura de Jesús, el Nazareno. En sus considerandos (después de un hilarante y detallado relato de las escenas en cuestión) el CNTV tiene la delicadeza de precisar “que el ataque se haga al Cristianismo, que es la religión mayoritaria de los chilenos, no hace más grave la ofensa, pues sería igualmente reprochable un ataque similar dirigido al Islam, al judaísmo o a cualquier otra religión amparada por nuestra Constitución”. ¿Queda alguna duda de la posición que toma nuestra institucionalidad cuando hay que priorizar entre los valores de libertad y religión?

En sus argumentos, el CNTV considera que la sátira es doblemente “una manifestación de intolerancia (que vulnera) el principio democrático”. Me parece una acusación errónea. Respecto de la primera, podemos recordar que los actores del programa no impiden el desarrollo normal de ningún culto, ni obstaculizan la realización de otros programas que se mofen de sus propias preferencias religiosas, ni tampoco fuerzan a la audiencia cristiana a permanecer con los ojos abiertos frente a sus televisores… ¡la responsabilidad cívica de la tolerancia recae en este caso justamente en los católicos!; Respecto a la segunda, no logro comprender la alusión al “principio democrático”, toda vez que el asunto tiene esquiva relación con la igualdad política de los ciudadanos (suponiendo que la expresión hace algo más que adornar la frase).

En otro caso tratado en la misma sesión, el CNTV desechó la presentación de cargos contra otro estelar donde se parodiaba a la “iglesia maradoniana” (aunque obviamente los demandantes fueron católicos heridos en su sensibilidad por la imitación de la liturgia eucarística), por considerar que dicho culto es “una creación burlesca de sus más fanáticos seguidores”. No quiero ni pensar en la posibilidad de que personas racionales consideren que un jugador de fútbol es una divinidad, pero si las hubiera ¿no sería entonces esta forma de referirse a ellos abiertamente intolerante y discriminadora? ¿O acaso no son todas las confesiones religiosas, puestas en el banquillo de la razón, igualmente descabelladas? ¿Qué ocurrirá el día en que un legítimo creyente de la espiritualidad Jedi demande a un locutor radial, conocido trekkie, por divulgar pestes del maestro Yoda? ¿Dónde quedan entonces la “tolerancia” y  el “principio democrático”, según la lectura del “heterogéneo” CNTV?

El Presidente del organismo acaba de declarar que se sintió ultrajado “como cristiano y como católico”. Esperemos que su confesión no haya influido en la decisión, pues el Estado de Chile no debe priorizar la concepción particular del bien de sus titulares temporales. De lo contrario, el día que se multipliquen los ateos en altas investiduras, vayámonos olvidando de los sabrosos trasnoches evangélicos y de esos imperdibles comentarios pastorales después de las noticias.

Salvo que, finalmente, decidamos seguir el ejemplo de las democracias desarrolladas y optar por el camino de la libertad de expresión cuando inevitablemente colisione con la protección de la religión.

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/07/parodiando-la-libertad-de-expresion/