EL MOMENTO MÁS FELIZ

por Cristóbal Bellolio (publicada en El Mostrador el miércoles 13 de octubre)

Esta columna trata de dos cosas. La primera la llamaremos metodológica y la segunda más bien política. Están asociadas porque nacieron juntas en un tweet que escribí el día que todo Chile estaba pendiente del rescate de los 33 mineros. Decía “Hitler tuvo el momento más feliz de su mandato al entrar a París; Piñera lo tendrá en pocas horas más…”

Mi intención no era particularmente provocativa. Pero emergieron reacciones virulentas. Algunos utilizaron la elegante fórmula “desafortunado comentario”, mientras otros tantos ejercitaron el clásico deporte de disparar al mensajero con toda clase de epítetos. Una chica se mostró ofendida por mi poca sensibilidad ante el holocausto judío. Del desconcierto absoluto pasé a la comprensión: había abusado de la prudencia nombrando al innombrable, que no consideramos digno de comparación de ninguna especie. ¿Es esto aceptable? ¿No estaremos en presencia, como escribió otro tuitero, de una forma de “fascismo conversacional”?

Si usted es un amante de los animales, mientras yo soy sádico y perverso con las mascotas, ¿significa este factor que nos diferencia (y seguramente nos pone en categorías morales más generales como “bueno” y “malo”) que no podemos compararnos en ningún otro plano? En el caso propuesto, si nuestra relación con el reino animal constituye un elemento tan determinante entonces el ejercicio de buscar cualquier otra variable de comparación se hace insulsa, inútil, irritante e incluso insultante. Si nos acogemos a esta teoría, entonces estaremos coartando la posibilidad de seguir tejiendo conocimiento a través de la investigación y reflexión a través de la discusión abierta.

Hitler pudo ser un genocida y un lunático egocéntrico, pero ninguna de esas dos características (que, es cierto, configuran su cara más conocida) obsta a que estudiemos las formas en que accedió al poder, el tipo de leyes que promovió o las tácticas de guerra que utilizó. O que, por ejemplo, discutamos acerca del momento en el cual parecía estar seguro de su victoria sobre los aliados; yo opino que es cuando entra triunfalmente en París y se fotografía con la Torre Eiffel de telón de fondo. Y me resisto a que no se pueda decir palabra sobre eso.

Esto abre la segunda discusión, acerca de cuál es el momento más feliz en el mandato de cada gobernante. La comparación que trajo a colación a Hitler bien pudo haberlo hecho con Mandela, quien ha señalado que ganar el Mundial de Rugby de 1995 es la postal que resume todas sus alegrías. Pero seamos honestos: si hubiera comparado a Piñera con Mandela también me habrían tildado de momio fanático, ridículo o desproporcionado. Quizás deberíamos haber elegido el minuto feliz de la Thatcher, al recibir a sus soldados victoriosos después de la victoria de las Malvinas. Para qué hablar de Pinochet (¿se puede?), quien debe haber sentido el pecho a punto de romper los botones dorados después del resultado del plebiscito de 1980. O del propio Lagos, quien pudo sentir que la historia le sonreía (al menos de manera más efusiva que todas las otras mañanas) cuando puso la rúbrica a una remozada Constitución desterrando al propio Pinochet del texto. Las razones que tuvo cada uno de ellos para sentirse plenamente feliz pueden ser de diversa índole; el sueño hecho realidad de Hitler nos recuerda la ocupación de París, y con ello las penurias del pueblo galo y otros tantos europeos, pero eso no cambia el hecho de que Hitler efectivamente se sentía el hombre más dichoso del planeta en esos instantes, que es lo cual estamos conversando (por absurda que sea la conversación).

Que todos los nombrados representen para usted modelos completamente disímiles de moralidad política, no obsta a que, como ciudadano racional, sea capaz de compararlos en distintas esferas comparables (la duración de sus mandatos, la relación con los partidos, sus preferencias musicales o el color de sus ojos).

Dicho todo esto, vamos a lo importante… ¿es el rescate de los 33 mineros el momento más feliz del Presidente Piñera?

Link: http://www.elmostrador.cl/opinion/2010/10/13/el-momento-mas-feliz/

Nota 1: Como me llamó la atención Paola Berlin, mi tesis radica en la presunción que todas las felicidades son comparables. La de quien es padre por primera vez y la del sádico que disfruta del dolor de su víctima. Si ambos dicen experimentar el máximo de felicidad por hechos diametralmente opuestos, y no se nos permite calificación moral de los hechos, entonces tendríamos que aceptar su comparación. Esta idea es consistente sólo si descansa sobre una ética utilitarista individual, donde el objetivo es maximizar el bienestar, aumentando el placer y evitando el sufrimiento. Lo que produce placer o sufrimiento no es apto de medición objetiva o absoluta. Ahora bien, la consistencia de la idea no asegura necesariamente su aceptación.

Nota 2: Un noticiario francés acaba de abrir un debate sobre “el día de gloria del Presidente Piñera”, lo que me recordó esa vieja distinción maquiaveliana entre el poder y la gloria. Si queremos continuar por ese camino, podríamos sostener que en el caso de Hitler, Pinochet u otros tantos gobernantes que han sido repudiados por la historia, estamos frente a la búsqueda de poder desnudo, el cual incluso se puede conseguir mediante el delito, según Maquiavelo; en cambio, Mandela, Lagos y Piñera  estarían persiguiendo la gloria, y con este horizonte sus acciones no pueden traspasar ciertos umbrales manifiestamente reprochables.

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14 comentarios to “EL MOMENTO MÁS FELIZ”

  1. Carlos Otero Says:

    Mucha palabra para justificar una soberana pelotudez (disculpando la expresión)

    Saludos,

  2. jorge Says:

    Y pensar que le pagan por escribir estas leseras!

  3. Ivan Says:

    Lo apoyo:
    Leí ese tweet, lei las réplicas (sobretodo de parte de l@s representantes de la Colonia Judía) y comparto su visión sobre la idea que expusiste.
    Lo que no compartiré nunca es cómo mis amigos de religión hebrea desarrollan un cutis (epidermis) tan sensible que logra obstruir su comprensión de lectura. Deberían volver al colegio y aprovechar que les hagan un combo con clases de ‘inteligencia emocional’
    Saludos desde la antidemocracia de TW

  4. paola Says:

    Cristobal…a mi me sigue pareciendo mala la comparacion, pero no por sensibilidad mal entendida. Me parecio mala, simplemente. Entiendo perfecto lo de comparar. Yo me parezco a un pez, en tanto vertebrados… Me parezco a un gusano en tanto cosas animadas, me parezco a una lechuga en la composicion quimica. Decirlo, no implica que estemos comparando la dignidad humana con la lechuga…estamos comparando lo comparable, quimica, con quimica, momento feliz con momento feliz. Pero ambas felicidades tienen un signo tan distinto! “cristobal fue padre, estaba igual de feliz que el Tila cuando mato a su primera victima”. Si uno pudiera medir con un felizometro y fuera cierto q en ambos casos el aparato marca 10, a mi no parece acertada la comparacion,

  5. paola Says:

    Cristobal…a mi me sigue pareciendo mala la comparacion, pero no por sensibilidad mal entendida. Me parecio mala, simplemente. Entiendo perfecto lo de comparar. Yo me parezco a un pez, en tanto vertebrados… Me parezco a un gusano en tanto cosas animadas, me parezco a una lechuga en la composicion quimica. Decirlo, no implica que estemos comparando la dignidad humana con la lechuga…estamos comparando lo comparable, quimica, con quimica, momento feliz con momento feliz. Pero ambas felicidades tienen un signo tan distinto! “cristobal fue padre, estaba igual de feliz que el Tila cuando mato a su primera victima”. Si uno pudiera medir con un felizometro y fuera cierto q en ambos casos el aparato marca 10, a mi no parece acertada la comparacion, pues no logro sustraerme de lo diferentes que son los contenidos de esa felicidad (aun cuando entiendo q tu comparacion solo tiene como objeto la “cantidad de felicidad” y no el contenido de la misma). En el fondo, que no me guste la metafora, es un asunto de estetica, y no de logica formal. La comparacion vale, pero no me piace!

  6. vozyvoto Says:

    Grande Paola. De hecho acabas de darme a entender que estoy parado sobre argumentos bastante utilitaristas. Tienes toda la razón cuando usas el ejemplo “cristobal fue padre, estaba igual de feliz que el Tila cuando mato a su primera victima” y el felizómetro marcando 10. Porque ese ejemplo revela que mi vara para medir la felicidad es relativa (u ordinal) y no absoluta (o cardinal). Me desprendo del contenido y me preocupo de cómo cada individuo maximiza su felicidad (aumentando el placer y disminuyendo el dolor). Ese enfoque ético (el utilitarismo lo es) resulta chocante muchas veces.

  7. Carolingia Says:

    Esto es como un mal chiste. Si fuera bueno, no tendrías que explicarlo.

  8. Davor Mimica Says:

    Es correcto hacer comparaciones. Ahora, escogiendo con qué comparar, uno despierta las sensaciones y preconcepciones que el público tiene con el concepto o persona con el que se está comparando. Y mientras más cercano esté uno con la persona con la que se compara o con las consecuencias de sus actos, menos capaz será de separar entre lo negativo y positivo de esa persona.

    Claramente no existen personas “100% malas” ni “100% buenas”. Pero estando demasiado cerca de los daños, cuesta encontrar lo bueno en alguien percibido como “malo” o estando cerca de los beneficios es difícil encontrar lo “malo” en alguien percibido como “bueno”. Ahí hago una conexión con la respuesta recibida tras la columna del “gordismo chileno”.

  9. Jorge Says:

    Cristóbal:

    Comparar felicidades como las del sádico y las del filántropo basado en un criterio utilitario tiene un riesgo ético y un riesgo político, la dictadura de mayorías. Es la falla del utilitarismo.

    ¿Qué pasa si la felicidad y bienestar de una mayoría morocha, pasa por eliminar a los colorines de una sociedad porque los consideran desagradables?

  10. vozyvoto Says:

    Si, claro que lo tiene. Salvo que encontremos una fórmula para salir del atolladero. Hay dos posibilidades (que ya han sido sugeridas como interpretaciones de la teoría de la libertad de Mill): una es que consideremos la utilidad colectiva (o del mayor número), pero en ese caso igual podríamos hacer trizas a las minorías; mientras la otra es la introducción de la idea de “lago plazo”. Un criterio utilitario válido entonces podría ser aquel que no sólo cuantifique felicidad individual sino colectiva, y no en el corto sino en el largo plazo. Lamentablemente no son conceptos muy rigurosos, pero es lo mejorcito que tengo para ofrecer ahora.

    PD: Aun así, una teoría de la utilidad podría ser perfectamente incompatible con una teoría de la libertad.

  11. Jorge Says:

    Exacto, y esa es la crítica que hace Rothbard al utilitarismo.

  12. vozyvoto Says:

    Fui a conseguirme una copia de “An Introduction to the Principles of Morals and Legislation” donde Bentham plantea básicamente la tesis utilitaria. Comienza la memorable frase “Nature has put mankind under the control of two sovereign masters, PAIN and PLEASURE, which (…) determine our standard of RIGHT and WRONG…”
    Más adelante, en la enumeración de tipos de placer y dolor, Bentham distingue entre “pleasures of benevolence” y pleasures of malevolence”, siendo los primeros los que se experimentan frente al placer de otros, y los segundos los que se experimentan frente al dolor de otros.
    Si queremos seguir diferenciando el placer de Piñera del placer de Hitler, hay otra distinción interesante: “pleasures of a good name” (básicamente reputación, estima y reconocimiento) versus “pleasure of power” (la certidumbre que la voluntad propia primará sobre las otras).

  13. Jorge Says:

    Si te fijas, aún así, el análisis de Bentham es poco riguroso.

    Porque parte distinguiendo Placer como algo bueno, pero luego nos habla de un placer producido por el dolor a otros…

    Si hilamos fino, ese placer -individualmente- es un goce…a costa de otros individuos…

    O sea lo bueno y malo -que el mismo Bentham trata de separar- se desprende de un mismo acto.

    De eso, desprendo que la distinción entre placer para reputación o poder pueden ir muy juntas, lo que nos coloca en la posición de Maquiavelo, y la idea de razón de Estado -tan peligrosa-.

    La Historia demuestra que eso ha sido así la mayoría de las veces por no decir siempre.

  14. Nazis y Hitler. Von Baer y Zaldívar. Internet y Comunicación « POLITICA PARA PRINCIPIANTES Says:

    […] a raíz de que respondí por mail sus preguntas surgidas en la columna “El Momento más Feliz” (https://politicaparaprincipiantes.wordpress.com/2010/10/13/el-momento-mas-feliz/) y su “tuiteo” en que mencionó la felicidad de Piñera y la de Hitler (hay símiles que he […]

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